HISTORIA











ANTERIOR


LAS TRES GLORIOSAS

SIGUIENTE

El 7 de enero de 1830 murió la reina Carlota Joaquina de Portugal, viuda del rey Juan VI y hermana del rey Fernando VII de España.

El 20 de enero se reuniò en Bogotá la asamblea constituyente convocada por Simón Bolívar. Con Venezuela clamando por la independencia, Bolívar presentó su dimisión como presidente del gobierno, pero no fue aceptada.

A finales del año anterior, un senador de Connecticut propuso en el Senado estadounidense una ley que limitara la venta de tierras en los territorios del oeste. Con ello expresaba los recelos de Nueva Inglaterra de que la formación de nuevos Estados cada vez más grandes y más poblados en el oeste terminara por reducir a la insignificancia a los pequeños Estados del este. Obviamente, su propuesta tuvo muchos detractores y un senador de Misuri terminó acusando abiertamente al noroeste de conspirar contra el oeste. Dicha queja fue recogida gustosamente por el senador Robert Young Hayne, de Carolina del Sur, que pronto desvió el asunto para defender la teoría sobre los derechos de los Estados a las que Carolina del Sur se acogía cada vez con más vehemencia. Le replicó el senador Daniel Webster, de Massachusetts, dando inicio al debate Hayne-Webster, el mayor despliegue de oratoria jamás visto en la nación. Webster negó que el noroeste fuese hostil al oeste, pero pronto dejó ese asunto espinoso para centrarse en una fervorosa defensa del unionismo. Ambos se pronunciaron sobre las cuestiones fundamentales. Los discursos de Hayne los escribía el más elocuente defensor de los derechos de los estados, el vicepresidente Calhoun, que también era de Carolina del Sur. Webster no necesitaba ayuda de nadie, y es considerado uno de los mejores oradores estadounidenses. Su intervención más destacada fue un discurso que dividió en dos sesiones, los días 26 y 27 de enero. Se conservan sus últimas palabras:

Cuando mis ojos contemplen por última vez el sol en el cielo, que no lo vea yo sobre los fragmentos rotos y deshonrados de una Unión antaño gloriosa; sobre Estados separados, discordantes, beligerantes: sobre una tierra desgarrada por las disputas civiles o, quizá, anegada de sangre fraterna. Que su débil y persistente mirada contemple, en cambio, la magnífica enseña de la república, hoy conocida y honrada en toda la Tierra, aún plenamente desplegada, sus armas y trofeso brillando con su lustre original, sin ninguna franja borrada ni manchada, sin una sola estrella oscurecida, llevando como lema, no una miserable pregunta, como ¿de qué vale todo esto?, ni esas otras palabras engañosas y absurdas: la libertad primero y la unión después; sino, en todas partes, estampada en vivos caracteres, resplandeciente en todos sus amplios pliegues, al ondear sobre el mar y sobre la tierra, y a todos los vientos bajo la totalidad de los cielos, ese otro sentimiento, caro a todo verdadero corazón americano: ¡Libertad y unión, ahora y siempre, unidas e inseparables!

Esta estremecedora imagen de los Estados Unidos terminando como sus vecinos del sur impresionó a muchos, pero no a Carolina del Sur, que siguió reivindicando los derechos de los Estados, sin dejar de insinuar la posibilidad de la secesión.

El 3 de febrero Francia, Gran Bretaña y Rusia acordaron proponer como futuro rey de Grecia al príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo, viudo de la única hija legítima del rey Jorge IV de Gran Bretaña, que había muerto de parto (junto con su hijo). Sin embargo, cuando se informó sobre la situación política de Grecia, declinó la oferta.

Entre los portugueses exiliados a Gran Bretaña tras la usurpación del trono de Portugal por el rey Miguel I se encontraba Pedro de Sousa, el marqués de Palmela, a quien el emperador Pedro I del Brasil nombraba ahora tutor de su hija Isabel, la reina legítima de Portugal, y en su nombre, Palmela, con ayuda británica, tomó la isla Terceira, en las Azores, y organizó allí una regencia.

En Chile se iba cumpliendo el protocolo estipulado en el pacto de Ochagavia. Se había constituido un Congreso para modificar la ley electoral y nombrar un gobierno provisional. El pacto de Ochagavia establecía que este gobierno debía estar presidido por el liberal Ramón Freire, pero el 17 de febrero José Tomás Ovalle, el presidente de la Junta de Gobierno provisional, se las arregló para que su sucesor fuera el conservador Francisco Ruiz-Tagle, mientras Ovalle se convertía en vicepresidente. Más aún, Freire fue depuesto como jefe del ejército y fue sustituido por José Joaquín Prieto. El resultado fue que Freire se sublevó y las hostilidades continuaron.

En las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 25 de febrero el ejército del unitario José María Paz derrotó al del federalista Juan Facundo Quiroga en la batalla de Laguna Larga. Tras ella Paz se hizo con el control de la provincia de Córdoba y Quiroga tuvo que refugiarse en Buenos Aires.

Ese mismo día se estrenó en París Hernani, un drama de Victor Hugo en el que los románticos admiradores del autor tuvieron que acallar a gritos a los clasicistas que abucheaban la obra.

Stendhal publicó su primera obra maestra: la novela El rojo y el negro, que tuvo un gran éxito. Lamartine publicó sus Armonías poéticas y religiosas.

El rey Carlos X de Francia demoró todo lo que pudo la convocatoria de las Cortes, ya que los liberales tenían la mayoría, pero el 2 de marzo tuvo que inaugurar la nueva legislatura. Se esperaba un discurso moderado, pero el rey elogió su propia actuación, y en particular su elección del ultramonárquico Polignac como jefe del gobierno. Los liberales consideraron el discurso como una provocación.

Puskin terminó su Eugenio Onegin. De esta época son también sus Relatos de Belkin. y sus "pequeñas tragedias", la más famosa de las cuales es la titulada Mozart y Salieri, en la que recoge una teoría popular sin fundamento según la cual Antonio Salieri envenenó a Mozart por envidia.

Mary Shelley vendió los derechos de autor para una segunda edición de Frankenstein. Ese año escribió también la novela Perkin Warbeck.

El 11 de marzo Bellini estrenó en La Fenice de Venecia su ópera Los Montescos y los Capuletos, para la cual adaptó la música que había escrito para Zaira.

El 18 de marzo los liberales franceses aprobaron un decreto por el que los ministros nombrados por el rey debían contar con la aprobación del Parlamento. Temiendo algo así, el día anterior el rey había convocado nuevas elecciones para dentro de cuatro meses, y el 19 de marzo disolvió el Parlamento.

El 26 de marzo estaban disponibles para la venta los primeros ejemplares del Libro de Mormón. Sin embargo, en los meses siguientes, apenas se vendió un solo ejemplar. Harris, desesperado, trató de venderlos por sí mismo, pero acabó aceptando resignado que nadie quería comprarlo. Esto le supuso la pérdida definitiva de su granja. Los pocos ejemplares que se vendieron no los compraron precisamente adeptos, sino que sirvieron para constatar que muchas partes del texto estaban copiadas o mínimamente adaptadas de la Biblia.

En la isla de Java, el príncipe rebelde Diponegoro estaba siendo acorralado por los neerlandeses. Exigía que la isla fuera considerada un estado libre gobernado por un sultán y reclamaba para sí el título religioso de Califa. Los neerlandeses se ofrecieron a negociar y declararon una tregua. No obstante, el 28 de marzo, cuando acudió personalmente a participar en las negociaciones, fue hecho prisionero y enviado al destierro. La guerra había provocado la destrucción de las cosechas, por lo que siguió un periodo de hambre y epidemias. El nuevo gobernador neerlandés de las Indias Orientales, Johannes van den Bosch, tomó medidas para que la isla compensara las pérdidas ocasionadas por la guerra: desarrolló un sistema de cultivos obligatorios, por el que los nativos tenían que cultivar productos de interés para la exportación.

