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EL SACO DE ROMA

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En 1525 Francisco Pizarro regresó a Panamá poniendo fin a la primera expedición de la Compañía del Levante, que había resultado un fracaso: muchos muertos y pocos beneficios.

Mientras tanto, en Quito moría el inca Huayna Cápac. Bajo su reinado, el imperio Inca alcanzó su máxima extensión, pero a su muerte se sumió en una guerra civil cuando su heredero legítimo, Tupic Cusi Hualpa, conocido como Huáscar, se proclamó inca en Cuzco, mientras otro de sus hijos, Atahualpa, hizo lo propio en Quito. Atahualpa era hijo de una princesa quiteña, y Huayna Cápac había intentado convertirlo en rey de Quito antes de morir. Ambos se enfrentaron en Riobamba, donde Atahualpa obtuvo una primera victoria, ya que contaba con el grueso del ejército de su padre. Luego estableció su cuartel general en Cajamarca y desde allí envió sus ejércitos contra Cuzco.

Dos años atrás, Alberto Durero había terminado un trabajo titulado Tratado sobre la proporción, pero no lo publicó, pues se dio cuenta de pocos lectores tendrían los conocimientos matemáticos necesarios para entenderlo. En su lugar, se dedicó a escribir un libro más elemental. Ahora lo publicaba en su propia imprenta, dividido en cuatro libros. Se titulaba Unterweisung der Messung mit dem Zirkel und Richtsheit, que se convirtió en el primer tratado de matemáticas escrito en alemán (si no contamos algunos libros previos de aritmética elemental). El primer libro discute la construcción de diversas curvas, entre las que figuran la espiral de Arquímedes, la concoide, la epicicloide, la hipocicloide y las curvas que hoy se conocen como conchas de Durero. El segundo libro proporciona métodos, algunos exactos y otros aproximados, para construir polígonos regulares de 5, 7, 9, 11 y 13 lados, así como un método aproximado para cuadrar el círculo con regla y compás (es decir, construir un cuadrado de igual área que un círculo dado) y para dividir un ángulo dado en tres partes iguales. En el tercer libro estudia las pirámides, los cilindros y otros cuerpos tridimensionales y, en su segunda parte, trata de instrumentos astronómicos. El cuarto libro estudia los cinco poliedros regulares platónicos y los poliedros semirregulares de Arquímedes, así como la teoría de la perspectiva y una teoría original suya sobre las sombras.

Mientras tanto, un joven de veinticuatro años llamado Girolamo Cardano conseguía su doctorado en medicina en la universidad de Padua. Trató entonces de ingresar en el Colegio de Físicos de Milán, la ciudad donde vivía su madre, pero su petición fue denegada. Ello se debió a que, aunque tenía fama de haber sido un estudiante brillante, no menos conocido era su carácter conflictivo y su afición al juego. No obstante, la razón oficial por la que se le denegó el ingreso fue que se descubrió que era hijo ilegítimo. Siguiendo el consejo de un amigo, se dedicó a ejercer la medicina en Sacco, un pueblo cercano a Padua.

Nocolás de Maquiavelo terminó, aunque no publicó, su Historia de Florencia, que trata desde los orígenes de la ciudad hasta la muerte de Lorenzo el Magnífico. En los últimos años había compuesto diversos poemas, la comedia Clizia, y sus Canciones carnavalescas.

Pietro Bembo había sido secretario del Papa León X y luego se había retirado a Padua, donde vivía su amante. Tenía cincuenta y cinco años, y había reunido una biblioteca y una colección de antigüedades. Ahora publicaba un diálogo titulado Prose della volga lingua (Prosas de la lengua vulgar) en el que defiende que la lengua toscana (es decir, el italiano) debe ser considerada de igual categoría que la latina.

El 12 de enero de 1526, el sultán otomano Solimán I, que empezaba a ser conocido en Occidente como Solimán el Magnífico, derrotó al rey Luis II de Bohemia y Hungría en la batalla de Mohács. El rey resultó muerto y los turcos empezaron a avanzar por el Danubio. Poco después saquearon la ciudad de Buda. Luis II tenía veinte años y no dejó descendencia, así que su heredero podía ser perfectamente su cuñado, Fernando de Austria.

