HISTORIA











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LA GUERRA DE ITALIA

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En 1493 murió el emperador Federico III y fue sucedido, como emperador y como archiduque de Austria, por su hijo Maximiliano I. Al recibir su herencia, anexionó definitivamente a Austria las marcas de Estiria, Carniola, Carintia y el Tirol, que hasta entonces habían estado en posesión de la familia como estados independientes, mientras que a partir de ese momento formaron un único ducado.

El rey Carlos VIII de Francia seguía preparando su guerra en Nápoles, y por ello firmó con Maximiliano I el tratado de Senlis, por el que le entregó el Artois y el Franco Condado, territorios que Francia poseía como dote del matrimonio convenido entre Carlos VIII y la hija de Maximiliano I, matrimonio que el rey francés había rechazado al casarse con Ana de Bretaña.

Nueve años atrás había quedado huérfano un joven neerlandés de quince años llamado Geert Geertzs. Era hijo ilegítimo de un clérigo. Sus tutores lo internaron en una escuela y no tardaron en presionar para que se dedicara a la vida religiosa, tal vez porque habían malversado la escasa herencia de su pupilo. Cuatro años después, Geert ingresó en el monasterio agustino de Steyn, donde fue ordenado con veintitrés años. Pero al joven no le gustaba nada la vida monacal. Decía estar rodeado de barbarie e ignorancia. Más adelante llegaría a decir que los monasterios en los que pasó su juventud eran peores que lupanares. Para hacer más agradable su existencia se enfrascó en las letras clásicas y, ahora, a sus veinticuatro años, era un reputado latinista. Se hacía llamar Desiderius Erasmus Roterodamus, y ahora es más conocido como Erasmo de Rotterdam. Al ser nombrado secretario del obispo de Cambrai pudo abandonar el monasterio.

En enero de 1494 se levantó una iglesia en La Isabela, la ciudad fundada por Colón en La Española.

Ese año murieron:

Fray Tomás de Torquemada, a causa de su avanzada edad (sesenta y cuatro años) quedó prácticamente sustituido por cuatro adjuntos al frente de la Santa Inquisición. Se calcula que durante su mandato fueron condenadas a muerte unas tres mil personas. Había recibido unas doscientas advertencias papales que le exigían moderación y clemencia, pero él nunca hizo ningún caso, apoyándose en la fe que en él tenían los reyes de Castilla y Aragón.

El 5 de mayo Cristóbal Colón descubrió una isla cuyos habitantes, arawaks, llamaban Jamaica (tierra de bosques y aguas), pero que él prefirió llamar Santiago. Las islas de Cuba, La Española, San Juan Bautista y Jamaica constituyen las llamadas Antillas Mayores, mientras que las demás islas del archipiélago son las Antillas Menores.

Mientras tanto, Castilla y Portugal habían seguido negociando a partir de las bulas del Papa Alejandro VI, y finalmente llegaron a un acuerdo que modificaba ligeramente la decisión papal: Portugal aceptaba la línea de demarcación a cambio de que ésta fuera trasladada algo más hacia el oeste. Así, el 7 de junio, los reyes Juan II de Portugal y Fernando II de Aragón firmaron el tratado de Tordesillas, que fijaba la línea de demarcación a 370 leguas al oeste de las islas Cabo Verde. ¿Por qué insistió Portugal en trasladar la línea hacia el oeste? La razón oficial fue que los marinos portugueses habían aprendido que, para llegar al sur de África, era más práctico no seguir la costa, sino  navegar primero hacia el oeste y luego hacia el este, describiendo un arco que suponía cubrir una distancia mayor, pero que se recorría en menos tiempo gracias a que los vientos eran más favorables. Con la línea de demarcación primitiva, Portugal estaría invadiendo constantemente territorio asignado a Castilla, y no estaba dispuesto a aceptarlo. Los castellanos no tuvieron inconveniente en aceptar estos argumentos porque estaban convencidos de que las Antillas eran el extremo más occidental de Asia, con lo que sólo estaban "regalando" a Portugal una trozo de mar en el que, a lo sumo, podría haber alguna isla insignificante que otra. Sin embargo, el mapa muestra que, con el cambio, Portugal ganó el derecho a una porción considerable de tierra. ¿Lo sabían los portugueses? Teóricamente no, pero es posible que sus navegantes, en sus travesías, hubieran visto aves volando hacia el oeste, u otros signos de la proximidad de tierra. Ni siquiera puede descartarse la posibilidad de que hubieran tocado o, al menos, divisado tierra recientemente y que lo hubieran mantenido en secreto.

