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RENÉ DESCARTES

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Descartes llevaba un tiempo recibiendo presiones de sus amistades para que publicara su Tratado de la luz o, al menos otra obra que contuviera las principales ideas expuestas en él. Consciente de que tales ideas habían despertado las iras de muchos aristotélicos, y temeroso de que los gritos despertaran también a los eclesiásticos, venció, no obstante, su reticencia porque la humildad no era la virtud de la que estaba más sobrado, y temía que la fama de hombre sabio que ya se había ganado en muchos círculos fuera tenida por una mera apariencia si no presentaba públicamente el fruto de sus reflexiones. Por ello, en 1637 publicó conjuntamente tres tratados: La dioptrique, Les Météores y La géometrie.

La dioptrique es un tratado de óptica y, aunque Descartes no cita ninguna fuente, en realidad no contiene gran cosa que no se supiera ya. Destacan, no obstante, la claridad y el orden de la exposición, que hacen que hoy se conozcan como Leyes de Descartes las leyes fundamentales de la reflexión y la refracción de la luz.

Les météores es el primer tratado sobre meteorología, que incluye muchas afirmaciones que, no sólo son falsas, sino que el propio Descartes podría haberse dado cuenta de ello fácilmente si hubiera hecho algunos experimentos. Por ejemplo, ya Roger Bacon había demostrado la falsedad de la creencia según la cual el agua que ha sido hervida se hiela más rápidamente. Sin embargo, Descartes escribe:

... y vemos por experiencia que el agua que se ha calentado durante cierto tiempo se hiela más rápidamente de lo normal, y la razón es que aquellas de sus componentes que pueden doblarse son eliminadas durante el calentamiento, y quedan sólo las que son rígidas.

Éste es un buen ejemplo de la "alegría" con la que Descartes explica habitualmente todo aquello para lo que necesita encontrar una explicación.

La géométrie es el más importante de los tres tratados, y del que Descartes se sentía más orgulloso. Muestra cómo es posible estudiar las curvas a partir de ecuaciones algebraicas a través de una identificación de los puntos del plano con pares de números, sus coordenadas, a través del establecimiento de un sistema de referencia o ejes de coordenadas.

En realidad, estas ideas, la base de la geometría analítica, ya estaban presentes en los trabajos que Fermat había comunicado el año anterior, que incluso las superaban en muchos aspectos. Como siempre, la ventaja de Descartes residía en su preocupación de exponer todos los asuntos de la forma más clara y ordenada posible, lo que en este caso se traducía además en una notación matemática novedosa en algunos aspectos y que coincide esencialmente con la actual; mientras que Fermat prescindía de todos estos detalles. Es por ello que hoy se habla de ejes y coordenadas cartesianas en lugar de "fermatianas".

Descartes era consciente de que el trabajo de Fermat deslucía el suyo, y no dudó en atacar enérgicamente las técnicas del abogado. Se abrío una controversia en la que participaron numerosos matemáticos del círculo de Mersenne. Fermat se defendió y finalmente Descartes se vio obligado a escribir:

... viendo el último método que usted usa para encontrar tangentes de líneas curvas, sólo puedo replicar que es muy bueno y que si lo hubiera usted explicado de esta forma desde el principio, lo no habría cuestionado en absoluto.

Por otra parte, Fermat había recibido un ejemplar de La dioptrique del que no hizo ningún comentario hasta que Mersenne le preguntó explícitamente por él. Su respuesta fue que Descartes "iba a tientas por la oscuridad". Además afirmó que Descartes no había deducido correctamente su ley de la refracción, ya que estaba implícita en sus hipótesis.

La cicloide representaba un reto interesante para las nuevas técnicas de la geometría analítica, ya que sus coordenadas no obedecen a ninguna ecuación algebraica. Descartes encontró un método para hallar sus tangentes, pero Fermat encontró otro más simple. Descartes le escribió alabando su técnica, pero también escribió a Mersenne afirmando que era incorrecta y que Fermat era incompetente como matemático y como pensador.

Los tres tratados de Descartes iban precedidos de un ensayo titulado Discours de la méthode pour bien conduire la raison et chercher la vérité dans les sciences, en el que explica cómo llegó a cuestionarse las enseñanzas que había recibido y el método que había seguido para determinar qué conocimientos (originales o ajenos) podía considerar fiables y firmemente establecidos. Disfrazando como de costumbre en ropaje de modestia lo que en realidad era su deseo de eludir polémicas, dice:

Mi propósito, pues, no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer el modo como yo he procurado conducir la mía.

