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EL CARDENAL RICHELIEU

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En 1627, el cardenal Richelieu fundó una compañía destinada a estimular la colonización de Nueva Francia. También tomó severas medidas contra los duelos, una costumbre muy arraigada en la nobleza francesa y que hacía perder al Estado muchos hombres valiosos de la forma más estúpida imaginable. Naturalmente, Richelieu no lo razonaba así. Era de los que, en lugar de hacer insensateces por estar del lado de Dios, sabían cómo poner a Dios de su lado: La justicia emanaba del rey por voluntad de Dios, y los duelos eran una forma de tomarse la justicia por cuenta propia, por lo que constituían un delito contra el rey y contra Dios. El 22 de junio, para dar ejemplo, hizo decapitar a Montmorency-Bouteville, un gentilhombre que había osado batirse en duelo en la plaza real de París, lugar simbólico del poder del rey.

Ese año se decidió a atacar La Rochela, el mayor bastión hugonote. El duque de Sully intentó en vano convencer a los hugonotes para que se rindieran, y el propio cardenal se puso al frente del asedio. La ciudad estaba situada al fondo de una bahía y, para evitar que recibiera ayuda por mar, Richelieu mandó construir un gigantesco dique que causó admiración. En Inglaterra, el duque de Buckingham organizó una expedición naval para socorrer a La Rochela, pero la flota francesa no permitió que se acercara a la costa.

El sacerdote Pierre de Bérulle había abandonado su cargo de ministro de Estado francés a causa de sus disensiones con Richelieu. Ahora era investido cardenal.

El barón de Baltimore, recientemente convertido al catolicismo, desempolvó su viejo proyecto de fundar una colonia en Terranova, esta vez pensando en fundar un refugio para los católicos ingleses, análogamente a lo que habían hecho los puritanos del Mayflower. Ahora viajó personalmente a la isla, y pasó allí el invierno. Así pudo experimentar por sí mismo el rigor del clima, y comprendió por qué había fracasado su proyecto seis años atrás. Decididamente, había que buscar otro lugar.

En octubre, el rey Cristián IV de Dinamarca tuvo que abandonar Alemania, perseguido por Wallenstein, que se adentró en la península de Jutlandia.

El emperador Fernando II cedió a su hijo Fernando la corona de Bohemia.

En diciembre murió Vicente II, el duque de Mantua, que tampoco había tenido éxito en la generación de un sucesor, y con él se extinguía por completo la casa ducal. El pariente más próximo era el duque Carlos de Nevers, que además era viudo de una hija del duque Francisco IV, hermano de Vicente II. Sin embargo, para el conde-duque de Olivares tenía un defecto, y es que era francés. Si el ducado caía bajo la influencia francesa, el delicado equilibrio en que había quedado el conflicto de la Valtelina se rompería de nuevo, así que se dispuso a intervenir.

Juan López de Vicuña publicó las obras de Góngora con el título de Obras en verso del Homero español, que poco después fueron retiradas por la Santa Inquisición.

Wallenstein estaba sometiendo el norte de Alemania, e incluso había conquistado algunas islas del Báltico. El 26 de enero de 1628, el emperador Fernando II le concedió los el ducado de Mecklemburgo, que acababa de conquistar, situado al este de la península de Jutlandia, así como el título de almirante del mar Océano y del Báltico. El duque Maximiliano I de Baviera había sido nombrado elector palatino a título personal, pero el 22 de febrero, el emperador le otorgó el título con carácter hereditario.

El 24 de febrero, después de asesinar a todos sus rivales, Jurram, el heredero de Yahangir, se proclamó gran mogol y adoptó el nombre de Sha Yahan (rey del mundo). Algunos de los reinos sometidos al Imperio Mongol habían aprovechado la crisis sucesoria para rebelarse, y Sha Yahan tuvo que dedicar los primeros años de su reinado a convencerlos de que nada había cambiado.

En marzo, el gobernador de Milán invadió el ducado de Mantua, iniciándose así la guerra de sucesión de Mantua.

En mayo, Wallenstein inició el asedio de Stralsund, aunque tuvo que abandonar al cabo de un par de meses, pues no pudo evitar que daneses y suecos auxiliaran a la ciudad.

El rey Segismundo III de Polonia destruyó la flota sueca, dando un giro a la guerra que libraban ambos países.

