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El interés por los clásicos griegos y latinos se habia convertido en una pasión en el incipiente círculo intelectual italiano. Un florentino llamado Gianfrancesco Bracciolini, más conocido como Poggio, se dedicaba desde hacía tiempo a la caza y captura de manuscritos. Su primer descubrimiento fue el De rerum natura, de Lucrecio, catorce años atrás. En una carta explica cómo descubrió un manuscrito de Quintiliano en la abadía de San Gall, en Suiza:

El monasterio de San Gall queda a unas veinte millas de distancia de la ciudad. Fui allí en parte para distraerme, en parte para ver si había libros. En la biblioteca, llena de polvo y suciedad, encontré el texto de Quintiliano entero y en buen estado. Los libros estaban en la sala baja de una torre oscura y húmeda que debió de haber servido de cárcel en la Edad media. [...] Magnífico, pulcro, elegante y urbano, Quintiliano no  podría haber resistido mucho más tiempo la prisión en que le habían encerrado, ni la salvaje injuria de sus carceleros, ni la bajeza del lugar.

Poggio copió el manuscrito en treinta y dos días, y luego se lo envió al canciller florentino Leonardo Bruni, que le dio las gracias en una carta en la que se leen párrafos como éste:

Como Camilo fue llamado el segundo fundador de Roma, vos podéis recibir el título de segundo autor de estos libros que habéis descubierto. Gracias a vos, tenemos ahora a Quintiliano completo; antes poseíamos sólo la mitad del texto, y aun corrompido y defectuoso. ¡Oh, preciosa adquisición!

Un florentino llamado Palla Strozzi es considerado el primer mecenas italiano. Por esta época tenía ya casi sesenta años y protegía a un grupo de estudiosos, uno de los cuales dice de él:

[...] Envió a buscar a Grecia infinidad de volúmenes que antes no teníamos. A él debemos que se haya salvado la Cosmografía de Ptolomeo, con el mapa o pintura que lo ilustraba. Asimismo nos procuró las Vidas completas de Plutarco, y una copia íntegra de Platón. La Política de Aristóteles no se encontraba en Italia hasta que Palla Strozzi la envió a buscar. [...] Apasionadísimo por los libros, micer Palla mantenía copistas en su casa, y con ellos fundó la más notable librería en Santa Trinidad, que estaba en el centro de Florencia y era accesible a todo el mundo.
Uno de los protegidos por Palla Strozzi era Francesco Filelfo, que, después de fracasar en su intento de vender sus manuscritos griegos en Venecia y en Bolonia, consiguió venderlos en Florencia, pero poco después se peleó con Poggio y abandonó la ciudad. Llevó una vida errante por Italia, enseñando latín y griego.

Otro florentino, llamado Niccoló de Niccoli, llegó a reunir unos ochocientos libros, probablemente la mayor biblioteca particular del siglo XV. Entre ellos estaba un libro con siete tragedias de Sófocles y seis de Esquilo. Quiso vivir como un antiguo. Vestía una túnica púrpura y comía en platos y vasos antiguos. Su afán por propagar el conocimiento de los clásicos era tal que cuando murió se averiguó que tenía prestados más de doscientos volúmenes de su biblioteca. Sus manuscritos fueron comprados por Cosme de Médicis, y constituyeron el núcleo inicial de su biblioteca. Estos manuscritos fueron catalogados por Tommaso Parentucelli, que había sido maestro de los hijos de Palla Strozzi. Al catálogo, Parentucelli añadió los títulos que hubiera deseado adquirir para completar la colección, y esta lista sirvió de referencia para formar futuras bibliotecas.

Hacía ya un tiempo que un joven romano llamado Lorenzo Valla daba clases de filosofía y filología en Pavía. En 1431, a la edad de veinticuatro años, escribió De uoluptate, un tratado en el que demostraba que el cristianismo concuerda con las aspiraciones más profundas de la naturaleza humana.