Aunque él mismo no creyera esto, da igual, porque, ciertamente, las cuatro reglas que da pour bien conduire la raison son razonables, pero nada del otro mundo: muchos hombres ya conducían bien su razón antes y la siguieron conduciendo magníficamente bien después, sin necesidad de leerlas. Sin embargo, en el Discurso del método hay también muchos aspectos notables, algunos geniales, que comentamos aparte para el lector interesado.

Los neerlandeses se establecieron en Vietnam. El príncipe de Orange Federico Enrique nombró almirante a Maarten Harpertszoon Tromp, que organizó una poderosa flota de guerra.

Ese año, Federico Enrique conquistó Breda a los españoles, quienes, por otra parte, tuvieron que levantar el asedio a Saint-Jean-de-Losne, y Fernando de Austria fue alejado de París, mientras los franceses ocupaban diversas plazas en Luxemburgo y en el Franco Condado, aunque fracasaron en un intento de apoderarse de la isla de Cerdeña. El duque de Rohan obligó a España a firmar el tratado de Milán, por el que ésta renunciaba a su derecho de paso por el valle de la Valtelina.

El conde-duque de Olivares envió un ejercito a Cataluña para defender la frontera. El rey Felipe IV promulgó la pragmática Princeps namque, por la que decretaba la movilización de la nobleza catalana, pero ésta se negó acogiéndose a los fueros, que prácticamente blindaban Cataluña frente a cualquier injerencia castellana.

La reina Ana de Francia llevaba ya diez años desterrada de la corte intrigando contra Richelieu, pero éste sabía defenderse, y aprovechó la correspondencia que la reina mantenía con su hermano, Felipe IV, para acusarla de traición.

En Portugal estalló una revuelta contra la dominación castellana, a cuya incompetencia achacaban que se estuviera deshaciendo el imperio portugues en ultramar: los neerlandeses se habían apropiado de las Molucas, estaban invadiendo Brasil y cercenaban la larga línea de factorías portuguesas en la costa africana, mientras los ingleses se establecían en la India.

El proyecto del arzobispo de Canterbury, William Laud, de imponer el anglicanismo en Escocia provocó una fuerte insurrección en el país contra la dominación inglesa.

Un comerciante de Massachusetts se granjeó el odio de los indios pequot, que vivían junto al río Connecticut, y fue asesinado por uno de ellos. Esto suponía una declaración de guerra. Una partida de indios atacó la pequeña población de Wethersfield y mató a unos pocos de sus habitantes. Como represalia, el 26 de mayo, un grupo de colonos rodeó un poblado indio y le prendió fuego, matando así a unos seiscientos hombres, mujeres y niños. Los pequots no volvieron a ocasionar problemas.

Tres años atrás, había llegado a Boston Anne Hutchinson, que compartió las ideas de Roger Williams sobre la tolerancia religiosa y organizó a un grupo de mujeres bajo su liderazgo que negaban toda autoridad religiosa. Fue llevada a juicio y el 8 de noviembre se decretó su destierro. Como no podía ser de otro modo, marchó a Rhode Island.

También los neerlandeses de Nueva Holanda entraron en guerra contra los indios. Sucedió a raíz del nombramiento de un nuevo gobernador, llamado Willem Kief, que consideraba que matar a unos pocos indios haría que el resto diera menos problemas. Así lo hizo, pero el resto dio muchos problemas: se inició una guerra que duraría varios años. En la isla de Manhattan se construyó una empalizada como defensa contra los indios, que más adelante daría lugar a que una calle de la isla fuera llamada Calle de la muralla (Wall Street). 

Suecia estaba preparándose para instalar también una colonia en América, que se llamaría, naturalmente Nueva Suecia. Ese año fundó la Compañía de la Nueva Suecia, entre cuyos promotores estaba Peter Minuit, el comprador de Manhattan.

En 1638 el ejército francés fue rechazado de Fuenterrabía, a raíz de lo cual el conde-duque de Olivares fue colmado de premios y honores. Dalmau de Queralt, el conde de Santa Coloma, fue nombrado virrey de Cataluña, quien, dada la negativa de las autoridades catalanas a suministrar soldados a la Corona, se dedicó a organizar un ejército de mercenarios siguiendo las órdenes de Olivares. Mientras tanto, en Castilla, se ordenó que cada vecindario aportara un soldado por cada cien hombres, o bien que pagara los gastos de su mantenimiento.