Los rusos fundaron el fuerte de Krasnoiarsk en Siberia.

El neerlandés Piet Heyn llevó a cabo su mayor hazaña al apoderarse en México del cargamento anual de plata que estaba a punto de ser enviado a España. Era la primera vez que el tesoro americano caía en manos enemigas y el suceso provocó la bancarrota de la Corona española. Heyn fue nombrado gran almirante de las Provincias Unidas.

En agosto, sus ataques a santa Teresa de Jesús como candidata a patrona de España le valieron a Quevedo un nuevo destierro a sus posesiones en La Torre de Juan Abad, donde estuvo cuatro meses.

Ese año murió en París el poeta François de Malherbe.

Isabel Clara Eugenia, la gobernadora de los Países Bajos, envió a España a Rubens con un encargo. En Madrid se hizo amigo de Velázquez y disfrutó con las pinacotecas reales, en las que copió muchos cuadros, sobre todo de Tiziano.

Recientemente había cumplido cuarenta años un inglés llamado Thomas Hobbes. Desde pequeño había mostrado predilección por el estudio de las lenguas clásicas. A los catorce años ya había traducido la Medea de Eurípides a versos yámbicos latinos. Se ganaba la vida como tutor de jóvenes de la nobleza. Estando en la biblioteca de un cierto noble, vio abierto uno de los libros de los Elementos de Euclides, y leyó el enunciado de una de sus proposiciones. Cuentan que exclamó: "¡Por Dios, esto es imposible!" y se puso a leer la demostración. Se encontró entonces con que ésta se basaba en otra proposición previa, cuya demostración a su vez se basaba en otra, y así sucesivamente. Al cabo de un tiempo, llegó finalmente a convencerse de que la proposición que había leído inicialmente era cierta, y quedó fascinado por la geometría.

El duque de Buckingham había enviado una segunda flota en auxilio de La Rochela, que tampoco pudo lograr su objetivo. Cuando estaba a punto de embarcar al frente de una tercera, un oficial puritano llamado John Felton lo asesinó. Dejó un hijo y tocayo recién nacido, que heredó su título. (Felton fue ajusticiado ese mismo año.)

Las expediciones en auxilio de La Rochela habían supuesto un gran gasto para el rey Carlos I, así que tuvo que convocar el Parlamento para pedir dinero. El Parlamento, encabezado por el diputado puritano John Pym, aprovechó para presentar al monarca la Petition of Right, que exigía, entre otras cosas, que ningún impuesto podría ser recaudado sin la autorización del Parlamento, así como la prohibición de los encarcelamientos arbitrarios. El rey recibió con muy mal talante estas exigencias, no tanto por lo que representaban en sí mismas como por el hecho de que aceptarlas suponía reconocer que el Parlamento podía ejercer cierto control sobre el rey, y que el éste tenía que rendir cuentas a sus súbditos de sus decisiones. Esto era algo que los antecesores de los Estuardo en el trono inglés tenían más o menos asumido, pero que Jacobo I y su hijo no habían llegado a asimilar. Carlos I se lo pensó durante una semana, pero, como necesitaba el dinero, finalmente escribió bajo la petición: "Que se cumpla tal como se ha estipulado".

Jacob I había tomado como médico personal a William Harvey, que tras la muerte del monarca fue mantenido en su puesto por Carlos I. Como médico, no parecía ser muy bueno, pero era un excelente cirujano y anatomista. Carlos I había puesto a su disposición los animales del parque real para sus experimentos. Ahora publicaba su Exercitatio anatomica de motu cordis et sanguinis in animalibus, el mejor tratado de anatomía desde Vesalio. En él describe experimentos realizados con perros, cerdos, serpientes, ranas, peces, ostras, langostas, insectos y, sobre todo, en embriones de polluelos.

