HISTORIA











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EL COMPROMISO DE CASPE

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En 1406 se inició una guerra entre Castilla y Granada. Las fuentes castellanas dicen, naturalmente, que fue Granada quien la declaró, si bien el reino nazarí atravesaba un periodo de decadencia cultural y no tenemos ningún testimonio que nos dé su versión de los hechos. El caso es que el infante Fernando de Trastámara, hermano del rey Enrique III, dirigió una campaña en el sur, al tiempo que la flota castellana desbarataba la escuadra de los sultanes de Túnez y Tremecén. El rey de Sicilia, Martín el Joven, conquistó la isla de Gelves, junto a las costas de Túnez. El 1 de octubre Fernando tomó la ciudad de Zahara.

El 25 de diciembre murió Enrique III el Doliente. Los cronistas le contabilizaron unas ochenta dolencias en sus veintisiete años de vida (tifus, viruela, fracturas, etc.). Dejó un hijo de un año, que pasó a ser el rey Juan II de Castilla. Las cortes eligieron como regentes a su madre, Catalina de Lancaster, y a su tío Fernando. Pronto surgieron rencillas entre ambos, en parte motivadas por discusiones sobre quién era el Papa. En abril de 1407 decidieron repartirse geográficamente el gobierno del reino.

En Granada murió el rey Muhammad VII, y fue sucedido por su hermano Yúsuf III. Se conservan algunos versos suyos, más bien mediocres.

El rey Martín I de Aragón, que el año anterior había enviudado de María de Luna, se casaba ahora, a sus cincuenta y un años, con Margarita de Prades, nieta del conde Juan de Prades, que no tenía aún los veinte años cumplidos.

Jaime, el hijo del conde Pedro II de Urgel, se casó con Isabel, hermana del rey Martín I de Aragón.

En Mantua murió Francisco I, que fue sucedido por su hijo Juan Francisco Gonzaga, de doce años.

Ese año hubo un nuevo intento de reunir a los dos Papas, Benedicto XIII y Gregorio XII, esta vez en Marsella, pero una vez más se negaron a comparecer.

La muerte del duque Felipe II de Borgoña había dado el predominio al duque Luis de Orleans sobre el gobierno de Francia, especialmente sobre el tesoro real, y el nuevo duque, Juan sin Miedo, adoptó la estrategia de presentarse como reformador fiscal y defensor de la burguesía. Las tensiones aumentaron, hasta el punto de que el duque Juan de Berry creyó conveniente invitarlos a cenar e instarlos a que se prometiesen amistad. Así lo hicieron, pero su concepto de la amistad debía de ser muy peculiar, ya que la tarde del 23 de noviembre, cuando Luis se dirigía a su palacio desde el palacio del rey, él y su escolta fueron atacados de repente. El duque fue despedazado.

Por primera vez, Juan sin Miedo hizo honor a su sobrenombre y admitió abiertamente haber ordenado la muerte de Luis, para salvar al pueblo de Francia de impuestos injustos. Así se convirtió en el héroe de los comerciantes de París. La nobleza, en cambio, se volvió contra Juan y apoyó a Carlos, el hijo de Luis, que a sus dieciséis años se convirtió en el nuevo duque de Orleans. Su hermano Juan recibió en herencia el condado de Angulema. Entre los más enérgicos adversarios de Juan estaba el conde Bernardo VII de Armañac (un condado cercano a Tolosa), que estaba casado con Bona, la hija del duque Juan de Berry que había estado casada con el conde Amadeo VII de Saboya. El ducado de Luxemburgo, del que Luis de Orleans era usufructuario, regresó a manos de Josse, el margrave de Brandeburgo. Desde 1408, Juan sin Miedo dirigía a su antojo el consejo del rey.

La negativa de Benedicto XIII y Gregorio XII a entrevistarse y tratar de poner fin al cisma hizo que la cristiandad dudara de su buena fe. Se planteó entonces la vía conciliar, es decir, convocar un concilio que los depusiera a ambos. Esto era delicado, pues si no se planteaba adecuadamente podía sentar el precedente de que un concilio tenía más autoridad que el Papa, y nadie deseaba eso. En primer lugar se les propuso que ellos mismos nombraran un tribunal supremo a cuyo juicio se someterían, pero, ante la negativa de ambos, en junio se reunieron en Livorno seis cardenales romanos y seis de Aviñón, los cuales convocaron un concilio en Pisa para el año siguiente. La finalidad del concilio era decidir si los Papas, perturbadores de la unidad de la Iglesia, podían ser considerados herejes, en cuyo caso habrían dejado de ser Papas sin que fuera realmente el concilio quien los depusiera. Si Benedicto XIII sufría las presiones de Francia y Castilla, Gregorio XII tenía que vérselas con el rey Ladislao de Nápoles, que ese año ocupó Roma.

