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NICOLÁS COPÉRNICO

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En 1540 murió el rey de Abisinia, Lebna Dengel. Durante su reinado, el país había quedado exhausto luchando por su supervivencia frente a los musulmanes. El peligro aún no había sido conjurado, y su sucesor, Galaudeos, tuvo que solicitar la ayuda de los portugueses.

En el Congo, el rey Alfonso I trató de prohibir la exportación de esclavos, pero era demasiado tarde. Las relaciones con los portugueses eran cada vez más tensas, porque los congoleños ya no podían prescindir de las mercancías que aportaban los comerciantes, pero, al mismo tiempo, se inquietaban cada vez más de la manera en que éstos se inmiscuían en los asuntos internos del país. Por otra parte, los traficantes de esclavos —congoleños— no veían motivos para renunciar a un negocio tan lucrativo, y llegaban incluso a raptar hombres libres, nobles incluso, para venderlos a los portugueses. Al parecer, hasta hubo algún miembro de la familia real que acabó rumbo a América.

En Hungría murió el rey Juan Zápolya. Dejó un hijo recién nacido llamado Juan Segismundo, que el sultán turco Solimán I se aseguró de mantener en el poder frente a las pretensiones del otro rey, Fernando I de Austria. El sultán entro en Buda, ocupó la llanura del Danubio e hizo que el niño fuera coronado rey.

Los venecianos, asustados por el avance turco, abandonaron la liga que habían formado con el Papa y el emperador y firmaron una paz separada con los turcos, gracias a la mediación de la diplomacia francesa. Sin los venecianos, los españoles se veían obligados a abandonar el frente del Mediterráneo oriental y limitarse a una posición defensiva en el Mediterráneo occidental ante la piratería turca. Los genoveses capturaron al pirata Dragut, pero fue rescatado por Barbarroja.

Los Países Bajos habían sufragado en gran parte la guerra con Francia que había terminado con la tregua de Niza, excepto Gante, que había apelado a ciertas inmunidades para no contribuir. Cuando el emperador insistió en reclamar impuestos, la ciudad se sublevó y pidió ayuda a Francisco I de Francia. Sin embargo, el rey francés apoyó a Carlos V y le dio toda clase de facilidades para atravesar Francia camino de Gante. A su llegada, los ganteses se asustan e imploran clemencia, pero el emperador declara a su ciudad natal "traidora al imperio" y manda ejecutar a veintiséis cabecillas de los insurrectos. Con su colaboración, Francisco I aspiraba a que Carlos V acabara cediéndole el ducado de Milán, así que no le hizo ninguna gracia que, poco después, Carlos V nombrara duque de Milán a su hijo Felipe.

El calvinismo empezaba a introducirse en los Países Bajos. Por su parte, el anabaptista Menno Simonsz publicó su Libro fundamental de la doctrina redentora de Cristo.

El Papa Paulo III promulgó la bula Regimini militantis, en la que aprobaba los estatutos de la Compañía de Jesús, convertida así oficialmente en orden religiosa. La orden no tiene hábito propio, y sus miembros están obligados por un voto específico de obediencia al Papa. El rey Juan III de Portugal invitó a los jesuitas a instalarse en su país.

Tras la muerte de la reina Juana Seymour, el rey Enrique VIII de Inglaterra había enviado al pintor Hans Holbein de corte en corte para retratar a las esposas potenciales del monarca. Durante varios meses estuvo enamorado del retrato de Ana de Clèves, la hija del duque Juan de Clèves, uno de los jefes protestantes alemanes. El ministro Thomas Cromwell se había encargado el año anterior de sellar una alianza con los protestantes que incluía el matrimonio de Enrique VIII y Ana de Clèves, pero, cuando el rey la vio al natural, poco faltó para que hiciera ejecutar a Holbein acusado de alta traición. Pese a todo, Enrique VIII accedió en un principio a cumplir lo convenido y casarse, pero Cromwell no pudo evitar que unos meses después el rey decidiera anular el matrimonio. Ana de Clèves permaneció en Inglaterra, y al poco tiempo el rey se casó con Catalina Howard, de dieciocho años, cuyo tío, Thomas Howard, era uno de los muchos nobles enemistados con Cronwell. Estos nobles aprovecharon el descontento del rey con su cuarto matrimonio para hacer que Cronwell cayera en desgracia. Acusado de alta traición, fue condenado y ejecutado.

