HISTORIA











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LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS

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El 3 de mayo de 1616, María de Médicis firmaba con los hugonotes el tratado de Loudun, por el que se recuperó la paz religiosa. Henri de Condé fue cesado como virrey de Nueva Francia. D'Aubigné empezó a componer Los trágicos, un extenso poema sobre las guerras de religión, vistas desde la perspectiva de un hugonote fanático e intransigente. Fue publicándolo paulatinamente de forma anónima, con el propósito de encender los ánimos y provocar una nueva guerra. Por otra parte, la calidad literaria del poema es indiscutible, y sitúan a su autor entre las mejores plumas de su siglo. D'Aubigné empezó también a publicar su Historia universal de 1550 a 1601.

El tratado de Loudun confirmó a Concino Concini como uno de los hombres más poderosos de Francia. Había apartado al príncipe de Condé, que había sido hasta entonces uno de sus principales rivales, pero no era el único. Si él era el hombre de confianza de María de Médicis, el duque Carlos de Luynes estaba ganándose la del joven Luis XIII. Ese año, Concini nombró secretario de estado para la guerra al obispo Armand Jean du Plessis de Richelieu. El barón de Sully volvió a la política activa.

Los portugueses fundaron la ciudad de Pará en la desembocadura del Amazonas.

El príncipe elector Juan Segismundo de Brandeburgo casó a su heredero Jorge Guillermo con Isabel, hija del elector palatino Federico V.

En Amberes empezaba a cobrar fama un pintor de treinta y cuatro años llamado Frans Hals. Llevaba en activo por lo menos cinco años, pero ahora empezaba a desarrollar su estilo característico. Si desde el principio había demostrado cierta predilección por el retrato, ahora se decantaba abiertamente por la pintura de grupos, como el Banquete de los oficiales de la Compañia de la guardia cífica de San Jorge. El pintor había pertenecido a esta compañía y conocía muy bien a todos los retratados, a los que distribuye muy acertadamente en la composición.

En los Países Bajos, los gomaristas estaban ganando el pulso con los arminianistas, hasta el punto de que Mauricio de Nassau pudo ordenar en encarcelamiento de su rival, Johan van Oldenbarneveldt, por proteger a los arminianistas. En 1617 Gomar pudo regresar a las Provincias Unidas, para enseñar teología en Groninga.

El duque de Luynes logró, a través de su influencia sobre el rey Luis XIII, una orden de arresto contra Concino Concini, que fue asesinado al resistirse a su detención. El rey dejó el poder en manos de Luynes, a la vez que encerraba en Blois a su madre, Maria de Médicis. Richelieu fue desterrado.

El 4 de abril murió el teólogo y matemático escocés John Neper. Henry Briggs, que tuvo que suspender una nueva visita que planeaba hacer a Neper, publicó su Logarithmorum Chilias Prima, sobre los logaritmos decimales.

Ese año se publicó la más ingeniosa parodia del culto estilo de Góngora. El autor se llamaba Luis de Góngora, y la obra era la Fábula de Píramo y Tisbe, en la que emplea los mismos recursos poéticos que podemos encontrar en el Polifemo y las Soledades, pero aplicados a un romance cómico. Góngora acababa de establecerse en Madrid. De esta época data también su Panegírico al duque de Lerma, nauseabunda antítesis de su "Mal haya el que en señores idolatra", con la que trató de ganarse el favor del duque, aunque sin mucho éxito. A finales de año fue nombrado capellán de honor del rey.

El rey Jacobo I de Inglaterra concedió el título de conde de Buckingham a uno de sus favoritos: George Villiers.

El rey Gustavo II Adolfo de Suecia firmó el tratado de Stolbovo con el zar Miguel III de Rusia, por el que renunciaba a Nóvgorod, mientras que Miguel III reconocía la soberanía sueca sobre la costa del golfo de Finlandia.

En Córdoba murió el inca Garcilaso de la Vega. Póstumamente, se publicó su Historia general del Perú, la segunda parte de sus Comentarios Reales, que trata sobre la conquista de Perú.

También murió el sultán otomano Ahmed I, que fue sucedido por su hermano Mustafá I.

En Londres murió la india Pocahontas (o Rebeca), que había ido a visitar la metrópolis acompañando a su marido, John Rolfe.