Respecto al hecho de que la línea de demarcación no dividía realmente el mundo en dos mitades, ambas partes prefirieron guardar silencio. La línea resolvía el problema a medio plazo: Castilla no podía navegar hacia Oriente y Portugal no podía navegar hacia Occidente. Si todo iba bien, tarde o temprano volverían a chocar en las antípodas, pero ya volverían a reunirse cuando eso sucediera y negociarían en función de dónde sucediera. Así se abría una carrera para tomar posiciones.

El humanista Aldo Manuzio, deseoso de ver publicado un mayor número de libros, había decidido estudiar tipografía él mismo y fundar su propia imprenta en Venecia, que ahora editaba su primer libro: la gramática griega de Láscaris. Tras ella empezó a preparar la edición de las obras completas de Aristóteles.

Un franciscano llamado Luca Pacioli, también conocido como Luca di Borgo, publicó la Suma de Aritmética, geometría, proporciones y proporcionalidad, en la que resume los conocimientos matemáticos de su tiempo. Pacioli tenía casi cuarenta años, y había enseñado matemáticas en Perugia, Nápoles, Milán, Pisa, Bolonia, Venecia y Roma. Su obra influyó en una escuela de algebristas alemanes, que eran conocidos como cosistas, porque, siguiendo a Pacioli, llamaban "cosa" a la incógnita. El tratado de Pacioli incluye también la primera exposición sistemática sobre el método contable de la partida doble, en la que describe cómo deben llevarse los libros contables: Inventario, Memoriale, Giornale y Quaderno, que corresponden aproximadamente a los actuales Inventarios y Balances, Borrador, Diario y Mayor.

Alberto Durero había regresado a Nuremberg después de un largo viaje por Alemania. Había trabado amistad con numerosos artistas, y en su mente bullían muchas ideas. Entre ellas estaba la convicción de que el arte nuevo debía basarse en las ciencias, en especial en las matemáticas. El 7 de julio se casó con Agnes Frey, cuyo hermano, Hans Frey, se había hecho rico fabricando joyas, instrumentos musicales y aparatos mecánicos. Gracias a su matrimonio pudo montar su propio estudio en Nuremberg, pero antes de que acabara el año emprendió el viaje a Italia que siempre había deseado hacer. Ya en Augsburgo encontró las primeras influencias del arte italiano, pero su primer contacto con Italia fue en Trento. Después pasó a Verona y de alli a Venecia, que era su destino. Allí quedó maravillado especialmente por las pinturas de Giovanni Bellini.

El emperador Maximiliano I se casó con Blanca Sforza, hermana del duque de Milán Juan Galeazzo Sforza.

A principios de septiembre el ejército del rey Carlos VIII de Francia había atravesado los Alpes y se dirigió a Pisa, donde el rey fue recibido como un libertador. En efecto, Pisa estaba bajo la tutela de Florencia desde principios de siglo y ahora, gracias a Carlos VIII, podía recuperar su independencia. En Florencia, el dominico Girolamo Savonarola había ganado gran influencia sobre la nobleza, y la irrupción de Carlos VIII fue el empujón definitivo que necesitaba para imponer su dominio. Había profetizado la llegada a Italia de un nuevo Ciro y ya había llegado. Carlos VIII entró espectacularmente en Florencia y  9 de noviembre Pedro de Médicis fue expulsado de la ciudad. Savonarola se convirtió en el nuevo y férreo gobernante y Pedro murió pocos meses después, intentando en vano recuperar su poder.