Después de tantos años de estar gobernada por regentes opuestos a la monarquía danesa, la monarquía sueca instaurada por el rey Gustavo I no era muy sólida. Pese a ello, Gustavo I logró que el parlamento reconociera a sus hijos Juan y Erik como herederos al trono.

Miguel Servet fue nombrado médico del arzobispado de Vienne, en el Delfinado, donde gozaba de gran prestigio.

Un orfebre florentino llamado Benvenutto Cellini, que hasta entonces había trabajado en Roma como grabador de monedas, marchó a Francia, a trabajar para el rey Francisco I. Entre sus obras más famosas de este periodo destaca un salero en oro, plata y esmalte, así como la Ninfa de Fontainebleau.

Ese año murió en Brujas el humanista Juan Luis Vives. Su último libro, De ueritate fidei christianae, fue publicado unos años después. Se trata de una defensa del cristianismo frente al judaísmo y el islamismo.

También murió el duque de Mantua, Federico Gonzaga. Dejó un hijo menor de edad, por lo que el ducado quedó bajo la regencia de su hermano, el cardenal Hércules Gonzaga.

Humayún, el sultán de Delhi, fue derrocado por un afgano llamado Sir Sah. Desde ese momento vagó por el norte de la India tratando de recuperar su trono.

En enero de 1541 desembarcó en Panama el juez pesquisidor Cristóbal Vaca de Castro. Su destino era Perú, pero se entretuvo reformando la audiencia panameña.

En febrero, Gonzalo Pizarro salió de Quito hacia el este al frente de unos doscientos veinte españoles y cuatro mil indios en busca de "el país de la canela", uno de esos míticos reinos americanos que no estaban en ningún sitio. Poco después se le unió Francisco de Orellana, aunque su propósito era más tangible. A relativamente poca distancia de la costa había numerosos ríos que fluían hacia el este, y Orellana especulaba con encontrar una ruta fluvial que llevara al Atlántico. Tras una dura marcha a través de la selva, llegaron al río Napo. Allí construyeron un bergantín con el que siguieron el curso del río.

El 12 de febrero, Pedro de Valdivia fundó la ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura, a la que convirtió en capital de los territorios que desde allí empezó a conquistar al sur del Perú. El nombre de Nueva Extremadura para la región convivió con el nombre indígena de Chile, que al final se acabó imponiendo.

El 29 de marzo Álvar Núñez Cabeza de Vaca desembarcó en la isla de Santa Catalina, frente a la costa Brasileña, con tres naves y cuatrocientos hombres. Allí se encontró con algunos españoles que habían huido de Buenos Aires, pues culpaban al gobernador Domingo Martínez de Irala de la muerte de Juan de Ayolas a manos de los indios paraguayos, ya que aquél había abandonado la ciudad de Candelaria, a donde Ayolas había regresado en vano. Cabeza de Vaca se enteró así también de que Martínez de Irala había decidido abandonar Buenos Aires y concentrar toda la población en Asunción, lo que dejaba sin poder alguno a su rival, Francisco Ruiz de Galán, y además así se consideraba más cerca de la mítica sierra de la Plata, que tenía intención de seguir buscando. A estas noticias añadieron toda clase de denuncias sobre los abusos del gobernador contra españoles e indios. Cabeza de Vaca decidió dirigirse a Asunción, pero antes envió varias expediciones para explorar el territorio y determinar la mejor ruta posible.

Hernando de Soto al frente de su maltrecha expedición que desde Florida se había adentrado en el continente norteamericano, descubrió y cruzó el río Mississippi, y siguió avanzando.