Entre sus conclusiones principales está la circulación de la sangre, es decir, Harvey afirmó que la sangre sale del corazón por las arterias y regresa por las venas (aunque no pudo precisar cómo pasaba de las arterias a las venas, algo imposible de observar sin la ayuda de un microscopio). Lo confirmó experimentalmente pinzando arterias de animales vivos y observando que la sangre se amontonaba siempre en la parte de la arteria que conducía al corazón, mientras que en el caso de las venas era al revés. Harvey había sido discípulo de Gerolamo Fabrizio d'Acquapendente, discípulo a su vez de Gabriele Falopio. Acquapendente había descubierto las válvulas en las venas, aunque fue Harvey quien reconoció su función de válvulas destinadas a que la sangre no pueda fluir en sentido contrario. Pero un tratado científico moderno no podría ser considerado como tal si no contradijera en algo a Aristóteles. El estagirita había afirmado que el corazón engendra el calor animal, mientras que Harvey afirmó que este calor proviene de la sangre, y que el corazón se limita a bombear la sangre para mantenerla en movimiento.

Los médicos galénicos y aristotélicos recibieron con recelo e ironía el tratado de Harvey. La facultad de medicina de París se burló oficialmente de él. Los pocos pacientes que atendía (aparte del rey) cambiaron de médico.

El barón de Baltimore pasó un tiempo en Virginia, donde pudo constatar que el clima era muchísimo más benigno que el de Terranova, y así concluyó que esas latitudes serían mucho más adecuadas para su proyecto de colonia católica.

El 29 de octubre cayó La Rochela, tras más de un año de asedio. A la victoria siguió una campaña propagandística que ensalzó a Luis el Justo, el rey del castigo y el perdón. El 23 de diciembre Luis XIII entró triunfante en París, entre vítores, arengas, fuegos artificiales, etc.

Entre los que participaron en el asedio a La Rochela estaba un soldado de treinta y dos años llamado René Descartes. En realidad era soldado ocasional. Aunque sus padres (ricos burgueses) lo habían animado a seguir la carrera militar, lo cierto es que sólo consiguieron que, a la edad de veintiún años iniciara una serie de viajes que le llevaron por toda Europa (Hungría, Alemania, Polonia, Países Bajos, Suiza e Italia), enrolándose temporalmente en los ejércitos de Mauricio de Nassau, en el del duque Maximiliano I de Baviera y algunos más. Según sus propias palabras, fue "de una corte a otra para ver el mundo como un espectador". Sin embargo, su verdadera pasión no era la guerra sino la ciencia. Había recibido una excelente formación en el colegio jesuita de La Flèche, y los últimos cuatro años los había pasado en París prácticamente recluido en su casa, completamente entregado a sus estudios. Ese año, antes de volver a alistarse (esta vez en el ejército de Luis XIII), había escrito (aunque no publicado) sus Regulae ad directionem ingenii, en las que elabora un primer esbozo de un método científico para llegar a un conocimiento sólido, racional y bien fundado. Tras la toma de La Rochela decidió establecerse en los Países Bajos, adonde marchó en 1629.

El 6 de marzo, el emperador Fernando II promulgó el Edicto de restitución, por el que todas las propiedades que los protestantes habían secularizado en los últimos ochenta años debían ser devueltas a la Iglesia. Los príncipes protestantes estaban al borde de la aniquilación, pero este edicto, sobre el que el emperador se mostró intransigente, les impidió rendirse, y la guerra continuó.

El 22 de mayo, el rey Cristián IV de Dinamarca aceptó la paz de Lübeck, por la que se le devolvían sus territorios en Alemania a cambio de que dejara de intervenir en los "asuntos internos del Imperio".

El duque Carlos Manuel I de Saboya, después de haber sido traicionado por los franceses, había entablado una alianza con España que le hubiera proporcionado el Monferrato, una parte del ducado de Mantua, pero los franceses lo derrotaron en Susa y lo obligaron a mantenerse neutral en la guerra de sucesión del ducado. La intervención francesa hizo que Ambrosio de Spínola, que había regresado a España el año anterior, fuera enviado a Italia como refuerzo.

Tras la edición pirata de los Sueños aparecida dos años atrás, Quevedo publicaba ahora una versión revisada.

Calderón de la Barca estrenó La dama duende.

En París estrenó su primera comedia un abogado de veintitrés años llamado Pierre Corneille. La obra se titulaba Mélite.

Ben Jonson estrenó La posada nueva.

El rey Carlos I de Inglaterra disolvió el Parlamento con la intención de no volver a convocarlo, al menos durante mucho tiempo, iniciando el periodo conocido como la larga tiranía. Para obtener financiación se valió de los impuestos de aduanas, que percibía directamente, sin mediación parlamentaria, y de tanto en tanto obligaba a amigos y enemigos a hacerle donaciones.