El emperador Matías II cedió el reino de Bohemia a su primo Fernando, el duque de Estiria, ahora Fernando II de Bohemia, católico radical que empezó a tomar medidas contrarreformistas.

El duque Carlos Manuel I de Saboya había aprovechado la debilidad del ducado de Mantua para anexionarse el Monferrato, pero el duque Fernando solicitó la ayuda española. Los españoles derrotaron al ejército de Saboya en Apertola y, finalmente, la mediación del rey Luis XIII de Francia condujo en octubre a la paz de Pavía, por la que Carlos Manuel I devolvía el Monferrato a Mantua.

Sin embargo, las cosas no quedaron ahí. La república veneciana, incómoda desde hacía tiempo con la hegemonía española en Italia, había apoyado al duque de Saboya, y en noviembre, el virrey de Nápoles, el duque de Osuna, organizó una flota que derrotó a la veneciana en Gravosa. Poco después, ya en 1618, Venecia denunció una conspiración destinada a imponerle el dominio español con la colaboración de mercenarios franceses y neerlandeses infiltrados en la ciudad. El pueblo se echó a la calle y muchos españoles (o extranjeros en general sospechosos de ser mercenarios) tuvieron que escapar. Entre ellos estaban el embajador español, el marqués de Bedmar, y hay quien dice que también Francisco de Quevedo, que tuvo que huir disfrazado de mendigo.

No está confirmado que existiera realmente la llamada conjuración de Venecia, en la que, supuestamente, además del duque de Osuna y el marqués de Bedmar, habría participado el marqués de Villafranca, gobernador de Milán. Tanto si existió como si no, el caso fue que el duque de Lerma, deseoso de mantener la paz en Italia, optó por destituir al duque de Osuna, alegando que había actuado por cuenta propia y con la intención final de proclamarse rey de Nápoles.

El año anterior, el duque de Osuna había casado a su primogéntio, Juan Téllez Girón, con Isabel de Sandoval, nieta del duque de Lerma, hija de Cristóbal Sandoval y Rojas, el duque de Uceda, que por esta época estaba conspirando contra su padre, haciéndole ver al rey, Felipe III, que la impopularidad del valido había llegado a extremos insostenibles. El rey buscó el modo de desembarazarse del duque de Lerma sin perjudicarlo, y para ello logró que el Papa Paulo V lo nombrara cardenal.

Por esas fechas se pudieron observar dos cometas, y un jesuita llamado Prazio Grassi publicó un libro titulado Libra astronomica ac Philosophica en el que sostenía que (en contra de la opinión aristotélica) los cometas eran auténticos cuerpos celestes que se movían entre los planetas, más allá de la esfera de la Luna, tal y como ya habían sostenido antes Tycho Brahe y Kepler. Sin embargo, Galileo, inusitadamente conservador, sostuvo que eran fenómenos atmosféricos iluminados por el Sol, enzarzándose así en una discusión con los jesuitas.

Otro jesuita, el español Pedro Páez, seguía en Abisinia y acompañaba al rey Susenios en sus viajes. Ese año fue con él hasta el lago Tana, de donde nace el llamado Nilo Azul, uno de los ríos que confluyen para formar el Nilo. Sus conocimientos de arquitectura le permitieron levantar allí un palacio de piedra de dos plantas.

El emperador Matías II cedió el reino de Hungría a su primo, el rey Fernando I de Bohemia.

Ese año murió el duque Alberto Federico de Prusia, y el ducado pasó a su yerno, el príncipe elector Juan Segismundo de Brandeburgo, que ya gobernaba el ducado de hecho a causa de la locura de Alberto Federico.

También murió Powathan, el jefe de las tribus indias de Virginia. Fue sucedido por su hermano Opechancano, que tendría unos ochenta años. A diferencia de su hermano, veía con recelo la expansión de los recién llegados, cuyo número superaba ya el millar y se iban asentando a lo largo de un tramo cada vez más amplio del río Jacobo.

Si Walter Raleigh regresó de su expedición al Orinoco, que había sido un completo desastre: no sólo no había encontrado El Dorado, sino que había provocado un incidente diplomático con los españoles. El rey Jacobo I lo encarceló y, aconsejado por el embajador español, lo hizo decapitar. El rey nombró a sir Thomas Dale comandante de la flota de la Compañía de las Indias orientales, y le encargó que tratara de sacar ventaja a los neerlandeses, a los que ese año infligió una derrota frente a las costas de Java. Francis Bacon recibió el título de barón de Verulam.