Seis años atrás, un joven londinense de veinticuatro años (ahora tenía treinta) tomó la decisión de renunciar a la carrera eclesiástica y se retiró a la casa de sus padres para profundizar en sus estudios. Se llamaba John Milton, y en esos últimos seis años compuso suficientes poemas como para ser considerado uno de los mejores poetas en lengua inglesa. Destacan su soneto sobre Shakespeare, los poemas pastoriles Arcades y Comus, y la elegía Lycidas. Ahora emprendía un viaje por Francia e Italia, donde conoció, respectivamente, a Grocio y a Galileo.

El duque de Sully publicó sus Memorias de las sabias y reales economías de estado de Enrique el Grande, en las que presenta al rey Enrique IV como inspirador de la política de Richelieu.

Ese año murió el padre François Joseph du Tremblay, el brazo derecho del cardenal Richelieu en política exterior.

El rey Luis XIII se dirigía un día a ver a una de sus amantes, retirada en un convento, cuando una tormenta lo obligó a refugiarse en el Louvre, donde vivía la reina, Ana de Austria. Por lo visto, el rey no quiso cambiar de planes, y dicho encuentro fortuito permitió que, unos meses más tarde, Francia tuviera finalmente un Delfín, que fue llamado Luis.

En los Países Bajos españoles murió a los cincuenta y tres años el teólogo Jansenio, que dejó manuscrito su Agustinus, un tratado que planeaba imprimir secretamente en el que fundamentaba su herética doctrina sobre la salvación por la gracia. Su principal seguidor era su antiguo compañero de estudios, el francés Duvergier de Hauranne, que ahora era abad del monasterio de Saint-Cyran. Enemigo de Richelieu, fue encarcelado ese mismo año, pero su discípulo Antoine Arnauld continuó su labor de difusión del jansenismo por Francia. Tenía entonces veintiséis años, y su hermana mayor, Jacqueline Marie Angélique Arnauld, ya hacía tiempo que había introducido el jansenismo en el convento de Port-Royal, del que era abadesa.

En los Países Bajos se editaron los Discursos y demostraciones en torno a dos ciencias nuevas, el último tratado escrito (o, mejor dicho, dictado, porque estaba casi ciego) por Galileo. En él aparecen expuestos de forma organizada y rigurosa los principales descubrimientos del genio italiano: el principio de la relatividad del movimiento, el principio de inercia, la ley de caída de los cuerpos, el movimiento parabólico de los proyectiles y, en definitiva, todos los principios fundamentales de la cinemática.

El 3 de marzo el duque Bernardo de Sajonia-Weimar vence al ejército imperial enviado en defensa de Rheinfelden y toma la ciudad.

Ese año llegó a América la primera expedición sueca, guiada por Peter Minuit. Permaneció diez días en Jamestown y el 29 de marzo fundó el primer asentamiento de la Nueva Suecia, que recibió el nombre de Fuerte Cristina, en honor a la reina.

Los suecos llevaron a América un elemento que pronto se haría típico, al menos en las regiones más septentrionales: la cabaña de troncos, mucho más eficiente para conservar el calor que las casas de tablas que construían los colonos ingleses.

También llegó a Boston un nuevo grupo de puritanos, que permaneció brevemente en la ciudad y luego marchó hacia el sur para fundar el 15 de abril la nueva colonia de New Haven.

El sultán Murat IV logró, con dificultad, tomar Bagdad a los persas, e hizo asesinar a sus habitantes.

El 9 de agosto el ejército imperial fue derrotado en Wittenweiler, y el 17 de diciembre el duque Bernardo de Sajonia-Weimar tomó Brisach, que cortaba a los españoles la ruta del Rin. La plaza quedó encomendada a Henri de La Tour D'Auvergne, vizconde de Turena, hijo menor del duque Enrique de Bouillon. Ya en 1639, los franceses derrotaron a los españoles en varios frentes: Monferrato, Lombardía y el Rosellón. Por otra parte, Richelieu tuvo que afrontar una nueva revuelta, esta vez en Normandía.

También el rey Carlos I de Inglaterra tenía que hacer frente a una revuelta, en su caso en Escocia. Creyó que los ingleses le ayudarían a resolver el problema, pero los ingleses estaban más descontentos con su gobierno que con las pretensiones de independencia de Escocia. El rey sólo pudo reunir un mediocre ejército que huyó en desbandada tras los primeros combates. Sin saber qué hacer, llamó como consejero a Thomas Wentworth, el conde de Strafford. Había defendido al rey cuando el Parlamento le presentó la petición de derechos, y llevaba siete años gobernando Irlanda con mano dura. Strafford trasladó a Inglaterra el ejército que tenía en Irlanda y trató de reavivar la lealtad hacia la Corona tomando medidas contra los puritanos. Por su parte, los rebeldes escoceses llamaron en su ayuda a Alexander Leslie, un noble escocés que había alcanzado el grado de mariscal en el ejército del rey Gustavo II Adolfo de Suecia.