Pedro de Alvarado murió mientras colaboraba en la represión de la rebelión de los indios de Nueva Galicia, en México. No obstante, la rebelión no tardó en ser sofocada. La muerte de Alvarado le sirvió al virrey, Antonio de Mendoza, para reintegrar a la Corona numerosas encomiendas.

Mientras tanto, el gobernador de Nueva Galicia, Francisco Vázquez de Coronado, seguía en el norte, buscando las riquezas anunciadas por fray Marcos de Niza. En abril, nuevos informes lo llevaron a levantar el campamento de invierno y dirigirse en busca de un lugar llamado Quivira. Recorrió las llanuras entre el Mississippi y las montañas Rocosas, hasta que encontró la tal Quivira, un pequeño poblado indio sin interés alguno (es decir, sin oro ni plata ni nada similar).

En Nueva Granada, los encomenderos reprimieron sin piedad las últimas y esporádicas rebeliones de los chibchas, con lo que el territorio quedó definitivamente sometido.

El navegante francés Jacques Cartier realizó un nuevo viaje a Canadá. Remontó el río San Lorenzo hasta convencerse de que, efectivamente, era un río y no un paso que llevara hasta el océano Pacífico. Cuando regresó a Francia e informó de sus conclusiones, el rey Francisco I perdió el poco interés que hasta entonces había mostrado por América.

Para asegurarse sus conquistas en Chile frente a Perú, Pedro de Valdivia realizó en Santiago la misma jugada que Cortés había realizado en Veracruz: en junio dotó a la ciudad de autoridades municipales, las cuales lo reconocieron a su vez como gobernador y capitán general de Nueva Extremadura. Mientras se dirigía a Cachapoal a rechazar un ataque indio, los indígenas de Aconcagua destruyeron Santiago, aunque la ciudad no tardó en ser reconstruida.

En Perú corrió el rumor de que el juez Vaca de Castro apoyaría a Pizarro frente a los almagristas, así que éstos se reunieron en torno a Almagro el Mozo y el 26 de junio Pizarro recibió unos visitantes en su palacio de Lima que lo mataron a estocadas. La tradición dice que, moribundo, dibujó una cruz en el suelo con su sangre y la besó. Almagro el Mozo fue nombrado gobernador.

Cuando Vaca de Castro se dirigía a Perú desde Panamá, un temporal arrastró su barco a tierra y llegó a Cali, donde tuvo que mediar en una disputa: Sebastián de Belalcázar había logrado el título de adelantado y gobernador de Popayán, pero, de vuelta en América se encontró con que Pascual de Andagoya había sido reconocido como gobernador de Cali y Popayán. Andagoya fue apresado y enviado a España. Allí se fijaron los límites de su gobernación, pero nunca volvió a América.

Vaca de Castro pasó a Popayán, y allí tuvo noticia del asesinato de Pizarro y de la elección de Almagro el Mozo como gobernador. Sus instrucciones establecían que, en caso de que Pizarro muriera, él pasaría a ser el nuevo gobernador de Perú.

Ese año murió Margarita, la hermana del rey Enrique VIII de Inglaterra y madre del rey Jacobo V de Escocia. Enrique VIII se proclamó rey de Irlanda, aunque el título era un tanto optimista, ya que el dominio inglés sobre la isla nunca había dejado de ser precario y la situación había empeorado con el cisma anglicano, ya que Irlanda se mantenía firmemente católica. El Papa Paulo III envió a la isla como nuncio apostólico al jesuita Alfonso Salmerón.

También murió el duque de Sajonia, Enrique el Piadoso, que fue sucedido por su hijo Mauricio.