Hay que destacar la mención que Poggio hace en su carta a la Edad Media. Fue por esta época cuando empezó a distinguirse entre la Edad Antigua, en la que floreció la cultura grecorromana; la Edad Media, el paréntesis oscuro en el que la barbarie extinguió la cultura; y la Edad Moderna, en la que la cultura antigua estaba siendo rescatada y continuada. A pesar de que Poggio la dé por terminada, los historiadores consideran más adecuado incluir en la Edad Media algunas décadas más, pues la explosión cultural que se estaba produciendo en Italia es sólo uno de los rasgos que distinguirán la Edad Moderna del periodo medieval (entendiendo, por supuesto, que esta división sólo es aplicable a la historia de Occidente), y las otras transformaciones de corte político, económico, social, etc. todavía estaban por llegar o por consolidarse plenamente. La revolución artística y cultural que estaba viviendo Italia es conocida como el Renacimiento italiano, expresión acuñada también en la época y que podemos convenir que empieza con el siglo o, si queremos ser más precisos, con las primeras obras de Brunelleschi y Donatello. Más amplio es el concepto de humanismo, que describe el interés naciente por todo lo humano (la filosofía, las lenguas clásicas, el arte, la literatura romántica, etc.) por oposición a la estrechez intelectual de la Edad Media, que hacía de la teología la única disciplina digna de estudio, y que convertía en hereje potencial a cualquiera que se dejara llevar demasiado por los autores paganos. El humanismo se inició en Italia en el siglo precedente, en el periodo conocido como el trecento italiano, y sus figuras más destacadas son, por supuesto, las de Dante, Petrarca y Bocaccio.

Por esta época, Donatello y Michelozzo realizaron un viaje a Roma (el segundo para Donatello). Si Brunelleschi y Donatello habían sentado las bases de la arquitectura y la escultura renacentistas creando un estilo bien diferenciado del gótico, la evolución en la pintura iniciada por Masaccio fue más vacilante. El pintor italiano más famoso de la época conservaba en sus obras las características esenciales de la pintura gótica. Se llamaba Guido di Pietro, y tenía ahora unos treinta años; cuando ocho años atrás ingresó en el convento de San Domenico de Fiesole cambió su nombre por Fra Giovanni da Fiesole, aunque su fama de pintar como los ángeles le valió el sobrenombre de Fra Angélico. Sus primeras obras son muy conservadoras (plenamente góticas), pero su estilo experimentó pronto una evolución, tal vez como consecuencia de su contacto con Zanobi Strozzi, un destacado miniaturista llegado al convento de Fiesole el año anterior. Su pintura conservó las características del gótico (figuras planas, predominio del dibujo sobre el color, personajes rígidos en poses artificiales, etc.), pero Fra Angélico supo aprovechar al máximo sus posibilidades expresivas. Ahora trabajaba en una de sus obras más conocidas: La anunciación. En ella se aprecian algunos elementos "modernos", como los detalles arquitectónicos y del paisaje, aunque la perspectiva es más bien defectuosa.

Entre tanto, Netzahualcóyotl, el hijo del rey tepaneca Ixtlilxóchitl, que había sido expulsado de Texcoco por el rey chichimeca Tezozómoc hacía más de una década, se había aliado con los aztecas y otros tributarios de su padre, con ayuda de los cuales logró entrar de nuevo en Texcoco. Se formó entonces la llamada cuádruple alianza entre las ciudades de Texcoco, Tenochtitlan, Cuautitlán y Huetxotzinco contra Maxtla, el rey chichimeca.

Los siameses de Ayuthia se apoderaron de Angkor, la saquearon y se llevaron prisioneros a sus habitantes.

En Valaquia, tras años de luchas y de alternancia en el poder, el príncipe Dan II se había impuesto cuatro años atrás a su rival Radu II. Ahora moría y era sucedido por Alejandro I.

El emperador Segismundo, viendo cada vez más debilitada su autoridad sobre los príncipes alemanes, marchó a Milán, donde fue coronado como rey de Italia, y luego empezó a entablar conversaciones con el Papa Eugenio IV para ser coronado como emperador en Roma.