John Fletcher estrenaba The loyal subject.

Lope de Vega estrenó El perro del hortelano. Entre sus amigos y seguidores se encontraba Guillén de Castro, que estrenaba ahora una de sus obras más famosas: Las mocedades del Cid, sobre la infancia de Rodrigo Díaz de Vivar.

Los neerlandeses construyeron dos fuertes en Senegal.

En Amberes pasó el examen de maestro un joven de diecinueve años que se había convertido en el discípulo favorito de Rubens. Se llamaba Antoon van Dyck. Se conserva un Anciano pintado por él a los catorce años, que da testimonio de su precocidad. De esta época es su Magdalena. Rubens terminaba mientras tanto una serie de seis composiciones con la Historia de Decius Mus, ejecutada en gran parte por su discípulo. También son de esta época varios cuadros de temas mitológicos, como el Sileno borrachoEl rapto de las hijas de Leucipo, en los que muestra su gusto por los desnudos celulíticos.

La misma edad que Van Dyck tenía otro pintor nacido en Sevilla, de padre portugués. Se llamaba Diego Velázquez, y había superado el examen ante el gremio de pintores el año anterior. Desde los doce años había trabajado en el taller del pintor Francisco Pacheco, y ahora, en abril, se casaba con su hija Juana. Velázquez rompió con las tendencias manieristas de la escuela sevillana y se decantó por un nuevo realismo. De ese año data su Vieja friendo huevos.

Lope de Vega publicó El triunfo de la fe en los reinos del Japón por los años 1614 y 1615, donde ensalza a varios sacerdotes que habían sufrido martirio en Japón.

El sultán otomano Mustafá I fue derrocado por su sobrino Osmán II, el hijo de Ahmed I.

El zar Miguel III firmó la paz de Déulino con el rey Segismundo III de Polonia, algo más desventajosa que la que había firmado con Suecia el año anterior.

El 26 de mayo, una delegación de nobles protestantes del reino de Bohemia se presentó en Praga para pedir explicaciones respecto a las medidas cada vez más rigurosas que afectaban a los reformados. El incidente concreto que motivó la protesta fue una disputa en torno a la construcción de dos iglesias protestantes, que fue resuelta a favor de los intereses católicos por una decisión del emperador Matías II. Los ánimos se caldearon hasta el punto de que dos consejeros católicos, Martinic y Slavata, salieron por la ventana seguidos de Fabricius, un secretario del emperador. Fue la llamada defenestración de Praga. Los defenestrados salieron ilesos gracias a que aterrizaron sobre un montón de estiércol. Más tarde, la propaganda católica afirmó que fue la providencia divina la que puso el estiércol, aunque no hay constancia de que Dios figurara entre el personal de servicio del castillo.

Al día siguiente, los protestantes organizaron un contragobierno, recaudaron impuestos y reclutaron un ejército. Luego expulsaron a los jesuitas y lanzaron una importante ofensiva diplomática por toda europa. Se inició así lo que empezó siendo una rebelión protestante en todo el reino de Bohemia, pero que acabó recibiendo el nombre de guerra de los Treinta años.

El 4 de octubre, el duque de Lerma abandonó el gobierno y se retiró a sus posesiones. Su hijo, el duque de Uceda, se convirtió en el nuevo valido del rey Felipe III.

En noviembre se celebró un sínodo protestante en Dordrecht que condenó el arminianismo y a sus principales defensores, que fueron encarcelados. Así, Johan van Oldenbarneveldt, que ya llevaba un tiempo en prisión, se encontró acompañado de muchos otros presuntos herejes, entre los que destacaba la figura de Grocio. Esto convertía a Mauricio de Nassau (que acababa de recibir el título de príncipe de Orange tras la muerte de un hermano) en la autoridad indiscutible de las provincias unidas.

Durante los últimos años, China venía ejerciendo de árbitro en las disputas de las tribus que vivían al norte de sus fronteras. Éstas habían ido asimilando la cultura China, y ahora una de ellas, la de los manchúes, había encontrado un líder poderoso: Nurhaci, que se proclamó kan y empezó a realizar incursiones en el Imperio.