En la ciudad de Cambridge (en Nueva Inglaterra) se instaló la primera imprenta (la primera de todas las colonias inglesas en América). Como no podía ser de otro modo, su primera edición fue un libro de salmos (una Biblia hubiera sido menos rentable, ya que prácticamente todo el mundo tenía ya una).

Una expedición inglesa desembarcó en Santa Lucía, una pequeña isla antillana, pero fue exterminada por los caribes. Por otra parte, navegantes ingleses fundaron en la India el fuerte de San Jorge, mientras los franceses fundaban su primer establecimiento en Senegal.

La Academia Francesa empezó a elaborar un diccionario.

En mayo llegó al Rosellón (el territorio catalán situado al norte de los Pirineos) el ejército de Felipe Spínola, dispuesto a rechazar la ocupación francesa. Los campesinos catalanes ya estaban molestos por las presiones del virrey Santa Coloma para que se enrolaran en el ejército real, y lo estuvieron más cuando se vieron obligados a alojar y avituallar soldados, con los que diáriamente se producían altercados. Por ejemplo, consta que el alcalde de la localidad castellana de Puertollano replicó a dos padres cuyas hijas de catorce años habían sido violadas por unos soldados que "los soldados no tenían culpa, que bien hacían en tomarlo donde lo hallasen". (Y esto era en Castilla, lo que da una idea de lo que pasaría en Cataluña, donde los soldados veían a los catalanes como miserables cobardes traidores).

Japón se cerró a todos los extranjeros, excepto chinos y neerlandeses, mientras continuaban las persecuciones de cristianos.

El 14 de abril, el general sueco Banér deshizo el ejército imperial y sajón en Chemnitz y entró en Bohemia.

Dos años atrás, Étienne Pascal, uno de los asiduos del círculo de Mersenne, había empezado a llevar a su hijo, Blaise Pascal, a las reuniones de la Academia. Tenía entonces catorce años y ahora, en junio, cuando acababa de cumplir los dieciséis, presentó un papel con varios teoremas sobre geometría proyectiva, una técnica geométrica ideada por Girard Desargues (que tenía entonces cuarenta y ocho años) que Blaise había conocido el año anterior. Uno de sus resultados (sobre hexágonos inscritos en cónicas) es conocido hoy en día como Teorema de Pascal.

Ese año murió el duque Francisco Jacinto de Saboya, y fue sucedido por su hermano de cinco años Carlos Manuel II. Su madre, Cristina de Francia, continuó como regente.

El 18 de julio murió el duque Bernardo de Sajonia-Weimar, cuando se disponía a iniciar una campaña contra Austria y Baviera. Dejó a Francia sus posesiones y su ejército.

La pértida de la Valtelina y de Brisach llevó al conde-duque de Olivares a tratar de reforza la conexión marítima con los Países Bajos. Para ello envió una escuadra de cincuenta y un barcos bajo el mando del almirante Antonio Oquendo, pero el 21 de octubre fue alcanzada frente a Las Dunas por la flota neerlandesa del almirante Tromp, que no dejó sanos más de ocho barcos y dejó así incomunicadas a las fuerzas españolas en los Países Bajos.

Rubens pintó uno de sus cuadros más famosos: sus celulíticas Tres Gracias.

La noche del 7 de diciembre, sin que se sepa muy bien por qué, Francisco de Quevedo fue arrestado y encarcelado en el convento de San Marcos. Una versión dice que el rey Felipe IV se encontró debajo de su servilleta un memorial en verso escrito por el poeta que denunciaba la corrupción de la corte. También se dice que se le acusó de espionaje para Francia.

En enero de 1640 Felipe Spínola tomó la plaza de Salces, en el Rosellón, con lo que completaba la expulsión del ejército francés. No obstante, el ejército español permaneció en Cataluña, para prevenir otra eventual invasión francesa, y esto hizo cundir el descontento entre los catalanes. Además, el conde de Santa Coloma prohibió el comercio con Francia, lo que afectaba seriamente a los intereses de la burguesía catalana. Poco después, los franceses se apoderaron del Artois, que formaba parte de los Países Bajos españoles.