Álvaro de Luna dominaba ahora Castilla, y para conseguir algo de prestigio decidió atacar al reino de Granada, donde obtuvo la victoria de La Higueruela.

El duque Luis III de Anjou y de Calabria se casó con Margarita, hija del duque Amadeo VIII de Saboya.

Ese año murió el duque Carlos I de Lorena, cuya heredera era su hija Isabel, pero el duque Felipe III de Borgoña apoyó a un candidato rival, Antonio de Vaudémont, que derrotó en Bulgnéville a Renato de Anjou, el marido de Isabel, y lo envió prisionero a la corte de Felipe III. Fue liberado en 1432, tras dejar como rehenes a sus hijos Juan y Luis.

El vóivoda Alejandro I de Moldavia se había declarado vasallo de Polonia, pero ahora se había unido a los lituanos para atacarla. El rey Ladislao II reaccionó y Alejandro I fue derrotado y muerto. Sus hijos se declararon vasallos de Ladislao II y empezaron a luchar entre sí por el gobierno de Moldavia.

Un cardenal italiano llamado Nicola Albergati había estado en Flandes en misión diplomática el año anterior, y allí, el pintor Jan van Eyck hizo un esbozo de su retrato, que ahora convertía en una pintura al óleo, tal vez el primer retrato de "calidad fotográfica" del que tenemos constancia. El esbozo preliminar lleva notas escritas por el pintor con observaciones sobre el color que debería tener la versión final: die nase sanguynachtich (la nariz algo sanguínea), die lippen zeer witachtich (los labios muy blanquecinos), etc.

Ese año van Eyck terminó también la que quizá sea su obra más ambiciosa: el retablo del Cordero Místico, en la catedral de San Bavón, articulado en veinte tablas de roble, ocho de las cuales (las de las alas) están pintadas por ambas caras. Desplegado mide 3.50 x 4.61 metros, algo insólito en el arte flamenco, dado a las miniaturas. Una inscripción afirma que el retablo fue iniciado por Hubert van Eyck, pintor no superado por nadie, y terminado por Jan, segundo en el arte. Poco se sabe de este hermano de Jan van Eyck, que había muerto seis años atrás. No existe ninguna pintura que se le pueda atribuir con seguridad. Las imágenes del retablo, siguiendo un complejo programa, probablemente trazado por un erudito teólogo, recorren un amplio abanico de motivos, y todas ellas se caracterizan por un meticuloso realismo, donde la vista no detecta el menor toque del pincel. El único defecto que puede señalarse es que van Eyck no domina la perspectiva, y así, por ejemplo, en la escena de la anunciación, cabe esperar que cuando el ángel se vaya y la virgen se incorpore (en la escena está de rodillas), tendrá que salir de la habitación encorvada para no romper el techo.

También tiene esta fecha su óleo Hombre con tocado verde, que tal vez sea Gilles Binchois, que servía al duque Felipe III de Borgoña, y era uno de los compositores más famosos de la época, junto con otro borgoñón, de su misma edad (treinta y pocos años), llamado Guillaume Dufay. Éste vivía en Roma, donde disfrutaba del cargo de chantre de la capilla pontificia. Sus obras se basan en la técnica del contrapunto, que se convirtió en uno de los pilares de la música renacentista.

La pintura de van Eyck dista de la pintura gótica mucho más que la de cualquier pintor italiano del momento, por lo que se habla de un renacimiento flamenco, paralelo al italiano. Otra figura destacada de este movimiento artístico es la de Robert Campin, artista algo más de veinte años mayor de van Eyck, del que no se conserva ninguna obra, salvo que sea correcta la conjetura que lo identifica con el maestro de Flémalle, autor de varios óleos innovadores, aunque sin alcanzar la calidad de van Eyck. En su Anunciación, por ejemplo, los defectos de perspectiva son mucho más ostensibles. Un discípulo de Campin llamado Rogier van der Weyden, coetáneo de van Eyck, ingresó ese año en el gremio de pintores.