En octubre, Carlos VIII firmó un tratado con Ludovico Sforza. El rey Alfonso II de Nápoles protegía a su sobrino, el duque de Milán Juan Galeazzo Sforza, que tenía ya veinticinco años, pero pocos días después de que su tío obtuviera el respaldo francés, el 21 de octubre, murió envenenado y el 22 de diciembre Ludovico Sforza fue reconocido como duque de Milán.

El Papa Alejandro VI abrió a Carlos VIII las puertas de Roma, mientras las tropas napolitanas retrocedían sin ofrecer resistencia. En 1495 la nobleza napolitana obligó al rey Alfonso II a abdicar en su hijo Fernando II, que se casó con su tía Juana. En febrero, Fernando II fue derrotado en San Germano y huyó a Sicilia. Carlos VIII se apoderó del reino en menos de una semana. El rey Fernando II de Aragón se dispuso a intervenir en defensa del nieto de su primo, pero si quería respetar el tratado de Barcelona firmado con Carlos VIII tenía que aliarse con el Papa. Alejandro VI no tuvo inconveniente en cambiar de bando. Al contrario, la rápida victoria de Carlos VIII le tenía bastante preocupado.

El 20 de febrero, la reina Isabel I de Castilla hizo que su confesor, Francisco Jiménez de Cisneros, fuera nombrado arzobispo de Toledo. La petición a Roma se hizo con gran secreto, y cuando Cisneros se enteró huyó de la corte y se tuvo que enviar a unos hombres a caballo para que lo alcanzaran y le entregaran el nombramiento.

En marzo, Alejandro VI reunió la Santa Liga, que integraba, además de a Fernando II de Aragón, al emperador Maximiliano I, al duque de Milán Ludovico Sforza y a la república de Venecia. Ludovico cambió también de bando porque el duque Luis de Orleans reclamaba el milanesado porque su abuela paterna era Valentina Visconti, hija del duque Juan Galeazzo Visconti.

Fernando II de Aragón envió un ejército dirigido por Gonzalo Fernández de Córdoba, que desembarcó en Messina, pasó a Calabria y fue derrotado en Seminara. De allí pasó a Reggio, desde donde hostigó continuamente al ejército francés y le hizo perder gran parte de Calabria. La guerra reunió soldados de diversas nacionalidades, entre los que se extendió la sífilis. Cada cual acusó a su enemigo favorito, y así, según el país, la enfermedad fue conocida como mal español, mal francés, mal alemán, mal napolitano, etc. En honor a la verdad, el nombre acertado es el de mal español.

La colonia fundada por Cristóbal Colón al otro lado del océano andaba de mal en peor. Habían surgido disensiones entre los colonos que estaban al borde de la guerra abierta. Los reyes habían recibido quejas de la incapacidad del virrey para mantener el orden y habían enviado un juez pesquisidor para que les informase. Al saberlo, Colón decidió informar personalmente a los soberanos y llegó a Cádiz en junio.

El 5 de julio el Papa Alejandro VI nombró al arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros, reformador de los monasterios de su diócesis.

El rey Carlos VIII de Francia no quiso dejarse acorralar en Nápoles, y llevó el grueso de su ejército hacia el norte, pero éste estaba muy diezmado por la sífilis y los coaligados lo atacaron a la salida de los Apeninos el 6 de julio. El rey huyó hacia adelante y se las arregló para atravesar el territorio enemigo rumbo a Francia. No obstante, sus soldados conservaron el control de numerosas plazas. El rey Fernando II de Nápoles entró en la capital con el ejército de Gonzalo Fernández de Córdoba que, poco a poco, fue rindiendo los destacamentos de Carlos VIII. Poco después, Fernando II decretó la expulsión de los judíos de su reino. Allí habían ido a parar muchos de los expulsados de la Corona de Aragón tres años atrás, y ahora tuvieron que tomar de nuevo el camino del exilio.