Las Cortes catalanas rechazaron una vez más la Unión de Armas, por la que el conde-duque de Olivares pretendía que Cataluña aportara soldados al ejército real.

El Papa Urbano VIII publicó Poemata, una colección de poemas en latín.

Después de la querella del Cid, el dramaturgo francés Pierre Corneille volvió a la escena con dos nuevas obras, Horacio y Cinna, que esta vez respetaban todas las reglas aristotélicas, divinas y humanas que se pudiera respetar.

Alexander Leslie, al frente del ejército rebelde escocés, invadió Inglaterra. Estando en guerra con Escocia, el rey Carlos I de Inglaterra (y Escocia) no podía seguir malviviendo con fondos obtenidos malamente a espaldas del Parlamento. En abril, después de más de diez años, no tuvo más remedio que volverlo a convocar, confiando en que la crítica situación moderaría a los parlamentarios. Así fue: el Parlamento concedió un subsidio de 120.000 libras, y aprobó una normativa por la que los clérigos debían predicar cuatro veces al año la doctrina del derecho divino de los reyes y que los que se levantaran en armas contra el rey serían castigados en el infierno. (No es que se aprobara esto último, se aprobó que lo predicaran los clérigos.)

Estas disposiciones eran un reflejo de la autoridad indiscutible de que gozaba a la sazón arzobispo de Canterbury, William Laud. Recientemente, había hecho cortar las orejas a un hombre que había publicado un libro contra el episcopado anglicano. Otro puritano, que había protestado por la liviandad del teatro, en el que se permitía a las mujeres salir a escena, también fue desorejado, así como un médico que compuso una parodia de la letanía que decía: "De plagas, peste, hambre, obispos, clérigos y diáconos, libera nos Domine".

En cuanto tuvo lo que quiso, el rey disolvió el Parlamento, que no duró más que unos pocos días y fue llamado el Parlamento corto.

Un médico flamenco llamado Jan Baptist Van Helmont, investigando los vapores producidos por la fermentación de los zumos de fruta, descubrió la sustancia que denominó gas silvestre (hoy conocido como dióxido de carbono). Fue él quien acuñó la palabra gas, al parecer derivada del griego chaos.

El 20 de mayo murió el pintor flamenco Petrus Paulus Rubens.

También murió el sultán otomano Murat IV, que fue sucedido por su hijo Ibrahim. Éste dejó el poder en manos de su madre y sus favoritos.

El 26 de mayo se produjo una sublevación de campesinos catalanes, que entraron en Barcelona con la complicidad de las autoridades y liberaron a Francesc Tamarit, encarcelado por no facilitar las tareas de reclutamiento y alojamiento.

El 7 de junio, como cada año, se concentró en Barcelona un gran número de segadores en busca de contratos de siega. Uno de ellos fue reconocido como el asesino de un alguacil real, se le intentó detener y sus compañeros se opusieron. Se originó así un tumulto que desembocó en una batalla entre soldados y segadores. Los segadores resultaron victoriosos, el pueblo quedó fuera de control, las propiedades de algunos nobles fueron saqueadas e incluso incendiadas. El virrey de Cataluña, el conde de Santa Coloma tuvo que huir y, cuando trataba de alcanzar una galera genovesa que le esperaba en el puerto, cayó sobre unas rocas y murió. Era el día del Corpus, por lo que es recordado como el Corpus de sangre. El presidente de la Generalidad, Pau Claris, con la complicidad de la burguesía urbana, se convirtió en la máxima autoridad de Cataluña y pronto entabló una alianza con Francia. Se iniciaba así la guerra de separación de Cataluña, también conocida como guerra de los segadores.

Ese año murió el príncipe elector Jorge Guillermo de Brandeburgo, y duque de Prusia, que fue sucedido por su hijo Federico Guillermo.

También murió el conde Enrique Casimiro I de Nassau. El título lo conservó su hermano Guillermo Federico.

En Dresde murió a los cuarenta años un compositor y violinista llamado Carlo Farina, nacido en Mantua, autor de las primeras sonatas para violín. En el Palatinado triunfaba Biagio Marini, nacido en Brescia. Escribía sonatas para violín en las que combinaba el estilo alemán y el italiano. Tenía ahora cuarenta y tres años.

En septiembre, el ejército de Felipe IV, conducido por el marqués de Leganés, entraba en Tortosa y reprimía duramente el alzamiento popular catalán.

Los franceses, dirigidos por el vizconde de Turena, ocuparon Turín.

