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EL CISMA DE OCCIDENTE

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En 1373 el emperador bizantino Juan IV participó con su ejército en una campaña en Asia Menor a las órdenes del sultán otomano Murat I. Juan IV tenía un hijo de veinticinco años, Andrónico Paleólogo, que se alió entonces con el príncipe Sawy, hijo del sultán otomano Murat I, en un complot para derrocar a sus respectivos padres. El intento fracasó, y ambos príncipes fueron desheredados y cegados. Pero Andrónico conservó parcialmente la vista, logró escapar, se alió con los genoveses y acusó a su padre de someterse a los turcos. El Imperio entró así en una nueva guerra civil.

En 1374, el rey Carlos V de Francia jugó contra Pedro IV la carta que tenía en la manga desde hacía unos años: el derrocado rey Jaime IV de Mallorca cruzó los Pirineos al frente de unos seis mil hombres y empleó en Cataluña una táctica de guerrillas similar a la que Du Guesclin empleaba en Aquitania.

El Papa Gregorio XI recibió la visita de una dominica llamada Catalina de Siena. Su fama de caer en estados de éxtasis místico y de recibir estigmas y revelaciones le había granjeado una aureola de santidad. Se había sentido defraudada con el regreso a Aviñón de Urbano V y, tras cuatro años de meditación, a sus veintisiete años se presentó en Aviñón para convencer a Gregorio XI de que era voluntad de Dios que restituyera a Roma como sede del Papado (y que el castigo por desoír el mensaje divino sería soportar los insistentes sermones y las increpaciones de la dominica).

Ese año murió sin descendencia el emperador latino de Constantinopla Felipe II (había tenido tres hijos, pero murieron jóvenes). El vacuo título imperial y los principados de Tarento y Acaya los heredó su hermana Margarita, quien los compartió con su hijo Jacobo de Baux.

En Castilla murió Sancho, el conde de Alburquerque, hermano del rey Enrique II. Dejó como heredera a una hija de pocos años, Leonor, que se convertía en el mejor partido de Castilla. Desde hacía unos dos siglos, los nobles castellanos con mayor poder político o económico que antiguamente habían sido conocidos como magnates o barones, ahora eran llamados ricoshombres, y por ello Leonor fue conocida como la ricahembra.

Ahora el conde Carlos de Gravina era el último representante masculino de la segunda casa de Anjou (el único varón vivo además del rey de Hungría y Polonia Luis I el Grande). Esto prácticamente lo aseguraba como heredero del reino de Nápoles, mientras que Hungría y Polonia le quedaban más lejos a causa de que Luis I había tenido una segunda hija, Eduvigis, que ya había cumplido dos años. Luis I venció las reticencias de la nobleza polaca a aceptarlo como rey cuando concedió el privilegio de Kosyze, por el que eximía a los nobles del pago de impuestos. (Luis I no necesitaba dinero: casi la tercera parte del oro que circulaba en Occidente provenía de las minas de Hungría.)

Pero la muerte más destacada del año fue la de Francesco Petrarca, a sus setenta años de edad. Durante toda su carrera como escritor, Petrarca había buscado la inmortalidad literaria, pero creyó que la conseguiría a través de sus obras en latín. Durante un tiempo, su proyecto más ambicioso fue el Africa, un poema latino en hexámetros sobre la segunda guerra púnica, basado en la narración de Tito Livio. Llegó a escribir nueve de los doce libros proyectados. Sin embargo, la obra latina de Petrarca no tardó en ser poco menos que olvidada, fuera de círculos muy especializados, mientras que fue su obra en italiano la que pronto lo convirtió en una de las figuras más alabadas e imitadas de la literatura universal.

La versión final de su cancionero consta de 317 sonetos, 29 canciones, 9 sextinas, 7 baladas y 4 madrigales. Está dividido en dos partes, la primera de las cuales contiene los poemas compuestos supuestamente en vida de Laura y la segunda los compuestos tras su muerte (pero en realidad consta que hay poemas tardíos insertados en la primera parte). Aunque algunos están dedicados a otros temas (a otros personajes, a censurar el papado de Aviñón, etc.) los de la primera parte se centran en el amor del poeta por Laura y los de la segunda se dividen entre aquellos en los que el poeta llora la muerte de Laura y aquellos en los que se arrepiente de haber consagrado su vida al amor.

Petraca acabó sus Triunfos apenas unos meses antes de morir. Constan de más de seis mil versos endecasílabos, distribuidos en tercetos encadenados. La obra se divide en seis partes y algunas de ellas en capítulos: Triunfo del Amor, Triunfo del Pudor, Triunfo de la Muerte, Triunfo de la Fama, Triunfo del Tiempo y Triunfo de la Eternidad. Como en la Divina Comedia, en cada parte aparece una sucesión de personajes ilustres, a cada uno de los cuales se le dedica un breve espacio.

