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EL FIN DE LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS

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Un danés llegó a Roma con la noticia de que en un convento cerca de Röskilde se conservaba el texto íntegro de la historia de Roma de Tito Livio: Ab urbe condita. Cuando Poggio se enteró de ello, no paró hasta lograr que el Papa Nicolás V enviara a alguien a Dinamarca en busca de dicho manuscrito. Por su parte, Cosme de Médicis encargaba a su agente en Lübeck que tratara a toda costa de adquirirlo, pero nadie pudo encontrarlo, y actualmente sólo disponemos de algunos de los libros de que consta la obra.

El 1 de enero de 1450 el rey Juan II de Navarra destituyó a su hijo Carlos de su cargo de lugarteniente del reino, dispuesto a convertir a Navarra en la plataforma de su lucha por el poder político en Castilla. Esto dio un giro al conflicto entre beaumonteses y agramonteses, pues ahora los segundos pasaron a tener el predominio. En Cataluña se estaba formando una división similar: Barcelona estaba dominada por la alta burguesía, que, como estamento, era conocida como la biga (la viga). La biga se había enemistado con la reina María a causa de los esfuerzos de ésta por recaudar fondos para la campaña italiana de su marido, así que María buscó el apoyo de los mercaderes y pequeños artesanos, que se agruparon en un partido al que llamaron la busca (la astilla, algo pequeño en comparación con una viga), que contó también con el apoyo del gobernador general de Cataluña, que entonces era Galcerà de Requesens, un hombre de confianza del rey Alfonso V. Paulatinamente fueron produciéndose enfrentamientos entre ambos bandos.

Otro foco de tensión surgió por parte de los llamados campesinos de remensa, campesinos catalanes que, según el antiguo derecho medieval, estaban vinculados a sus tierras, que no podían abandonar si no pagaban una remensa, una redención, al señor del que eran vasallos. En los últimos años se habían organizado en sindicatos y le habían pedido a la reina que aboliera la remensa a cambio de un pago de 64.000 florines a la corona. Esta petición chocaba con los intereses de los señores, que pedían incluso que se les permitiera establecer nuevos remensas para los numerosos terrenos que habían quedado deshabitados por la peste y la emigración.

En el reino de Mallorca surgieron tensiones similares entre forans (campesinos) y ciutadans (burgueses). En general, toda la corona de Aragón estaba sumida en una profunda crisis: Aragón y Mallorca rozaban la anarquía, pues quien supuestamente debía ocuparse de su gobierno era Juan II de Navarra, y no lo hacía; únicamente Valencia era próspera, pues allí no había ningún abismo entre ricos y pobres, sino que predominaban los pequeños propietarios que podían vivir de una agricultura bien organizada, herencia musulmana.

Un ejército inglés desembarcó en la costa normanda. Los franceses reaccionaron rápidamente, y el 15 de abril ambos bandos se enfrentaron junto a la aldea de Formigny, no lejos del lugar del desembarco. Los ingleses plantearon la batalla como siempre lo habían hecho, apostando sus arqueros para repeler un eventual ataque francés. Sin embargo, los tiempos habían cambiado: los franceses dispusieron sus cañones de forma que el frente inglés estaba bajo su radio de alcance, mientras que el frente francés quedaba fuera del radio de alcance de los arqueros, significativamente menor. La batalla se mantuvo igualada durante un tiempo, pero cuando llegaron refuerzos franceses los ingleses huyeron en desbandada, y sólo un tercio logró salir con vida.

Evidentemente, Guillermo de Suffolk tuvo serias dificultades para defender su política pacifista ante sus furiosos y humillados compatriotas. Fue desterrado y, el 1 de mayo, cuando trataba de abandonar el país, murió a manos de unos asesinos.

El 6 de julio los franceses tomaron Caen, y el 12 de agosto cayó Cherburgo, la última posesión inglesa en Normandía. Ahora los ingleses ocupaban únicamente Calais y la Guyena. El rey Carlos VII de Francia había entrado triunfalmente en Ruan poco después de la victoria de Formigny, y dos meses después ordenó iniciar una encuesta sobre el proceso y el suplicio de Juana de Arco, tras lo cual decidió que se abriera un proceso de rehabilitación. En los combates murió el duque Francisco I de Bretaña, y fue sucedido por su hermano Pedro II.