Hacía ya tiempo que en Europa se había puesto de moda un antiguo deporte: la caza de brujas. Suele hablarse de brujas, en femenino, porque, aunque la sospecha de servir a Satanás podía recaer sobre infelices de ambos sexos, el 80% de los condenados eran mujeres. La caza de brujas, practicada sobre todo en el ámbito rural, contribuyó notablemente a consolidar la autoridad de los jueces locales y de los curas, ya que una actitud rebelde podía acabar fácilmente en una acusación de brujería. En Ellwangen, un pequeño territorio católico en Alemania, unas cuatrocientas personas habían sido condenadas a la hoguera en los últimos siete años, y es que la Edad Media no acaba de acabar.

Una de estas acusaciones recayó sobre Khatarina Kepler, la madre de Johannes Kepler. Su hijo se encargó de buscar abogados para defenderla, y finalmente fue liberada. La defensa se apoyó en gran parte en que las autoridades habían incumplido ciertos protocolos concernientes al uso de la tortura. En 1619, Kepler publicó su tratado Harmonices Mundi libri V, donde, junto con algunos resultados matemáticos, presenta la que hoy se conoce como tercera ley de Kepler sobre el movimiento de los planetas. Ésta afirma que

El cuadrado del tiempo que tarda un planeta en dar una vuelta alrededor del Sol es proporcional al cubo de su distancia media al Sol.

Su interés reside en que el tiempo que tarda cada planeta en dar una vuelta alrededor del Sol es muy fácil de medir, con lo que la tercera ley de Kepler proporciona la escala del sistema solar (permite calcular la distancia de cada planeta al Sol salvo una constante de proporcionalidad). Más concretamente: a partir de ese momento, bastaba calcular la distancia entre dos planetas cualesquiera para conocer la distancia al Sol de todos los planetas. Así, por ejemplo, la distancia al Sol de Saturno, el planeta más lejano (conocido entonces), resultaba ser unas diez veces mayor que la de la distancia de la Tierra al Sol.

Consciente de las trabas que, tanto la Iglesia como la Universidad estaba poniendo a la teoría copernicana, Kepler escribe:

Nadie puede ya detenerme. He triunfado [...] Si me perdonáis, me alegraré; si me condenáis, no me importa. La suerte está echada, el libro está escrito. ¿Qué diferencia puede haber entre que se lea ahora o que lo lean las generaciones futuras? Acaso tendré que esperar un siglo para conseguir un lector; Dios ha tenido que esperar seis mil años para que un hombre llegara a comprender sus leyes.

El rey Segismundo III de Polonia liberó a Fiódor Filaret, el padre del zar Miguel III, que fue nombrado patriarca de Moscú.

María de Médicis se evadió de la prisión en que la tenía recluida su hijo, el rey Luis XIII de Francia, y se levantó en armas contra él, con la ayuda de un sector de la nobleza. El duque de Luynes llamó a Richelieu y le pidió ayuda para resolver el conflicto mediante la diplomacia. Gracias a su mediación, se firmó un primer acuerdo conocido como la paz de Angulema. El duque Carlos Manuel I de Saboya casó a su hijo Víctor Amadeo con Cristina, hermana de Luis XIII.

Fernando, uno de los hijos del rey Felipe III de España, fue creado cardenal a sus diez años de edad. Fue conocido como el Cardenal-infante.

Ese año murió Alonso de Guzmán, el duque de Medinasidonia, el capitan de la Armada Invencible. Fue sucedido por su hijo Juan Manuel Domingo de Guzmán, que heredó también la capitanía general del Mar Océano. Era yerno del duque de Lerma, quien consiguió que se le nombrara consejero de estado y de guerra.

En las Provincias Unidas terminó el sínodo de Dordrecht, después de haber decretado la pena de muerte para numerosos arminianistas, entre ellos Johan van Oldenbarneveldt, que fue decapitado. Grocio fue condenado a cadena perpetua en el castillo de Loewenstein. Teniendo en cuenta que las Provincias Unidas habían luchado contra España (al menos, en teoría) en defensa de las libertades religiosas, estas resoluciones resultaban, si no sorprendentes, cuanto menos, irónicas.

Mientras tanto el neerlandés Jan Pieterszoon Cohen construyó una fortaleza en la isla de Java, en un pueblo de pescadores llamado Yakarta, al que dio el nombre de Batavia. Sir Thomas Dale murió en Masulipatam, en la India, y Jacobo I nombró gran almirante al conde de Buckingham, con la misión de reorganizar la marina.