De este año data la primera obra independiente del escultor florentino Donato di Niccolo Betto Bardi, más conocido como Donatello. Se trata de un David en mármol.  Donatello tenía entonces veintidós años, y los años precedentes había estudiado con Ghiberti, para pasar luego a trabajar en la catedral de Florencia bajo la dirección de Nanni di Banco. Se había proyectado que la fachada de la catedral contuviera estatuas en mármol de los cuatro evangelistas. Nanni di Banco recibió el encargo del san Lucas y a Donatello se le encomendó el san Juan.

El condado de Habsburgo, que había permanecido en manos de una rama colateral de la familia, pasó a manos del duque de Austria Leopoldo IV el Orgulloso tras morir sin descendencia el último conde, Juan IV.

También murieron el escritor catalán Francesc Eiximenis y el conde Pedro II de Urgel, que fue sucedido por su hijo Jaime II.

El rey Martín I de Aragón envió a Cerdeña a su hijo Martín el Joven, el rey de Sicilia, al frente de una potente expedición militar con la misión de pacificar definitivamente la isla.

En 1409, el rey Enrique IV de Inglaterra estuvo finalmente en condiciones de enfrentarse seriamente a la revuelta de Owen Glendower en Gales.

El duque Juan de Borgoña se hizo nombrar preceptor del delfín Carlos, que tenía entonces seis años. Su hermano, el duque Antonio de Brabante y Limburgo se casó con Isabel de Görlitz, sobrina de los reyes Venceslao IV de Bohemia y Segismundo de Hungría.

El rey Tvrtko II de Bosnia trataba de mantener su independencia frente a Hungría, pero fue hecho prisionero y trasladado a Buda.

Tras la conversión de Lituania al catolicismo, la orten teutónica estaba en paz con el país, pero sus territorios privaban tanto a Polonia como a Lituania del acceso al mar y, ni los polaco-lituanos estaban satisfechos con este estado de cosas, ni los caballeros teutónicos habían perdido sus ambiciones expansionistas. Tarde o temprano tenía que estallar la chispa entre ambos estados, y la chispa estalló en forma de una revuelta en Samogitia, ciudad ocupada por los teutónicos.

Musa Celebi, un cuarto hijo del sultán otomano Bayaceto I, se apoderó de una parte del imperio de su padre, en Rumelia y se sumó a las disputas entre sus hermanos.

El emperador chino Yongle trasladó la capital a Pekín. La ciudad recuperó su antiguo esplendor. Yongle hizo construir la mayoría de los palacios que todavía pueden admirarse en la actualidad.

El budismo tibetano fue reformado por Tsong-Kha-pa, que fundó el monasterio de Dga-Ida y fundó la secta Dgelugs-pa.

El rey Martín I de Sicilia no había tenido hijos con su primera esposa, María de Sicilia; su segunda esposa, Blanca de Navarra le había dado un hijo, Martín, que había muerto a los pocos años de edad, de modo que el único descendiente del monarca era un hijo bastardo llamado Fadrique, hijo de una de sus amantes, Tarzia Rizzari. El 14 de abril, el Papa Benedicto XIII lo legitimó a instancias de su abuelo, el rey Martín I de Aragón.

Unas semanas antes había comenzado el concilio de Pisa, compuesto por medio centenar de eclesiásticos, y el 5 de junio decretó la deposición de los Papas Benedicto XIII y Gregorio XII. El 26 de junio veinticuatro cardenales eligieron un nuevo Papa en la misma ciudad de Pisa. Se trataba de trataba de un franciscano cretense de sesenta y nueve años llamado Petros Filargos, hasta entonces arzobispo de Milán y que adoptó el nombre de Alejandro V. Si el propósito del concilio de Pisa había sido que la Iglesia Católica dejara de tener dos Papas, su éxito fue completo, pues, ciertamente, desde ese momento la Iglesia Católica dejó de tener dos Papas... ahora tenía tres. En efecto, ni Benedicto XIII ni Gregorio XII acataron la decisión. El primero huyó de Francia y se instaló en Perpiñán, bajo la protección del rey Martín I de Aragón; el segundo también tuvo que ponerse a salvo del rey Ladislao de Nápoles, y se instaló en Rímini. Los florentinos, alarmados por el poder que Ladislao estaba adquiriendo, llamaron en su ayuda al duque Luis II de Anjou, el otro rey de Nápoles, que dejó Provenza por segunda vez con el propósito de conquistar la corona que pretendía.