Los ejércitos franceses se dirigieron luego a la Guyena. Su capital, Burdeos, llevaba tres siglos bajo gobierno inglés, por lo que en la región no quedaban muchos restos de nacionalismo francés, y la resistencia fue mayor.

Los desastres en Francia desataron una crisis política en Inglaterra, lo que favoreció la llegada a la corte del duque Ricardo de York, que tenía ya treinta y nueve años, y hasta entonces había permanecido semiexiliado en Irlanda. Durante un tiempo había sido el único miembro vivo de la casa de York, pero había aprovechado bien su matrimonio con Cecilia Neville, con la que había tenido tres hijos y dos hijas. El mayor, Eduardo, tenía entonces ocho años. Ricardo llegó en septiembre, y no tardó en encabezar un intento de reforma del gobierno con la ayuda del Parlamento.

Johannes Gutenberg se asoció con Johann Fust para fundar la razón social Das Werk der Bücher (La obra de los libros). Al parecer, había resuelto ya todos los problemas técnicos que suponía la impresión con tipos móviles y necesitaba financiación para llevar a la práctica su invento.

El escultor Lucca della Robbia estaba trabajando en Urbino, donde acababa de tomar como discípulo a su sobrino Andrea, que perfeccionó la técnica de la terracota vidriada.

El Papa Nicolás V seguía desarrollando una delicada acción diplomática para ganarse a la Iglesia alemana. A Nicolás de Cusa se unió en 1451 Juan de Capistrano, un franciscano que unas décadas antes había ejercido de inquisidor contra los fraticelos. El Papa lo nombró legado en Austria, Baviera, Silesia y Polonia. Luchó contra los husitas y predicó la cruzada contra los turcos.

Ese año murió el sultán Murat II, y su hijo Mehmet II volvió al poder con una fijación: tomar Constantinopla. Parece ser que esta idea se la habían inculcado sus tutores desde la abdicación de su padre, como una forma de ganarse su confianza con la promesa de la fama y la gloria que supondría tal hazaña. Empezó derrotando a Scanderbeg en Albania, a raíz de lo cual éste se hizo vasallo del rey Alfonso V de Aragón. El escenario no era muy esperanzador para los cristianos: El emperador Constantino XI se vio sin dinero ni recursos, así que trató desesperadamente de buscar apoyo en Occidente; el príncipe Bogdan II de Moldavia fue asesinado por su hermanastro y sucesor Pedro III; el duque de Atenas Ranieri II murió y fue sucedido por su hijo Francesco I, bajo la tutela de su madre, Clara Giorgo.

El 5 de junio los franceses entraron en Burdeos, pero los ingleses enviaron un ejército con Talbot al frente, la población se unió a los ingleses y en octubre Talbot recuperó la ciudad, así como una parte de la Guyena.

El Delfín Luis se casó con Carlota, hija del duque Luis I de Saboya.

Jacques Coeur, el tesorero del rey Carlos VII de Francia, cayó en desgracia y fue detenido, víctima de diversas acusaciones, desde conspirar con el delfín a vender armas a los musulmanes. Al parecer, detrás de estas acusaciones estaba la mano de sus numerosos deudores, así como de quienes consideraban humillante que el hijo de un peletero fuera el hombre más rico de Francia.

Ese año murió Isabel de Görlitz, usufructuaria del ducado de Luxemburgo. El duque titular era el joven Ladislao V de Hungría y Bohemia, que tenía entonces once años, pero, en la práctica, el duque Felipe III de Borgoña se convirtió ya en señor indiscutible de Luxemburgo.

El príncipe Carlos de Viana se alió con el rey Juan II de Castilla contra su padre, el rey Juan II de Navarra, pero fue vencido y hecho prisionero en la batalla de Aybar el 23 de octubre. Juan II de Navarra nombró lugarteniente del reino a su segunda esposa, Juana Enríquez, que tomó parte activa a favor de los agramonteses contra los beaumonteses.