Girolamo Savonarola había instaurado un régimen de terror en Florencia. Había reformado la constitución, la administración de justicia, el fisco, los vestidos, había suprimido los juegos y las fiestas profanas, hacía quemar lo que llamaba vanidades, que eran cuadros, libros, objetos artísticos y otras frivolidades. Las iglesias estaban siempre llenas, los florentinos lloraban cuando Savoranola les recordaba sus pecados y les describía el infierno, que él veía nítidamente. Se multiplicaron las torturas y las penas de muerte. Usaba niños para espiar a sus familias, profetizaba catástrofes y denunciaba la corrupción de la Iglesia. El Papa Alejandro VI lo llamó a Roma para pedirle explicaciones, y le prohibió predicar, pero Savonarola se negó a acudir y continuó con sus violentas predicaciones. Sandro Botticelli, consagrado últimamente a temas religiosos, terminó La calumnia, de tema pagano y alegórico, pero moralizante, a tono con la beatitud de la época: la Verdad, desnuda, se enfrenta a la malvada Calumnia, guiada por la Envidia y acompañada de la Sospecha y la Ignorancia.

Ese año murieron:

En noviembre, después de haber recabado fondos vendiendo esclavos guanches y asociándose con unos banqueros genoveses, Alonso Fernández de Lugo volvió a Tenerife.

El 26 de diciembre, el Papa Alejandro VI encargó a Francisco Jiménez de Cisneros la reforma de los conventos franciscanos.

Erasmo de Rotterdam publicó sus diálogos Antibarbari, en los que defendía que la cultura latina no era incompatible con la devoción. El obispo de Cambrai había percibido el talento de su descontento secretario, por lo que consiguió de Roma una dispensa para que se le permitiera marchar a París a perfeccionar sus estudios. Allí entró en contacto con varios humanistas franceses y acentuó su aversión por lo que él llamaba las áridas y estériles sutilezas del escolasticismo.

Después de haber pasado un tiempo en Venecia el año anterior, Miguel Ángel se había trasladado a Bolonia. Allí colaboró en el ornato del arca de Santo Domingo, para la que esculpió un ángel candelabro, un san Petronio, que recuerda al estilo de Donatello, y un vigoroso san Próculo. Luego regresó a Florencia, donde esculpió un san Juan.

Alberto Durero regresó a Nuremberg tras su estancia en Italia. Allí no sólo había estudiado arte, sino que volvió dispuesto a enfrentarse a las matemáticas de Pacioli y Euclides, así como a los tratados de arquitectura de Alberti.

El gran príncipe Iván III de Moscú trató de invadir Suecia, pero el regente Sten Gustaffson logró rechazarlo.

El emperador Maximiliano I convocó la dieta de Worms en la que trató de reformar el Sacro Imperio Romano. Proclamó la Paz perpetua en toda Alemania, y creó un tribunal que supuestamente debía regular las querellas internas para impedir las guerras. El tribunal constaba de dieciséis miembros y era independiente del emperador. También implantó un impuesto general para formar un ejército imperial.

El hijo de Maximiliano I había cumplido diecisiete años, y era conocido como Felipe el Hermoso. Maximiliano I le cedió el gobierno de los Países Bajos, que había heredado de su madre, María de Borgoña. En 1496 lo casó con Juana, hija de los reyes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, que ese año recibieron del Papa Alejandro VI el título de Reyes Católicos, y es con este sobrenombre con el que son más conocidos en la historia. El rey Manuel I de Portugal quiso competir en catolicismo con sus vecinos y expulsó de su reino a todos los judíos y musulmanes, cuyo número había aumentado sensiblemente tras su expulsion de Castilla y Aragón (en el caso de los judíos) y de la conquista de Granada (en el caso de los musulmanes, que no fueron oficialmente expulsados de sus tierras, pero sí estaban siendo "motivados" para abandonarlas).