El 14 de enero, el emperador Carlos V y el rey Francisco I de Francia firmaron el tratado de Madrid, por el que Francisco I recobraba su libertad a cambio de los ducados de Borgoña y de Milán. Como garantía, Francisco I dejó como rehenes en España a sus dos hijos mayores Enrique y Carlos (de siete y cuatro años de edad), y se comprometió también a casarse con Leonor de Austria, la viuda del rey Manuel I de Portugal y hermana del emperador. El tratado contemplaba también la liberación de algunos prisioneros, entre los que figuraba el príncipe Filiberto de Orange.

Sin embargo, en cuanto Francisco I se encontró a salvo en Francia, decidió que, habiéndo "perdido todo menos el honor", no era muy grave perder el honor también, así que se negó a entregar el ducado de Borgoña y empezó a maquinar la reconquista del Milanesado.

Evidentemente, Carlos V se lo puso demasiado fácil a Francisco I porque quería tener las manos libres para ocuparse de Bohemia y Hungría. Fernando de Austria fue reconocido sin problemas como el rey Fernando I de Bohemia, pero en Hungría la situación era más complicada. El voivoda de de Transilvania, Juan Zápolya, fue elegido rey en la dieta de Székesfehérvar, con el apoyo de los turcos y de Francia. Los ejércitos de Fernando I ocuparon la parte occidental de Hungría, donde encontró suficientes partidarios.

Gonzalo Fernández de Oviedo escribió una Relación de lo sucedido en la prisión del rey de Francia, sobre el cautiverio de Francisco I. Ese año regresó a América, donde escribió también su Sumario de la natural historia de las Indias, que trata sobre la navegación hasta las Indias, así como de la geografía, fauna, flora y costumbres de los habitantes del Nuevo Mundo. Desde su óptica, los indios, además de bastante estúpidos, eran herejes, viciosos y crueles. Por esta época se le pierde el rastro al dominico Antonio Montesinos. Lo último que se sabe de él es que estuvo en Panamá con el cargo, nada popular, de protector de indios.

Carlos V se casó finalmente con Isabel, la hermana del rey Juan III de Portugal, y poco después Garcilaso de la Vega vio cumplida su aspiración: el rey perdonó a su hermano Pedro Lasso. Peor suerte corrió otro de los comuneros sublevados, el obispo Antonio Osorio de Acuña, que desde que fue encarcelado anduvo de proceso en proceso y, aunque consiguió ser absuelto en Roma por el Papa Adriano VI, no le valió de nada y, finalmente, trató de escapar a la desesperada, matando al alcaide que lo custodiaba. Fue capturado y condenado a muerte.

Entre los amigos de Garcilaso se encontraba el preceptor de Fernando de Toledo, el hijo del duque de Alba, que rondaba entonces los cuarenta años y se llamaba Juan Boscán. Era aficionado a la poesía, pero, a pesar de haber nacido en Barcelona y de que, por tanto, su lengua materna fuera el catalán, compuso casi exclusivamente en castellano. (El catalán estaba ya prácticamente muerto como lengua literaria.) En una carta posterior, cuenta cómo ese año tuvo una conversación en Granada con el embajador veneciano, Andrés Navaggiero:

Porque estando un día en Granada con el Navagero, [...] tratando con él cosas de ingenio y de letras y, especialmente, en las variedades de muchas lenguas, me dijo por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia [...] y así comencé a tentar este género de verso [...] Mas esto no me bastara a hacerme pasar muy adelante si Garcilaso, con su juicio, [...] no me confirmara esta mi demanda; y así, alabándome muchas veces este mi propósito, y acabándomele de aprobar con su ejemplo, porque quiso él también llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más fundadamente [...] En esotro verso nuevo [...] vemos, donde quiera que se nos muestra, una disposición muy capaz para recibir cualquier materia, o grave, o sotil, o dificultosa, o fácil. y asimismo para ayuntarse con cualquier estilo de los que hallamos entre los autores antiguos aprobados [...]