El rey Fernando VII de España había tenido una única hija que murió en el parto junto con su madre, la segunda esposa del monarca, y ahora, María Josefa de Sajonia, su cuarta esposa había quedado embarazada. La noticia desesperó a los ultras, que —al igual que media España— esperaban con ansia la muerte del rey (que aún iba a cumplir los cuarenta y seis años) para que su hermano Carlos asumiera la corona. Su única esperanza ahora era que la reina diera a luz a una niña, porque Felipe V, el primer rey de la dinastía borbónica en España, había promulgado la ley sálica poco después de acceder al trono, luego si nacía una niña el infante don Carlos seguiría siendo el heredero legítmo. Sin embargo, Fernando VII quiso evitar esa posibilidad y el 31 de marzo publicó la pragmática sanción, por la que derogaba la ley sálica. Se podría discutir si el monarca tomó alguna vez una decisión acertada en su vida, pero, ciertamente, ésta sería la última que podría considerarse como tal: la única —y no poca— utilidad de que todos los habitantes de un país se resignen a aceptar como rey al que le toca por nacimiento de acuerdo con unas normas claras de sucesión, por muy nefasto que pueda ser el heredero de turno —y Fernando VII había demostrado que podía ser mucho más nefasto de lo que cualquiera hubiera podido imaginar— era evitar las sangrientas guerras de sucesión que periódica e indefectiblemente han azotado a todas las naciones suficientemente grandes con un sistema de gobierno electivo (salvo los Estados Unidos). Cambiar las normas de sucesión en un momento en el que ello altera el sucesor es provocar un conflicto que no puede acabar sino en una guerra civil, destruyendo la única razón de ser de la monarquía.

La situación era más compleja, porque, en realidad, había sido Carlos IV el que derogó en su día la ley sálica e hizo que las cortes aprobaran su decisión. Ello sucedió cuando el rey actual tenía cinco años, y su hermano Carlos uno. Carlos IV había perdido varios hijos anteriores a los pocos años de su nacimiento, y temía que Fernando y Carlos pudieran correr la misma suerte, así que derogó la ley sálica para que, en caso de que murieran, sus hermanas mayores pudieran heredar la corona. A pesar de que en ese momento la reforma no habría suscitado ninguna controversia, no hizo público el decreto, de modo que pocos conocían su existencia. Ahora Fernando VII se limitaba a hacer pública una ley ya aprobada, pero, claro, los carlistas pensaron que se trataba de una manipulación descarada del rey, otra de sus muchas mentiras cínicas, y estalló la polémica.

El presidente chileno Ruiz-Tagle no sólo no fue aceptado por los liberales, que se habían rebelado bajo la dirección de Freire, sino que el propio jefe del ejército gubernamental, el conservador José Joaquín Prieto, hacía caso omiso de sus instrucciones. Por ello Ruiz-Tagle aceptó el consejo de dimitir para que el vicepresidente Ovalle reasumiera la presidencia el 1 de abril, ya que se llevaba mejor con los conservadores.

El 6 de abril Joseph Smith fundó la Iglesia de Cristo, que contaba en esos momentos con unos treinta seguidores, aunque el número de bautizados aumentaba poco a poco. Unos días más tarde realizó un exorcismo en Colesville por el que fue procesado, aunque resultó absuelto. No obstante, Smith y Cowdery tuvieron que salir huyendo de la ciudad para evitar ser linchados por una multitud.

El 13 de abril se delebró en Washington "el día de Jefferson", en conmemoración de su nacimiento. El senador Hayne, en colaboración con otros senadores de Carolina del Sur, organizó una cena en la que pretendían reforzar los vínculos entre los Estados del sur y los del oeste contra los del norte. El presidente Jackson fue invitado con la esperanza de que se decantara por ellos. Hasta la fecha no se había pronunciado ni como unionista ni como defensor de los derechos de los Estados. El momento más destacado se produjo a la hora de los brindis. El primero en brindar fue Hayne, que dijo: "La unión de los Estados, y la soberanía de los Estados". A este siguieron varias decenas de brindis, la mayoría exaltando los derechos de los Estados, mientras Jackson permanecía sentado en silencio. Finalmente le tocó el turno y todas las miradas estaban puestas en él. Se levantó y, mirando fijamente a Calhoun, con voz resonante dijo: ¡Nuestra Unión Federal... debe ser conservada! Y si Jackson decía que debía ser conservada, todos podían estar seguros de que la defendería a muerte. Calhoun, nervioso, trató de rebajar las palabras del presidente con su intervención: Nuestra Unión, después de nuestra libertad, es lo más caro para nosotros. Ojalá que siempre recordemos que sólo puede ser conservada distribuyendo los beneficios y las cargas de la Unión. Pero Jackson siguió mirando a Calhoun con severidad. Estaba claro que, mientras Jackson fuera presidente, la carrera política de Calhoun estaba acabada, y que nunca llegaría a la presidencia. Al parecer, poco antes alguien había hecho saber oportunamente al presidente que, en contra de lo que siempre había creído, había sido Calhoun y no John Quincy Adams quien había pedido que se le abriera un consejo de guerra a raíz de su actuación en Florida, diez años atrás.

El 17 de abril las tropas gubernamentales chilenas dirigidas por José Joaquín Prieto derrotaron a los liberales rebeldes dirigidos por Ramón Freire en la batalla de Lircay, que puso fin a la guerra civil. Muchos liberales fueron exiliados. La situación permitió al presidente Ovalle tomar medidas autoritarias. Introdujo una férrea censura de la prensa y centralizó en Santiago la política del país.

El 29 de abril fue proclamada la nueva constitución colombiana.

Simón Bolívar pidió poderes dictatoriales para entrevistarse con Páez, pero su petición fue denegada. El 4 de mayo renunció definitivamente a la presidencia colombiana. Fue sustituido por Joaquín Mosquera, si bien, por su ausencia, el gobierno quedó temporalmente en manos del vicepresidente, Domingo Caycedo.

El 6 de mayo un congreso reunido en Valencia proclamó la independencia de Venezuela. José Antonio Páez fue reconocido como presidente de la república hasta que se celebraran elecciones.

Al enterarse de la secesión venezolana, un grupo de la aristocracia de Quito se reunió el 13 de mayo y declaró también la independencia del territorio, bajo el nómbre de república de Ecuador. Eligieron como presidente provisional al general venezolano Juan José Flores.

El 16 de mayo murió el matemático francés Jean Baptiste Joseph Fourier. Su muerte ocasionó que se perdiera un artículo que un joven matemático de diecinueve años le había enviado en calidad de secretario de la Academia de Francia para optar al premio anual que ésta otorgaba. El aspirante se llamaba Evariste Galois, y el trabajo versaba sobre qué ha de cumplir una ecuación polinómica para ser resoluble por radicales. Galois acababa de conocer el trabajo de Abel y se dio cuenta de que sus resultados coincidían parcialmente, así que se puso a estudiar más a fondo la teoría de funciones elípticas.

Tras un acalorado debate, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley de traslado de los indios, que autorizaba al gobierno a negociar tratados con los indios para trasladarlos al oeste del Mississippi. El presidente Jackson firmó la ley el 28 de mayo. En realidad ya se habían firmado muchos tratados de traslado, tanto por parte del gobierno federal como de Estados individuales. Teóricamente los traslados tenían que ser voluntarios, es decir, que la ley no obligaba a los indios a firmar ningún tratado que no consideraran conveniente, pero había muchos medios de hacerlos firmar: desde el simple engaño hasta el aceptar como vinculante la firma de unos pocos jefes sobornados a tal efecto.

El 4 de junio fue asesinado en una emboscada Antonio José de Sucre. Existen diversas teorías sobre quién o quiénes organizaron su asesinato y por qué. Una de ellas afirma que la provincia de Pasto quería incorporarse a la república de Ecuador y que Sucre fue asesinado por orden del general José María Obando, en previsión de que Sucre tratara de retenerla bajo la soberanía colombiana. Otra versión dice que Sucre se dirigía a Ecuador y que Juan José Flores lo hizo asesinar para que no le arrebatara la presidencia, etc.