Bartolomé Colón fundó en La Española la ciudad de Santo Domingo de Guzmán, que era el santo de su padre, Domenico Colombo.

Giovanni Caboto convenció finalmente al rey Enrique VII de Inglaterra para que financiara una expedición naval hacia Occidente. Caboto sería gobernador de las tierras que encontrase (bajo la soberanía inglesa) y disfrutaría de todos los beneficios comerciales que obtuviera, siempre que pagara la quinta parte a la Corona. Sin embargo, su barco no era un "último modelo" y pronto tuvo que regresar a puerto sin haber encontrado nada.

En abril, el príncipe elector Federico III de Sajonia visitó Nuremberg, y allí fue retratado por Alberto Durero. Federico III trató de convencer al pintor de que se trasladara a su corte, pero Durero rehusó la invitación y permaneció en su ciudad natal.

El 25 de junio el mencey Bencomo capituló ante Alonso Fernández de Lugo, con lo que la isla de Tenerife cayó bajo el dominio de Castilla, que completó así la conquista de las islas Canarias.

El rey Fernando II de Nápoles, con la ayuda de Gonzalo Fernández de Córdoba, dominaba ya todo su reino, salvo Gaeta y el castillo de Cosenza, que seguían en manos de los franceses. Pero Fernando II murió el 7 de octubre, y fue sucedido por su tío Federico I, con la oposición de Fernando el Católico, que se consideraba con mayores derechos. Federico I expulsó definitivamente a los franceses y nombró a Gonzalo duque de Santangelo.

Ese año murió el duque Carlos II de Saboya, a la edad de siete años, y su tío abuelo Felipe se convirtió en el nuevo duque. También murió el conde Carlos de Angulema, que fue sucedido por su hijo Francisco, que tenía entonces dos años de edad.


Tras una breve estancia en los Países Bajos, Erasmo de Rotterdam regresó a París, donde trató de llevar una vida independiente viviendo de sus lecciones a jóvenes ricos, para los que empezó a redactar unos manuales de conversación latina.

El obispo de la ciudad polaca de Ermeland, llamado Ukasz Watzenrode, tenía un sobrino de veintitrés años que acababa de terminar sus estudios en la universidad de Cracovia. Watzenrode pretendía introducir a su sobrino en la carrera eclesiástica, y tenía ciertamente los medios para conseguirlo, pero le sugirió que, para facilitar las cosas, marchara a Bolonia a especializarse en derecho canónico. El joven se llamaba Niklas Koppernigk, pero en la universidad había empezado a usar la forma latina de su nombre: Nicolaus Copernicus, y por ello es más conocido como Nicolás Copérnico. Era hijo de un comerciante acomodado y durante su estancia en Cracovia su interés principal había sido la astronomía. En Bolonia conoció al matemático Domenico Maria Novara, que lo animó a compaginar la astronomía con sus estudios de leyes.

Las últimas obras del Perugino, tras La entrega de las llaves, que había pintado en la capilla Sixtina, eran más bien repetitivas, pero el maestro recibió un notorio estímulo cuando entró en su taller un prometedor discípulo de trece años llamado Rafaello Sanzio, aunque es más conocido como Rafael.

Miguel Ángel se había trasladado a Roma. Al parecer, un comerciante había enterrado a sus espaldas una escultura suya en mármol, el Cupido dormido, para después "descubrirla" y venderla como pieza antigua. La compró un cardenal que descubrió el fraude, pero se interesó por el escultor y lo llamó a Roma. Allí el banquero y coleccionista Galli le encargó una estatua en mármol, el Baco ebrio, que terminó en 1497. El dios levanta la copa con la mano derecha mientras adopta una original postura basculante que revela su embriaguez.