Así fue cómo Boscán y Garcilaso empezaron a adaptar al castellano la poesía petrarquista italiana, en versos endecasílabos, que contrastaban con la poesía tradicional castellana, basada en el octosílabo. Veamos un par de ejemplos:

Nunca de Amor estuve tan contento
que en su loor mis versos ocupase,
ni a nadie consejé que se engañase
buscando en el amor contentamiento.
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
Esto siempre juzgó mi entendimiento:
que de este mal todo hombre se guardase;
y así, porque esta ley se conservase,
holgué de ser a todos escarmiento.
En esto estoy y en esto estaré puesto;
que, aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Oh, vosotros, que andáis tras mis escritos
gustando de leer tormentos tristes,
según que por amar son infinitos,
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.
mis versos son deciros: «¡Oh, benditos
los que de Dios tan gran merced hubistes
que del poder de Amor fuésedes quitos!»
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.
Juan Boscán     
Garcilaso de la Vega     

El soneto de Garcilaso está dedicaco a Isabel Freyre, una dama de la reina Isabel de la que se había enamorado ese mismo año. (No se sabe que el poeta hiciera nunca referencia en sus versos a su esposa, Elena de Zúñiga.) Boscán y, sobre todo, Garcilaso adaptaron patrones de diversos autores, principalmente de Petrarca, Horacio, Ariosto y Ausiàs March. Con su obra, Garcilaso enriqueció notablemente la lengua castellana, introduciendo cultismos e italianismos, a la vez que dignificando formas populares y arcaísmos a la sazón casi extinguidos.

Ese año se terminó de compilar el Libro del decano de Lismore, una antología que contiene los textos más antiguos conservados de la literatura escocesa.

Tras haberse examinado en Barcelona, en abril Ignacio de Loyola se trasladó a Alcalá de Henares, para recibir clases de lógica.

Un gobernador vasallo del sultán de Delhi, llamado Dawlat kan, decidió rebelarse contra su señor y, para ello, llamó en su auxilio a Muhammad Báber. Tras cuatro incursiones de exploración, derrotó al sultán Ibrahim Lodi en Panipat el 21 de abril, lo que le permitió entrar en Delhi poco después, y más tarde en Agra.

En mayo, el rey Francisco I de Francia formó la Liga de Cognac con el Papa Clemente VII, Florencia, Venecia e incluso con el duque de Milán, Francisco II Sforza. La liga contó además con el apoyo del rey Enrique VIII de Inglaterra. Los partidarios del emperador acusaron de traición al duque de Milán y lo desterraron a Como.

El emperador Carlos V reaccionó a esta nueva muestra de apoyo del Papa al rey francés decretando que cada uno de sus estados tenía libertad para reglamentar como quisiera, en sus propios dominios, la cuestión religiosa. En definitiva, venía a decir que podían hacerse luteranos si querían.

En Suiza tuvo lugar la llamada disputa de Baden, en la que Zurich trató de extender la reforma a los demás cantones, que en general se mostraron vacilantes, salvo los cinco cantones montañeses, Uri, Schwyz, Unterwalden, Lucerna y Zug, que estaban decididos a seguir siendo católicos y se aliaron con el archiduque Fernando de Austria.

Juan Luis Vives publicó De subuentione pauperum (Sobre la revuelta de los pobres), en la que analizaba desde un punto de vista sociológico las revueltas de campesinos acaecidas el año anterior.

Erasmo de Rotterdam publicó su Hyperaspistes, como réplica al De seruo arbitrio de Lutero. También escribió ese año la Institutio Christiani matrimonii, dedicado a Catalina de Aragón, la esposa del rey Enrique VIII de Inglaterra, que se oponía en redondo a las pretensiones de divorcio de su marido y, al parecer, debió de consultar a Erasmo, directa o indirectamente.

Los reformistas denunciaban la veneración de los santos como una forma de idolatría, y por ello veían también con malos ojos las imágenes religiosas. Eso, unido a la austeridad del gobierno de Basilea, hizo que la vida de los artistas en la ciudad no fuera fácil. Aconsejado por Erasmo, el pintor Hans Holbein emigró a Inglaterra, donde disfrutó de la protección de Thomas More.

En Venecia, Tiziano pintó la Madona Pesaro, un óleo de cinco metros de alto, que representa a Jacobo Pesaro ofreciendo a la Virgen una victoria naval contra los turcos.

Durero pintó varios retratos (el Gentilhombre, Jakob Muffel, Hieronymus Holzschuber) y otros cuadros, como su Virgen de la pera, aunque su obra más relevante por estas fechas son Los cuatro apóstoles, como se conocen dos cuadros que el pintor donó al ayuntamiento de Nuremberg y en las que están representados san Juan y san Pedro, en uno de ellos, y san Pablo y san Marcos Evangelista en el otro.