En Londres acababa de ser nombrado inspector de aduanas del puerto un escritor llamado Geoffrey Chaucer. Hijo de un negociante, de joven había luchado en Francia y en Castilla. Ahora tenía unos treinta y cinco años, y había escrito el Libro de la duquesa (cinco años antes) y una traducción al inglés del Roman de la Rose, acabada unos dos años atrás, poco antes de partir a Génova en una misión diplomática. Es probable que en su viaje por Italia hubiera conocido a Petrarca y a Boccaccio. El creciente nacionalismo inglés estaba erradicando de Inglaterra el francés normando, y la nobleza demandaba una hasta entonces prácticamente inexistente literatura en lengua inglesa. Este interés estimuló a Chaucer, que pronto fue un buen conocedor de la literatura francesa e italiana.

La cultura florecía en Francia bajo la protección del rey Carlos V el Sabio. Ese año se escribió un diálogo anónimo titulado El sueño del jardín, en el que se defiende que la Corona estaba por encima del rey, quien sólo debía rendir cuentas a Dios y a la "comunidad del reino". Las reglas de sucesión debían ser fijas y estables, las finanzas sanas y las leyes justas. Por esta época, el matemático y filósofo Nicolás de Oresme redactó su tratado De origine et mutationibus monetarum, donde afirmaba que los recursos propios del soberano debían ser distintos de las finanzas públicas, y que la moneda debía ser estable y no estar sometida a "mutaciones" (devaluaciones), salvo que realmente lo exigiera el bien del reino.

El teólogo inglés John Wycliffe empezó a enseñar en la universidad de Oxford, donde empezó a redactar una serie de tratados con una doctrina cada vez más revolucionarioa. En 1375 publicó De dominio diuino y De ciuili dominio. Impulsó una traducción de la Biblia al inglés y envió por todo el país unos predicadores conocidos como poor priesters (predicadores pobres), pero que fueron más conocidos como lolardos (del alemán lullen, canturrear en voz baja, por sus salmodias). Los lolardos predicaban un igualitarismo religioso y social basado en textos bíblicos. Pronto alcanzaron una gran popularidad.

Los mamelucos llevaban unos años atacando y asolando Armenia, hasta que, el 13 de abril, el rey León VI tuvo que rendirse y fue llevado prisionero a Egipto.

El tratado firmado dos años antes entre Enrique II de Castilla y Carlos II de Navarra estipulaba el matrimonio entre Carlos, el heredero de Carlos II, y Leonor, hija de Enrique II, matrimonio que se celebró el 27 de mayo, cuando Carlos acababa de cumplir los catorce años. (Leonor tenía veinticinco.) Al mismo tiempo, Enrique II casó a su hijo Juan, de diecisiete años, con Leonor, hija del rey Pedro IV de Aragón. Estos matrimonios formaban parte de la estrategia del rey castellano para afianzar su dinastía.

Tras algo más de un año de operaciones infructuosas en Cataluña, el rey Jaime IV de Mallorca tuvo que cruzar la frontera castellana para refugiarse en Soria, donde murió a los pocos meses. Jaime IV había designado como heredera de Mallorca a su hermana Isabel, la cual había renunciado a sus derechos sucesorios ante Pedro IV a cambio de una dote que nunca llegó a cobrar (dote por su matrimonio con el marqués de Montferrato, del que había enviudado tres años atrás). En estas circunstancias, consideró que su renuncia quedó sin efecto y en agosto vendió sus derechos al duque Luis I de Anjou.

El rey Fernando I de Portugal promulgó la ley das Sesmarias, por la que obligaba a los terratenientes a cultivar sus tierras, bajo pena de expropiación. También había dictado leyes para fomentar la navegación: el estado suministraba madera gratis a los armadores a cambio de una tasa sobre el flete de sus navíos, tasa con la que a su vez se sufragaba un fondo de seguros navales.

Florencia había promovido una Liga antipontificia, y Catalina de Siena logró persuadir a Lucca y Pisa para que no se unieran a ella. Luego se presentó en la misma Florencia, para defender al Papa Gregorio XI, pero tuvo que huir para salvar su vida ante un motín popular.

El duque Alberto III de Austria se casó con Beatriz de Hohenzollern, hija del burgrave Federico V de Nuremberg.

El gran príncipe de Moscú, Demetrio Donskói, logró que los demás príncipes rusos (excepto los de Tver, Nóvgorod y Riazán) lo aceptaran como caudillo para encabezar una rebelión contra el yugo mongol. Lentamente, los rusos empezaron a prepararse, Demetrio contruyó en Moscú un kremlin, o recinto fortificado. En todo momento contó con la colaboración de Sergio Radonezhski, que contribuyó decisivamente en el proceso de unificación de Rusia.

Entre los fallecidos ese año destacan:

En 1376 Andrónico Paleólogo, con la ayuda de los genoveses, logró derrocar a su padre, el emperador bizantino Juan V, y a su hermano Manuel III, a quien Juan V había nombrado emperador asociado. Así se convirtió en Andrónico III.