En agosto, Rheticus presentó al duque Alberto de Prusia un ejemplar de su trabajo sobre un mapa de Prusia. Al día siguiente le presentó un instrumento que había construido para determinar la longitud del día. Rheticus sabía que el duque había tratado en vano de encontrar una forma de calcular la hora del amanecer, así que con su obsequio logró granjearse la buena disposición del duque para pedirle un favor: que aprobara la publicación de la obra definitiva de Nicolás Copérnico: De reuolutionibus orbium coelestium. Tantas precauciones no eran pocas, ya que, como el Copérnico indicaba en la introducción, dirigida al Papa:

Quizá haya murmuradores que, a pesar de no tener ningún conocimiento matemático, se consideren con derecho a abstenerse de juzgar las cuestiones matemáticas y, distorsionando malamente algunos pasajes de la Escritura para sus propósitos, se atrevan a encontrar defectos a mi trabajo y censurarlo. Yo hago caso omiso de ellos hasta el punto de despreciar sus críticas como carentes de fundamento.

El más famoso de los pasajes de la Escritura aludidos por Copérnico está en el libro de Josué:

Entonces habló Josue al Señor en aquel día en que entregó al amorreo a merced de los hijos de Israel, y dijo en presencia de ellos: Sol, no te muevas de encima de Gabaón; ni tú, Luna, de encima del valle de Ayalon. Y paráronse el Sol y la Luna hasta que el pueblo del Señor se hubo vengado de sus enemigos. [...] Paróse, pues, el Sol enmedio del cielo, y detuvo su carrera sin ponerse por espacio de un día. (Jos. X 12-13)

Frente a esto, como ya había avanzado en su trabajo preliminar, veintisiete años atrás, el tratado de Copérnico afirmaba que no es el Sol el que se mueve por el cielo alrededor de la Tierra, sino que es la rotación de la Tierra la que produce el movimiento aparente del Sol, así como que son la Tierra y los demás planetas los que giran alrededor del Sol, en lugar de girar todos alrededor de la Tierra. Hay que advertir que el sistema de Copérnico era un poco más complicado, ya que consideraba únicamente órbitas circulares (en vez de elípticas), por lo que para ajustar su modelo a sus minuciosas observaciones había tenido que introducir epiciclos al estilo del sistema Ptolemaico, es decir, órbitas circulares cuyos centros describen a su vez órbitas circulares.

El libro de Copérnico contenía también novedosos cálculos sobre trigonometría. A principios de año Rheticus ya había hecho publicar estas partes, junto con tablas de senos y cosenos calculadas por él mismo (aunque todavía no recibían estos nombres). Las tablas de cosenos de Rheticus fueron las primeras publicadas en la historia y, con su trabajo, la trigonometría europea se ponía a la altura de la trigonometría musulmana medieval.

Rheticus entregó el manuscrito a Johann Petreius, el mejor editor de Nuremberg, el cual a su vez encargó la supervisión del trabajo a Andreas Osiander, un teólogo luterano con experiencia en la edición de textos matemáticos. Aunque, hoy en día, dar por despreciable y carente de fundamento una objeción procedente de la Biblia puede considerarse una obviedad, no era así ni mucho menos en aquella época, y tales palabras eran más valientes que prudentes. Por ello, Osiander eliminó la introducción de Copérnico y la sustituyó por una carta al lector (que no firmó, de modo que durante mucho tiempo no se supo quién la había escrito), en la que explicaba que la teoría expuesta en el libro no pretendía ser una descripción real del sistema planetario, sino un método más sencillo que el ptolemaico para calcular las posiciones de los astros. Hay quien piensa que este cambio fue decisivo para que la obra se librara de ser inmediatamente condenado tras su publicación.

Gerardus Mercator era ya un reputado diseñador de mapas. El primero que había elaborado, cuatro años atrás, era de Palestina (le apasionabla la Biblia), luego había diseñado un mapa de Flandes y otro de Europa. Su último proyecto era la confección de un nuevo globo terrestre, que actualizara el que había grabado a las órdenes de su maestro, Gemma Frisius. Los geógrafos tenían que enfrentarse a menudo con datos contradictorios procedentes de observaciones inexactas aportadas por los exploradores. Mientras analizaba la información para su globo terrestre, Mercator descubrió que, además de las inexactitudes, había una falacia teórica que distorsionaba la información: muchos marineros creían que si navegaban siguiendo un rumbo fijo según la brújula entonces su trayectoria era recta (o, más precisamente, una geodésica, una línea que une dos cualesquiera de sus puntos por el camino más corto sobre la superficie terrestre). Mercator observó que las líneas de rumbo fijo no son geodésicas, sino unas curvas llamadas loxodrómicas, de modo que la distancia recorrida puede usarse para calcular la distancia entre dos puntos de la trayectoria, pero ella misma no es dicha distancia. El globo terrestre de Mercator es el primero que señala curvas loxodrómicas.