Al enterarse de que Francisco Fernández de Córdoba había solicitado el título de gobernador de Nicaragua, Pedrarias Dávila, el gobernador de Castilla del Oro, que había enviado a Nicaragua a Fernández de Córdoba precisamente para evitar que Gil Gónzalez Dávila hiciera lo que ahora estaba haciendo él, decidió ocuparse personalmente del asunto y, poniéndose al frente de una expedición, tomó la ciudad de León, capturó a Fernández de Córdoba en Granada, lo procesó y lo hizo decapitar en junio, en la plaza mayor de León. Poco después, Pedrarias Dávila fue cesado de su cargo de gobernador de Castilla del Oro, y fue sustituido por Pedro de los Ríos. Por otra parte, Gil González Dávila había regresado a su Ávila natal, en España, donde murió a los pocos meses de su llegada.

En La Española, Lucas Vázquez de Ayllón zarpó al frente de una gran expedición a Florida, donde fundó la ciudad de San Miguel de Gualdape, pero murió poco después durante un viaje a Nueva España. Pánfilo de Narváez logró entonces capitulaciones para conquistar Florida y empezó con los preparativos.

En España murió Diego Colón, dejando muchos pleitos pendientes. También dejó un hijo de seis años, llamado Luis.

Por su parte, Francisco de Montejo firmó las capitulaciones de Granada, que le concedían el derecho de conquista del Yucatán.

Ese mismo mes se reanudaron las hostilidades entre Francisco I de Francia y el emperador Carlos V.

El duque Alberto de Prusia se casó con Dorotea, hija del rey Federico I de Dinamarca. Su ex cuñada, Germana de Foix contrajo terceras nupcias, esta vez con Fernando, el duque de Calabria, hijo del que fuera rey de Nápoles, Federico I. A los pocos días de la boda, el emperador Carlos V nombró a ambos esposos virreyes de Valencia.

En julio llegó a Nueva España el juez Luiz Ponce de León, pero murió al poco tiempo y fue sustituido por Marcos de Aguilar.

Fray García Jofre de Loaisa murió el 30 de julio en aguas del Pacífico, y Juan Sebastián Elcano se convirtió en el nuevo capitán de la expedición española a las Molucas, pero murió poco después, el 4 de agosto. La expedición continuó bajo el mando del joven Andrés de Urdaneta, de dieciocho años, que, en las Molucas, obtuvo la ayuda del rey Gilolo para luchar contra los portugueses.

Poco antes habían zarpado otras dos expediciones expañolas hacia las Molucas. La primera, formada por cuatro naves y más de doscientos hombres, zarpó bajo el mando de Sebastián Caboto. La segunda fue organizada y capitaneada por Diego García de Moguer, que había acompañado a Juan Díaz de Solís en la exploración de aquel mar Dulce al que Magallanes se había dirigido en un primer momento pensando que se trataba del paso que lo llevaría al océano Pacífico. Sucedía que los exploradores españoles que se adentraban desde el norte en las tierras sudamericanas habían recibido noticias de una sierra de la Plata que, como su nombre indicaba, rebosaba el preciado metal. Dicha sierra estaba junto a un gran río y, como era habitual, estaba muy, pero que muy lejos, hacia el sur (porque los españoles que recibían tales informes estaban en el norte). García de Moguer pensó que el mar Dulce podía ser la desembocadura de ese río de la Plata, que a su vez conduciría a la sierra de la Plata, así que, aunque su destino oficial era, como hemos dicho, las Molucas, modificó el rumbo y se adentró en el estuario que desde entonces es conocido como el estuario del Río de la Plata, si bien hay que tener presente que no existe tal río, ya que en él confluyen dos ríos distintos: el Paraná y el Uruguay.

Sin embargo, aunque García de Moguer había tratado de disimular sus intenciones, no era el único que especulaba sobre las riquezas del Río de la Plata. La tripulación de Caboto también conocía el asunto y, al llegar al estrecho de Magallanes, se negó a seguir adelante y convenció a su capitán de que era más interesante buscar plata en una tierra virgen que no especias en unos mares plagados de piratas y de portugueses. Así, la expedición empezó a remontar la costa sudamericana en busca de la Sierra de la Plata.

Mientras estas expediciones buscaban riquezas desde el sur, Francisco Pizarro y sus socios las buscaban desde el norte. Hernando Luque aportó a la Compañía del Levante una cuantiosa suma, con la que Pizarro y Almagro iniciaron en noviembre una segunda expedición marítima hacia el sur. El nuevo gobernador de Castilla del Oro, Pedro de los Ríos, se opuso a semejantes empresas de pura rapiña y envió tras ellos a Pedro Tafur, con la orden de que regresaran a Panamá.