El 20 de marzo murió el emperador Matías II, sin haber podido apaciguar la rebelión de Bohemia. La sucesión era especialmente controvertida en este caso, ya que uno de los príncipes electores era el rey de Bohemia, en principio Fernando II de Austria, pero los rebeldes bohemios no reconocían su autoridad y aspiraban a sustituirlo por un elector protestante. En primer lugar le ofrecieron la corona al príncipe elector Juan Jorge de Sajonia, pero la rechazó. Quien sí que la aceptó fue el elector palatino Federico V, el jefe de la Unión Evangélica.

Sir George Yeardley fue nombrado gobernador de la colonia inglesa de Virginia. Siguiendo instrucciones de la Compañía de Virginia, el 30 de julio Yeardley constituyó una especie de parlamento local, la Cámara de los Burgueses, integrada por dos representantes de cada uno de los once distritos en que se dividía la colonia, elegidos democráticamente mediante el voto de todos los adultos varones. Ese año se creó una fundición de hierro, y de Inglaterra llegó un barco repleto de mujeres jóvenes en busca de marido. En agosto llegó también un barco neerlandés que vendió a los colonos un cargamento de unos veinte esclavos negros, que inmediatamente demostraron su incalculable utilidad en las plantaciones de tabaco. A lo largo de los años siguientes, el número de esclavos fue aumentando poco a poco.

El 22 de agosto los protestantes bohemios destituyeron al rey Fernando II, y el 24 de agosto proclamaron como rey de Bohemia al elector palatino Federico V. Sin embargo, los católicos alemanes convocaron una dieta en Frankfurt y, contando a Fernando II como elector de Bohemia, lo proclamaron emperador el 28 de agosto.

El 31 de octubre llegaba a Praga Federico V. Recientemente había fallecido el príncipe elector de Brandeburgo y duque de Prusia Juan Segismundo, que fue sucedido por su hijo Jorge Guillermo, cuñado de Federico V.

Federico V selló una alianza con el príncipe de Transilvania, Gabriel Bethlen, y el 21 de noviembre cruzó el Danubio con un ejército dispuesto a tomar Viena, aunque finalmente fue rechazado y tuvo que replegarse a Bohemia. En 1620, Bethlen fue proclamado rey de Hungría.

Gaspar de Borja y Velasco, hijo de san Francisco de Borja, que había sido sucesivamente arzobispo de Milán, de Sevilla y de Toledo, fue nombrado virrey de Nápoles, en sustitución del duque de Osuna. No pudo evitar que los turcos saquearan la ciudad de Manfredonia.

En Sevilla, la fama de Velázquez crecía día a día. Sentía predilección por los temas populares, en los que presenta a la gente humilde con una gravedad y dignidad hasta entonces sólo vista en retratos de grandes personajes. De ese año es El aguador de Sevilla.

Van Dyck pintó La coronación de espinas. Frans Hals iniciaba su periodo de mayor esplendor. De estas fechas datan varios retratos, como el de Paulus van Berenteyn o el de Catharinas Both van der Eem.

El rey Gustavo II Adolfo de Suecia se casó con María Leonor, hermana de Jorge Guillermo, el príncipe elector de Brandeburgo y duque de Prusia.

Después de la batalla de los Ponts-de-Cé, Richelieu negoció el tratado de Angers, que reconciliaba al rey Luis XIII de Francia con su madre, María de Médicis. Por su parte, el duque de Luynes negoció el tratado de Ulm, por el que la Unión Evangélica se comprometía a no atacar a los católicos franceses a cambio de la neutralidad de Francia en la guerra de Bohemia.

Samuel de Champlain regresó a Nueva Francia con plenos poderes, excepto sobre el control del comercio.

El matemático inglés Henry Briggs obtuvo una cátedra de geometría en la universidad de Oxford. Ese año publicó una edición de los primeros seis libros de los Elementos de Euclides.

Francis Bacon publicó su obra cumbre: el Nouum organum scientiarum, en la que sienta las bases de la ciencia experimental moderna. Bacon defiende que las leyes generales de la ciencia deben obtenerse de forma inductiva y gradual a partir de experimentos llevados a cabo sistemáticamente bajo criterios racionales, libres de prejuicios, que detalla minuciosamente. El valor de las teorías científicas reside en su capacidad predictiva, que también puede contrastarse con experimentos. La experimentación convierte al hombre en el intérprete de la Naturaleza.