Un abogado puritano llamado John Winthrop, solicitó permiso del rey para organizar la Compañía de la Bahía de Massachusetts, que era el nombre que John Smith había dado a una bahía de Nueva Inglaterra, derivado de las palabras indias que significan "cerca de la gran colina", en alusión a la colina donde los jefes indios de la zona se reunían para sus deliberaciones. Winthrop pretendía formar una nueva colonia de puritanos similar a Plymouth o Salem y a Carlos I le pareció una magnífica oportunidad de librarse de un buen número de molestos puritanos, así que accedió gustoso a la petición. Igualmente aprobó el proyecto del barón de Baltimore, que pretendía librarle de otros tantos católicos. El emplazamiento fijado fue la bahía Chesapeake, al norte del río Potomac, que constituiría la frontera con Virginia.

Por su parte, la colonia de Maine, establecida por Gorges y Mason siete años atrás, estaba prosperando. Ya se habían fundado varias ciudades en la zona, y los fundadores decidieron repartirse el territorio. John Mason se quedó con la parte meridional, a la que dio el nombre de New Hampshire, por el condado inglés de Hampshire, en el que había pasado la mayor parte de su vida.

Nueva Holanda se veía insegura teniendo colonias inglesas tanto al norte como al sur. Los neerlandeses, aunque muy dados a la navegación, no sentían especial interés por establecerse lejos de su patria. Por ello, Kiliaen van Rensselaer, un comerciante en diamantes que había sido uno de los principales accionistas de la Compañía de las Indias Occidentales, propuso que se estableciera lo que se llamó el sistema patrono, por el que los hombres que se comprometían a llevar más de cincuenta colonos a Nueva Holanda recibían una gran extensión de tierra a orillas del río Hudson. La idea fue aprobada el 7 de junio, y contribuyó notablemente al engrandecimiento de Nueva Holanda (aunque también puso la colonia en manos de una oligarquía casi feudal). No se puso ninguna condición sobre la nacionalidad de los colonos, así que allí confluyeron colonos de las más diversas partes de Europa.

El 28 de junio el rey Luis XIII de Francia promulgó el edicto de gracia de Alès, que mantenía las disposiciones religiosas y jurídicas del edicto de Nantes, pero anulaba los privilegios políticos, en especial las plazas de seguridad, es decir, las ciudades cuyo control se había entregado a los hugonotes. Richelieu procedió a demoler las murallas de estas ciudades, salvo si estaban cerca de las fronteras del país.

El 19 de julio, una flota inglesa llegó hasta Quebec y tomó la ciudad. Champlain fue hecho prisionero. Luego tomaron también Port Royal y otras colonias francesas en Acadia (Nueva Escocia para los ingleses).

En agosto Velazquez marchó a Italia a completar su formación como pintor. Rubens marchó a Inglaterra a negociar la paz con España. Allí pinto San Jorge liberando a la princesa, en la que san Jorge es el rey Carlos I y la princesa es su esposa Enriqueta María.

En septiembre, el rey Gustavo II Adolfo de Suecia y el rey Segismundo III de Polonia firmaron la tregua de Altmark, por la que el primero renunciaba a sus conquistas en Polonia a cambio de los derechos de aduana de los puertos del Báltico. Al parecer, el rey sueco obró aconsejado por la diplomacia francesa, ya que Richelieu estaba interesado en que Suecia interviniera en la guerra de los Treinta Años, ahora que Dinamarca se había retirado.

Ese año murieron:

El 26 de enero murió el matemático inglés Henry Briggs.

El pintor Frans Hals pintó dos retratos muy característicos: La gitana y El alegre bebedor.

Galileo terminó un nuevo libro al que había titulado Diálogo sobre el flujo y el reflujo. Se trataba de un diálogo entre tres personajes: Salviati, (un amigo suyo florentino), que defiende la teoría copernicana, Sagredo (otro amigo veneciano de Galileo), que, teóricamente, hace de moderador imparcial, aunque se siempre acaba dando la razón a Salviati, y Simplicio, un personaje ficticio que defiende las teorías aristotélicas. Su nombre significa "más bien simple, o tonto", pero quedaba disimulado por que hubo un comentarista de Aristóteles con ese nombre en el siglo VI cuyos escritos se leían todavía en las escuelas.