En vista del éxito del Parlamento corto, el rey Carlos I de Inglaterra decidió convocar una nueva sesión, que fue conocida como el Parlamento largo, porque, muy a pesar del monarca, iba a durar trece años. A los seis días de la apertura, John Pym, que recordaba la oposición del conde de Strafford a la Petición de Derechos, convenció a la Cámara de los Comunes para que aprobara el encarcelamiento del conde, acusado de alta traición. Los Comunes irrumpieron en la Cámara de los Lores con su petición. Los Lores, sorprendidos, empezaron a discutir el asunto cuando entro Strafford, que fue inmediatamente arrestado y encerrado en la Torre de Londres por los Comunes. William Laud, el arzobispo de Canterbury, no tardó en correr la misma suerte.

Thomas Hobbes, bien conocido por su apoyo a la monarquía, consideró que lo más prudente era abandonar Inglaterra y marchó de nuevo a París. Por motivos similares, el pintor Van Dyck decidió aceptar la invitación de Fernando de Austria para sustituir a Rubens como pintor del rey Felipe IV de España. (Cuando murió, Rubens estaba trabajando en un encargo del rey). A estas fechas corresponde el retrato de María Ruthven, su esposa.

Portugal fue requerido a suministrar soldados para combatir la revuelta catalana, pero, en lugar de colaborar, los portugueses decidieron rebelarse también. El 11 de octubre, una junta nobiliaria reunida en Lisboa ofreció el trono portugués al duque Juan II de Braganza, nieto de Juan I, que había tratado de hacerse con el trono tras la muerte del rey Sebastián. El duque aceptó y dispuso el alzamiento para el 1 de diciembre. Ese día, un gran número de hombres armados marchó sobre el palacio real de Lisboa gritando, "Viva el duque de Braganza, nuestro rey, Viva Juan IV". Desarmaron a la guardia, asesinaron a varios ministros y capturaron a la virreina, Margarita de Saboya (la viuda del duque de Mantua Francisco Gonzaga). El 15 de diciembre, el duque Juan II de Braganza fue coronado como rey Juan IV de Portugal. Era el comienzo de la guerra de separación de Portugal.

En enero de 1641 las cortes portuguesas reconocieron al nuevo rey, mientras la Generalidad Catalana, ante el avance del ejército real y a propuesta de Pau Claris, reconocieron como conde de Barcelona al rey Luis XIII de Francia. Un ejército francés entró en Cataluña y en febrero infligió en Montjüic una severa derrota a las tropas españolas. Claris, que estaba gravemente enfermo, murió pocos días después. Los franceses asediaron la ciudad (entonces española) de Arras y en la campaña resultó gravemente herido un soldado de veintidós años llamado Cyrano de Bergerac, a raíz de lo cual decidió dejar la carrera militar.

Richelieu logró que uno de sus principales colaboradores fuera nombrado cardenal. Se trataba de Giulio Mazarino. Había nacido en Italia, pero dos años atrás había obtenido la nacionalidad francesa. Desde joven había destacado como diplomático, y había defendido brillantemente los intereses de Francia en los conflictos italianos sobre el valle de la Valtelina y la sucesión del ducado de Mantua.

El duque de Medinasidonia, que tenía a su cargo el gobierno de Andalucía, era cuñado del rey Juan IV de Portugal, y retrasó deliberadamente el envío de tropas para combatir la rebelión portuguesa. Más aún, la aristocrácia andaluza lo eligió como cabecilla (o más bien como cabeza de turco, porque no tenía muchas luces) de una revuelta que pretendía convertir a Andalucía en un reino independiente. Sin embargo, esta conspiración fue abortada rápidamente. Hubo un proceso y el duque de Medinasidonia se salvó, probablemente por su parentesco con Olivares, y todas las culpas recayeron sobre un pariente suyo, el marqués de Ayamonte, que fue condenado a muerte, aunque la sentencia no se aplicó y el marqués fue encarcelado.

En marzo, el rey Juan IV de Portugal firmó un tratado de amistad con Francia, que aportó una ayuda muy valiosa en la guerra contra España. También recibió ayuda neerlandesa. Las Provincias Unidas enviaron una flota dirigida por Michiel Adriaanozoon de Ruyter. Eso sí, ya de paso, los neerlandeses se apoderaron de Luanda, en Angola, con la complicidad de la reina Anna Nzinga, que recelaba de las ambiciones portuguesas. Como era católica, entabló relaciones directas con el Vaticano, que le envió misioneros italianos y españoles.