El título del tratado (Nuevo órganon de las ciencias) hace referencia al órganon, que es el nombre con que se conocía la compilación de las obras de Aristóteles. Bacon insiste en la necesidad de sustituir la lógica silogística aristotélica por el método científico que describe. De este modo, se convirtió en el primero en abordar en general una cuestión que ya muchos otros habían señalado en casos particulares, a saber, que el culto a Aristóteles debía ser abolido urgentemente entre los hombres de ciencia.

Los científicos modernos estaban empezando a descubrir que el hecho de que Aristóteles, o cualquier otro griego, hubiera afirmado algo (matemáticas aparte), no sólo no garantizaba que fuera cierto, sino que más bien podía uno jugarse el cuello tranquilamente a que era falso. Sin embargo, las universidades estaban infestadas de veneradores de Aristóteles que no tenían más criterio para decidir si algo era verdadero o falso que consultar los libros, de forma que cuestionar los libros era poner en evidencia su patética ignorancia. Estos aristotélicos tenían gran influencia, hasta el punto de que podría decirse que Aristóteles se había puesto por delande del mismo Dios como obstáculo al progreso científico.

Nadie en sus cabales puede dejar de sentir respeto y admiración por los filósofos griegos. Sin el descubrimiento de la cultura antigua, Occidente jamás habría salido de la oscuridad medieval, pero una cosa es admirar el "espíritu" de los griegos y otra admirar su "letra". Si un niño afirma que tiene que haber algo que sostenga a la Tierra para que no se caiga, está haciendo una observación inteligente y digna de admiración, porque lo distingue de otros niños a los que les da igual si la Tierra se cae o no se cae, pero, al mismo tiempo, si esa observación la hiciera un adulto, podríamos asegurar que se trata de un idiota. La cultura griega es inteligente en ese mismo sentido, aunque aún quedan quienes creen que de los griegos se puede aprender algo que no sean matemáticas, historia o arte. Y es que el renacimiento no acaba de acabar.

Hacía más de una década que un grupo de puritanos ingleses había abandonado su país para establecerse en Leiden, en las Provincias Unidas, huyendo de las tensiones religiosas que los enfrentaban al anglicanismo oficial. Sin embargo, las luchas recientes entre gomaristas y arminianistas demostraban que la tolerancia religiosa sólo es reclamada por quienes no están en situación de imponer la intolerancia religiosa, y que se olvidan de ella en cuanto cambian las tornas. Por ello, los puritanos decidieron regresar a Inglaterra y solicitar permiso al rey Jacobo I para emigrar a América. El rey les autorizó a instalarse en Virginia, así que los puritanos empezaron a reunir fondos y suministros para el viaje. Reunieron dos barcos, pero uno resultó ser inadecuado para la travesía, así que el 16 de septiembre zarparon de Plymouth a bordo de una única nave, el Mayflower. Viajaban en ella treinta y cinco de los puritanos procedentes de Leiden y otros sesenta y seis reclutados en Londres y localidades vecinas.

En octubre, el duque de Luynes trató de imponer el catolicismo en la baja Navarra, y provocó una nueva insurrección protestante, dirigida por el duque Enrique II de Rohan.

Théodore Agrippa D'Aubigné terminó la publicación de su Historia universal de 1550 a 1601, cuya virulencia anticatólica hizo que fuera quemada públicamente. Por precaución, D'Aubigné huyó a Ginebra.

El emperador Fernando II logró el apoyo de España y Polonia, además del de la Santa Liga. El conde de Tilly había organizado para el duque Maximiliano I de Baviera un ejército como nunca se había visto en Alemania. Contaba con unos veinticinco mil hombres, y se trataba de un ejército regular, muy distinto a los habituales ejércitos de mercenarios. En teoría toda la población bávara en condiciones de luchar estaba obligada al servicio militar, los burgueses y campesinos en la infantería, los nobles en la caballería. Todos estaban obligados a realizar entrenamientos.