Diego Manrique, que había luchado del lado de Juan II de Navarra, fue hecho prisionero por Juan II de Castilla, pero escapó gracias a la ayuda de su hermano Rodrigo, que recientemente había recuperado sus tierras en una maniobra política y ahora las volvía a perder por este suceso.

Uno de los numerosos descendientes de Timur Lang, llamado Abú Saíd, empezó a reunificar el Imperio desde Transoxiana.

Tras un periodo de anarquía, el sultanato de Delhi cayó en manos de Bahlul Lodi, que, a diferencia de los sultanes anteriores, no era de origen turco, sino que provenía de un clan afgano asentado en la India.

El duque Federico II de Sajonia se reconcilió con su hermano Guillermo en el tratado de Naumburg.

El pintor Piero della Francesca perfeccionaba su estilo con el retrato de Sigismondo Malatesta a los pies de su santo patrón, en Rímini, o El bautismo de Cristo. En 1452 Michelozzo terminaba, por encargo de Cosme de Médicis, los claustros, la iglesia y la biblioteca de San Marcos. El escultor Ghiberti terminó la tercera puerta del baptisterio de Florencia, que contiene diez bajorrelieves con escenas del antiguo testamento.

Un poeta francés llamado Arnoul Gréban había compuesto un enorme poema de 34.754 versos titulado el Misterio de la pasión, en el que se narran diversos episodios bíblicos entre los que se intercalan numerosas poesías líricas. La obra se representaba con centenares de actores y requería tres o cuatro días.

Antoine de la Sale, secretario del duque Felipe III de Borgoña, autor de varias novelas didácticas, acababa ahora una novela de costumbres, Juan de Saintré, considerada como una reacción de la burguesía contra la literatura caballeresca.

Los intentos reformistas del duque Ricardo de York se habían enfrentado sistemáticamente a la oposición del duque Edmundo de Somerset, hasta que Ricardo decidió emplear la fuerza. Sin embargo, su intento fue humillantemente abortado por el ejército real.

El emperador Federico III se casó con Leonor, hermana del rey Alfonso V de Portugal. Ese mismo año acudió a Roma para ser coronado por el Papa Nicolás V. Fue el último emperador alemán coronado por un Papa.

El rey Carlos VII de Francia casó a su hija Yolanda con Amadeo, el hijo del duque Luis I de Saboya.

En Valaquia, Ladislao II era oficialmente el príncipe, pero en la práctica sólo dominaba algunos territorios fuera del principado, en Transilvania. Su rival, Iancu era quien realmente dominaba la región. Hasta entonces no se había producido ningún enfrentamiento, sino que ambos se habían limitado a tomar posiciones. Finalmente Iancu invadió Transilvania y arrebató sus tierras a Ladislao II. Entonces entró en escena Vlad, el hijo de Vlad Dracul, asesinado por Iancu, que había escapado del cautiverio turco y ofreció a Iancu una "fidelidad inquebrantable" a cambio del gobierno de las tierras de Transilvania que acababa de conquistar.

Aunque Rusia seguía sufriendo el dominio mongol, el poder del gran príncipe Basilio II de Moscú iba en aumento, hasta el punto de que concedió un territorio a un mongol llamado Kasim, que fundó así el kanato de Kasímov, vasallo de Moscú.

El husita Jorge de Podebrady, después de terminar con los radicales taboristas, fue reconocido administrador general del reino de Bohemia. El rey Ladislao tenía entonces doce años.

Un franciscano llamado Francisco de Paula fundó su propia orden, los mínimos, cuya regla era extremadamente severa, ya que exigía pobreza total, cuaresma perpetua y obediencia rigurosa.