El título del libro aludía a que el clímax del diálogo llega en el momento en que Galileo (o Salviati) expone su principal argumento en favor del movimiento de la Tierra, que estaba basado en el fenómeno de las mareas. El argumento, como la explicación de Galileo a las mareas, era incorrecto, pues ya Kepler había señalado que, de algún modo, las mareas debían ser causadas por la Luna, dado que se producen siempre en consonancia con la posición de la Luna en el cielo y esto nada tiene que ver con el posible movimiento de la Tierra. Sin embargo, el diálogo contiene un aporte valiosísimo, no ya a la astronomía, sino a la ciencia en general, pues en él Galileo expone otro argumento (éste totalmente cierto y fundamental) para refutar una de las principales objeciones que se ponían a la teoría copernicana:

Si, tal y como exige la teoría copernicana, la Tierra da una vuelta completa sobre sí misma en el plazo de un día, un simple cálculo muestra que cualquier objeto situado, por ejemplo, en Roma se está moviendo hacia el este a unos 1260 km/h. Así, si estoy en Roma y sostengo una bola en mi mano, ésta se está moviendo a dicha velocidad, pero si la dejo caer, al quedar libre del contacto con mi mano o con la Tierra en general, la bola tenderá a pararse y, desde mi punto de vista, que sigo moviéndome con la Tierra, el efecto debería ser que la bola sale disparada hacia el oeste a 1260 km/h, cosa que, como cualquiera puede comprobar, no sucede. La bola cae en vertical, y esto prueba que la Tierra está inmóvil o, por lo menos, que no se está moviendo a la velocidad vertiginosa que requiere la teoría copernicana.

El error de este razonamiento reside en un principio de la física aristotélica (y recordemos que "aristotélico" es una mera forma sofisticada de decir "falso"), según el cual, los cuerpos tienden por naturaleza al estado de reposo. (Más precisamente, Aristóteles creía que el reposo era el estado natural de los cuerpos del mundo sublunar, mientras que el estado natural de los cuerpos celestes era el movimiento perpetuo.) Galileo argumenta con brillantez que si, como es evidente, los cuerpos en movimiento terminan parándose, ello no se debe a que tiendan al reposo por sí mismos, sino que son frenados por el roce con el aire o con la superficie por la que se deslizan. Galileo razona que, a medida que vamos reduciendo la fricción, los cuerpos tardan más en pararse, de modo que, si pudiéramos eliminar la fricción por completo, un cuerpo en movimiento permanecería en tal estado indefinidamente, hasta que otro cuerpo lo frenara. Esto es el principio de inercia, a partir del cual Galileo razona que si, por ejemplo, estamos en la bodega de un barco, no hay ningún experimento que podamos hacer sin mirar al exterior para averiguar si el barco está en reposo o en movimiento. Esto es una versión rudimentaria de lo que hoy en día los físicos llaman principio de relatividad de Galileo.

Galileo marchó a Roma dispuesto a conseguir el imprimatur (el permiso eclesiástico de impresión) para su libro. En los últimos años se había entrevistado con el Papa Urbano VIII en más de seis ocasiones, y Galileo había llegado a convencerse de que, al menos bajo su pontificado, la Iglesia no iba a combatir la teoría copernicana. El diálogo fue examinado por el padre Riccardi, Maestro del Sacro Palacio, que empezó por imponer que se cambiara el título por el de Diálogo sobre los dos máximos sistemas del Mundo, que le daba a la obra un ligero aire de imparcialidad entre ambos, ya que el título original apuntaba descaradamente hacia la teoría copernicana. No obstante, la respuesta final tardaría un poco en llegar.

Diecisiete barcos que transportaban a casi mil puritanos zarparon de Inglaterra con John Winthrop al frente y, según lo previsto, fundaron una colonia en la bahía de Massachusetts, colonia que acabó siendo conocida simplemente como Massachusetts. Allí fundaron la ciudad de Boston, en la desembocadura del río que llamaron Carlos, en honor del rey Carlos I. El rey había dado por supuesto que la Compañía de la Bahía de Massachusetts residiría en Inglaterra, como la Compañía de Virginia, pero no, Winthrop estableció su sede en la propia Massachusetts, con lo que escapó prácticamente de todo control real.