En abril, el vizconde de Turena dirigió el asedio de Perpiñán.

El rey Carlos I de Inglaterra había aceptado el encarcelamiento de Strafford en parte porque le pilló por sorpresa y en parte porque pensó que nadie podía hacer nada contra él sin su consentimiento, sin embargo, los parlamentarios desempolvaron una antigua ley que condenaba a muerte a todo aquel que traicionara al rey. No era difícil examinar con lupa las actividades de Strafford como gobernador de Irlanda para encontrar algo que pudiera calificarse de traición, aunque difícilmente se le podría llamar traición al rey si el rey no admitía haber sido traicionado. No obstante, los parlamentarios plantearon un principio completamente nuevo: quien traiciona al Estado traiciona al rey, y fue entonces cuando Carlos I empezó a preocuparse por la salud del conde. Decidió hablar en su defensa ante el Parlamento, pero su discurso fue nefasto: reconoció que el conde podía haber cometido abusos y, más que una defensa, su intervención pareció una súplica de clemencia. Avasallado y atrapado por sus propias palabras, no pudo negarse a firmar la pena de muerte, y el 12 de mayo el conde de Strafford fue decapitado ante la torre de Londres.

John Milton había regresado a Inglaterra dos años atrás, interrumpiendo bruscamente su viaje por Europa tan pronto tuvo noticia de los conflictos en su país. Ahora publicaba libelos como Reforma de la disciplina eclesiástica en Inglaterra, en los que defendía las tesis puritanas.

En Venecia, Claudio Monteverdi estrenó una nueva ópera: Il ritorno d'Ulise in patria.

Ese año, Carlos I casó a su hija María, de diez años, con Guillermo, el hijo de dieciséis años del príncipe de Orange-Nassau, Federico Enrique.

Ese año murieron:

Los neerlandeses arrebataron Malaca a los portugueses, así como varios asentamientos africanos donde éstos compraban esclavos. Luego, el 12 de junio, el rey Juan IV de Portugal firmó una tregua de diez años con las Provincias Unidas.

Frans Haals pintó otro de sus famosos retratos de grupos: Los regentes del hospital de Santa Isabel.

Descartes publicó su obra más importante, las Meditationes metaphysicae, en las que desarrolla la cuarta parte de su Discurso del método, donde aplicaba su proceso de duda metódica (es decir, de partir de cero, cuestionando como dudoso cualquier conocimiento previo, para, paulatinamente, ir aceptando sistemáticamente una verdad tras otra con la rigurosa supervisión de la razón), a un campo completamente virgen como era la teoría del conocimiento. Naturalmente, no decimos "virgen" en el sentido de que nadie lo hubiera tocado antes, lo cual sería obviamente falso, sino virgen en el sentido de que nadie lo había abordado anteriormente desde un planteamiento moderno. Están escritas en latín para evitar "que pudiese ser leído por todos, con objeto de que las mentes mediocres no creyesen que ésta [la duda metódica] es la postura que debieran adoptar".

Si no tenemos en cuenta el esbozo incluido en el Discurso del método, las Meditaciones pueden considerarse el primer ensayo moderno sobre la teoría del conocimiento, lo que convierte a su autor en el primer filósofo moderno. Las Meditaciones siguen en la misma línea que todos los tratados anteriores de Descartes (exceptuado siempre lo tocante a las matemáticas): lo verdaderamente valioso en ellas son los problemas que plantea y los conceptos que introduce, ya que la obra de los filósofos posteriores puede verse como sucesivas precisiones o rectificaciones al pensamiento cartesiano; sin embargo, las soluciones que él mismo aporta a tales problemas son más bien lamentables, y no tardaron en suscitar las críticas de personalidades notables, como Gassendi o Thomas Hobbes. Pese a ello, podemos decir que las Meditationes metaphysicae son el primer ensayo sobre teoría del conocimiento que sigue vigente hoy en día, en el sentido de que de su lectura puede extraerse algo —mucho— de valor que no sea meramente historia de la filosofía. Para el lector interesado en los detalles, comentamos aquí algunos fragmentos.

Hobbes publicó ese año su tratado De ciue, en el que expone la doctrina que el propio Hobbes resume de este modo:

El interés y el miedo son los principios de la sociedad, y toda moral consiste en vivir según nuestra voluntad. La religión no tiene más fundamento que las leyes del país, y toda ley depende de la voluntad del príncipe o del pueblo.