El 13 de junio Joaquín Mosquera asumió la presidencia de Colombia.

El 14 de junio una flota francesa desembarcó en Argelia com más de 37.000 soldados dispuestos a vengar "el asunto del abanico", bajo las órdenes de Louis-Auguste-Victor de Ghaisne, conde de Bourmont y mariscal de Francia. El gobernador argelino reunió en pocos días un ejército de unos 10.000 hombres.

El 26 de junio murió el rey Jorge IV de Gran Bretaña. Dejó cuatro hijos ilegítimos, dos de ellos varones, pero ninguno que pudiera sucederle. Su hermano Federico había muerto tres años atrás, también sin descendencia, así que la corona la heredó su siguiente hermano, que se convirtió en el rey Guillermo IV, a punto de cumplir sesenta y cinco años de edad. Había tenido dos hijas que murieron al poco de su nacimiento, así que su herdera era su sobrina Victoria, la hija de su hermano Eduardo, que tenía ya once años. Su madre, la duquesa Victoria de Sajonia-Coburgo, se llevaba mal con el nuevo monarca, y trató de mantenerlo apartado de su hija. En cierta ocasión Guillermo IV dijo que ojalá que pudiera reinar hasta la mayoría de edad de Victoria.

El nuevo rey resultó ser mucho más sensato y eficiente que su hermano. El duque de Wellington declaró que en diez minutos despachaba más asuntos con Guillermo IV que con su hermano en varios días. Otro de sus allegados declaró que el nuevo rey hacía todas las preguntas necesarias para comprender cada problema, mientras que su hermano evitaba preguntar para no evidenciar ignorancia y su padre preguntaba mucho, pero no atendía a las respuestas.

El 28 de junio el ejército francés estaba preparado para asediar Argel.

El 4 de julio cayó Sultan-Khalessi, el principal fuerte que defendía Argel y el 5 de julio la ciudad capituló. Los franceses entraron en la ciudad con un balance de 415 muertos en sus filas. Bourmont organizó un gobierno provisional de la ciudad, contando con el apoyo de jefes locales que desde el primer momento se habían aliado con los franceses.

Ese mismo día José María Paz constituyó la Liga Unitaria, que unía a nueve provincias de las Provincias (teóricamente) Unidas del Río de la Plata, las provincias interiores, que establecían una alianza defensiva y ofensiva contra las provincias federalistas del litoral.

Los ultras franceses se estaban viendo en dificultades para amañar las elecciones al Parlamento, así que el 6 de julio Polignac urgió al rey Carlos X a que invocara al artículo 14 de la Constitución que permitía suspenderla en caso de emergencia, otorgando poderes extraordinarios al monarca. El plan era anular las elecciones en curso y convocar otras más adelante, después de haber nombrado "a dedo" prefectos provinciales ultramonárquicos que pudieran amañar adecuadamente los resultados electorales para que la voluntad de Dios se impusiera sobre la de los franceses.

El 9 de julio llegó a París la noticia de la toma de Argel. El rey Carlos X pensó que este éxito le ayudaría a imponerse sobre los liberales, pero lo realmente importante fue que lo privó del apoyo británico. El rey respondió altaneramente a los británicos cuando le pidieron explicaciones sobre sus intenciones en Argelia.

El 18 de julio se aprobó la constitución del Estado Oriental del Uruguay, que fue el nombre que adoptó la que los rioplatenses llamaban Banda Oriental y los brasileños Provincia Cisplatina.

El 17 de julio un inventor francés llamado Barthélemy Thimonnier patentó una máquina de coser y se dispuso a abrir una empresa que fabricaría uniformes para el ejército francés mediante sus máquinas. Sin embargo, su fábrica fue incendiada por obreros que temían perder sus trabajos si se difundía el uso de las máquinas de coser. Thimonnier trabajó muchos años perfeccionando su invento, pero nunca consiguió que fuera aceptado y murió en la pobreza.

El 26 de julio el rey Carlos X de Francia anunció que, de acuerdo con el artículo 14 de la constitución, reforzaría su gobierno con unas ordenanzas, las cuales (firmadas e día anterior) establecían entre otras cosas: la supresión de la libertad de prensa, la disolución de la Cámara de los Diputados, una reducción del número de diputados en las futuras cámaras y la exclusión de la burguesía del proceso electoral. Habían sido preparadas tan en secreto que ni la policía había sido advertida para contener posibles revueltas el día de su publicación. Los liberales, que esperaban alguna clase de maniobra ultrarrealista, no se esperaban algo tan drástico y tan pronto, así que las ordenanzas causaron principalmente estupor. Inmediatamente se produjeron reuniones clandestinas, especialmente de los principales periodistas liberales.

El 27 de julio, desafiando las ordenanzas, cuatro periódicos parisinos publican sin autorización una protesta de los periodistas en la que las declaran inconstitucionales. El prefecto de policía ordena la incautación de las prensas y se producen enfrentamientos entre la policía y los trabajadores de los periódicos. A lo largo de la tarde empiezan a aparecer grupos de manifestantes que montan barricadas y hostigan a los soldados tirándoles piedras, ladrillos, macetas... Finalmente asaltan una tienda de armas. Hacia la puesta del sol los soldados empezaron a disparar contra los manifestantes.

El 28 de julio París estaba lleno de barricadas. Unos 10.000 insurgentes asaltaban los arsenales cantando la Marsellesa, prohibida desde los tiempos de Napoleón. A las once de la mañana el gobierno se refugia en el palacio de las Tullerías, desde donde Polignac envía un mensaje al rey Carlos X, que estaba en el palacio de Saint-Cloud, instándolo a reaccionar con rapidez. Hacia el mediodía, los manifestantes enarbolaron la bandera tricolor revolucionaria.

Mientras tanto, los diputados liberales tratan de negociar con el gobierno. Éste exige el fin de las revueltas como primer paso, mientras que aquéllos piden la derogación de las ordenanzas. Sin embargo, la discusión no duró mucho, pues Polignac, en una habitación contigua, se negó a recibir a los diputados.

En la mañana del 29 de julio dos regimientos que defendían la plaza Vendôme se pasan al lado de los insurgentes. El marqués de La Fayette, a sus setenta y tres años, acepta el ofrecimiento de ponerse al frente de la Guardia Nacional, disuelta tres años atrás, y que se acaba de reconstituir. Incluso se le llega a proponer la presidencia de una nueva república francesa, pero él declina y sugiere que se ofrezca la corona al duque Luis Felipe de Orleans, primo del rey. El duque había regresado a Francia tras la caída de Napoleón, y había sido uno de los principales beneficiarios de las compensaciones que Luis VIII y Carlos X habían decretado para los exiliados por la revolución francesa. Contaba con el afecto del pueblo en gran parte gracias al recuerdo de su padre, Felipe Igualdad. Desde su regreso a Francia había adoptado una vida esencialmente "burguesa" y había manifestado una oposición moderada a los ultras. La idea de proponerlo como rey no era original de La Fayette, sino que ya se venía barajando desde hacía algunos días, y los liberales lo habían tanteado al respecto. Él mantuvo en todo momento una posición cauta que no lo comprometía, de acuerdo con las recomendaciones de los propios liberales.

Para el duque de Orleans trabajaba como escribiente un joven de veintiocho años de escasa formación, pero de excelente caligrafía, llamado Alexandre Dumas. El joven completaba su formación de forma autodidacta, y había publicado un vaudeville y una novela. Ese año estrenó un drama histórico titulado Enrique III y su corte, con el que adquirió cierta notoriedad (no sin provocar cierta polémica: la obra fue calificada de "escándalo en prosa", en alusión al Hernani de Hugo, al que sus detractores calificaron de escándalo en verso). 