En Rímini murió Galeotto Roberto Malatesta, que fue sucedido por su hermano de quince años Sigismondo Pandolfo.

También murió el rey Jano de Chipre, que fue sucedido por su hijo Juan II.

Los marinos portugueses estaban explorando el océano atlántico en busca de nuevas tierras. Una expedición dirigida por Gonçalvo Velho Cabral llegó a unas islas situadas a unos mil quinientos kilómetros de la costa portuguesa, más o menos a la altura de Lisboa, que al parecer figuraban en algunos mapas italianos. Las bautizó como las islas Azores, (halcones) por la abundancia de estas aves.

La guerra entre Castilla y Granada terminó cuando Álvaro de Luna depuso al rey Muhammad IX y lo sustituyó por un pariente llamado Yúsuf IV, nieto del rey Muhammad VI. No obstante, el nuevo rey murió a los seis meses, y Muhammad IX recuperó el trono.

La rebeldía de los infantes de Aragón Pedro y Enrique terminó cuando el primero fue capturado en octubre por el duque Pedro de Coimbra, que firmó con Juan II el tratado de Ciudad Rodrigo. Enrique se unió entonces a una expedición a Italia organizada por su hermano, el rey Alfonso V de Aragón, al que la reina Juana II de Nápoles había vuelto a nombrar heredero tras enfadarse con el duque Luis III de Anjou. El rey Juan II de Navarra también marchó con sus hermanos. Sin embargo, cuando Alfonso V llega a Nápoles, ya en 1433, se encuentra con que la reina Juana se había congraciado con Luis III y lo había vuelto a nombrar heredero. Alfonso V marchó entonces a Sicilia, desde donde se mantuvo a la expectativa de la política napolitana. Allí se reunió con su hermano Pedro, que fue liberado después de entregar al rey Juan II de Castilla las fortalezas rebeldes que le eran fieles. Alfonso V lo nombró virrey de Sicilia. Los turcos atacaron la isla de Rodas, y la flota aragonesa colaboró en su defensa. La isla estaba en manos de los hospitalarios, y el gran maestre de la orden en aquel momento era el catalán Antón Fluvià.

El emperador Segismundo confirmó a Juan Francisco Gonzaga el título de marqués de Mantua que Venceslao IV le había concedido a su padre.

Jan van Eyck terminó su retrato El hombre del turbante, que, por primera vez en la historia de la pintura, aparece mirando directamente al espectador. No es descabellada la hipótesis de que se trate de un autorretrato.

Enrique de Villena escribió el Arte de trovar, en el que introduce en castellano las técnicas y procedimientos poéticos de los provenzales.

Ese año murió en prisión el conde de Urgel Jaime II el Desventurado.

También murió el rey Juan I de Portugal, que fue sucedido por su hijo Duarte. Por esta época, las islas Madeira contaban ya con una colonia portuguesa de unos ochocientos habitantes, y producía cada año una cosecha de unos quinientos quintales de caña de azúcar, cultivo importado de Sicilia, que resultó ser mucho más productivo en el clima de Madeira.

La cuádruple alianza acabó con el rey Maxtla, y con él terminó el Imperio Tepaneca. Se formó entonces una triple alianza entre Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan (la principal ciudad tepaneca tras la destrucción de Azcapotzalco). Se acordó que Tlacopan se quedaría con una quinta parte de los impuestos y los botines de guerra, mientras que el resto se lo repartirían a partes iguales Tenochtitlan y Texcoco. Sin embargo, Tenochtitlan no tardó en imponerse sobre sus aliados, por lo que podemos hablar de un Imperio Azteca.