El emperador Constantino XI reconoció nuevamente la supremacía papal para ganarse el apoyo de Occidente. El 12 de diciembre un sacerdote católico celebró los oficios en Santa Sofía, usando pan sin levadura y agua fría, lo que contradecía las costumbres ortodoxas. Un monje llamado Gennarus instigó a los bizantinos a protestar, asegurando que lo peor que podía ocurrirle a la ciudad era la herejía romana. Los fieles, temerosos de que los sacramentos fueran mancillados por los "esclavos del Papa", dejaron de acudir a Santa Sofía, "guarida del diablo".

Gennarus anduvo encaminado, pues en 1453 el sultán turco Mehmet II lanzó un ataque contra Constantinopla. Reunió una flota de doscientos ochenta navíos y un ejército de unos doscientos cincuenta mil hombres, entre jenízaros y voluntarios. Frente a ellos, el joven emperador Constantino XI contaba con la Virgen María, unos cinco mil hombres en situación de combatir, y unos tres mil aliados occidentales, entre los que destacaban los genoveses, dirigidos por Giovanni Giustiniana. Por otro lado, muchos de sus súbditos seguían sin perdonarle su sometimiento a Roma. Algunos funcionarios afirmaron que "antes el turbante que la tiara". El asedio empezó el 3 de abril. Desde que fue construida, más de mil años atrás, la triple muralla de Constantinopla jamás había sido traspasada por ningún enemigo, sólo la traición había permitido franquearla en algunas ocasiones; pero ahora los turcos llegaron con gigantescos cañones que disparaban enormes balas de piedra.

Aun así, los bizantinos resistieron heroicamente. El 18 de abril rechazaron un ataque frontal, pero la noche del 22 de abril Mehmet II hizo trasladar por una lengua de tierra ochenta galeras hasta el Cuerno de Oro, el puerto de Constantinopla, cuya entrada estaba cerrada por cadenas bien defendidas. Hizo colocar las naves sobre andamios con ruedas, desplegaron las velas para que el viento ayudara mientras los jenízaros tiraban con cuerdas. A la mañana siguiente los bizantinos se vieron atacados por dos frentes.

Pasaron los días, y los cañones iban desgastando lentamente los muros. Cuando ya habían sido destruidas cuatro torres, el 29 de mayo, Mehmet II, con una maza de hierro en la mano y rodeado de una guardia de diez mil jenízaros, encabezó un ataque a una brecha de la muralla. Detrás dispuso una hilera de verdugos para que decapitaran a cualquiera que huyera o mostrara cobardía. Constantino XI murió defendiendo la muralla, los turcos penetraron en la ciudad matando hombres, mujeres y niños, y a partir de ese momento no hallaron gran resistencia. Los que se habían mostrado partidarios del turbante frente a la tiara fueron decapitados por el turbante. Constantinopla fue saqueada, aunque el sultán dio orden de que sus edificios no fueran dañados. Al mediodía, el sultán atravesó el hipódromo y entró en Santa Sofía. Al día siguiente, que era viernes, el almuecín subió a hacer su pregón desde una de las torres, y el sultán recitó sus plegarias a Alá en el presbiterio del antiguo templo de Justiniano. Santa Sofía se convirtió en una mezquita: se le añadieron minaretes y sus hermosos mosaicos fueron cubiertos con cal. Mehmet II convirtió a Constantinopla en su nueva capital, aunque la ciudad cambió su nombre por el de Estambul. Se especula sobre si se trata de una deformación del griego "eis ten polin" (a la ciudad), pues los bizantinos llamaban habitualmente "la ciudad" a su capital. Prácticamente, ningún libro sobrevivió a los turcos, aunque parece ser que no destruyeron ninguno que los renacentistas italianos no hubieran rescatado ya. Francesco Filelfo había redactado un catálogo de los libros que había encontrado en las bibliotecas bizantinas casi treinta años atrás, y en él no figuraba ningún título que hoy no conservemos.

La caída de Constantinopla no fue realmente el fin del Imperio Bizantino, pues todavía quedaban Morea y Trebisonda. No obstante, el emperador Juan IV de Trebisonda tuvo que renovar su vasallaje a Mehmet II ese mismo año, mientras que Morea se la disputaban los dos hermanos del difunto emperador Constantino XI: Tomás y Demetrio Paleólogo. 