El rey Carlos X aceptó finalmente las presiones de los insurgentes y destituyó a Polignac y al resto de su gobierno, disponiendo la formación de un nuevo gabinete. Con ello decepcionó a los ultras y se quedó aislado políticamente. Por la tarde los insurgentes dominan París y el ejército ha tomado posiciones para defender el palacio de Saint-Cloud, donde se encuentra todavía el rey. La revolución había triunfado. Los tres últimos días son conocidos en la historia de Francia como las tres (jornadas) gloriosas.

Los periodistas liberales redactaron unos carteles que los parisinos pudieron leer en las paredes de la ciudad en la mañana del 30 de julio:

Carlos X no puede volver a París. Ha hecho derramar la sangre del pueblo.
La república nos expondrá a divisiones horribles y nos enfrentará con Europa.
El duque de Orleans es un príncipe dedicado a la causa de la Revolución.
El duque de Orleans nunca se ha enfrentado a nosotros.
El duque de Orleans ha llevado a fuego la enseña tricolor.
El duque de Orleans puede llevarla de nuevo. No queremos a otro.
El duque de Orleans se ha pronunciado: acepta la Constitución como siempre la hemos querido y entendido. Obtendrá la corona del pueblo francés.

Ese día llegaron a los insurgentes las noticias sobre el cese del gobierno decretado por el rey, pero ya era tarde, se había formado un gobierno provisional que había anunciado que Carlos X ya no era rey de Francia.

El 31 de julio el rey Carlos X se vio obligado a abandonar Saint-Cloud cuando una multitud se disponía a saquear el palacio. Se refugió en Versalles mientras Luis Felipe de Orleans entraba en París y aceptaba el cargo de Lugargeniente General del Reino que le ofrecía la Cámara de los Diputados. Por la noche el rey llegaba a Rambouillet, un pueblo cercano a París.

El 1 de agosto Carlos X sorprendió a todos enviando al duque de Orleans en el que lo nombraba Lugarteniente General del Reino. Según sus propias palabras:

El señor duque de Orleans está en París, donde los rebeldes ya lo han nombrado Lugarteniente General del Reino. Es posible que nombrándolo yo mismo haga un llamamiento a su honor al que no será del todo insensible. Es posible igualmente que este paso lo obligue a renunciar a sus planes culpables. Mi confianza en él puede forzarlo igualmente a defender los intereses de la corona.

La respuesta del duque fue:

El señor duque de Orleans ha recibido con respeto el mensaje que M. de Girardin le ha entregado de parte del rey y se ha sentido muy emocionado. Se siente orgulloso de que el rey haga justicia a su afecto. Pero las circunstancias son tales que le será imposible darle otra respuesta sin comprometer sus mayores intereses. Él desea vivamente ser útil al rey, ve con un dolor inexpresable la posición en la que se encuentra el rey, así como los príncipes y princesas que lo acompañan, y no dejará de hacer todos los esfuerzos que pudieran estar en su poder para preservarlos de todo peligro. Le ruega a M. de Girardin que le pida al rey que le haga saber en el más breve plazo posible qué medidas podría tomar para preservarle de los peligros que lo amenazan.

Ese mismo día encargó que se contrataran los dos mayores barcos estadounidenses que pudieran hallarse y que fueran llevados a Cherburgo. El prefecto marítimo de esta ciudad recibió instrucciones secretas en las que se le recomendaba que "Su majestad el rey Carlos X y su familia fueran rodeados de los signos del mayor respeto tanto en Cherburgo como a bordo de los barcos". En suma, Luis Felipe preparó el exilio del rey.

El 2 de agosto el rey Carlos X intentó una nueva maniobra por salvar la dinastía, y escribió al duque de Orleans en los términos siguientes:

Primo mío:
Estoy profundamente apenado por los males que afligen o que podrían amenazar a mis pueblos por no haber buscado un medio de prevenirlos. Por ello he tomado la resolución de abdicar de la corona en favor de mi nieto el duque de Burdeos. El Delfín, que comparte mis sentimientos, renuncia también a sus derechos en favor de su sobrino.
Vos deberéis, pues, en calidad de Lugarteniente General del Reino, proclamar el advenimiento de Enrique V a la corona. Tomaréis además todas las medidas que os conciernen para regular las formas de gobierno durante la minoría de edad del nuevo rey [...] y me comunicaréis lo antes posible la proclamación por la que mi nieto será reconocido bajo el nombre de Enrique V. [...] Os reitero, primo mío, el testimonio de los sentimientos por los que me considero vuestro primo afectuoso.

El duque de Burdeos tenía entonces diez años, y era hijo del duque de Artois, que había muerto asesinado diez años atrás. La idea era que el Delfín Luis Antonio, el duque de Angulema, era tan ultramonárquico como el propio Carlos X, por lo que los revolucionarios no lo habrían aceptado de ninguna de las maneras, mientras que de este modo el duque de Orleans podía complacer a los insurgentes convirtiéndose en el rey de facto, pero se conservaría la legitimidad dinástica. El duque de Orleans convocó un consejo de gobierno y terminó resolviendo que no era él quien debía recibir (ni mucho menos aceptar) la abdicación del rey, y a medianoche contestó a Carlos X haciéndole saber que había depositado el mensaje en los archivos del Parlamento para que fuera debidamente considerado. Más tarde explicó por qué había renunciado a aceptar la abdicación del rey: Por una parte, los revolucionarios no querían a los borbones, y hubiera sido imposible imponerles uno, fuera cual fuera, además el duque de Borbón habría estado bajo la influencia de su familia y, por último, su salud era enfermiza: "Al menor cólico me habrían acusado de haberlo envenenado".

Ese mismo día el duque de Orleans envió al rey cuatro comisarios encargados de acompañarlo al exilio, pero el rey manifestó su voluntad de permanecer en Francia hasta que su nieto fuera proclamado rey. Ante esta decisión, Luis Felipe ordenó a La Fayette que marchara a Rambouillet al frente de un ejército que hiciera comprender al rey su situación. El 3 de agosto La Fayette reunió a unos veinte mil voluntarios sin uniforme y los envió bajo el mando del general Pierre Claude Pajol y el coronel Jean-François Jacqueminot, que observó: al primer disparo de metralla, saldrán espantados del campo como gorriones. Previamente los comisarios volvieron a reunirse con Carlos X para advertirle que, si no partía de inmediato tendría que explicar sus motivos a una muchedumbre de cuarenta mil hombres (al parecer, se equivocó al contarlos). El rey tomó el camino de Cherburgo. Luis Felipe le envió una suma de dinero y dio instrucciones a sus emisarios de que trataran al rey con el máximo respeto y que procuraran que la bandera tricolor no fuera enarbolada en su presencia. Ese día concedió una pensión a Rouget de Lisle, el autor de la Marsellesa, que tenía ya sesenta años. La prohibición que Napoleón había establecido sobre el himno revolucionario fue levantada, aunque éste no recuperó su antiguo status de himno de Francia.

El 7 de agosto el Parlamento francés modificó la Constitución. Eliminó el preámbulo que aludía al antiguo régimen y la presentó como un pacto entre la nación y el rey, y no como una concesión de éste último. La religión católica dejaba de ser la religión del Estado, se suprimía la censura de la prensa y se adoptaba la bandera tricolor.

El 9 de agosto se anunció en el Parlamento francés la abdicación del rey Carlos X (pero no la designación de Enrique V como sucesor) y el duque de Orleans, tras jurar la Constitución, se convirtió en Luis Felipe I, rey de los franceses (y no de Francia), para indicar que eran los franceses quienes le otorgaban la soberanía. El reinado de Luis Felipe I se conoce como "monarquía de julio", porque fue en julio cuando tuvo lugar la revolución de "las tres gloriosas" que le dio la corona.

La abdicación de Carlos X dividió a los ultras en legitimistas, que consideraban que el auténtico rey era Enrique V, y los auténticos legitimistas, que consideraban nula la abdicación de Carlos X y lo seguían teniendo por el verdadero rey de Francia.

El 16 de agosto llegó Carlos X a Cherburgo y allí embarcó hacia Gran Bretaña. Estableció su residencia en Dorset, pero el acoso de los acreedores de las deudas que había contraído en su anterior exilio lo llevaron unos meses después a trasladarse a Edimburgo.