Ese año murió en Salzburgo a los cuarenta y ocho años el médico suizo Paracelso. Sus éxitos en la práctica médica, así como su elocuencia, le habían proporcionado una gran fama, oscurecida por los celos de los médicos y farmacéuticos de su época, a los que combatía. Fue uno de los primeros en defender el uso de específicos, es decir, de tratamientos adaptados a cada enfermedad, oponiéndose así a quienes buscaban la panacea universal, un remedio que sirviera para todas las enfermedades. Desterró los fármacos complicados e introdujo preparados a base de antimonio, mercurio, hierro, sales, etc. Defendía que algunos venenos tomados en pequeñas dosis podían ser curativos. Era contrario a las intervenciones quirúrgicas y despreciaba el estudio de la anatomía humana.

En septiembre, Vaca de Castro llegó a Perú y logró ser reconocido como gobernador tanto en Lima como en Quito. Empezó entonces a reunir un ejército para enfrentarse a Almagro.

En Ginebra triunfó de nuevo el protestantismo radical, y Guillaume Farel fue invitado a regresar. Éste a su vez convenció a Calvino para que lo acompañara. El 13 de septiembre entró en la ciudad entre aclamaciones. Calvino tuvo así ocasión de dar continuidad a la dictadura teocrática que había instaurado tres años atrás, sólo que ahora tomó las medidas oportunas para que no volviera a repetirse lo de su expulsión.

Pedro de Heredia había sido absuelto en España de las acusaciones vertidas contra él y había ocupado de nuevo su cargo de gobernador de Cartagena de Indias. Sus exploraciones hacia el sur lo enfrentaron con Belalcázar y con Jorge Robledo. Éste fue detenido y enviado a España, cosa que aprovechó Belalcázar para apoderarse de Santa Fe de Antioquía, ciudad que Robledo había fundado en noviembre

El 20 de noviembre el Consejo General de la ciudad de Ginebra aprobó las Ordenanzas eclesiásticas de Calvino, por las que se organizaba una Iglesia constituida por pastores elegidos por el pueblo, encargados de predicar la palabra de Dios. Una vez por semana se reunían en congregaciones, y una vez al mes en sínodo. Los pastores eran secundados por los doctores, encargados de la enseñanza doctrinal, así como por el consistorio, formado por seis ministros y doce laicos, y por los diáconos. Otras funciones de la Iglesia eran administrar el bautismo, celebrar la cena, visitar a los enfermos y enseñar el catecismo. Farel no tardó en retirarse a Neuchâtel.

Calvino confió la dirección del colegio de Ginebra al humanista Sébastien Castellion, que pronto se convirtió en uno de los centros universitarios más famosos de Europa, gracias a sus métodos fundados en las humanidades grecolatinas y la exégesis bíblica.

En Francia, la Institución de la religión cristiana fue prohibida y quemada, lo que le garantizó un éxito rotundo, y en los años siguientes se sucedieron una edición tras otra, tanto en francés como en latín.

El poeta Clement Marot que, tras haber pasado un tiempo en Venecia, había regresado a Francia, tradujo al francés Treinta salmos de la Biblia, tras lo cual tuvo que huir del país y refugiarse en Ginebra.

En Marruecos, Muhammad al-Sayj, al frente de los sadíes, que dominaban el sur, ocupó Santa Cruz de Aguer y obligó a los portugueses a evacuar casi todas sus posiciones en África. Sólo conservaron Tánger, Ceuta y Mazagán. Los turcos de Argel resultaban más peligrosos que los cristianos, por lo que al-Sayj se alió con el emperador Carlos V cuando éste decidió ponerse al frente de una expedición contra Argel.