El humanista Poggio Bracciolini, a sus setenta y tres años, fue nombrado canciller de la república de Florencia. Le debemos la recuperación de numerosos textos antiguos, entre ellos el Brutus, de Cicerón, doce comedias de Plauto, así como muchas otras obras de Lucrecio, Quintiliano, Estacio, Silo Itálico, Valerio Flaco, etc.

El Papa Nicolás V trató de promover una cruzada contra los turcos, pero no tuvo éxito.

Rogier van der Weyden terminó el Tríptico de San Juan Bautista, en el que presenta tres escenas en primerísimo plano, encuadradas en portadas de iglesia, decoradas con esculturas. Así consigue un efecto como si los personajes salieran del cuadro.

El rey Alfonso V de Aragón inició una campaña contra los mamelucos de Egipto, mientras su esposa María dejaba la lugartenencia de Cataluña en manos de Galcerà de Requesens para regresar a Castilla, donde actuó como mediadora entre su cuñado, el rey Juan II de Navarra, y su sobrino, el príncipe Carlos de Viana. Ambos firmaron la tregua de Valladolid, aunque Juan de Beaumont y Blanca de Navarra, la hermana de Carlos, instaron a éste a que no se conformara y reivindicara sus títulos. En Barcelona, Requesens logró que la Busca se hiciera con el gobierno de la ciudad.

Los genoveses confiaron la administración de Córcega a una compañía privada: la Banca de San Jorge. Un veneciano llamado Niccolò dei Conti regresó de un largo viaje que, durante los últimos veinticinco años, lo había llevado hasta Sumatra, Java y el sur de China. Fue el viaje más largo realizado por un europeo desde los tiempos de Marco Polo.

Enrique, el príncipe de Asturias, llevaba trece años casado con Blanca de Navarra y no había tenido descendencia, así que el Papa Nicolás V disolvió el matrimonio gracias al testimonio jurado de dos obispos que alegaron "impotencia recíproca, debida a malignas influencias de ambos cónyuges". Aconsejado por Juan Pacheco, el marqués de Villena, Enrique se casó ese mismo año con Juana, hermana del rey Alfonso V de Portugal.

Álvaro de Luna fue hecho prisionero tras un incidente que había terminado con el asesinato de Alonso Pérez de Vivero. Las presiones de Juan Pacheco, del príncipe Enrique, y de su madrastra, Isabel de Portugal, terminaron convenciendo al rey Juan II de Castilla para que firmara su sentencia de muerte. El 3 de junio Álvaró de Luna fue degollado públicamente en Valladolid. El marqués de Santillana compuso su Doctrinal de privados, un poema en cincuenta y dos coplas de octosílabos en el que plasma su odio por el condestable, pero al mismo tiempo reconoce su grandeza, y usa su caída como ilustración del destino de los hombres, marionetas en manos de la Fortuna, presentada a la vez como una fuerza ciega y un instrumento divino. El estilo llano de este poema contrasta con sus Sonetos fechos al itálico modo, los primeros sonetos escritos en castellano, poco armónicos, cultos y pedantes, a pesar de la influencia de Petrarca.

Mientras tanto, los franceses seguían acosando las posiciones inglesas en La Guyena. El 17 de julio los franceses llegaron al puesto avanzado inglés de Castillon y John Talbot se lanzó al combate sin esperar el apoyo de la artillería. Los franceses, en cambio, habían dispuesto su artillería tras una fuerte línea defensiva. Talbot condujo a la carga una columna  de soldados que fue totalmente aniquilada. Él mismo murió en el campo de batalla. La Guyena fue tomada sin dificultad en los meses siguientes y el 19 de octubre los franceses entraron nuevamente en Burdeos. Inglaterra sólo conservó Calais en el continente, y ello porque estaba rodeada por territorio borgoñón, donde los franceses no querían entrometerse. Así terminó la Guerra de los Cien Años, que en realidad había durado ciento diecisiete. Nunca se firmó un tratado de paz. Lo único que los ingleses firmaron fue una tregua, pero lo cierto fue que ahí acabo el enfrentamiento.