Segismundo de Luxemburgo logró finalmente que el Papa Eugenio IV lo coronara emperador en Roma el 31 de mayo. El Papa se había desentendido del concilio de Basilea, pero ahora Segismundo se presentó en él en su nombre. Allí tuvo éxito negociando con los husitas, y el 30 de noviembre los moderados aceptaron los llamados compactata, que concedían a los husitas la libertad de predicación, el uso del cáliz por los laicos, la supresión de los bienes temporales de la Iglesia y la aplicación de penas para los pecados mortales. Ya de paso, Segismundo convocó una dieta en Basilea en la que trató de que los príncipes del Imperio aprobaran una serie de reformas políticas, conocidas como la Restauratio Sigismundi, de las cuales sólo se puso en práctica unos pocos artículos relativos a los tribunales. El Papa, viendo los progresos que estaba haciendo el concilio, volvió a reconocer su legitimidad. Los husitas radicales de Tabor no aceptaron los acuerdos de Basilea, pero en 1434 fueron derrotados en Lipany por una coalición de católicos y husitas moderados. Prokov el Grande murió en la batalla.

El príncipe Enrique el Navegante había decidido dar prioridad en sus empresas a la exploración de la costa occidental africana. Empezó a preparar una expedición tras otra, un año tras otro. La de ese año, capitaneada por Gil Eannes, llegó a doblar el cabo Bojador, ligeramente más al sur que las Canarias. La bruma y los vientos lo habían convertido hasta entonces en una barrera infranqueable.

Una revuelta en Roma, instigada por los Colonna, obligó al Papa Eugenio IV a huir a Florencia. El año anterior, el florentino Rinaldo Albizzi había hecho condenar al exilio a Cosme de Médicis, acusado de malversación de fondos públicos, pero su excesivo autoritarismo hizo que varios partidarios de Cosme fueran elegidos para el consejo de gobierno, y éstos hicieron que Cosme regresara a la ciudad, al tiempo que Rinaldo era desterrado. Cosme entró triunfalmente en Florencia, y se convirtió en el hombre más prestigioso de la ciudad. Inició una política de mecenazgo a gran escala, que le enfrentó a Palla Strozzi y se las arregló para confiscarle sus bienes. El viejo Strozzi se marchó a Padua, donde, a sus sesenta y un años, todavía fue capaz de crear un círculo de helenistas. Su hijo Filippo marchó a Nápoles, donde fundó una banca.

Entre los protegidos de Cosme de Médicis estuvo el escultor Donatello, que a la sazón había terminado su Anunciación, un altorrelieve en mármol con dorados, y estaba trabajando en la Cantoría, la tribuna de los cantores en la catedral de Florencia. En la pared de enfrente esculpía una tribuna similar un florentino de treinta y tantos años llamado Luca della Robbia, aunque los estilos de ambos artistas eran antagónicos: la cantoría de della Robbia rebosa clasicismo, mientras que la de Donatello es sorprendentemente alegre y desenfadada, con unos ángeles bailando festivamente.

Mientras tanto Jan van Eyck terminaba El matrimonio Arnolfini, un retrato de cuerpo entero de un comerciante italiano residente en Brujas, llamado Giovanni Arnolfini, junto a su esposa Giovanna Cenami, hija de otro mercader italiano. En la pared del fondo, entre los dos esposos, un pequeño espejo redondo y convexo refleja en una reducida imagen curva, de extraordinaria precisión, la escena vista desde atrás, y en ella aparecen dos figuras adicionales, una de las cuales, en la puerta del dormitorio, es el propio pintor (sobre el espejo está su firma: Johannes de eyck fuit hic, Jan van Eyck estuvo aquí) y la otra es el propio espectador del cuadro.

La ciudad de Angkor, que había llegado a ocupar unos cien kilómetros cuadrados, fue abandonada poco después de haber sido saqueada por los siameses. Chau Ponhea Yat, el hijo del monarca de Angkor asesinado por los siameses, fundó una nueva capital más al norte, Phnom Penh, originando así el reino de Camboya, sucesor del de Angkor.