El 30 de junio el rey de Sicilia Martín el Joven obtuvo la victoria de Sant Lluri, en la que aplastó al último gran ejército de los jueces de Arborea, en Cerdeña. Poco después cayó la ciudad de Oristano, que se había convertido en el núcleo de la rebelión sarda. El rey Martín ya no era tan joven como indicaba su sobrenombre (tenía treinta y seis años), y murió el 10 de julio, víctima de una súbita enfermedad. A pesar de que su hijo Fadrique había sido legitimado unos meses antes, el testamento de Martín I legaba el reino de Sicilia a su padre, el rey Martín I de Aragón. Fadrique heredó únicamente el condado de Luna, que Martín el Joven había heredado de su madre, María de Luna.

Por esta época estaba en Barcelona fray Vicente Ferrer, que seguía siendo partidario incondicional de Benedicto XIII. En los últimos diez años había recorrido el Delfinado, Saboya, Lombardía, Monferrato, el Piamonte, Suiza, Lyon, Génova, Flandes, Galicia, Sevilla, Toledo y el Rosellón, y se dice que su fama era tal que en Barcelona acudieron a escucharle unas veinticinco mil personas (cifra probablemente exagerada, si bien la ciudad debía de tener entonces unos treinta y cinco mil habitantes).

Ese año murió a sus veinte años Isabel de Orleans, la hija del rey Carlos VI de Francia a la que a los siete años habían casado con Ricardo II de Inglaterra, y a los diecisiete con el ahora duque Carlos de Orleans.

En México murió Techotlala, el rey de los chichimecas, que fue sucedido por su hijo Ixtlilxóchitl.

Jan Hus fue nombrado rector de la universidad de Praga. Su vocación reformista no se limitaba a la religión, pues se le atribuye un manual publicado en 1410 con el título de De orthographia Bohemica, que introdujo una reforma de la ortografía checa.

Ese año murió el Papa de Pisa Alejandro III, y como sucesor fue elegido un cardenal napolitano de cuarenta años llamado Baldassare Cossa, que adoptó el nombre de Juan XXIII. Mientras tanto, Benedicto XIII celebró un concilio en Perpiñán donde sus partidarios lo ratificaron como Papa.

El rey Martín I de Aragón, a sus cincuenta y cuatro años, se negaba obstinadamente a nombrar un heredero. Su pariente más próximo por línea masculina era el conde Jaime II de Urgel, a no ser que se reconociera la legitimidad de su nieto Fadrique, legitimidad proclamada el año anterior por un Papa cuya legitimidad era a su vez dudosa (Benedicto XIII), y con unas bases más que dudosas (pues Fadrique había nacido indiscutiblemente fuera del matrimonio). Parece ser que el monarca estaba preparando un acto solemne para que las cortes reconocieran esta legitimidad, para después proclamarlo heredero, pero el 31 de mayo le sorprendió la muerte antes de poder llevar adelante su plan.

Sus súbditos no veían con buenos ojos la candidatura de Fadrique, pero un sector importante tampoco quería a Jaime II, enemistado con un sector importante de la nobleza aragonesa (entre ellos el justicia mayor  y el gobernador de Aragón) y con la burguesía catalana, que lo veía como representante de la nobleza más conservadora. La mayor parte de los antiurgelistas apoyaban las pretensiones de la ex reina Violante de Bar (la viuda de Juan I), que intrigaba para que la sucesión pasara a su nieto Luis de Anjou, de siete años. Mientras el rey agonizaba estaban reunidas las cortes catalanas, donde los antiurgelistas eran mayoritarios, y enviaron una comisión a los aposentos del monarca para formularle la pregunta: "Señor, ¿os place que la sucesión de vuestros reinos y tierras recaiga en aquel a quien por derecho corresponda?" y dicen que el rey respondió "Hoc", que en latín significa "eso" o "sí". De este modo, las cortes catalanas acordaron disolverse para constituir un parlamento de todos los reinos de la Corona para estudiar y decidir a quién le correspondía la sucesión.