En Italia, las tropas del duque Carlos Manuel I de Saboya sitiaron la guarnición francesa de Casale Monferrato, pero fue vencido por el ejército del rey Luis XIII, que en marzo ocupó Pignerol y en julio Saluces. Por otra parte, Ambrosio de Spínola tomó Monferrato y puso sitio a Casale, pero, cuando ya estaba en negociaciones para firmar la paz, el conde-duque de Olivares, que no se llevaba muy bien él, le retiró los poderes. Entonces, un hijo suyo, Felipe Spínola, fue derrotado por los franceses y, al parecer, la noticia perturbó hondamente a su padre, que no tardó en morir. También murió Carlos Manuel I, que fue sucedido por su hijo Víctor Amadeo I. Otro de sus hijos, Tomás, recibió el principado de Carignan.

Otros fallecidos ese año fueron:

Francisco de Quevedo publicó el Chitón de las Taravillas, en el que defiende la política económica del conde-duque de Olivares.

En Barcelona se publicó la colección Doce comedias nuevas de Lope de Vega y Carpio y otros autores, en la que figura una que, ciertamente, no es de Lope, y que se atribuye a Tirso de Molina. Es El burlador de Sevilla y convidado de piedra, basada en una comedia anónima anterior titulada ¿Tan largo me lo fiáis? y en la cual se basan a su vez todas las obras posteriores sobre la figura de don Juan Tenorio.

Siguiendo los consejos de Richelieu, el rey Gustavo II Adolfo de Suecia se decidió a intervenir en la guerra de los Treinta Años y tomar el relevo a Cristián IV de Dinamarca en defensa de los protestantes alemanes (y, ya de paso, de sus intereses comerciales en el Báltico, que las conquistas imperiales ponían en peligro). Así inició un nuevo periodo de la guerra de los Treinta Años, el periodo sueco. El 6 de julio, desembarcó en Usedom, en Pomerania y poco después se apoderaba de Stettin. Una hábil propaganda lo presentó como el "defensor de las libertades germánicas".

En agosto, los príncipes electores se reunieron en Ratisbona, donde el emperador trató de que su hijo Fernando fuera reconocido como rey de romanos. Sin embargo, en septiembre llegó el capuchino François Joseph du Tremblay, más conocido como el Padre José, o también como la Eminencia Gris, por ser el hombre de confianza del cardenal Richelieu en política exterior. El padre José consiguió sembrar la desconfianza entre los príncipes alemanes, católicos y protestantes, ante la posibilidad de que el emperador llegara a adquirir auténtico poder sobre el Imperio, y eso nadie lo deseaba (aparte del emperador, claro). La propuesta del emperador fue rechazada. Por otra parte, Maximiliano I de Baviera también recelaba del poder ilimitado que estaba adquiriendo Wallenstein, y obligó a Fernando II a que lo destituyera como general del ejército imperial, puesto que ocupó el conde de Tilly.

Por esta época el rey Luis XIII de Francia cayó enfermo y, en octubre, el Padre José, privado de directrices, decidió firmar un tratado de paz sobre el conflicto en Italia. Richelieu montó en cólera al enterarse, pero no se atrevió a rechazar lo acordado.

Por estas fechas, navegantes franceses establecieron asentamientos al oeste de La Española.

El 11 de noviembre hubo una violenta discusión en el palacio del Louvre entre el rey Luis XIII y su madre, María de Médicis. Ésta insistía en la necesidad de apartar a Richelieu, entre otras cosas por su política antiespañola. Durante todo el día, corrió el rumor de que, en efecto, el cardenal había caído en desgracia, pero el rey se había limitado a dar la razón a su madre para luego no hacerle caso. Richelieu siguió siendo su valido y sus adversarios, quienes habían apoyado a María de Médicis en su contra, fueron encarcelados. La propia reina madre se vio obligada a exiliarse en Compiègne.

El 15 de noviembre murió Johannes Kepler. Había ido a Praga a cobrar una paga que se le debía y cogió un resfriado que acabó con su vida.

El 25 de diciembre, Gustavo II Adolfo derrotó en Pomerania al ejército imperial y en enero de 1631, firmó con Francia la convención de Bärwalde, que le aseguraba durante cinco años el subsidio necesario para mantener un ejército de cuarenta mil hombres contra los Austrias, a condición de respetar el culto católico.