Los españoles desembarcaron en medio de una tormenta que convirtió el terreno en un lodazal. Trataron de asediar la ciudad, pero las naves se soltaron y casi todas naufragaron. Sólo la pericia de Andrea Doria logró salvar unas pocas. En la expedición participaba Hernán Cortés, que se mostró partidario de atacar de todos modos, pero Carlos V consideró más prudente la retirada. Para acomodar a todos los hombres en los pocos barcos que quedaban, hubo que tirar los caballos al agua. Una nueva tormenta dispersó las naves, y cada cual alcanzó puerto como pudo. La de Carlos V se refugió en Bujía durante treinta y ocho días. Hasta que en diciembre, cuando mejoró el tiempo, pudo llegar a Cartagena.

Dentro de lo poco lucida que fue la campaña de Argel, en ella destacó Lamoral, el joven conde de Egmont, que a tenía a la sazón diecinueve años y se convirtió en uno de los hombres de confianza del emperador.

Un teólogo llamado Pedro de Soto fue nombrado confesor de Carlos V, y poco después ocupó el cargo de vicario general en Alemania.

Miguel Ángel, a sus sesenta y seis años, terminó el Juicio final de la capilla Sixtina, que en la que había estado trabajando durante los últimos cinco años. Es un fresco de unos 14 x 12 metros, con un Cristo Juez en el centro, con la Virgen a su derecha, rodeado de santos, apóstoles y patriarcas. San Bartolomé sujeta con su mano su piel desollada, con las facciones deformadas del propio Miguel Ángel. En la parte inferior, a la izquierda (la derecha de Cristo) se ven muertos que se reencarnan y ascienden al cielo, mientras que a la derecha los condenados caen al infierno.

En Chile, Pedro de Valdivia se estaba encontrando con una gran resistencia indígena, por lo que en enero de 1542 envió a Perú a Alonso de Monroy en busca de refuerzos.

La expedición dirigida por Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana llegó, navegando por el Napo, había llegado hasta la confluencia con el Aguarico y luego el Curacay. Allí la situación se volvió insostenible por la falta de víveres. En febrero decidieron acampar mientras Orellana continuaba con el bergantín por el río acompañado de algunos hombres en busca de alimento. Sin embargo, pasó un tiempo y Orellana no regresaba, así que Gonzalo Pizarro decidió volver sobre sus pasos hasta Quito. Allí se enteró de que su hermano Francisco había sido asesinado, y de que el nuevo gobernador, Cristóbal Vaca de Castro, lo había destituido de su cargo de gobernador de Quito.

El 2 de marzo, Alvar Núñez Cabeza de Vaca llegó finalmente a Asunción. Durante su viaje descubrió las famosas cataratas del Iguazú, un afluente del Paraná, la más alta de las cuales tiene un salto de unos setenta metros. Reconocida su autoridad como nuevo gobernador, se deshizo de Martínez de Irala poniéndolo al frente de una expedición por el río Paraguay.

Los portugueses sufrieron una estrepitosa derrota frente a los musulmanes en Abisinia. Su jefe, Cristõvao da Gama, fue hecho prisionero y ejecutado poco después.

Una embajada francesa a Venecia, que, al parecer, tenía encargado establecer contactos con el pirata Barbarroja, fue asaltada en Milán por unos encapuchados y sus miembros fueron asesinados. El rey Francisco I acusó al marqués de Vasto, gobernador de Milán e, indirectamente, al emperador Carlos V. Poco después se reabrió la guerra. Los franceses ocuparon Luxemburgo y casi todo Brabante, mientras que el Delfín Enrique fracasó ante Perpiñán. El virrey de Cataluña, Francisco de Borja, se encargó del refuerzo y la defensa de la frontera pirenaica.