Entre los partidarios de Luis de Anjou estaba la reina Margarita de Prades, la viuda de Martín I. El duque Luis II de Anjou, el padre del joven Luis, seguía en Italia luchando contra el rey Ladislao de Nápoles, pero desde la muerte de Martín I se tituló rey de Aragón. En este río revuelto se sumaron dos pretendientes más a la corona: el infante Fernando de Trastámara, sobrino por parte de madre de Martín I, y el duque Alfonso de Gandía, hermano del conde Juan de Prades y nieto por línea masculina del rey Jaime II de Aragón.


También murió el emperador Roberto de Wittelsbach. El rey Venceslao IV de Bohemia trató entonces de recuperar el título imperial que Roberto le había arrebatado, pero se encontró con dos rivales: su hermano Segismundo, el rey de Hungría, y su primo Josse, el margrave de Brandeburgo. Ambos se arrogaron el título de rey de romanos.

Roberto de Wittelsbach era también el conde palatino del Rin. El Palatinado fue dividido entre sus cuatro hijos: Otón I heredó el Palatinado-Mosbach, Juan heredó el Alto Palatinado, Luis III heredó el Palatinado Electoral y Esteban heredó el Palatinado-Zweibrücken.

El 15 de julio el ejército del rey Ladislao II de Polonia y el duque Vytautas de Lituania se enfrentó al de los caballeros teutónicos cerca de Grunwald (Prusia). Los polacos contaban entre sus filas con algunos mercenarios checos y mongoles. Teóricamente, los caballeros teutónicos eran aliados de la casa de Luxemburgo, en particular, de los reyes Venceslao IV de Bohemia y Segismundo de Hungría. Sin embargo, a la hora de la verdad no recibieron ayuda alguna, pues los Luxemburgo estaban muy ocupados peleando entre ellos por el Imperio. Para colmo, los nobles y burgueses prusianos, vasallos de los teutónicos, llevaban ya mucho tiempo descontentos con la tiranía de la orden y habían constituido secretamente la liga de Lucertole. En mitad de la batalla, decidieron abandonar a los teutónicos, que fueron aplastados completamente. La mayoría de los dignatarios de la orden murió en la batalla, incluido el gran maestre, Ulrich von Jungingen. Las muertes se contaron por millares.

La tregua concertada entre Castilla y Granada había terminado unos meses atrás y el 24 de septiembre Fernando de Trastámara obtuvo una sonada victoria al tomar la ciudad de Antequera. A partir de entonces fue conocido como Fernando de Antequera.

El 25 de septiembre se reunió en Barcelona el parlamento catalán, como paso previo a la constitución del parlamento general que debía decidir la sucesión del rey Martín I. Sin embargo, su labor no sirvió de nada, pues las violentas luchas entre urgelistas y angevinistas impidieron la constitución de parlamentos similares en Aragón y en Valencia.

El duque Carlos de Orleans se casó con Bona, la hija del conde Bernardo VII de Armañac. Con el apoyo de los mercenarios gascones de su suegro, Carlos pudo recrudecer su oposición contra el duque de Borgoña, Juan sin Miedo, y Francia se vio envuelta en una guerra civil: los partidarios de Juan sin Miedo fueron conocidos como borgoñones, mientras que los partidarios de Carlos de Orleans eran los armañacs. Juan sin Miedo conservó el control sobre París, donde apoyó a la clase media, conducida por un carnicero llamado Simon Caboche. Los borgoñones reclamaban reformas,  la disminución de los impuestos y se quejaban de las malversaciones de los funcionarios; los armañacs querían reforzar las prerrogativas reales, el poder de los funcionarios y la eficacia de la administración.

Otros fallecimientos del año fueron el del duque Luis II de Borbón, que fue sucedido por su hijo Juan I;  el de Juan de Beaufort, el conde de Somerset, hermanastro del rey Enrique IV de Inglaterra, que fue sucedido por su hijo Juan, y el del poeta catalán Jaume March.