Es evidente que las pérdidas en Francia agravaron la ya tensa política inglesa. Las intrigas sobre la posible sucesión del rey Enrique VI parecieron disiparse con el nacimiento de Eduardo, el nuevo príncipe de Gales, pero poco después el rey sufrió una crisis mental. Incapacitado para gobernar, el Parlamento eligió como regente a su pariente (adulto) más cercano, que no era sino el duque Ricardo de York. Fue proclamado protector del reino mientras su rival, Edmundo de Somerset, era encarcelado. Edmundo Tudor recibió el título de conde de Richmond.

Ese año murió Isabel, la duquesa de Lorena, esposa del duque Renato I de Anjou, el cual transfirió el ducado a su hijo Juan, para dedicarse desde entonces a actividades artísticas y literarias.

La Orden Teutónica se había recuperado en Prusia de la derrota sufrida en Grunwald más de cuarenta años atrás. Los mismos prusianos que habían formado entonces la liga de Lucertole, habían formado hacía una década la liga de Marienwerder, pero los caballeros teutónicos pidieron al emperador Federico III que la disolviera. Al hacerlo, las ciudades se rebelaron con el apoyo del rey Casimiro IV de Polonia.

El rey Ladislao V de Hungría, a sus trece años, fue declarado mayor de edad, y Juan Hunyadi, hasta entonces regente, fue nombrado capitán general, mientras su hijo Ladislao fue nombrado ban de Croacia.

Jacques Coeur, el exministro de finanzas del rey Carlos VII de Francia, ahora caído en desgracia, fue condenado a pagar una multa exorbitada, por lo que sus bienes fueron confiscados. En 1454 logró escapar de Francia y se refugió en Roma, donde fue bien acogido.

El rey Enrique VI de Inglaterra recuperó la cordura y Ricardo de York se vio obligado a renunciar a la regencia. El duque Edmundo de Somerset salió de la prisión y Ricardo tuvo que abandonar la corte. No tardó en aliarse con los condes de Salisbury y de Warwick, del poderoso clan de los Neville, quienes, como defensores de la frontera con Escocia, disponían de un ejército bien entrenado.

Diego García de Herrera, yerno de Fernán Pedraza, el conquistador de la Gomera, trató de conquistar las islas de Gran Canaria y Tenerife, pero los guanches seguían sin entender qué necesidad había de que alguien fuera a gobernarlos, así que expulsaron a sus conquistadores, que prefirieron no volver.

Juan de Mena terminó su Laberinto de Fortuna, dedicado al rey Juan II de Castilla, un poema compuesto de 297 coplas de arte mayor, siguiendo su estilo archiculto, saturado de violentos cultimos sintácticos y léxicos.

Juan II murió poco después, y fue sucedido por su hijo, ahora el rey Enrique IV. Ahora fue Juan Pacheco quien aumentó su poder en Castilla a expensas del rey, como en su día había hecho Álvaro de Luna. Rodrigo Manrique recuperó así nuevamente sus tierras y el favor real. Tenía dos hijos, Pedro, de diecinueve años, y Jorge, de catorce. Rodrigo era aficionado a la poesía, y se le atribuye una reducida colección de poemas populares. De su hijo Pedro se conservan también dos poemas, escritos unos años atrás, contra un judío converso llamado Juan de Valladolid, o Juan Poeta. Son poemas rudos, más bien de mal gusto, pero no se les puede negar cierta gracia e ingenio.

Mientras tanto, las intrigas de la Biga contra Galcerà de Requesens hicieron que el rey Alfonso V nombrara lugarteniente de Cataluña a su hermano Juan II de Navarra, al que aconsejó mantener su apoyo a la Busca.

También murió el rey de Granada, Muhammad IX el Zurdo, y los abencerrajes, que en su día habían apoyado a su rival Yúsuf V, ahora apoyaron a un primo de éste, llamado Sad Ciriza.