En mayo Rheticus abandonó la universidad de Wittenbeg, ya que había recibido una oferta como profesor de matemáticas avanzadas en la universidad de Leipzig que le suponía un aumento de sueldo del 40%. Pasó unos meses en Nuremberg supervisando la impresión del libro de Copérnico, pero marchó a Leipzig a iniciar su docencia antes de que la edición estuviera acabada.

El obispo Mikael Agricola, que había introducido la Reforma en Finlandia, publicó su Abecedario, que es la primera obra impresa en finés.

Francisco de Orellana no había sufrido ningún percance, sino que simplemente había decidido continuar la exploración por su cuenta, abandonando a su suerte a Pizarro y al resto de la expedición. Siguiendo el Napo, llegó hasta un río mayor al que llamó Marañón. Más adelante el río recibía nuevos afluentes y aumentaba considerablemente su caudal. Un combate librado contra un grupo de mujeres llevó a Orellana a bautizar en gran río por el que estaba navegando como el río de las Amazonas. El 26 de agosto llegó a su desembocadura, que ya había sido descubierta en su día por Américo Vespucio y luego explorada por Vicente Yáñez Pinzón (que llamó al río Santa María de la Mar Dulce). En los años siguientes fue conocido también como río de Orellana, si bien al final perduró el nombre de Amazonas. Desde la desembocadura del Amazonas, Orellana marchó a Venezuela, y desde allí a España.

El 16 de septiembre, el gobernador de Perú, Cristóbal Vaca de Castro, con el apoyo de los pizarristas, derrotó en Chupas a Almagro el Mozo, que se había aliado con el inca Manco Cápac II. Almagro tuvo que esconderse.

Francisco Vázquez de Coronado regresó a México dando fin a una expedición que, aunque geográficamente había sido muy fructífera, económicamente había resultado un fracaso. Fue recibido fríamente por el virrey Antonio de Mendoza. Durante la ausencia de Vázquez Coronado, la gobernación de Nueva Galicia había quedado en manos de Nuño Guzmán, y ahora Mendoza lo ratificó como gobernador. Guzmán eligió como capital la ciudad de Guadalajara. Fray Marcos de Niza, cuyas especulaciones habían motivado la empresa de Vázquez Coronado, escribió una relación del viaje.

Ese mismo año, Mendoza había enviado otra expedición por mar con el mismo objetivo que la de Vázquez Coronado. Estaba bajo el mando de Juan Rodríguez Cabrillo, que el 28 de septiembre rebasó la península de California. La península en sí fue llamada Baja California, mientras que el territorio continental situado al norte es la Alta California. Poco después murió Rodríguez Cabrillo, y fue sustituido en el mando por Bartolomé Ferrer.

Desde México había partido también una expedición dirigida por Ruy López de Villalobos, que, al frente de seis embarcaciones y de 370 hombres, se adentró en el Pacífico y llegó a las islas que Magallanes había llamado de San Lázaro, aunqué él empezó a cambiarles los nombres. A la de Mindanao la llamó Cesarea Caroli, en honor del emperador Carlos V, y a otra de ellas la llamó Filipina, en honor de su hijo, el príncipe Felipe. Con el tiempo, este último nombre perduró y se extendió a todas las islas del archipiélago, que pasaron a ser conocidas como islas Filipinas.

Fray Bartolomé de Las Casas logró ser escuchado ante el Consejo de Indias, y al parecer, sus denuncias sobre la situación de los indios americanos impresionaron al emperador. El 20 de noviembre se promulgaron las conocidas como Leyes nuevas, que prohibían la concesión de nuevas encomiendas. Además, al morir un encomendero, sus encomendados debían pasar automáticamente a la Corona. Además prohibían la esclavitud y establecían que nadie podría ser obligado a trabajar en contra de su voluntad. Los indios estaban obligados únicamente a pagar impuestos moderados, lo que indirectamente los obligaba a trabajar para tener con qué pagar sus impuestos.