Las noticias sobre la revolución en Francia caldearon la política de los Países Bajos, donde el sur estaba cada vez más descontento con el rey Guillermo I. Las tensiones lingüísticas y religiosas (el sur era mayoritariamente francófono y católico, frente al norte de lengua neerlandesa y protestante) habían polarizado otros aspectos de la vida política: el sur se había vuelto liberal y el norte absolutista. La política del rey se volvía cada vez más autoritaria y desde el año anterior recurría a la censura de la prensa y al exilio de los activistas más conflictivos. Durante las semanas siguientes a las tres gloriosas empezaron a multiplicarse los disturbios: lecturas públicas de periódicos franceses, aparición de carteles y panfletos, etc.) El 24 de agosto se celebraba el aniversario de Guillermo I. En Bruselas, los festejos comenzaron la noche anterior con unos fuegos de artificio en los que se distribuyó la consigna: Lundi, 23. août, feu d'artifice; mardi, 24. illumination, mercredi, 25. revolution. El programa se cumplió fielmente: el 25 de agosto se representó la ópera La muette de Portici (La mudita de Portici) del compositor Daniel-François-Esprit Aubert, una Grand Opéra romántica estrenada en Francia dos años atrás. El argumento trataba sobre una antigua sublevación contra el gobierno español en Nápoles, y durante la representación se empezaron a oír vivas a la libertad. A la salida la muchedumbre se descontroló y asaltó una armería, una juguetería (para hacerse con tambores) y acabó tomando el palacio de Justicia.

Poco después de que estallara la revuelta en Bruselas, en varios puntos de la ciudad se enarbolaron banderas francesas, pero, como esto suscitó recelos, el 26 de agosto los insurgentes diseñaron una bandera tricolor, roja, amarilla y negra (colores tomados del escudo de Bravante) que presentaron como la bandera de Bélgica. La burguesía formó una guardia burguesa para restablecer el orden, y logró controlar el centro de la ciudad, pero los insurgentes se desplazaron a la periferia.

Tan pronto como el rey Carlos X hubo abandonado el territorio francés, Luis Felipe I envió cartas a todas las naciones europeas pidiendo el reconocimiento de la nueva monarquía francesa. Explicaba que las tres gloriosas habían sido una catástrofe que le hubiera gustado evitar, pero que había aceptado la corona que se le ofreció como mal menor para evitar que Francia cayera en la anarquía. También aseguraba que Francia respetaría todos los tratados internacionales y que, en particular, no trataría de obtener ningún incremento territorial. Gran Bretaña estaba harta de Carlos X, así que fue la primera en reconocer la monarquía de julio y el ministro de asuntos exteriores británico comunicó a Metternich que Gran Bretaña permanecerá neutral ante los cambios políticos internos en Francia mientras el país se mantenga en calma. El 27 de agosto el emperador Francisco I de Austria recibió al enviado francés, al cual expresó su opinión de que lo sucedido en Francia era algo lamentable, que ese estado de cosas no podía durar, pero que él no puedía hacer nada que favoreciera la anarquía y que, por consiguiente, reconocería a Luis Felipe I como nuevo rey de Francia. La reacción del rey Federico Guillermo III de Prusia fue similar. El zar Nicolás I se mostró más hostil y su primera reacción fue prohibir los viajes a Francia de sus súbditos rusos.

Mientras tanto las revueltas de Bruselas se extendieron a Lieja, Lovaina y otras ciudades. El rey Guillermo I envió a sus hijos Guillermo y Federico, al primero con instrucciones de negociar y al segundo al frente de seis mil soldados "negociadores", para esgrimir otra clase de argumentos si fueran necesarios. El 31 de agosto Guillermo I recibió a una delegación de Lieja y a otra de Bruselas, pero no cedió a ninguna de sus peticiones, remitiendo toda decisión a los Estados Generales que acababa de convocar. La delegación de Bruselas tuvo que enfrentarse a una multitud furiosa en las calles de La Haya. Ese mismo día, el príncipe Guillermo exigió a los insurgentes que depusieran su bandera y anunció que al día siguiente entraría en Bruselas al frente de su ejército. Los habitantes de Bruselas respondieron preparando barricadas en las calles. Al enterarse, el príncipe Guillermo cambió de idea y el 1 de septiembre entró en la ciudad acompañado únicamente de su estado mayor y protegido por la guardia burguesa. Allí fue convencido para que aconsejara a su padre convertir a los Países Bajos en una federación en la que Bélgica tuviera sus propias leyes e instituciones. Durante las semanas siguientes el rey no tomó iniciativa alguna. Mientras tanto los periódicos belgas, que recogían la opinión de los cabecillas de la revuelta, no pedían la independencia de Bélgica, sino únicamente la separación administrativa entre Bélgica y Holanda.

En Colombia estalló un enfrentamiento entre un regimiento militar leal a Bolívar y otro leal al exiliado presidente Francisco de Paula Santander. El presidente Mosquera trató de trasladar al primero, pero esto provocó el levantamiento de los venezolanos residentes en Bogotá. Los bolivarianos se impusieron y Mosquera abandonó la capital junto con el vicepresidente Caycedo. Ello hizo que el 5 de septiembre el general Rafael Urdaneta (bolivariano) asumiera la presidencia del gobierno, con la esperanza de convencer a Bolívar para que volviera a ponerse al frente de Colombia.

El 6 de septiembre una revuelta obligó al príncipe elector Guillermo II de Hesse a autorizar que se redactara una constitución.

Cauchy marchó a Suiza, donde colaboró en la fundación de la Academia Helvética. Poco después fue requerido a volver a Francia para prestar juramento de lealtad al nuevo régimen. Se negó a ello y, como consecuencia, perdió su puesto de trabajo y todos sus cargos en Francia.

La ley británica establecía que tras la muerte del rey debían convocarse elecciones generales. Así fue, y el 14 de septiembre se reunió el nuevo parlamento, en el que los tories del duque de Wellington, habían perdido la mayoría frente a los whigs, dirigidos por Charles Grey, que unas semanas más tarde se convertiría en el nuevo primer ministro y no tardó en anunciar un proyecto de reforma del sistema electoral, que había cambiado muy poco desde el siglo XV. Había grandes ciudades, como Manchester y Birmingham, que no elegían diputados, mientras que otras como Old Sarum (en la que había siete votantes) elegían dos diputados. A menudo, las ciudades pequeñas, a las que llamaban burgos podridos y ciudades de bolsillo, vendían sus votos a algunos aristócratas. Por esta época los whigs empezaron a ser más conocidos como liberales.

El rey Miguel I de Portugal estaba negociando con el duque de Wellington que Gran Bretaña lo reconociera como rey legítimo, pero el cambio de gobierno arruinó sus planes.

El 15 de septiembre, el duque de Wellington, todavía en funciones como primer ministro, inauguró la primera línea de ferrocarriles entre Liverpool y Manchester, cuyas locomotoras habían sido construidas por George Stephenson.

Francisco Morazán ganó las elecciones presidenciales de la República de Centroamérica. Tomó posesión de su cargo el 16 de septiembre y, excepcionalmente, pudo ejercerlo durante el periodo previsto por la ley. Su gobierno fue el primer gobierno liberal que pudo aplicar sus ideas en Hispanoamérica, muchas de ellas inspiradas en la Ilustración.

El 22 de septiembre Chopin estrenó en un concierto particular dado en su casa el que hoy se conoce como su Concierto para piano No 1, que en realidad era el segundo que componía.

Mientras tanto se aprobaba la Constitución de Venezuela, y el 23 de septiembre se aprobaba la de Ecuador.

Ese mismo día el príncipe Federico de los Países Bajos entró en Bruselas con su ejército. La mayor parte de los cabecillas de la guardia burguesa huyeron de la ciudad pensando que todo estaba perdido. Sin embargo, el ejército fue detenido por pequeños grupos de ciudadanos que combatían sin coordinación alguna. El 24 de septiembre se formó en Bruselas un gobierno provisional. La noche del 26 de septiembre el ejército realista abandonó la ciudad dejando cerca de un millar de muertos.