Los portugueses se instalaron en la isla de Borneo.

En Alcalá de Henares, Ignacio de Loyola se dedicaba a proponer ejercicios espirituales a cuantos querían hacerle caso. La Santa Inquisición lo consideró sospechoso y le abrió un proceso.

En marzo de 1527 murió Marcos de Aguilar, el juez designado por la Corona para poner orden en Nueva España, y fue sucedido por Alonso de Estrada, hasta entonces tesorero. El ayuntamiento de la ciudad México (así empezaba a ser conocida la reconstruida Tenochtitlan) se opuso a que ocupara el mando, y lo forzó a compartirlo con Gonzalo de Sandoval. Jerónimo de Aguilar, el marino al que Cortés había rescatado de los mayas, recibió varias encomiendas en Nueva España.

Carlos V envió un ejército a Italia bajo el mando del duque Carlos III de Borbón con el que ocupó Génova, que, sin formar parte de la liga de Cognac, era una tradicional aliada de Francia. De Génova marchó a Roma, para convencer al Papa Clemente VII de que Dios estaba de su parte, y no de la de Francisco I de Francia. El duque murió mientras escalaba las murallas de la ciudad, y entonces cundió el descontento entre los soldados, que venían cobrando sus pagas de forma muy irregular y ahora temieron quedarse definitivamente sin salario. Se amotinaron y el 6 de mayo protagonizaron el llamado saco de Roma, en el que asaltaron la ciudad durante ocho días de saqueos e incendios. Los cardenales, después de ser obligados a pagar rescates, eran arrastrados por las calles, los luteranos asaltaron conventos e iglesias, las salas vaticanas fueron convertidas en cuadras y sus obras de arte destrozadas. El Papa Clemente VII tuvo que refugiarse en el castillo de Sant'Angelo. Sofocado el motín, las tropas quedaron bajo el mando del príncipe Filiberto de Orange, que mantuvo prisionero al Papa. Los florentinos, viendo decaer el poder de los Médicis, expulsaron a Hipólito y Alejandro de Médicis y proclamaron la república. Maquiavelo fue relevado de sus cargos y murió ese mismo año.

Bastasar de Castiglione, que era embajador en España de Clemente VII, cayó en desgracia en la corte pontificia por no haber informado a tiempo del proyecto del emperador de enviar un ejército contra Roma. A partir de ese momento permaneció en Toledo bajo la protección de Carlos V.

Carlos III de Borbón dejó un hijo llamado Gabriel, pero el rey Francisco I de Francia, que había confiscado el ducado, no estaba dispuesto a cedérselo. Si miramos el árbol genealógico de la casa de Borbón, descartando la rama de Borbón-Montpensier, a la que pertenecía Carlos III, la rama más cercana era la de Borbón-Lavedan, pero era bastarda, luego estaba la de Borbón-Busset, que era polémica: tiene su origen en Luis de Borbón, que había tenido hijos con Catalina de Egmont. Como es habitual en estos casos, se dijo que se había casado en secreto con ella, pero el rey Luis XI no reconoció en su día tal matrimonio y, además, Luis de Borbón aceptó poco después el obispado de Lieja, con lo que admitía no estar casado. En su momento, la legitimidad de los descendientes de Luis no tuvo excesiva importancia, pero ahora se volvía crucial, pues Francisco I consideró también que la rama de Borbón-Busset era bastarda y, saltando de nuevo la rama de Borbón-Montpensier, nombró duque de Borbón al hasta entonces duque Carlos de Vendôme, ahora Carlos IV de Borbón. (Más precisamente, hoy se distingue entre la rama de Borbón-Montpensier, descendiente de un hermano mayor de Carlos III, y la rama de Borbón-Braganza, descendiente de Gabriel, que se casaría con una princesa portuguesa de la casa de Braganza.)


Andrea Doria, que había entrado al servicio de Francia, logró una victoria naval en Rapallo que tuvo como consecuencia la capitulación de Génova, que fue abandonada por los imperiales y quedó de nuevo bajo la influencia de Francia.

El rey Enrique II de Navarra se casó con Margarita, hermana del rey Francisco I de Francia.