Pierre d'Ailly, teólogo francés, canciller de la universidad de París y confesor del rey Carlos VI de Francia, publicó un atlas que tituló Imago mundi (Imagen del mundo), en el que incluía hechos sobre la geografía del globo terrestre basados en los trabajos del geógrafo musulmán al-Fargani. En lo referente a las dimensiones de la Tierra, d'Ailly equiparó la unidad de medida que empleaba al-Fargani (las millas árabes) con las millas italianas, por lo que el tamaño la Tierra del Imago mundi es mucho menor que el establecido por al-Fargani, que a su vez ya era ligeramente menor que el real. En 1411 d'Ailly fue nombrado cardenal por el Papa Benedicto XIII.

Ese año murió Josse, el margrave de Brandeburgo, con lo que su primo Segismundo de Luxemburgo logró imponerse como emperador. Segismundo recuperó el margraviato de Brandeburgo, mientras que el ducado de Luxemburgo, del que Josse era usufructuario, pasó a Isabel de Görlitz. Su marido, el duque Antonio de Brabante y Limburgo, adoptó también el título de duque de Luxemburgo.

El escultor Donatello había estado trabajando en la catedral de Florencia, para la que realizó diversas esculturas. Allí conoció a Brunelleschi, y ambos viajaron a Roma, donde estudiaron la arquitectura y la escultura clásica.

La Orden Teutónica había estado a punto de desaparecer, pero uno de los caballeros que logró escapar de la derrota de Grunwald, llamado Heinrich von Plauen, resistió y obligó a negociar al rey Ladislao II de Polonia hasta que se firmó el tratado de Torun. Polonia consiguió el acceso al mar Báltico, y la Orden Teutónica tuvo que replegarse a Prusia.

Ese año murió el duque de Austria, Leopoldo IV el Orgulloso. El duque Alberto V, que representaba la línea primogénita de los Habsburgo, tenía aún catorce años, por lo que la rama leopoldina conservó su hegemonía, ahora bajo la dirección del duque Ernesto I, hermano de Leopoldo IV.

El Papa de Roma, Gregorio XII, se vio finalmente en la necesidad de aceptar la "protección" del rey Ladislao de Nápoles, lo que llevó al Papa de Pisa, Juan XXIII, a ofrecer indulgencias a quienes le ayudaran en una cruzada contra Ladislao. Por otra parte, Juan XXIII excomulgó a Jan Hus por sus denuncias contra los abusos de la jerarquía eclesiástica y éste, con el apoyo del rey Venceslao IV de Bohemia, respondió censurando las indulgencias y negando la legitimidad del Papa de Pisa. Sin embargo, la llamada a las armas de Juan XXIII tuvo éxito y, gracias a ella, el duque Luis II de Anjou pudo derrotar a Ladislao en Rocca Secca. Sin embargo, esta derrota no fue decisiva, y Luis II terminó abandonando Italia. De todos modos, la victoria de Rocca Secca le sirvió a Juan XXIII para entrar en Roma.

En Aragón continuaban las luchas entre urgelistas y angevinistas. Entre los principales partidarios del conde Jaime II de Urgel estaba Antón de Luna, uno de los mayores terratenientes de aragón. El 31 de mayo asesinó a García Fernández de Heredia, el arzobispo de Zaragoza, que se negaba a sumarse a la causa urgelista. Este asesinato fue hábilmente explotado por sus enemigos, que lograron que el Papa Benedicto XIII lo excomulgara. Esto supuso un serio revés para el urgelismo en Aragón. Antón fue excluido del parlamento y Fernando de Antequera envió tropas a Aragón con el pretexto de defender el arzobispado de Zaragoza. Si hasta entonces su candidatura no había tenido mucha relevancia, ahora empezó a aglutinar a los antiurgelistas, que valoraron sus dotes personales: su edad (no era un niño, como Luis de Anjou), su experiencia de gobierno (era regente de Castilla, donde gobernaba acertadamente), su decisión y su audacia. Además, como regente de Castilla disponía de grandes recursos, y era el único candidato capaz de imponerse al conde de Urgel (si contaba con el apoyo suficiente en la Corona de Aragón).