La guerra contra Holstein en la que se había embarcado el rey Erik de Dinamarca, Suecia y Noruega, había terminado en un gran fracaso, lo que dio lugar a elevados impuestos y al descontento general. Este descontento fue mayor en Suecia, pues el rey trataba de apoyarse principalmente en funcionarios daneses. Finalmente, los propietarios de las minas de Dalecarlia (la región situada al norte de Estocolmo), viendo que no podían exportar su hierro, se rebelaron bajo la dirección de un escudero llamado Engelbreckt. Aunque empezó dirigiendo partidas de campesinos, pronto se le unieron nobles deseosos de librar a Suecia del dominio danés.

El duque Amadeo VIII de Saboya se retiró a un monasterio y dejó el gobierno de su estado en manos de su hijo Luis, en calidad de lugarteniente, aunque en la práctica dirigió sus decisiones más relevantes. El año anterior, Luis se había casado con Ana de Lusignan, hija del rey Juan II de Chipre.

Ese año murió el duque Juan I de Borbón, que fue sucedido por su hijo Carlos I. Su segundo hijo, Luis I, heredó de su madre el condado de Montpensier.

En Madrid murió el escritor Enrique de Villena. Una gran parte de su obra fue quemada poco después, pues tenía fama de mago y hechicero. Aun así, se ha salvado, por ejemplo, su Tractado de aojamiento o fascinología, además de otras obrar más "inocentes", como varias traducciones de Virgilio, Cicerón, La divina comedia de Dante, etc., o algunas obras originales, como su Arte cisoria, un tratado culinario y de comportamiento en la mesa.

En Polonia murió el rey Ladislao II Jagellón, que fue sucedido por su hijo de diez años Ladislao III.

En Rusia murió Yuri Dimitrievich, el tío y rival del gran príncipe Basilio II de Moscú. Sus hijos Basilio Yurievich y Dimitri Shemiaka continuaron la lucha contra su primo.

También murió sin descendencia (a los treinta y un años de edad) el duque Luis III de Anjou y de Calabria. En su testamento legaba sus posesiones, incluidos sus derechos sobre el reino de Nápoles a su hermano Renato, (con excepción del condado del Maine, que lo heredó su otro hermano Carlos). La reina Juana aceptó esta voluntad, lo que llevó al emperador Segismundo a reconocer a su vez a Renato como legítimo duque de Lorena, y esto a su vez llevó al duque Felipe III de Borgoña a encarcelarlo de nuevo. Así, cuando la reina Juana murió en 1435, Renato no tuvo ocasión de marchar a Italia a hacerse cargo del reino de Nápoles, y el rey Alfonso V de Aragón consideró que había llegado el momento de pasar a la acción. Asedió la ciudad de Gaeta, pero una flota de quince naves genovesas, aliadas de Renato, se presentó en su defensa. Ambos bandos libraron entonces una batalla junto a la isla de Ponza, donde Alfonso V fue estrepitosamente derrotado y hecho prisionero por el duque de Milán, Felipe María Visconti. Otros muchos caballeros corrieron su misma suerte, entre ellos sus hermanos Juan y Enrique. María de Castilla, la esposa de Alfonso V, convocó las cortes en Monzón para obtener dinero con que pagar el rescate del rey, y logró que se prolongara la tregua con Castilla. Ese año murió Leonor de Alburquerque, la madre de Alfonso V.

La captura del rey causó gran conmoción en la Corona de Aragón. Íñigo López de Mendoza compuso la Comedieta de Ponza, un poema de carácter alegórico y moral sobre la mutabilidad de la fortuna, en el que se describe brevemente la batalla naval.

Jorge de Trebisonda tradujo la Retórica de Aristóteles, aunque no hacía falta saber mucho griego para sospechar que la traducción no era muy literal: en ella Aristóteles cita a Cicerón.

