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EL CONCILIO DE FLORENCIA

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En 1435 la Guerra de los Cien Años cumplía noventa y ocho años. La situación era cada vez más precaria para los ingleses. El año anterior el duque Juan de Bedford había tenido que sofocar una revuelta en Normandía. El bastardo de Orleans tomó Chartres y Saint-Denis, mientras el mariscal La Hire derrotaba a los ingleses en Gerberoy y los expulsaba de la región de Caux. Más grave aún fue que el duque de Bedford murió el 15 de septiembre, y todavía más grave fue que el 21 de septiembre el rey Carlos VII de Francia y el duque Felipe III de Borgoña firmaron el tratado de Arras, por el que terminaba la guerra civil entre armañacs y borgoñones. Por dicho tratado, Carlos VII reconocía a Felipe III como soberano independiente. En lo sucesivo, el duque de Borgoña no sería vasallo de nadie. Ni Carlos VII ni sus sucesores tendrían derecho alguno a desposeerlo de sus títulos o sus tierras. Además, Borgoña se anexionaba la mayor parte del territorio francés conquistado recientemente, de modo que la frontera francoborgoñona se trasladó a ciento treinta kilómetros de París. Por último, Carlos VII tenía que presentar excusas por el asesinato de Juan sin Miedo, el padre de Felipe III, y prometer que castigaría a los asesinos.

El rey Enrique VI de Inglaterra acababa de cumplir los catorce años, y la regencia pasó a manos de su tío-abuelo Enrique Beaufort, de sesenta años, cardenal desde hacía nueve. Propugnó una política pacifista que lo enfrentó al duque de Gloucester, tío del rey.

Ese año murió el duque Antonio I de Atenas, que fue sucedido por su primo Ranieri II.

En Suecia, el rebelde Engelbrekt convocó una asamblea en Arboga en la que estaban representados eclesiásticos, nobles, burgueses y campesinos, y que es considerada como el primer parlamento sueco. Se votó una constitución que designaba a Engelbrekt como regente, pero éste fue asesinado poco después, ya en 1436. Los suecos lo sustituyeron por un noble llamado Karl Knutsson y el rey Erik, incapaz de dominar la situación, se refugió en Gotland, desentendiéndose de las tareas de estado.

Los ejércitos franceses seguían obteniendo victorias. Juan de Orleans tomó Meulan antes de dirigirse a París, donde la población se declaró partidaria del rey Carlos VII y el 13 de abril los ingleses tuvieron que abandonarla, al igual que otras muchas plazas fuertes, de modo que los dominios ingleses en Francia se redujeron a Normandía y la Guyena. Allí el dominio inglés era firme, y los ejércitos franceses estaban demasiado agotados para intentar una ofensiva. Por otra parte, Inglaterra tampoco no estaba en condiciones de contraatacar, así que la guerra se estancó cuando estaba a punto de cumplir su centenario. Carlos VII tenía un hijo de trece años, el Delfín Luis, que ahora se casaba con Margarita, hija del rey Jacobo I de Escocia.

Tras la derrota de los husitas radicales, sucedida dos años atrás, el reino de Bohemia había quedado empobrecido y desorganizado. Una dieta reunida en Jihlava ratificó el 5 de julio los compactata aprobados en el concilio de Basilea, y el emperador Segismundo fue reconocido como rey de Bohemia. No obstante, el Papa Eugenio IV, que seguía tratando en vano de trasladar el concilio a Italia para tratar la unificación de las Iglesias Católica y Ortodoxa, nunca llegó a ratificar las concesiones religiosas que los compactata hacían a los husitas.

El rey Alfonso V de Aragón se las arregló para persuadir a su carcelero, el duque de Milán, Felipe María Visconti, para que lo liberara y entablara con él una alianza para conquistar el reino de Nápoles. Envió a su hermano Juan de vuelta a Aragón en calidad de lugarteniente, pero su esposa María se las arregló para conservar la lugartenencia de Cataluña, por lo que Juan fue únicamente lugarteniente de Aragón y Valencia. Juan casó a su hija Leonor con el conde Gastón IV de Foix, que acababa de suceder a su padre, Juan I. Enrique de Aragón había acompañado a su hermano Juan en su regreso, y entre ambos negociaron en octubre un acuerdo con Álvaro de Luna y el rey Juan II de Castilla para recuperar sus posesiones castellanas.

Una flota portuguesa, capitaneada por Alfonso Gonçalves, llegó un poco más al sur del cabo Bojador, donde confundió una bahía con la desembocadura de un río y creyó haber hallado el Río del Oro del que hablaban algunas crónicas (relativas al río Senegal). Desde entonces, esa zona de la costa del Sahara se llama Río de Oro, aunque no hay ningún río, ni, desde luego, oro.