Velázquez regresaba a España, después de haber pasado año y medio en Italia (había visitado Génova, Milán, Venecia, Roma y Nápoles, entre otras ciudades). En este periodo pintó La fragua de Vulcano.

El emperador Fernando II casó a su heredero Fernando con María, la hermana del rey Felipe IV de España que había pretendido el rey Carlos I de Inglaterra.

El Papa Urbano VIII fijó nuevas normas para los procesos de beatificación y canonización.

En abril, el tratado de Querasco entregaba el ducado de Mantua al duque Carlos I de Gonzaga-Nevers. Los franceses abandonaron el ducado de Saboya, aunque se quedaron con Pignerol.

El 13 de abril los suecos saquearon la ciudad de Frankfurt.

El 25 de mayo Tilly tomó Magdeburgo, en Sajonia, y no pudo impedir que sus hombres, mal pagados y mal abastecidos, saquearan e incendiaran la ciudad, en la que vivían unos treinta mil habitantes, la mayoría de los cuales no sobrevivió al asalto. La noticia causó una gran indignación en Europa y se le dedicaron numerosos panfletos e incluso hojas ilustradas.

A Massachusetts llegó un misionero de veintisiete años llamado John Eliot, que se dedicó a evangelizar a los indios, para lo cual se puso a estudiar su idioma.

En Madrid murió el dramaturgo Guillén de Castro, y en Londres murieron John Smith, el explorador de Nueva Inglaterra, y John Donne, un sacerdote anglicano cuya obra poética había circulado únicamente en copias manuscritas y que pasó desapercibido para la crítica durante mucho tiempo, si bien actualmente se le considera una de las figuras más importantes de la época, comparable, por ejemplo, a Quevedo en la literatura castellana.

En España seguía abierta la polémica entre los admiradores y los detractores de Luis de Góngora y su singular estilo. Antes y después de la muerte del poeta se habían publicado varios comentarios y explicaciones a sus obras. El año anterior, Joseph Pellicer de Salas y Tovar había publicado sus Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Góngora y Argote, Píndaro andaluz, príncipe de los poetas líricos de España, y ahora Quevedo respondía con una edición de las obras poéticas de fray Luis de León. En la dedicatoria al conde-duque de Olivares arremete, aunque sin nombrar o, siquiera, aludir a Góngora, contra los que razonan "prosa espuria y voces advenedizas y desconocidas, de tal suerte que una cláusula no se entiende con la otra".  Por otra parte, editaba su Libro de todas las cosas y otras muchas más, con la aguja de navegar cultos. Ésta última era una obrita escrita hace ya algunos años, que contiene la famosa receta-soneto para hacer Soledades en un día.

En septiembre, el príncipe elector Juan Jorge I de Sajonia se alió con Gustavo II Adolfo.

El 16 de septiembre Tilly aceptó la rendición de Leipzig. Al día siguiente, el 17 de septiembre, su hasta entonces invicto ejército se enfrentó en Breitenfeld al del rey Gustavo II Adolfo, y fue estrepitosamente derrotado por los nórdicos.

El 15 de noviembre las tropas sajonas ocuparon Praga.

El 18 de noviembre los suecos llegaron hasta el Rin y tomaron la fortaleza de Marienberg. Gustavo II Adolfo estableció su cuartel de invierno en Maguncia. Richelieu, inquieto por la proximidad de su aliado, asumió la protección del ducado de Lorena. El duque Franciso II no vio con buenos ojos tanta protección, y promovió una conspiración contra Richelieu, que contó con el apoyo de Gastón, el duque de Orleans, hermano del rey Luis XIII y su heredero mientras no tuviera hijos. No era la primera vez que Gastón conspiraba contra el cardenal. La conspiración fracasó, pero Gastón siempre se las arreglaba para que todas las culpas recayeran sobre sus cómplices. Luis XIII nombró duque al cardenal Richelieu y la reina madre, María de Médicis tuvo que huir de Francia.

La derrota de Tilly llevó al emperador Fernando II a devolver a Wallenstein el mando del ejército imperial, que asumió, en principio de forma provisional, el 15 de diciembre.

El año anterior, en su Admonitio ad astronomos, Kepler había predicho que el planeta Mercurio pasaría por delante del Sol, de modo que podría verse como una pequeña mancha sobre el disco solar. Gassendi comprobó la exactitud de su predicción.