Parecía que el Papa Eugenio IV no iba a poder regresar a Roma durante algún tiempo, así que su séquito se reunió con él en Florencia. Entre otros llegaron el compositor Guillaume Dufay, que reanudó allí sus funciones de chantre pontificio, y también el canciller pontificio Mulin, que llevó consigo a su secretario, un genovés de treinta y un años llamado Leon Battista Alberti, que acababa de publicar su De pictura, uno de los tratados en los que empieza a cobrar forma la teoría renacentista sobre la pintura y el arte en general

La función del pintor consiste en circunscribir y pintar sobre una tabla o pared mediante determinadas líneas y colores la superficie visible de algún cuerpo, de suerte que, visto a una cierta distancia y desde un determinado ángulo, lo representado aparezca en relieve y tenga la apariencia del cuerpo.

Alberti destaca la importancia de la formación del artista:

Yo deseo que el pintor sepa todo lo posible acerca de todas las artes liberales, pero deseo, sobre todo, que sea versado en geometría. Soy del parecer de Pánfilo, muy antiguo y muy ilustrado pintor, que enseñaba a los jóvenes nobles los primeros elementos de la pintura, de que nadie llegaría a ser un buen pintor si ignoraba la geometría.

Por otra parte, comprende que no puede confiarse únicamente al cálculo geométrico el efecto espacial, sino que no menos importante es el buen uso del color, que ha de ser diferente en los objetos cercanos y en los lejanos:

Yo creo que la causa de esto se encuentra en el hecho de que los rayos, al pasar a través del aire denso, pierden algo de su masa de luz y de color. De aquí nosotros derivamos la regla siguiente: cuanto mayor es la distancia, tanto menos intensa y sin luz aparecerá la superficie observada.

Estos preceptos tardarían aún cierto tiempo en calar en los pintores italianos. De momento, las creaciones de Fra Angélico, como La anunciación (que acababa de terminar) o El juicio final, de Santa Maria degli Angeli, en Florencia, habrían horripilado al teórico genovés. En los últimos años habían surgido algunos nuevos autores, como Paolo di Dono, más conocido como Paolo Uccello (de treinta y ocho años) o Filippo Lippi (de veintinueve), cuyas primeras obras son esencialmente góticas. En cambio, le habrían satisfecho las obras del flamenco Rogier van del Weyden, que terminaba por aquel entonces su Descendimiento de la cruz y su Anunciación, en las que se combinan las técnicas pictóricas de van Eyck con la expresividad del maestro de Flémalle.

La última creación de van Eyck era heterodoxa en otro sentido: representa a la virgen María con su hijo en brazos y un ángel sosteniendo una corona sobre su cabeza (hasta aquí todo normal) y ante ella, en actitud de oración, uno de los "patrocinadores" del pintor: Nicolás Rolin, canciller de Borgoña y Brabante. El cuadro se titula La Virgen del canciller Rolin. Van Eyck es autor de otros cuadros modernos para su época que, por desgracia, se han perdido, como los titulados Baño de mujeres o Mujer en su toilette, los primeros desnudos profanos en el arte europeo.

Por su parte, Rogier van der Weyden pintó el Descendimiento de la Cruz, un tríptico del que sólo se conserva la parte central, pintado para la capilla del gremio de ballesteros en la iglesia de Nuestra Señora Extramuros de Lovaina. El cuadro simula ser un conjunto escultórico situado en una hornacina. Los personajes, de un realismo inusitado, reflejan perfectamente sus distintos estados anímicos. También data de esta época su Anunciación, un óleo cuyo planteamiento recuerda a van Eyck.

También China estaba viviendo su propio renacimiento, después de haberse recuperado del yugo mongol. Las piezas de porcelana Ming son hoy en día cotizadas obras de arte. Ese año moría el eunuco musulman Zheng He, que había dirigido grandes expediciones marítimas formadas por decenas de barcos, algunos de hasta ciento cuarenta metros de eslora, en las que participaban más de veinte mil hombres, y que llegaron hasta la India y la costa oriental de África. Su finalidad era principalmente comercial, pero también diplomática, pues todas ellas tenían carácter oficial.

Juana de Arco
Índice El concilio de Florencia