Basilio II, el gran príncipe de Moscú, encarceló a su primo y rival, Basilio Yurievich e hizo que le sacaran un ojo, por lo que desde entonces es conocido como Basilio el Tuerto. Su hermano Dimitri continuó luchando contra Basilio II.

En Valaquia murió el príncipe Alejandro I y fue sucedido por su hijo Vlad II Dracul (el Dragón), llamado así por pertenecer a una orden militar (la Orden del Dragón) fundada por el emperador Segismundo.

Segismundo de Luxemburgo murió en 1437, sin más descendencia que su hija Isabel, que estaba casada con el duque Alberto V de Austria, por lo que éste heredó los reinos de Hungría y Bohemia, además del ducado de Luxemburgo, que siguió gobernado por Isabel de Görlitz. No obstante, una parte de la sociedad húngara, contraria a los alemanes, no aceptó a Alberto, y se mostró partidaria del rey Ladislao III de Polonia, por lo que el país cayó en la guerra civil.

En Castilla, Álvaro de Luna hizo encarcelar a Pedro Manrique, partidario de los infantes de Aragón, que estaba casado con una hermana de Íñigo López de Mendoza. Sus hijos, Rodrigo y Diego Gómez Manrique, se rebelaron entonces contra el rey Juan II.

Los ingleses derrotaron al mariscal La Hire junto a Ruan.

En Escocia murió asesinado el rey Jacobo I, que fue sucedido por su hijo de siete años, Jacobo II. La regencia quedó en manos de sir Alexander Livingstone y sir William Crichton.

También murió, a sus treinta y seis años, Catalina de Francia, hermana del rey Carlos VII, esposa del rey Enrique V de Inglaterra desde los diecinueve y viuda desde los veintiuno. Unos años atrás, había entablado relaciones con un escudero de ascendencia galesa llamado Owen Tudor, con quien tuvo varios hijos, entre ellos Edmundo, de siete años, y Jasper, de seis. El duque de Gloucester hizo encarcelar a Owen, pero éste logró huir y se refugió en Gales.

Ulug Muhammad, el kan de la Horda de Oro, fue derrocado, y marchó con su horda al Volga medio, donde fundó el kanato de Kazán. En los años siguientes lanzó desde allí diversos ataques contra los principados rusos.

En Samarkanda murió el matemático Qadi Zada. Poco después se publicó el mayor producto de los científicos reunidos por Ulug Beg. Era el Catálogo de las estrellas, el primer catálogo estelar escrito desde los tiempos de Ptolomeo, que contenía además de la posición de 992 estrellas, tablas de observaciones astronómicas, cálculos sobre el calendario y resultados sobre trigonometría. Así, por ejemplo, la duración del año fue estimada en 365 días, 5 horas, 49 minutos y 15 segundos.

Con el fin de acabar con la piratería musulmana en el Atlántico, una flota portuguesa bajo el mando de Enrique el Navegante puso sitio a Tánger. Sin embargo, los portugueses no sólo no pudieron hacerse con la plaza, sino que además perdieron Ceuta y Fernando, hermano de Enrique, tuvo que quedarse como rehén de los marroquíes.

Cosme de Médicis encargó al arquitecto Michelozzo la reconstrucción del convento de los dominicos  de San Marcos.

El Papa Eugenio IV había donado a los dominicos de Florencia el convento de san Marcos, y Fra Angélico recibió el encargo de decorarlo con pinturas al fresco. Uno de estos murales reproduce aproximadamente la Anunciación que unos años atrás había pintado sobre tabla, pero en estas obras ya no hay fallos de perspectiva, al contrario de lo que sucedía en sus trabajos precedentes, y, en general, las composiciones son realistas, si bien las figuras siguen recordando al dibujo gótico por su simplicidad y sus poses forzadas. Claro que todo es cuestión de puntos de vista:

Por esto, jamás será lo bastante alabado este santo padre humilísimo y modesto en sus acciones y sus palabras [...] Los santos que él pinto tienen más aire y apariencia de santos que los pintados por otros artistas. Tenía costumbre de no repasar ni retocar nunca sus cuadros [...] por creer, según decía, que ésa era la voluntad de Dios. Se dice que fra Giovanni nunca tomó los pinceles sin haberse dado antes a la oración. No pintó nunca una crucifixión sin que las lágrimas bañasen sus ojos; y la bondad sincera y la grandeza de su alma, y su espíritu profundamente cristiano, se reflejan en los rostros y actitudes de sus figuras.