Por estas fechas, Las Casas terminó su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en la que acusaba a los españoles de toda clase de crímenes, abusos y atropellos contra los indios. Por ejemplo, el pasaje siguiente se refiere a los primeros años de ocupación de La Española:

Después de acabadas las guerras y muertes en ellas, todos los hombres, quedando comúnmente los mancebos y mujeres y niños, repartiéronlos entre sí, dando a uno treinta, a otro cuarenta, a otro ciento y docientos (según la gracia que cada uno alcanzaba con el tirano mayor, que decían gobernador). Y así repartidos, a cada cristiano dábanselos con esta color: que los enseñase en las cosas de la fe católica, siendo comúnmente todos ellos idiotas y hombres crueles, avarísimos y viciosos, haciéndoles curas de ánimas. Y la cura o cuidado que dellos tuvieron fue enviar los hombres a las minas a sacar oro, que es trabajo intolerable, y las mujeres ponían en las estancias, que son granjas, a cavar las labranzas y cultivar la tierra, trabajo para hombres muy fuertes y recios. No daban a los unos ni a las otras de comer sino yerbas y cosas que no tenían sustancia; secábaseles la leche de las tetas a las mujeres paridas, y así murieron en breve todas las criaturas. Y por estar los maridos apartados, que nunca veían a las mujeres, cesó entre ellos la generación; murieron ellos en las minas, de trabajos y hambre, y ellas en las estancias o granjas, de lo mismo, y así se acabaron tanta y tales multitudes de gentes de aquella isla; y así se pudiera haber acabado todas las del mundo. Decir las cargas que les echaban de tres y cuatro arrobas, y los llevaban ciento y doscientas leguas (y los mismos cristianos se hacían llevar en hamacas, que son como redes, acuestas de los indios), porque siempre usaron dellos como de bestias para cargar. Tenían mataduras en los hombros y espaldas, de las cargas, como muy matadas bestias; decir asimismo los azotes, palos, bofetadas, puñadas, maldiciones y otros mil géneros de tormentos que en los trabajos les daban, en verdad que en mucho tiempo ni papel no se pudiese decir y que fuese para espantar los hombres.

La obra fue tachada de escandalosa y exagerada, y se prohibió su publicación. He aquí uno de sus fragmentos mejor documentados, en este caso sobre la conquista del Perú.

El Papa Paulo III, para evitar que la Reforma penetrara en Italia, restableció el Tribunal de la Santa Inquisición, bajo la presidencia del cardenal Gian Pietro Carafa.

Los comerciantes portugueses se establecieron por primera vez en Japón, en la isla de Tanegashima, donde vendieron algunos arcabuces a algunos jefes guerreros. El país seguía fragmentado, repartido entre numerosos señores feudales que combatían entre sí. Por otra parte, el rey Juan III el Piadoso envió a sus colonias de la India una misión encabezada por el jesuita Francisco Javier, quien, desde Goa, empezó a establecer comunidades cristianas en los asentamientos portugueses.

Ese año murieron:

El rey Galaudeos de Abisinia logró derrotar definitivamente a los musulmanes en la batalla de Daga, con la que aseguró la independencia del reino.

El 25 de mayo murió Nicolás Copérnico a los setenta años de edad, dicen que poco después de haber recibido un ejemplar de su libro: unas doscientas páginas en latín que contenían el mayor avance científico de los últimos mil años. Hay quien pretende cuestionar que fuera un auténtico científico, aduciendo que afirmó cosas sin tener pruebas, como la rotación de la Tierra, o que introdujo hipótesis arbitrarias, como la circularidad de las órbitas de los cuerpos celestes; pero en ello no podemos ver sino torpes intentos de justificar o, al menos, presentar atenuantes para las persecuciones de que fueron objeto por motivos religiosos quienes defendieron su teoría heliocéntrica en el siglo siguiente. Copérnico observó discrepancias entre sus observaciones y las predicciones del modelo geocéntrico ptolemaico y, rompiendo esquemas preconcebidos, desarrolló una nueva teoría, comprobó que se ajustaba a las observaciones mejor que la teoría establecida y la publicó para que otros pudieran valorarla racionalmente por sí mismos. Eso, ni más ni menos, es lo que significa ser un científico.

La conquista de Sudamérica
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