El rey Enrique VIII de Inglaterra planteó la cuestión de su divorcio a las autoridades eclesiásticas, alegando como causa de la nulidad de su matrimonio que su esposa, Catalina de Aragón, había sido antes su cuñada. Sin embargo, Catalina dejó claro de quién era hija y no aceptó la autoridad del tribunal nombrado para dirimir el caso. El emperador Carlos V presionó en contra de que se aceptara tal divorcio y ello llevó a un acercamiento entre Enrique VIII y el rey Francisco I de Francia.

La Santa Inquisición abrió un segundo proceso a Ignacio de Loyola, al que prohibió predicar o enseñar durante un periodo de tres años.

Pedro de los Ríos, el nuevo gobernador de Castilla del Oro, había solicitado el nombramiento de un gobernador para Nicaragua, y éste recayó sobre su antecesor, Pedrarias Dávila, designado por cédula del 16 de mayo.

Francisco de Montejo desembarcó en el Yucatán y fundó la ciudad de Salamanca.

Un funcionario de Santo Domingo llamado Juan Martín de Ampués, fundó en Venezuela la ciudad de Santa Ana de Coro, que se convirtió en la primera capital venezolana. Hasta entonces los españoles apenas controlaban algunos puntos de la costa, desde donde se dedicaban principalmente a capturar esclavos para llevarlos a las Antillas Mayores. La penetración española empezó a ser viable a partir del momento en que los nativos decidieron huir de las costas y refugiarse en el interior, destruyendo en su marcha cosechas y poblados.

Una revuelta de nativos en Santa Marta llevó a Rodrigo de Bastidas a embarcar rumbo a Santo Domingo, pero una tempestad desvió su barco hasta Cuba, donde murió poco después. La ciudad de Santa Marta quedó bajo el gobierno provisional de Pedro de Heredia.

También murió Juan de Grijalva, asesinado por los indios en el transcurso de una expedición a América Central. Su tío, Pánfilo de Narváez, partió rumbo a Florida el 17 de junio. En su expedición participaba un joven de veinte años llamado Álvar Núñez Cabeza de Vaca, nieto de Pedro de Vera, el conquistador de la Gran Canaria.

Ignacio de Loyola solicitó el amparo del arzobispo de Toledo, que se ofreció a trasladarlo a Salamanca, pero allí se repitió la historia y volvió a ser procesado por la Santa Inquisición. En septiembre, después de haber pasado casi un mes en la cárcel, decidió marcharse a París, y emprendió el viaje a pie.

Mientras tanto, Francisco Pizarro y sus hombres pasaban graves penalidades luchando contra los indios. (Pizarro era más salvaje que la media de los españoles que buscaban fortuna en América, y los indios se obstinaban en oponerse encarnizadamente a los saqueos de que eran objeto.) Finalmente, descubrieron los primeros indicios de la existencia del Imperio Incaico. Viendo que la situación los superaba, Pizarro envió a Almagro de regreso a Panamá en busca de refuerzos, mientras él se quedaba esperando con trece soldados en la que llamaron isla del Gallo. Fue allí donde les alcanzó Pedro Tafur, quien les conminó a obedecer la orden del gobernador de Castilla del Oro, Pedro de los Ríos, por la que debían regresar a Panamá. Sin embargo, Pizarro se negó a regresar y pidió el apoyo de sus hombres. Se cuenta que trazó una raya en el suelo con su espada y les dijo que más allá de ella estaban la gloria y la fortuna, mientras que al otro lado estaban la pobreza y la oscuridad. Los trece hombres cruzaron la línea y la Historia les ha regalado el sobrenombre de los trece de la fama.

En octubre, Hernán Cortés envió una expedición por el Pacífico, bajo el mando de Álvaro Saavedra, con la misión de encontrar la nave Trinidad, de Magallanes, de la que se desconocía su destino, así como auxiliar a las expediciones de Loaisa y de Caboto, de las que no había noticias. (La expedición del difunto Loaisa estaba perdida en el Pacífico, mientras Sebastián Caboto estaba explorando el río Paraná, donde fundó el fuerte Sancti Spiritus.) Poco después llegó una real orden que reconocía a Alonso de Estrada como gobernador de la ciudad de México, dejando sin autoridad a Gonzalo de Sandoval. Estrada decretó entonces que Cortés fuera desterrado de la capital, por lo que éste embarcó hacia España, acompañado de Sandoval, para defender su causa ante la Corte. Sandoval murió al poco de tocar tierra.

También viajó a España Pedro de Alvarado, que obtuvo del emperador Carlos V los cargos de gobernador, capitán general y adelantado de Guatemala.

La conquista de América Central
Índice La reforma protestante