El principal argumento por el que los participantes en el concilio de Basilea se habían negado a aceptar los intentos de Eugenio IV de trasladar el concilio a Italia era el éxito con el que se estaba tratando el problema de la herejía husita, asunto que interesaba especialmente al emperador Segismundo. Ahora que el asunto estaba zanjado y que el emperador había muerto, Eugenio IV no aceptó más dilaciones y el 18 de septiembre convocó a los conciliares en Ferrara, para principios del año siguiente.

En noviembre, el rey Carlos VII de Francia entró en París, pero no fijó allí su residencia. El rey no acababa de confiar en la ciudad de la que había sido expulsado en su infancia, y así París dejó de ser la capital de Francia. El monarca residió en varios palacios del Loira.

Juan, el hijo del duque Renato de Anjou, se casó a sus diez años con María, hija del duque Carlos I de Borbón.

El 8 de enero de 1438, en presencia del emperador bizantino Juan VIII, el Papa Eugenio IV inauguró el concilio de Ferrara, y se empezó a abordar la posibilidad de terminar con el Cisma de Oriente. Sin embargo, no acudieron todos los convocados, sino que una parte permaneció en Basilea acordando medidas que limitaban la autoridad papal. El rey Carlos VII de Francia aprovechó las circunstancias, y el 7 de julio promulgó la pragmática sanción de Bourges, por la que daba validez en Francia a las decisiones del concilio. En particular, el rey y los señores que tuvieran en sus territorios abadías y obispados, podían renovar o nombrar a sus titulares sin tener que consultar al Papa. Esto confería obviamente una gran independencia de Roma a los eclesiásticos franceses, a la vez que los hacía más dependientes de la monarquía francesa. En particular, los eclesiásticos no tardarían en aprobar reglamentos por los que parte de las anatas (el dinero que pagaban al Papa) se destinara a financiar al Estado y no a la Iglesia.

La pragmática sanción era un paso más en una tendencia de la Iglesia francesa conocida como galicanismo. Sus orígenes se remontan al triunfo de Felipe IV sobre el Papa Bonifacio VIII que, junto con el periodo de Aviñón y el cisma de Occidente, contribuyeron a consolidar de hecho la autonomía de la Iglesia gala, cuando no su dominio sobre la Iglesia romana. El galicanismo tendía a convertir en una cuestión de derecho esta cuestión de hecho. Los teólogos franceses estaban elaborando un derecho galicano que no reconocía como ley los cánones y decretos papales si éstos no eran aprobados por los sínodos de la Iglesia de Francia.

Los príncipes electores proclamaron emperador a Alberto II de Habsburgo (el duque Alberto V de Austria, heredero del emperador Segismundo).

Pedro Manrique fue trasladado como prisionero al castillo de Fuentidueña, de donde sus hijos lo ayudaron a escapar.

Alfonso Martínez de Toledo, más conocido por su cargo de arcipreste de Talavera (de Talavera de la Reina), terminó un libro al que quiso llamar Arcipreste de Talavera, pero, como ese título sólo se prestaba a confusiones, acabó siendo conocido como Corbacho, o Reprobación del amor mundano. Se divide en tres partes. La primera trata de la "reprobación del loco amor", la segunda de las "maldades y defectos del sexo femenino" y la tercera describe el carácter masculino en relación con los signos del Zodíaco y los planetas. En suma, Castilla puede considerarse la cuna de la psicología moderna.

El poeta valenciano Ausiàs March se había casado el año anterior con Isabel Martorell, la cual tenía una hermana llamada Damieta, que por esas mismas fechas fue deshonrada por un primo suyo, Joan de Monpalau, que había incumplido su promesa de casarse con ella. Ambas hermanas tenían a su vez un hermano, llamado Joanot Martorell, de treinta y tantos años, que a la sazón se encontraba en Londres y desde allí desafió por escrito a su primo. El propio rey Enrique VI se prestó a arbitrar el duelo, pero a Monpalau no le vino bien pasarse por Londres y el asunto se resolvió con una compensación económica. Enrique VI prestó a Martorell un manuscrito de una versión francesa de una novela titulada Guy de Warwich, que él tradujo al catalán con el título de Guillem de Vàroic.

De este año data el único cuadro fechado del maestro de Flémalle, y probablemente el más tardío de cuantos se conservan. Son las alas de un tríptico, cuya parte central se ha perdido. En ellos, la influencia de van Eyck es enorme, tanto por la perfección naturalista, muy superior a la de sus otras obras, como por la copia de la idea del espejo cóncavo que muestra dos personajes más en la escena, exactamente igual que en El matrimonio Arnolfini.