En cuanto a España, envió un ejército bajo el mando de Ambrosio de Spínola, que se unió al de Tilly, penetró en Bohemia y el 8 de noviembre se enfrentó a las fuerzas que se habían reunido para defender la capital en la batalla de la Montaña Blanca. El combate fue breve: los imperiales atacaron al grito de "¡Santa María!", después de saludar una imagen de la Virgen considerada milagrosa. (Todos estos eran rasgos genuinamente católicos, ya que los protestantes consideraban idólatra la veneración de vírgenes y santos.) El caso fue que la Virgen hizo su papel y los católicos obtuvieron una rotunda victoria. Las cifras oficiales hablan de unos cinco mil muertos en el bando protestante y unos quinientos en el católico. Federico V se vio obligado a huir mientras sus aliados imploraban clemencia al emperador. Éste inició en Bohemia una campaña de represión, confiscaciones de tierras y conversiones forzosas. Los españoles, siempre bajo la dirección de Spínola, penetraron en el Palatinado.

El Mayflower tocó la costa americana un día después de la batalla de la Montaña Blanca, el 9 de noviembre. Teóricamente, su destino era Virginia, pero una parte de los colonos (especialmente los que habían estado en Leiden) desconfiaba de que pudieran lograr la libertad religiosa que anhelaban en una colonia habitada ya por anglicanos. Se les llamaba separatistas, porque habían desistido de convertir en puritanos a todos los anglicanos y, en su lugar, consideraban al puritanismo como una Iglesia independiente. Por ello, los separatistas habían variado deliberadamente el rumbo previsto para dirigirse más al norte. Así, el punto de la costa al que llegaron era el cabo Cod. La zona no les pareció especialmente hospitalaria, por lo que siguieron navegando hacia el norte en busca de un buen emplazamiento, recorriendo la costa que John Smith había bautizado como Nueva Inglaterra.

La situación era un tanto delicada: por una parte, el rey Jacobo I no les había dado permiso para fundar una nueva colonia, por otra, si terminaban instalándose lejos de los límites de Virginia, el hecho era que quedaban fuera de su jurisdicción, por lo que tendrían que formar un gobierno propio. Por ello, los separatistas convencieron al resto de los colonos para que el 21 de noviembre firmaran el llamado pacto del Mayflower,  por el que todos se comprometían a obedecer las leyes que elaborara la nueva colonia.

Francisco de Quevedo había comprado la casa en la que vivía Luis de Góngora en Madrid (la calle del Niño, actualmente calle de Quevedo) con el solo propósito de desahuciarlo. A finales de año fue encarcelado sin que se le explicara por qué. ("Me castigaban de memoria", decía él, aludiendo a los que se aprenden algo de memoria sin entenderlo.) Al cabo de seis meses, se le conmutó la cárcel por el destierro en su señorío de la Torre de San Juan Abad.

Finalmente, el 16 de diciembre los colonos del Mayflower encontraron un puerto que consideraron aceptable para instalarse. Figuraba en sus mapas con el nombre de Plymouth. El hecho de que se llamara igual que el puerto del que habían zarpado les pareció un buen presagio y allí se quedaron. Inmediatamente, eligieron entre ellos a un gobernador: John Carver. Pero era invierno y los recién llegados no estaban preparados para hacerle frente. Más de la mitad de los colonos no llegó a ver la primavera, entre ellos el gobernador. Ya en 1621, los supervivientes eligieron como gobernador a William Bradford. Sin duda alguna, los puritanos no habrían sobrevivido si no hubieran contado con la ayuda de los indios de la zona. No eran muchos, porque cuatro años atrás habían muerto casi todos víctimas de la peste (un regalo que les habían dejado los exploradores europeos, aunque, naturalmente, ellos no estaban en condiciones de establecer la conexión). En todo momento se mostraron amistosos y colaboradores. Los recién llegados no hubieran podido pedir más: entre los indios había uno, llamado Squanto, que incluso sabía hablar algo de inglés. Unos años atrás, unos exploradores se lo habían llevado a Inglaterra, donde fue bien tratado, y se le permitió regresar a su tierra cuando así lo quiso.

Ese año murieron:

El nuevo valido era también muy distinto a los anteriores. Tenía la decisión y seguridad en sí mismo que le faltaban al monarca, y también se le puede conceder la buena voluntad de servir a su rey y a su país. Trabajaba desde las seis de la mañana hasta las once y media de la noche. Trabajaba hasta en las cacerías y en las fiestas. Su carroza le servía de oficina y de salón de embajadores. Se le atribuyen ciertas (modestas) dotes como orador persuasivo.