Fernando se instaló en Aillón, cerca de la frontera Aragonesa, donde recibió la visita del predicador dominico fray Vicente Ferrer, que en los dos últimos años había estado predicando por Valencia y Murcia. Fernando expresó a fray Vicente su convicción de que Benedicto XIII era el verdadero Papa e, inmediatamente, fray Vicente se convenció de que Fernando era el mejor monarca que podría tener la Corona de Aragón. Para tener las manos libres en Aragón, Fernando firmó un tratado de paz con el rey Juan I de Portugal.

Entonces hubo un nuevo intento de reunir los parlamentos de la Corona de Aragón. El de Cataluña se reunió en agosto en Tortosa, pero en Aragón los urgelistas convocaron un parlamento en Mequinenza y los antiurgelistas otro en Alcañiz; y lo mismo sucedió en Valencia: se formó un parlamento en Vinaroz y otro rival en Traiguera. A finales de año, el parlamento catalán decidió solicitar la intervención del Papa Benedicto XIII. Éste propuso que la elección del sucesor de Martín I se confiara a una comisión de personas doctas. Logró que el parlamento de Alcañiz aceptara su propuesta, y el 15 de febrero de 1412 el parlamento catalán se sumó a ella. El justicia y el gobernador de Aragón elaboraron una lista de nueve compromisarios o jueces. La integraban:

El parlamento de Alcañiz presionó para que excluir a los representantes mallorquines. Los partidarios del conde de Urgel y de Luis de Anjou recusaron a Gualbes, Ram, Aranda, Bardaxí y Bonifacio Ferrer, pues todos ellos eran declarados antiurgelistas o devotos de Benedicto XIII o de Vicente Ferrer (lo que los decantaba a priori por Fernando de Antequera). Naturalmente, lo mismo podía decirse del propio fray Vicente, pero nadie se atrevió a cuestionar su imparcialidad. El 27 de febrero, el ejército de Fernando de Antequera acabó sangrientamente en Murviedro con la facción urgelista valenciana, con lo que Valencia aceptó la lista de compromisarios, que ya había sido aceptada por Cataluña.

Violante de Aragón, la esposa de Luis II de Anjou, propuso en nombre de su marido que el ducado de Anjou y el condado de Provenza se integrarían en Cataluña si su hijo Luis era elegido rey de Aragón. Sin embargo, el parlamento de Tortosa rechazó la propuesta a la vez que aprobaba la lista de compromisarios.

Los nueve jueces se reunieron en Calpe el 18 de abril (aunque Genís Rabaça tuvo que ser sustituido por el jurista Pere Bertran, por razones de salud). Por espacio de dos meses, escucharon los informes de los abogados de cada uno de los candidatos, y el 24 de junio pronunciaron su sentencia. Se había acordado que el candidato designado debía contar al menos con un voto de Cataluña, uno de Aragón y otro de Valencia. El primero en emitir su voto fue Vicente Ferrer, que apoyó a Fernando de Antequera, por ser el pariente más próximo del rey Martín I. Fue secundado por Ram, Bonifacio Ferrer, Aranda, Gualbes y Bardaxí. Sagarriga dio su voto en igualdad al conde de Urgel y al duque de Gandía; Vallseca votó por el conde de Urgel, y Bertran reservó su voto alegando falta de tiempo. El 28 de junio se publicó la sentencia, conocida como el compromiso de Caspe, en virtud del cual Fernando de Antequera se convertía en el rey Fernando I de Aragón.

Así pues, Martín I el Humano resultó ser el último rey de Aragón de la casa condal de Barcelona, descendiente por línea masculina del conde Wifredo el Velloso, y a partir de este momento la dinastía castellana de los Trastámara obtuvo la Corona de Aragón, como fruto de su acertada política matrimonial.

Todos los pretendientes acataron el compromiso de Caspe excepto Violante de Aragón, que impugnó la elección en nombre de su hijo Luis, y el conde Jaime II de Urgel, que se declaró en rebeldía. La protesta de Violante no tuvo mayores consecuencias, pero Jaime II provocó una guerra civil. La burguesía catalana apoyó a Fernando I, pero aprovechó las circunstancias para solicitar numerosas concesiones al monarca a través de las cortes de Barcelona. Fadrique, el conde de Luna, se mantuvo leal a Fernando I y luchó contra el conde de Urgel.

Vicente Ferrer reanudó sus predicaciones a lo largo y ancho de la Corona de Aragón, si bien el rey solicitaba a menudo su presencia en la corte y sus consejos.

Timur Lang
Índice La batalla de Azincourt