El hijo del duque Felipe III de Borgoña tenía ahora veintiún años, era conocido como Carlos el Temerario y acababa de reprimir duramente una revuelta en Flandes. Viudo de Catalina, la hija del rey Carlos VII de Francia, se casó ahora con Isabel, hija del duque Carlos I de Borbón.

El rey Casimiro IV de Polonia, ya en guerra abierta contra los caballeros teutónicos, se anexionó Prusia. El rey polaco se casó con Isabel, hermana del rey Ladislao V de Bohemia y Hungría.

El duque de Milán, Francisco Sforza, firmó la Paz de Lodi con las potencias del norte de Italia, especialmente con Florencia y Venecia, lo que garantizó la estabilidad política en la región.

El kan de Crimea, Hayyi Girai, trató de ocupar las colonias venecianas en la península con la ayuda de los turcos, pero éstas resistieron gracias al apoyo de la Horda de Oro.

Enrique el Navegante se había mostrado contrario a la trata de negros iniciada por los portugueses, pero comprendió lo absurdo de sus reservas cuando el Papa Nicolás V dio su visto bueno, a la vez que reconocía a Portugal la exclusividad en las navegaciones por la costa africana en su bula Romanus pontifex. El Papa murió en 1455 y fue sucedido por Alonso de Borja, que a sus sesenta y siete años adoptó el nombre de Calixto III.

A la muerte de Nicolás V, la biblioteca vaticana tenía más de cinco mil manuscritos, y era la mayor biblioteca de Europa. Se cuenta que cuando Calixto III entró por primera vez en ella exclamó: ¡Santo Dios, en qué cosas se han gastado los caudales de la Iglesia!, y es que el nuevo Papa no compartía los ideales renacentistas de su predecesor.

Alonso de Borja era valenciano, y se había trasladado a Italia en compañía del rey Alfonso V, donde había sido nombrado cardenal once años atrás. Como Papa, practicó un descarado nepotismo, en beneficio de sus sobrinos, Pedro Luis, de veinticinco años, y Rodrigo, de veinticuatro. Pedro Luis se convirtió en capitán general de los ejércitos pontificios. Así se inició el auge de la familia Borja en Italia, que no tardó en amasar una gran fortuna. Ese mismo año, Calixto III canonizó al también valenciano san Vicente Ferrer.

Mientras tanto, Johannes Gutenberg terminaba el primer libro impreso en Occidente: una Biblia latina a doble columna, conocida como la Biblia de cuarenta y dos líneas. Sin embargo, él había invertido mucho tiempo y su socio, Johann Fust, mucho dinero. Gutenberg no estaba en condiciones de pagarle los intereses convenidos, así que Fust lo demandó y ganó el pleito. Ante la insolvencia del impresor, Fust recibió el material tipográfico fabricado con su dinero, Biblia incluida.

El sultán Mehmet II impuso un tributo al príncipe Pedro III de Moldavia.

El emperador Federico III reunió la dieta de Neustadt con la intención de reformar el Sacro Imperio Romano para restablecer su unidad y poderío, pero su intento fracasó por la oposición tanto de la nobleza alemana como de las ciudades.

Cinco años atrás, el rey Jacobo II de Escocia había logrado desembarazarse del regente Alexander Livingstone, y ahora, al cumblir los veinticinco años, pudo hacer lo propio con el conde William de Douglas, con lo que inició su gobierno personal. El principal apoyo con el que había contado el monarca en estos años había sido James Kennedy, el obispo de Saint Andrews.

Edmundo Tudor, el conde de Richmond, se casó a sus veinte años con Margarita Beaufort, la hija de doce años de Juan Beaufort, el difunto duque de Somerset (y sobrina del actual duque Edmundo de Somerset). Edmundo murió poco después, en mayo, cuando el duque Ricardo de York, con sus aliados, derrotó al ejército real en Saint Albans. Esta victoria, unida a que el rey Enrique VI tuvo un nuevo ataque de locura, permitió a Ricardo retomar el gobierno de Inglaterra.

La exploración de África
Índice La guerra de las dos rosas