Sus primeras medidas fueron de depuración de los altos cargos del reinado anterior. Los duques de Uceda y de Osuna fueron condenados a cadena perpetua y a pagar pesadas multas. El duque de Lerma se libró de la muerte por ser cardenal (se vistió de colorado para no morir ahorcado, decía el pueblo), pero fue desterrado a Tordesillas y obligado a pagar una multa anualmente. Otros fueron desterrados, y otros ajusticiados.

Entre los ajusticiados se encontraba Rodrigo Calderón, el marqués de Sieteiglesias, que había pasado de ser el modesto ayuda de cámara del duque de Lerma a convertirse en uno de los hombres más ricos y poderosos de Castilla. Fue declarado culpable de siete cargos de asesinato (incluido el de la reina Margarita de Austria, por no haberle proporcionado la debida asistencia médica tras el parto de su último hijo) y, lo que era más grave aún, de varios delitos de hechicería. Dicen que señalando al cadalso dijo: "¿Y ésta es la afrenta?, ¡Esto es el triunfo y la gloria!", de donde se dice a su vez que procede la expresión "tener más orgullo que don Rodrigo en la horca", aunque parece que la frase es anterior y, además, "don Rodrigo" no murió ahorcado, sino decapitado en la plaza mayor de Madrid.

Por otra parte, Rodrigo Calderón había sido uno de los principales protectores de Luis de Góngora, que con su muerte empezó a verse en apuros económicos que trataba de disimular como mejor podía.

Las cortes de Madrid aprobaron numerosas reformas: investigación de los incrementos patrimoniales injustificados de los últimos ministros, reducción en un tercio de los cargos públicos, represión del lujo, la vagancia y la emigración, impuestos sobre la soltería, creación de Montes de Piedad para frenar la usura, expulsión de las universidades de los estudiantes que no rendían adecuadamente, cierre de "casas de tolerancia", etc.

Ese año expiraba la tregua de los Doce Años firmada con las Provincias Unidas. Olivares puso las siguientes condiciones para prorrogar la tregua: que se diera libertad de culto a la minoría católica neerlandesa, que se volviera a abrir al tráfico el río Escalda (necesario para la prosperidad de Amberes) y que los neerlandeses se retirasen de las Indias Orientales y Occidentales. Mauricio de Nassau considero idóneas estas condiciones, ya que le daban la excusa perfecta para reemprender la guerra. Ambrosio de Spínola dejó el Palatinado para combatir de nuevo a los neerlandeses.

Por estas fechas, Bohemia estaba ya completamente sometida a los Austrias, y tardaría más de un siglo en levantar cabeza. La guerra de Bohemia había terminado, pero ésta fue sólo el primer periodo de la guerra de los Treinta Años, que ahora había entrado en el periodo palatino. La campaña del Palatinado quedó en manos del duque Maximiliano I de Baviera o, más precisamente, de su general en jefe, el conde de Tilly. En abril se disolvió la Unión Evangélica.

Por otra parte, Gabriel Bethlen fue derrotado en Moravia y firmó la paz de Nikolsburg con el emperador Fernando II, por la que renunciaba a la corona húngara. En la campaña contra Bethlen destacó Albrecht Eusebius Wenzel von Wallenstein, nacido en Bohemia, en una familia utraquista, pero que se convirtió al catolicismo por influencia de los jesuitas. En los últimos años había convertido en un profesional de la guerra. Su especialidad era hacerse con grandes botines de los que no rendía cuentas a nadie.

El 3 de junio, los neerlandeses fundaron la Compañía de las Indias Occidentales, para gestionar el comercio con América.

Con la llegada de la primavera, los puritanos de Plymouth habían sembrado sus primeros cultivos en unos campos abandonados por los indios. Éstos los ayudaron enseñándoles sus técnicas agrícolas. Un indio llamado Samoset organizó un encuentro con Massasoit, el jefe de las tribus locales, y se establecieron relaciones pacíficas entre indios y colonos. En noviembre los puritanos obtuvieron una buena cosecha, por lo que establecieron tres días de fiesta para dar gracias a Dios. Massasoit y noventa indios fueron invitados a la fiesta. Desde entonces los puritanos conmemoraron la ocasión celebrando cada año el día de Acción de Gracias el cuarto jueves de noviembre.

La colonización de Norteamérica
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