Ese mismo día el general José Domingo Espinar, comandante militar de Panamá, declaró la independencia de Panamá respecto de Colombia. Espinar ofreció a Bolívar el gobierno de Panamá para que desde allí tratara de recomponer Colombia. Sin embargo, Bolívar se encontraba enfermo y declinó la oferta, a la vez que le pedía que reintegrara a Panamá en Colombia.

El 27 de septiembre los Estados Unidos firmaron el tratado de Dancing rabbit Creek con los indios choctaw, que habitaban junto al Mississippi, en ambas orillas. Por el tratado, se comprometían a emigrar más allá de la orilla occidental del río, a lo que pasó a llamarse, el "Territorio Indio". Los choctaw eran una de las "cinco tribus civilizadas", junto a los cherokees, los creeks, los chickasaw y los semínolas, llamadas así porque habían adoptado muchas costumbres occidentales. Los choctaw habían adoptado un sistema constitucional, poseian prósperas granjas y rebaños y un buen sistema docente. El tratado permitía a los choctaw elegir entre trasladarse al Territorio Indio o convertirse en ciudadanos estadounidenses sujetos a las leyes estatales y federales. En tal caso se asignaría 640 acres de tierra a cada familia que optara por quedarse. A los que se trasladaran se les pagaría una indemnización y se les facilitaría el traslado.

El 29 de septiembre los Estados Generales de los Países Bajos aceptaron las peticiones belgas de división administrativa, pero ya era tarde: el ejército del rey había derramado la sangre de los belgas y ahora éstos exigían la independencia.

El 4 de octubre el gobierno provisional proclamó la independencia de Bélgica y anunció el proyecto de redactar una constitución. El 5 de octubre el príncipe Guillermo se presentó en Amberes para proponerse como rey del nuevo Estado, solución que complacía a un sector importante de los insurgentes. Mientras tanto el ejército real se deshacía a medida que buena parte de sus soldados se amotinaba y se ponía de parte de los belgas. Algunos oficiales fueron encarcelados por sus soldados.

Tras el triunfo de la revuelta parisina, cuatro ministros del rey Carlos X, entre ellos Polignac, fueron encarcelados como responsables de los intentos de reprimir la rebelión. Desde entonces, se había debatido mucho sobre qué hacer con ellos. La izquierda exigía sus cabezas, pero el 8 de octubre la Cámara de los Diputados aprobó por una amplia mayoría que se solicitara al rey un proyecto de ley que aboliera la pena de muerte, al menos por causas políticas. El rey Luis Felipe I no estaba dispuesto a autorizar ejecuciones, pues temía que desencadenaran una oleada de terror que terminara dando pie a la intervención extranjera. Por ello recibió con entusiasmo la propuesta.

El 10 de octubre dio a luz la reina de España, María Cristina de Borbón. Tuvo una niña que fue llamada María Isabel Luisa. Así la pragmática sanción se volvía decisiva, pues según ella la pequeña Isabel se convertía en la heredera de su padre, mientras que sin ella el heredero seguía siendo el infante don Carlos.

Chopin se disponía a salir de Polonia para completar sus estudios de música, y el 11 de octubre se organizó un concierto de despedida en el Teatro Nacional de Varsovia, en el que interpretó su Concierto para piano No 1 y su Gran fantasía sobre aires polacos, por el que recibió una larga ovación.

El 17 y el 18 de octubre una multitud de republicanos parisinos trató de liberar a los ministros de Carlos X de su prisión para poder lincharlos. Esto suscita discusiones entre los ministros, unos favorables y otros contrarios a la prohibición de la pena de muerte. El rey se vió obligado a aceptar dimisiones y aceptó el ofrecimiento del banquero Jacques Lafitte, hasta entonces ministro sin cartera, para organizar un nuevo gobierno. El rey no simpatizaba con el liberalismo radical de Lafitte, pero le hizo creer que contaba con su apoyo para que el liberalismo se desgastara con su gobierno sin que se pudiera acusar al monarca de haberse opuesto a él.

Durante las tres gloriosas, el pintor Delacroix estuvo en el Louvre asegurándose de que los cuadros no sufrían desperfectos. Ahora pintaba una de sus obras más famosas: La libertad guiando al pueblo, en el que representa una barricada durante la lucha en las calles de París. Por ella le sería concedida la Legión de Honor.

El 26 de octubre el príncipe Guillermo de Orange dejó Amberes sin haber llegado a un acuerdo sobre su posible soberanía. Poco después entraron en la ciudad guerrilleros voluntarios belgas y el general David Chassé, que estaba al mando del ejército del rey, se replegó para evitar combates y negoció un alto el fuego. No obstante, los belgas no lo respetaron y el 27 de octubre Chassé ordenó bombardear la ciudad durante seis horas. Esta acción produjo casi un centenar de muertos y cerró las puertas a que cualqueir miembro de la casa de Orange pudiera reinar en Bélgica. Por estas fechas los ejércitos realistas habían sido expulsados de prácticamente toda Bélgica.

El 2 de noviembre Lafitte pudo iniciar su labor de gobierno en Francia.

Las elecciones dieron la presidencia de Uruguay a Fructuoso Rivera, que tomó posesión el 6 de noviembre.

El 8 de noviembre murió el rey Francisco I de las dos Sicilias, primo del rey Fernando VII de España. Fue sucedido por su hijo Fernando II.

Hacía seis años que se había fundado en París un periódico titulado Le Globe, que paulatinamente se había convertido en defensor de la ideología liberal. Sin embargo, la revolución de julio había dividido a sus redactores entre orleanistas y republicanos. El resultado final fue la disolución, pero finalmente no desapareció, porque lo compraron los saintsimonianos, que desde el año anterior se habían organizado según una estructura "religiosa" en la que Prosper Enfantin y Saint-Amand Bazard ejercían de "padres supremos". Bazard había propuesto a La Fayette que encabezara una dictatura que permitiera poner en práctica las reformas económicas saintsimonianas, pero éste había rechazado la propuesta. El "cuartel general" de los saintsimonianos era la casa de Enfantin en París, pero se produjo una ruptura cuando Enfantin propuso nuevas reglas que ponían a las mujeres en pie de igualdad con los hombres en en seno de la "orden".

Mientras tanto, Auguste Compte, el que fuera secretario del conde de Saint-Simon, publicaba el primer tomo de su Curso de filosofía positiva, en el que sienta las bases del llamado positivismo, doctrina según la cual el conocimiento humano se limita a los fenómenos, de los que sólo tenemos un conocimiento relativo, es decir, que desconocemos por completo su esencia o las causas que los producen. Lo único que podemos conocer son las leyes a las que están sometidos. Compte no pretende atribuirse ni el nombre (que es de Saint-Simon) ni mucho menos el contenido de esta doctrina, pues no negaba que la han seguido en la práctica todos cuantos han hecho alguna contribución a la ciencia, y afirmaba incluso que ya había sido expuesta en su esencia por teóricos como Bacon, Descartes o Galileo, auténticos fundadores a su juicio del positivismo. Sin embargo, Compte lleva el positivismo hasta sus últimas consecuencias al negar que siquiera tenga sentido cualquier presunto conocimiento que pretenda ir más allá de lo que positivamente puede afirmarse sobre la experiencia. Esto convierte en pura palabrería a la metafísica y, en particular, a la teología. Según Compete, el positivismo es el tercer estado de la evolución del pensamiento humano, o estado de madurez, que sigue al estado teológico (infancia del pensamiento) y al estado metafísico (adolescencia del pensamiento), en el que los dioses son sustituidos por entidades abstractas, como la Naturaleza de Spinoza, el Dios geómetra de Descartes, la Materia de Diderot o la Razón de la ilustración). La madurez del pensamiento llega cuando éste se desprende de semejantes artificios y comprende que el único objeto del conocimiento son los hechos y las leyes generales (científicas) que pueden constatarse sobre ellos. Los análisis de Compte sobre el conocimiento científico hacen que algunos lo consideren el fundador de la filosofía de la ciencia en el sentido moderno.