Ese año murieron:

Por motivos de alojamiento, en enero de 1439 el Papa Eugenio IV trasladó a Florencia el concilio de Ferrara, al que acudieron setecientos griegos, entre ellos el emperador Juan VIII, el Patriarca de Constantinopla, e incluso un representante del emperador Juan IV de Trebisonda. El 6 de julio se llegó a un acuerdo sobre la unión de la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, plasmado en la bula Laetentur coeli. No obstante, el pueblo bizantino, cuyas convicciones religiosas y odio a Occidente eran superiores a toda conveniencia política, rechazó mayoritariamente esta decisión. Tampoco la aceptó (puesto que no necesitaba nada de Occidente) el príncipe Basilio II de Moscú, que hizo encarcelar al metropolíta Isidoro (el máximo representante de la Iglesia en Moscú). Desde ese momento, la Iglesia Ortodoxa Rusa se independizó de la de Constantinopla. Mientras tanto, los cardenales que seguían reunidos en Basilea, dirigidos por el cardenal Luis Alemán, eligieron su propio Papa, el duque Amadeo VIII de Saboya, que adoptó el nombre de Félix V. Poco después cedió definitivamente el ducado a su hijo Luis, que pasó a ser así el duque Luis I de Saboya. 

Eugenio IV, de acuerdo con lo pactado con Juan VIII, predicó una cruzada contra los turcos, en defensa de Constantinopla.

Entre los asistentes bizantinos al concilio de Florencia estuvo Juan Bessarion, nacido en Trebisonda, al que Eugenio IV nombró cardenal y desde entonces permanecería en Italia. Fue un destacado humanista. Se dice que, ante una traducción de Las leyes, de Platón, realizada por Jorge de Trebisonda, dijo que contenía tantos errores como palabras.

Con el séquito del emperador había llegado también un curioso personaje. Se llamaba Jorge Gemisto Pletón, y había nacido en Constantinopla hacía ochenta y cuatro años. De joven había viajado por Oriente, y después se estableció en donde había estado la antigua Esparta. Allí inventó una nueva religión, que no era sino una mezcla de mazdeísmo, paganismo y filosofía platónica. El sumo hacedor es Júpiter, creador de las ideas o dioses secundarios, de los que nacen los planetas, de los que a su vez surgen los demonios y así, tras una larga cadena, se llega a los hombres, los animales y las plantas. Inexplicablemente, no logró ningún adepto para sus creencias, pero en Florencia logró convencer a Cosme de Médicis de la importancia de la metafísica de Platón. Gemisto terminó de preparar a Marsilio Ficino, el hijo del médico del mecenas, que había sido educado especialmente en filología griega para realizar traducciones de los antiguos.

Los hermanos Jean y Gaspard Bureau mejoraron sustancialmente la artillería francesa, tanto en el diseño de los cañones como en la calidad de la pólvora. Carlos VII comprendió la importancia de la artillería y dio orden a los comandantes de los ejércitos de que trataran con respeto a los artilleros, e incluso a los cañones, aunque los artilleros fueran generalmente de origen plebeyo. La primera muestra de la eficacia de la nueva artillería se vio en el asedio de Meaux. Sus murallas habían resistido durante meses el asedio de Enrique V casi dos décadas atrás, pero ahora sucumbieron rápidamente ante los cañones franceses. Juan de Orleans dejó de ser conocido por su nacimiento extramarital al recibir el título de conde de Dunois.

Los infantes de Aragón habían logrado aunar a los principales linajes de la nobleza castellana contra Álvaro de Luna, que fue desterrado de la corte por segunda vez, y se retiró a Escalona.

El rey Alfonso V de Aragón seguía combatiendo en y por el reino de Nápoles, aliado con el duque de Milán, Felipe María Visconti. Algunas ciudades del norte de Italia (Venecia, Génova, Florencia y Ferrara), recelosas del poderío milanés, formaron una alianza contra el duque, en cuyas acciones participó el señor de Rímini, Sigismondo Pandolfo Malatesta, que se había convertido en un experto condotiero. Mandó construir en Rímini una poderosa ciudadela conocida como la Rocca malatestiana.

El duque Ranieri II de Atenas fue derrocado por su hermano Antonio I.

Ese año murió el duque Federico IV de Austria, cuyo hijo Segismundo I, de doce años, además del título ducal que se arrogaban entonces casi todos los Habsburgo, heredó el condado del Tirol. El emperador Alberto II murió en Hungría, mientras trataba de someter el país. Dejó una hija de dos años, llamada Isabel, y un hijo póstumo, que recibió el nombre de Ladislao I, teóricamente rey de Hungría y de Bohemia y duque de Luxemburgo, aunque Ladislao III de Polonia no tuvo dificultad en apoderarse de Hungría en 1440. Contó para ello con el apoyo del Papa, pues se comprometió a dirigir la cruzada contra los turcos.