Los católicos irlandeses se unieron a la moda de las revueltas, y los ingleses achacaron el problema a las numerosas concesiones que el rey Carlos I había hecho a los católicos. En noviembre, aprovechando que el rey había marchado a Escocia para tratar de negociar con los rebeldes, los Comunes redactaron un memorial conocido como el Gran reproche (Grand Remonstrance), en el que responsabilizaban al monarca de todos los abusos de los obispos y clérigos, y que limitaba considerablemente el poder del rey, ya que, entre otras cosas, prohibía la recaudación de impuestos irregulares y todo tribunal de justicia extraordinario.

Cuando volvió a Inglaterra, se encontró con un recibimiento popular entusiasta, que le dio la confianza necesaria para, en lugar de disolver el Parlamento, acudir ante él para ordenar la detención de John Pym y otros cuatro diputados rebeldes. Esto sucedió el 4 de enero de 1642. El rey salió de palacio acompañado de su joven esposa, que le aconsejaba que no fuera cobarde. Entró en la capilla donde se reunían los Comunes, se sentó en el sillón del presidente y buscó con la mirada a sus enemigos. Cuando se dio cuenta de que éstos, advertidos, habían huido, murmuró "¡Los pájaros han escapado!", y abandonó la sala. Los diputados se habían refugiado en el Guild-Hall, o palacio municipal de Londres, y allí se dirigió el rey, sin escolta, al día siguiente, pero no consiguió imponer su autoridad.

Dos años atrás, Galileo había diseñado un reloj de péndulo, que su hijo trataría de construir más adelante, aunque sin éxito. A pesar de su ceguera, nunca dejó de trabajar. En una carta escribió: "En mis tinieblas fantaseo sobre este o aquel efecto de la naturaleza, y no puedo, como quisiera, dar reposo a mi inquieto cerebro". El reposo le llegó el 9 de enero, cuando murió a punto de cumplir los setenta y ocho años de edad.

El 10 de enero, el rey Carlos I de Inglaterra decidió abandonar Londres, sin saber muy bien qué iba a hacer. Inmediatamente después, los diputados refugiados en el Guild-Hall regresaron al Parlamento entre aclamaciones. Los parlamentarios votaron que el Parlamento no podía disolverse sin su propio consentimiento. En sus filas no tardó en destacar Oliver Cronwell, un puritano radical que costeó el reclutamiento de un ejército de unos diez mil hombres, tan fanáticos y disciplinados como él mismo, que fue puesto bajo el mando de Robert Devereux, el conde de Essex, hijo y tocayo del que fuera favorito de la reina Isabel I.

Por su parte, el rey Carlos I recibió el apoyo de su sobrino Ruperto, hijo de su hermana Isabel y del derrocado elector palatino Federico V, que tres años atrás había sido capturado por los imperiales, pero se le permitió marchar a Inglaterra, dado que los apuros por los que estaba pasando Carlos I inquietaban a todas las monarquías europeas. Tenía ahora veintitrés años, pero era un excelente estratega. También estuvo al lado del rey George Villiers, el segundo duque de Buckingham, que tenía ahora catorce años.

El 22 de enero, Carlos I firmó una alianza con el rey Juan IV de Portugal.

Perpiñán cayó en poder del vizconde de Turena.

El músico Claudio Monteverdi estrenó L'incoronazione di Poppea, la primera ópera de tema histórico, pues trata sobre los amores de Nerón y Poppea y la muerte de Séneca. Monteverdi muestra ya un gran dominio de las nuevas técnicas y posibilidades expresivas del bel canto. Además de las arias líricas y dramáticas, encontramos recitativos, dúos y coros, así como una orquestación que se adapta en cada momento a la personalidad de cada actor.

En los últimos años, Rembrandt había tenido que afrontar la muerte prematura de sus tres hijos mayores, así como la de su madre, y ahora moría también su esposa Saskia, que lo dejaba solo con su hijo Titus, de un año. El pintor terminaba por esas mismas fechas La compañía del capitán Frans Banningh Cocq y el teniente Willem van Ruytenburch, que más tarde fue más conocido como La ronda de noche, hasta que una limpieza mostró que no se trataba de una escena nocturna, sino diurna. Parece ser que el cuadro recibió malas críticas, debido a que rompía con la tradición del género del retrato de grupo: representaba una escena real, en la calle, en lugar de una composición estudiada de personajes en posturas afectadas. Los encargos disminuyeron y Rembrandt tuvo que recurrir a prestamistas.

En Persia murió el sha Safí I, que fue sucedido por su hijo Abbás II.

La condena de Galileo
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