Finalmente, Galileo consiguió el permiso eclesiástico en Florencia (no en Roma) para publicar su Diálogo sobre los dos máximos sistemas del Mundo, que salió de la imprenta el 22 de febrero de 1632. Se le había añadido un prefacio donde dejaba bien claro que se trataba sólo, como había prescrito el Papa, "de la consideración matemática de la posición copernicana sobre el movimiento de la Tierra, con el fin de probar que, dejando aparte la revelación de Dios y la doctrina sacra, se podrían salvar las apariencias en esta posición [...] sin concederle la verdad absoluta, sino solamente la hipotética y sin las Escrituras." Además, el diálogo terminaba con otra sugerencia del Pontífice, según la cual, aunque las pruebas parecieran favorables al movimiento de la Tierra, Dios, en su omnipotencia, podría haber hecho que éstas derivaran de causas del todo diferentes.

Los portugueses lograron colocar un rey títere en el Imperio de Monomotapa, el rey Mavura.

La diplomacia de Richelieu logró que, el 29 de marzo, Inglaterra firmara el tratado de Saint-Germain-en-Laie, por el que devolvía a Francia las colonias que le había arrebatado tres años atrás. Samuel de Champlain regresó a Nueva Francia con doscientos nuevos colonos.

El 13 de abril Wallenstein fue reconocido definitivamente como jefe del ejército imperial. El 15 de abril, el rey Gustavo II Adolfo de Suecia derrotó a Tilly en Rain. Tilly resultó gravemente herido. Gustavo II Adolfo marchó hacia Augsburgo, de la que se apoderó el 24 de abril. Poco después, el 30 de abril, miría el conde de Tilly. Privado de su general, el duque Maximiliano I de Baviera no tuvo más opción que congraciarse con Wallenstein. El 17 de mayo los suecos entraron en Munich, mientras que el 25 de mayo Wallenstein recuperaba Praga.

El 20 de junio murió el barón de Baltimore, antes que de pudiera marchar a América a realizar su proyecto de colonia católica, pero su hijo, Cecil Calbert, el segundo barón de Baltimore, continuó con los preparativos.

Los colonos de Massachusetts exploraron el valle del río Connecticut (cuyo nombre significa "junto al largo río en el que penetran las mareas").

Ben Jonson estrenó La dama magnética.

El pintor Van Dyck dejó Amsterdam para viajar a Inglaterra, llamado por el rey Carlos I, que lo nombró sir y le regaló una residencia campestre en el condado de Kent. Mientras tanto, en Amsterdam empezaba a cobrar fama otro pintor de veintiséis años llamado Rembrandt Harmenszoon Van Rijn, conocido simplemente por Rembradnt. Acababa de pintar su primer cuadro importante: la Lección de anatomía del doctor Tulp.

En los meses anteriores, Gustavo II Adolfo y Wallenstein se habían ido acercando lentamente a Nuremberg, donde se encontraron el 30 de agosto. El 3 de septiembre, el rey sueco atacó las posiciones imperiales, pero fracasó repetidamente en sus intentos de tomarlas, y al día siguiente Wallenstein lo dejó escapar.

El 18 de septiembre, tras numerosos ofrecimientos de paz, Gustavo II Adolfo se dirigió hacia el sur, mientras Wallenstein penetraba en Sajonia. El príncipe elector Juan Jorge I de Sajonia pidió auxilio a Gustavo II Adolfo, que el 18 de octubre se lanzó a la persecución de Wallenstein.

El 1 de noviembre, Wallenstein tomó Leipzig.

Finalmente, Gustavo II Adolfo y Wallenstein se enfrentaron en Lützen el 16 de noviembre. Los suecos obtuvieron la victoria, pero en la batalla murió el rey sueco mientras cargaba al frente de la caballería. A su muerte, tomó el mando el duque Bernardo de Sajonia-Weimar. Gustavo II Adolfo dejó una hija de seis años, que ahora se convertía en la reina Cristina de Suecia. El consejo de regencia fue presidido por Axel Gustavsson Oxenstierna, que recientemente había sido nombrado canciller.

Otros fallecidos ese año fueron:

El conde-duque de Olivares
Índice La condena de Galileo