Al frente de la casa de Habsburgo estaba ahora el duque Federico V, sobrino de Federico IV, que no tardó en convertirse en el emperador Federico III. El ducado de Luxemburgo siguió gobernado por Isabel de Görlitz, mientras que Bohemia quedó a merced de la nobleza, que seguía dividida entre católicos y husitas. En Lituania fue asesinado el gran duque Segismundo, y el ducado pasó a Casimiro, hermano de Ladislao III.

Por si el Papa Eugenio IV no tenía bastantes problemas, el humanista Lorenzo Valla (entonces secretario del rey Alfonso V de Aragón) publicó su De falso credita et ementita Constantini donatione declamatio, en la que, mediante el análisis filológico, demuestra la falsedad de la donación de Constantino, en la que se fundamentaba el poder temporal del papado. La reacción de Eugenio IV fue insólita, pues en lugar de excomulgar a Valla lo nombró oficial de la curia romana, y es que Eugenio IV es el primer Papa renacentista con que contó la Iglesia. (En realidad pocos tenían ya por auténtica la donación de Constantino. El interés del trabajo de Valla eran sus argumentos filológicos.)

Jorge Gemisto partió de Florencia de vuelta a Morea. Durante su estancia en Florencia había escrito dos libros: el Tratado sobre las leyes (en el que trata de la fatalidad y el libre albedrío) y la Diferencia entre Aristóteles y Platón, donde presenta a Aristóteles como ateo e inmoral, mientras que Platón es un teólogo modelo. Marsilio Ficino empezó a traducir las obras de Platón, bajo la supervisión de Cosme de Médicis, que ese mismo año fundó la Academia Platónica de Florencia, una sociedad de eruditos que se reunían periódicamente para discutir temas literarios. Vespasiano da Vesticci, un contemporáneo de Cosme de Médicis, lo describe así:

Cuando hablaba con un erudito, Cosme de Médicis manifestaba saber casi tanto de literatura como de negocios; con los teólogos discurría de teología, y con los músicos y astrólogos de música y astrología. En arquitectura era un experto consumado, y lo mismo en pintura y escultura.

Desde hacía cinco años residía en Florencia un pintor llamado Domenico Veneziano, natural de Venecia, como su nombre indicaba. Tendría ahora sobre los cuarenta años, y estaba trabajando en unos frescos para el coro de la iglesia de san Egidio, que actualmente se han perdido. Entre sus ayudantes se encontraban un joven de veinte años llamado Piero della Francesca, que había llegado a Florencia el año anterior, y otro de quince, llamado Alessio Baldovinetti.

Un anónimo Maestro di Prato pintó un hermoso mural sobre la Natividad de la Virgen en la catedral de Prato. Se especula sobre la posibilidad de que el autor sea Paolo Uccelo, aunque tiene diferencias estilísticas notables con otras obras de este autor. La escena tiene fallos de perspectiva, pero muchos de ellos solo se aprecian tras una observación minuciosa, lo que se interpreta como que el pintor planeó la escena de forma intuitiva, aunque con gran acierto. Los detalles no llegan a la perfección de la escuela flamenca, pero se asemejan.

Donatello terminó su David en bronce, para el palacio de los Médicis. Es el primer desnudo en bronce desde la Antigüedad Clásica.

Un teólogo alemán llamado Nicolaus Krebs, aunque es más conocido como Nicolás de Cusa, publicó ese mismo año De docta ignorantia, que puede considerarse la primera teoría del conocimiento moderna. Distingue varios grados de conocimiento: el de los sentidos, el de la razón, el del intelecto, la contemplación intuitiva. La realidad es contradictoria y sólo Dios supera todas las contradicciones.

Hacía seis años que se había establecido en Estrasburgo un alemán nacido en Maguncia con una gran vocación empresarial. Se llamaba Johannes Gensfleisch, pero era más conocido como Johannes Gutenberg. Junto a tres socios, se había interesado en un primer momento por la talla de piedras preciosas, después se pasó a la fabricación de espejos, pero en los dos últimos años andaba metido en una empresa que mantuvo en riguroso secreto. Ahora tendría algo más de cuarenta años.

Fernán Pedraza conquistó la isla de Gomera, en el archipiélago de las Canarias, con lo que Castilla dominaba ya todas las islas menores, y sólo quedaban sin conquistar La Palma, Gran Canaria y Tenerife.

El renacimiento
Índice Los aztecas y los incas