Por esta época Leonardo da Vinci terminaba su famoso fresco sobre La última cena, bastante mal conservado hoy en día, en parte por un experimento que hizo sobre él con huevo para mejorar su conservación. En los últimos años, Leonardo se dedicó a diseñar varios modelos de máquinas voladoras, con las que un hombre podía mover unas alas con sus pies mediante un complicado sistema de correas y poleas. A lo largo de su vida, Leonardo diseñó máquinas de todo tipo: bombas, grúas, máquinas hiladoras, carros cubiertos, catapultas, etc. No cabe duda de que cualquiera de ellas hubiera sido muy útil si hubiera funcionado.

Andrea Mantegna, tras un viaje a Roma, había regresado a Mantua, donde Isabel de Este Gonzaga, la esposa del marqués Francisco II Gonzaga, le encargó diversas obras para decorar su studiolo. Entre ellas destaca El Parnaso, en el que un coro de musas danzantes recuerda vagamente a Botticelli.

En los últimos tres años, Aldo Manuzio había publicado más de cuarenta libros, entre ellos cinco volúmenes con las obras completas de Aristóteles, así como obras de Teócrito, Hesíodo y Aristófanes. Manuzio era un impresor muy diferente a los que le habían precedido en su oficio. Hasta entonces, los impresores eran meros artesanos que imprimían cualquier manuscrito que caía en sus manos y que consideraban que podía ser rentable, o bien trabajaban por encargo. Sin embargo, Manuzio era un humanista que elegía escrupulosamente los textos y los revisaba meticulosamente, haciéndose responsable de la calidad de la edición. Puede considerarse el primer editor en el sentido moderno.

El duque de Medinaceli conquistó Melilla, en el norte de África, aunque en realidad no había mucho que conquistar, porque la ciudad se la habían estado disputando desde hacía más de un siglo los reinos de Marruecos y Tremecén, y ya no era más que unas desoladas ruinas.

Los Reyes Católicos tenían cinco hijos: Isabel, la mayor, tenía veinte años y llevaba dos casada con el rey Manuel I de Portugal; el segundo era Juan, de diecinueve, que por ser varón era el príncipe de Asturias y Gerona, heredero de los reinos de Castilla y Aragón; Juana, de dieciocho, se había casado el año anterior con Felipe el Hermoso, el conde de Borgoña, hijo del emperador Maximiliano I; las menores eran María, de quince, y Catalina, de doce. Maximiliano I quiso redondear su política matrimonial casando con Juan a su hija Margarita, la que había estado prometida con el entonces Delfín y ahora rey Carlos VIII de Francia. La boda se celebró en abril en Burgos, pero casar a su hija no iba a ser tarea fácil para el Austria: Juan, de constitución débil, murió poco después. El disgusto que se debió de llevar Maximiliano I lo debió de compensar con creces la alegría de Manuel I de Portugal, ya que ahora su esposa Isabel se convertía en la nueva heredera de los reinos de Castilla y Aragón, al menos mientras sus padres no le dieran un hermano varón.

El 2 de mayo Giovanni Caboto zarpó de Bristol y tomó rumbo a Occidente por segunda vez. Contaba con un único barco y una tripulación de dieciocho hombres. (El rey Enrique VII era bastante más tacaño que los Reyes Católicos.)

Aunque los franceses habían sido expulsados del reino de Nápoles, todavía conservaban posiciones más al norte, en los Estados Pontificios. Gonzalo Fernández de Córdoba terminó de expulsarlos de Italia al tomar el puerto de Ostia, y de allí entró en Roma antes de regresar a Castilla. En la campaña había contado con la ayuda del ejército pontificio, capitaneado por el duque de Gandía Juan Borgia, el hijo del Papa. Poco después, en junio, Juan fue a cenar a casa de su madre, y al regresar al Vaticano despidió a sus compañeros para ir al encuentro de una persona enmascarada que lo esperaba cerca del río. No se sabe quién era ni qué pasó luego, pero el cadáver de Juan fue sacado del Tíber degollado y con graves heridas por todo el cuerpo. Su bolsa, con treinta ducados, se halló intacta, luego no fue víctima de un ladrón. El Papa estuvo tres días llorando y sin comer. Hizo llegar este comunicado al colegio de cardenales:

Han matado al duque de Gandía, nuestro dolor es explicable, porque lo queríamos tiernamente. Ya no apreciamos en nada el ser Papa, ni cualquiera otra cosa. Si tuviéramos siete tiaras, las daríamos para volverle a la vida. Puede que el Señor haya querido castigarme por mis pecados, pues ciertamente él no merecía una muerte tan cruel.

No cabe duda que Alejandro VI sentía un gran aprecio por su hijo, y ello hizo sospechar que el asesinato había sido planeado por su hermano César, movido por los celos. Por otra parte, los aspavientos del pontífice sólo duraron unos días, y luego volvió a ser el mismo de siempre. Juan Borgia dejó un hijo de dos años, conocido como Juan de Borja, que heredó el ducado de Gandía, donde creció. Desde ese momento, la rama valenciana de los duques de Gandía se instaló en el reino de Valencia y se desentendió completamente de los asuntos de Italia.

No tardó en producirse otro escándalo: Giovanni Sforza, el marido de Lucrecia Borgia, abandonó Roma en secreto atemorizado por que, según él, era amante de su esposa, su cuñado el cardenal César Borgia. El Papa anuló el matrimonio alegando que Giovanni era impotente.

Ese mismo año, César Borgia sobrevivió a la sífilis, y lo hizo con tanta facilidad que su médico, Gaspare Torelle, le dedicó su tratado sobre el que él llamaba morbo gálico. Afirmó que César podía ser considerado como bienhechor de la humanidad, pues su caso había arrojado mucha luz sobre el tratamiento de la nueva enfermedad.

Alejandro VI había tratado de someter a Girolamo Savoranola, al que llamaba jocosamente el parabolano, el que habla por parábolas. Le propuso nombrarlo cardenal (gratis, cuando lo normal era pagar una sustanciosa suma), pero Savonarola lo rechazó en un sermón en el que decía que la única forma en que Alejandro VI podría acallarlo sería convirtiéndolo en mártir: No quiero un capelo rojo, quiero sangre roja. Entonces el Papa lo excomulgó, y éste replicó publicando un libro de teología titulado El triunfo de la cruz. Continuó celebrando misa y predicando:

Dios gobierna al mundo por medio de agentes que pueden equivocarse. Para conocer si los ministros de Dios se equivocan, observemos cómo viven. Si no practican la caridad y las buenas obras, no estamos obligados a obedecerlos.

Ese año murió el duque Felipe I de Saboya, y fue sucedido por su hijo Filiberto II el Hermoso, de diecisiete años.

La autoridad del gran príncipe Iván III de Moscú era cada vez más sólida. Muchos príncipes de estados fronterizos habían abandonado al gran duque de Lituania para someterse a él. Había adoptado el título de autócrata, junto a un complejo ceremonial cortesano. Impuso a los boyardos la obligación de servir de por vida a un mismo príncipe e hizo redactar un nuevo código legal, el Sudiébnik.

El rey Juan I de Polonia dirigió una campaña contra los otomanos, pero fue derrotado en Moldavia.

El rey Juan I de Dinamarca, Noruega y Suecia logró que Sten Gustafsson dejara el gobierno de Suecia y marchara exiliado a Finlandia.

Mamadú Turé, el monarca del imperio Songhai, regresó de una larga peregrinación a la Meca con la que se aseguró el apoyo de los musulmanes. A su paso por Egipto había logrado que el sultán le otorgara un título que tenía vacante, un título glorioso en su día, pero que, como puede observarse, estaba muy devaluado: ahora era nada menos que el Califa Mamadú Turé.

El descubrimiento de América
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