El 10 de noviembre se reunió por primera vez el Congreso Nacional belga, resultado de las elecciones realizadas una semana antes. El 18 de noviembre aprobó por unanimidad la independencia de Bélgica.

Ese mismo día Francisco Espoz y Mina entró en España desde Francia con algunos hombres con la intención de restablecer la monarquía constitucional, pero pronto tuvo que volverse a Francia al constatar que no contaba con el apoyo que había esperado. Llegaba a destiempo. Ahora eran los liberales los que sólo tenían que esperar la muerte del rey para tener las mejores expectativas de hacerse con el gobierno. Los carlistas también esperaban la muerte del rey, pero iban a necesitar algo más de habilidad para que su candidato al trono acabara ocupándolo.

El 22 de noviembre el Congreso Nacional belga aprobó que el sistema de gobierno del país sería la monarquía parlamentaria. Se discutió a continuación si convenía que ésta recayera sobre algún miembro de la casa de Orange, pero se concluyó que ésta quedaba excluida del trono belga a causa del bombardeo de Amberes.

El rey Guillermo I de los Países Bajos había solicitado ayuda a las grandes potencias europeas para sofocar la revolución belga. Austria, Prusia y Rusia se mostraron a favor de mantener a Bélgica bajo la soberanía neerlandesa usando la fuerza si era necesario, pero sólo Rusia prometió un ejército. Gran Bretaña no tenía inconveniente, en principio, en admitir la independencia de Bélgica, pero no estaba dispuesta a tolerar que ésta acabara anexionada a Francia. Ciertamente, en Francia había un sector favorable a intervenir en Bélgica con vistas a la anexión, pero el rey Luis Felipe I comprendía que las potencias europeas no lo tolerarían, así que su política fue asegurar a las demás potencias que Francia no intervendría en Bélgica, pero que tampoco toleraría que otra potencia interviniera. También propuso que la cuestión belga fuera tratada en la próxima reunión que se iba a celebrar en Londres para tratar la independencia de Grecia.

La ayuda Rusa a Guillermo I no llegó a presentarse, pues el 29 de noviembre estalló una revuelta en Polonia a la que tuvo que hacer frente. Desde hacía más de un año, Piotr Wysocki, instructor de la escuela de infantería de Varsovia, estaba organizando una conspiración contral el gran duque Constantino Pavlovich, el hermano del zar Nicolás I y comandante en jefe del ejército polaco, que era unánimemente detestado por la disciplina prusiana que intentaba imponer. El detonante de la revuelta fue precisamente el rumor de que el zar pensaba enviar el ejército polaco a derribar la monarquía de julio y sofocar la revuelta belga. Esa noche, Wysocki con 29 de sus hombres se apoderó del palacio de Constantino con la intención de asesinarlo, pero el gran duque escapó de milagro. Entonces se apoderó del arsenal. El 30 de noviembre la revuelta militar se había convertido en una insurrección ciudadana, y toda Varsovia estaba en rebeldía.

Chopin se enteró en Viena de los sucesos que ocurrían en su patria. Había llegado a la ciudad hacía poco más de una semana. Un compañero de viaje decidió volver para unirse a la revolución, pero convenció a Chopin para que no hiciera lo mismo. Su segunda estancia en Viena no fue tan grata como la primera. "El público sólo quiere oír los valses de Lanner y Strauss", escribiría a un amigo. Además, los austríacos condenaban la revolución polaca y miraban con recelo a cualquier polaco. Durante los ocho meses que estuvo en la ciudad, dio únicamente dos recitales con un éxito modesto.

Paganini pasó ese año en Frankfurt y Estrasburgo. De esta época son sus conciertos para violín números 3, 4 y 5. En Frankfurt impresionó a un joven músico de 19 años que se propuso llegar a ser para el piano lo que Paganini era para el violín. Se llamaba Robert Schumann. Sin embargo, poco después sufrió una lesión en su mano derecha que frustró irremediablemente su proyecto de llegar a ser un virtuoso (aunque no le impedía tocar el piano). Schumann decidió entonces dedicarse a la composición. Había empezado a componer a los siete años.

El 1 de diciembre murió el Papa Pío VIII. Parecía haber un candidato claro para la sucesión, el cardenal Giacomo Giustiniani, pero un cardenal presentó en el cónclave el veto del rey Fernando VII de España, que acusaba a Giustiniani de haber estado implicado en las revoluciones liberales durante la época en que fue nuncio en Madrid. Esto complicó mucho la elección, y las votaciones inconcluyentes se sucedieron una tras otra.

El general polaco Józef Chlopicki, que consideraba la insurrección como una locura y condenaba a los conspiradores, decide, no obstante, ponerse al frente de la revuelta para restablecer el orden y negociar con Rusia una salida razonable del conflicto. Por ello, el 5 de diciembre se autoproclamó dictador y envió un emisario a San Petersburgo proponiendo al zar que releve de su cargo al gran duque Constantino y que prometiera que la constitución polaca sería respetada.

Ese mismo día se estrenaba en París una pieza musical que suponía la mayor innovación en cuanto a la orquestación desde la novena sinfonía de Beethoven. Su autor era un joven compositor de veintisiete años llamado Hector Berlioz. Tres años atrás había asistido en Londres a una representación de Hamlet. Berlioz no sabía una palabra de inglés, pero no necesitó entender el texto de Shakespeare para enamorarse de Harriet Smithson, la actriz que representaba a Ofelia, tres años mayor que él. Las numerosas y apasionadas cartas que le escribió no hicieron efecto alguno, así que Berlioz concibió el plan de conquistarla con la música. El resultado fue la sinfonía que tituló: Episodio de la vida de un artista. Sinfonía fantástica en cinco partes. El programa explicaba el significado de cada parte, de tal modo que la actriz no podía dudar de que estaba inspirada en ella o, más concretamente, en las cartas que Berlioz le había enviado. El estreno fue un éxito. Entre los presentes estaba Ferenc Liszt, que había conocido al compositor el día anterior y quedó muy impresionado. No obstante, la musa de la pieza no estuvo presente.

El 11 de diciembre, de acuerdo con el deseo expreso de Bolívar, el general Espinosa anunció que Panamá volvía a aceptar la soberanía colombiana.

Simón Bolívar planeaba marcharse a Europa, pero no pudo cumplir su proyecto porque el 17 de diciembre murió de tuberculosis.

El 20 de diciembre las potencias europeas reconocieron en Londres la independencia de Bélgica. El representante francés era el ministro de asuntos exteriores nombrado por el  rey Luis Felipe I, que no era sino el incombustible Charles-Maurice de Talleyrand, que a sus setenta y seis años y demostraba que podía poner sus aptitudes al servicio de Francia fuera cual fuera su gobierno.

El 21 de diciembre terminó el juicio en Francia contra los ex ministros de Carlos X, que había durado seis días. La firme actuación del ministro del interior salvó en varias ocasiones a los acusados de ser linchados por los republicanos que se manifestaban en el exterior del palacio en el que se celebraba el juicio. El veredicto final fue de cadena perpetua.

Gaetano Donizzeti era un compositor italiano muy prolífico. A sus treinta y tres años había compuesto ya treinta y siete óperas, la última de las cuales (la cuarta del año, escrita en treinta días) se estrenó el 26 de diciembre en Milán, y fue la primera que le dio fama en Europa. Se titulaba Ana Bolena.

En la revolución parisina habían tomado parte muchos estudiantes, pero el director de la École Normale encerró a sus estudiantes para evitar que tomaran parte en los disturbios. Entre ellos estaba Evariste Galois, que trató de escalar la pared para escapar del encierro, aunque no lo logró. Últimamente el director había escrito varios artículos de periódico en los que censuraba a los estudiantes, y Galois replicó con otro artículo donde le reprochaba haber encerrado a los estudiantes. A consecuencia de ello, fue expulsado de la École Normale  y se unió a la Artillería de la Guardia Nacional. Sin embargo, el rey Luis Felipe I recelaba de las inclinaciones republicanas radicales de dicho cuerpo y lo abolió el 31 de diciembre.

En los Estados Unidos hacía ya tiempo que se oían voces contrarias a la esclavitud. No obstante, éstas eran moderadas. En los Estados no esclavistas, la gente solía contentarse con no ver esclavos a su alrededor, pero consideraban una impertinencia la idea de decirles a otros Estados si podían o no podían tener esclavos. Un detractor típico de la esclavitud era Benjamin Lundy, de cuarenta y un años. Era cuáquero y argumentaba como todos los cuáqueros: con humildad y moderación. A sus veintiséis años había fundado en Ohio la Sociedad Humana de la Unión, y cuatro años más tarde el periódico Philanthropist, en el que difundía sus ideas contra la esclavitud. Después había marchado a Misuri para oponerse a la expansión de la esclavitud en ese Estado. Después abrió un nuevo periódico en Baltimore: The Genius of Universal Emancipation, que ahora cumplía los nueve años de antigüedad. Había visitado Haití en busca de un posible refugio para esclavos liberados, y hacía un par de años había emprendido un viaje a pie por los Estados del este para difundir sus ideas a través de discursos. Ahora se encontraba en México, buscando aún un buen lugar para enviar esclavos liberados (Haití no le había parecido una buena opción), y había dejado su periódico bajo la dirección de William Lloyd Garrison, un joven de veinticinco años que estaba dando sus primeros pasos en la defensa de los negros. Al principio se había adherido a la American Colonization Society, que enbarcaba a los negros hacia Liberia, pero pronto se dio cuenta de que así lo único que se conseguía era llevarse de América a los negros libres, que sólo eran una molestia para los esclavistas y quienes más fuerza podían hacer por la libertad de sus semejantes. De hecho, los Estados esclavistas eran los principales impulsores de la Sociedad. Cuando se encontró con el periódico de Lundy en sus manos, cambió la línea editorial y publicó artículos muy agresivos. En uno de ellos acusaba de trato de esclavos a un tal Francis Todd, que presentó una demanda contra Lundy y Garrison. Lundy fue absuelto por estar ausente cuando se publicaron los artículos, pero Garrison fue condenado a una multa que no pudo pagar y que fue transformada en seis meses de cárcel (aunque a las pocas semanas fue puesto en libertad porque un abolicionista pagó la fianza).

Estos incidentes hicieron que Garrison se separara de Lundy, y entonces fundó su propio periódico, The liberator, financiado principalmente por negros libres, en el que pudo dar rienda suelta a su vehemencia. El primer ejemplar salió el 1 de enero de 1831, y en el editorial podía leerse:

Estoy al corriente de que muchos presentan objeciones por la severidad de mi lenguaje; pero ¿no existe un motivo para tal severidad? Seré tan duro como la verdad, y tan descomprometido como la justicia. En este aspecto, no deseo pensar, o hablar, o escribir con moderación. ¡No! ¡No! Pedidle a un hombre cuya casa está en llamas que presente una alarma moderada; pedidle que rescate moderadamente a su esposa de las manos del violador; pedidle a la madre que separe gradualmente a su bebé del fuego en el que ha caído; – pero no me presioneis para emplear la moderación en una causa como la presente. Soy serio – No me equivocaré – No me disculparé – No retrocederé ni un solo paso – Y SERÉ ESCUCHADO.

The liberator se oponía a la esclavitud, a la masonería, a la prisión por deudas, al alcohol y al tabaco. Denunció a las Iglesias como órganos de opresión y hasta defendió la igualdad entre hombres y mujeres. Garrison fue uno de los primeros en hablar abiertamente de abolicionismo, palabra poco conocida hasta entonces.

El 4 de enero Juan Manuel de Rosas, el gobernador de Buenos Aires, firmó con las provincias litorales el pacto federal por el que se constituía la Liga del Litoral, dispuesta a enfrentarse a la Liga Unitaria de José María Paz, ahora también conocida, por oposición, como Liga del Interior.

El 5 de enero fue promulgada la Constitución de Hesse.

El 7 de enero llegó a Varsovia la respuesta del zar Nicolás I al mensajero enviado por Chlopicki: Exigía una sumisión completa y el reconocimiento de la autoridad del gran duque Constantino. Ante este fracaso, Chlopicki dimitió.

Felix Mendelssohn, durante su viaje a Gran Bretaña, visitó Escocia y, tras reponerse de un accidente que le lesionó la rodilla, marchó a Italia. Allí conoció a Berlioz, que el año anterior había ganado el premio de Roma con su cantata Sardanápalo, el cual incluía un año de estancia en Italia. Allí compuso Lélio ou le retour à la vie, que él mismo describe como un complemento a la Sinfonía fantástica. Allí trató de olvidar a su Harriet y cortejó a una joven pianista llamada Camille Moke.

El matemático Johannes Lejeune Dirichlet fue admitido en la Academia de Berlín y el consecuente aumento de sueldo le permitió contraer matrimonio. Se casó con Rebecca Mendelssohn, una de las hermanas del compositor Felix Mendelssohn.

Mendelssohn y Berlioz coincidieron en Roma con un músico ruso de veintisiete años llamado Mikhail Glinka, que estaba en Italia por recomendación de su médico. Allí estuvo estudiando varios años, pero se convenció de que no debía convertirse en un músico italiano, sino que debía hacer para la música Rusa lo que Donizetti y Bellini estaban haciendo para la música italiana. De esta época datan varias piezas para piano con variaciones sobre temas de las óperas de estos compositores. Bellini estrenó ese año en Milán dos de sus obras maestras: La sonámbula y Norma.

A primeros de año Paganini estuvo en París, donde dio 12 conciertos, y luego marchó a Gran Bretaña. Tras dar alrededor de una veintena de conciertos en Londres, visitó Norwich, Dublín, Edimburgo y Bristol.

Schumann presentó al público su Opus 2: Papillons, una colección de escenas de danza para piano que hicieron ver en él un futuro prometedor.

Victor Hugo publicó Nuestra Señora de París, una novela que le costó un gran esfuerzo, pero que fue muy bien recibida por la crítica y se ha convertido en un clásico de la novela romántica.

Balzac consiguió su primer gran éxito con su novela fantástica La piel de zapa, que fue elogiada tanto por el público como por el anciano Goethe.

Similarmente, Alexandre Dumas consiguió su primer gran éxito con el estreno de su drama Antony.

Washington Irving publicó sus Viajes y descubrimientos de los compañeros de Colón.

James Fenimore Cooper publicó su cuento The Bravo, ambientado en Venecia, en el que denuncia la oposición en Europa a los sistemas de gobierno republicanos. Aunque Venecia era formalmente una república, estaba dominada realmente por una oligarquía que Cooper presenta como despiadada e intrigante. Esta obra tuvo una amplia difusión tanto en Europa como en los Estados Unidos.

Pushkin ingresó como funcionario en la cancillería rusa de asuntos exteriores. Ese año conoció a un joven ucraniano de veintidós años llamado Nikolai Gogol, al que animó a seguir la carrera de escritor. Ese año Gogol publicó un volumen de historias ucranianas titulado Tardes en una granja cerca de Dikanka.

Ese año se publicó Rosa y blanco, una novela escrita en colaboración por el novelista francés Jules Sandeau y la baronesa Amandine Aurore Lucile Dupin, que firmó con el pseudónimo de George Sand. Tenía veintisiete años y hacía dos que se había separado de su marido, el barón Casimir Dudevant, y se había instalado en París con sus dos hijos. Solía ir por la calle con ropa masculina y fumaba tabaco, algo totalmente insólito en una mujer de la época y se relacionaba con los principales artistas de la sociedad parisina. Ese mismo año terminó su novela Valentine.

El Libro de Mormón
Índice La independencia de Bélgica