El emperador Carlos IV logró que su hijo, el rey Venceslao IV de Bohemia, fuera elegido rey de romanos. Además concertó con el rey Luis I de Hungría y Polonia el futuro casamiento de Segismundo, su segundo hijo, que tenía entonces ocho años, con María, la heredera de Luis I, que tenía entonces seis.

Ese año murió Eduardo de Woodstock, el príncipe de Gales, víctima de la enfermedad que ya le aquejaba varios años. Es recordado como el Príncipe Negro, dicen que por el color de su armadura, pero no hay evidencias de que realmente su armadura fuera negra, ni mucho menos de que recibiera tal sobrenombre en vida. Al contrario, el nombre de "príncipe negro" no está documentado hasta dos siglos después de su muerte. Su hijo Ricardo, de nueve años, se convirtió en el nuevo príncipe de Gales, esto es, en el nuevo heredero del trono británico. Su hermano Juan de Gante, el duque de Lancaster, se encargó desde entonces de la política exterior inglesa. Geoffey Chaucer fue elegido miembro del parlamento inglés.

También murió Mariano IV, el gobernador de Arborea, en Cerdeña, que se había sublevado contra el dominio catalán. Su hijo Hugo IV mantuvo la política de hostilidad hacia los catalanes.

El Imperio Chichimeca se había fragmentado en varios principados, cada vez más independientes del soberano Techotlala. Entre estos principados destacaba el de los tepanecas, que tenía por rey a Tezozómoc y capital en Azcapotzalco. Tezozómoc sometió a los aztecas y los puso bajo el gobierno del rey Acamapichtli, que adoptó hábilmente una actitud amistosa hacia Techotlala y sumisa hacia Tezozómoc, lo que le permitió engrandecer Tenochtitlan, su ciudad. Además, los tepanecas y los aztecas fueron conquistando conjuntamente las diversas ciudades-estado del valle de México.

El Papa Gregorio XI, viendo fracasados sus intentos de someter a Florencia por la fuerza, decretó un interdicto contra la ciudad (es decir, prohibió todos los servicios religiosos) y, en septiembre, aceptando las súplicas de Catalina de Siena, dejó Aviñón y viajó hasta Génova, donde le esperaba Catalina. Las súplicas de la osada dominica vencieron finalmente la oposición de numerosos cardenales y el Papa marchó a Roma acompañado de Catalina. Allí llegó en enero de 1377 y restituyó a la ciudad como sede pontificia. Los Papas habían residido en Aviñón durante sesenta y ocho años. Debido a que, según la Biblia, los judíos estuvieron exiliados en Babilonia durante setenta años, el periodo del papado de Aviñón es denominado a veces el cautiverio babilónico del papado. La ausencia del Papa había perjudicado gravemente a la ciudad de Roma. Se cuenta que, cuando regresó, Gregorio XI la encontró en ruinas y medio abandonada. El palacio papal de san Juan de Letrán servía de refugio a algunos rebaños de cabras, así que el Papa decidió trasladar la sede pontificia al Vaticano, que contaba con mejores instalaciones, entre ellas el antiguo mausoleo de Adriano, ahora conocido como Castel Sant'Angelo.

El conde de Foix, Gastón III Febo, había alternado su apoyo a Francia o a Inglaterra en la Guerra de los Cien Años en función de su antigua contienda con los condes de Armagnac: primeramente había sido leal al rey Felipe VI, pero Juan II se puso de parte de Armagnac y entonces cambió de bando, y continuó su guerra particular con la ayuda de las Grandes Compañías. Ahora Carlos V logró ganarse el favor del conde y lo nombró lugarteniente del Languedoc. Desde este momento, su lealtad a Francia resultó inquebrantable.

El rey Carlos V de Francia nombró obispo de Lisieux a Nicolás de Oresme, que por esta época escribió su Livre du ciel et du monde, en el que analiza la posibilidad de que la Tierra gire sobre sí misma, en lugar de ser el Sol, los planetas y las estrellas los que giren a su alrededor. Sin embargo, él mismo descarta esta posibilidad al final de su obra.

En Reims murió, con casi ochenta años, un clérigo llamado Guillaume de Machaut. Había sido secretario del rey Juan el Ciego de Bohemia, luego sirvió a Carlos el Malo de Navarra y finalmente a la casa real francesa. Fue uno de los músicos más destacados de su época. Sistematizó el uso de nuevas formas musicales derivadas del canto gregoriano, como el canon y el motete. Entre sus obras destaca una misa a cuatro voces conocida como Misa de Notre Dame. También fue poeta, y su obra suma unos ochenta mil versos. Muchos de sus poemas están compuestos para ser cantados. No son muy originales, pero contribuyeron a fijar diversas formas poéticas y musicales, como el rondó, la balada, el lai, el virelai y el canto real. Estos géneros fueron cultivados, entre otros, por Eutache Deschamps, que tenía ahora sobre los treinta años y estaba al servicio de Carlos V. Entre sus obras destaca un elogio fúnebre a Guillaume de Machaut.

Por estas fechas, sin librar ninguna batalla destacada, Du Guesclin había logrado reconquistado la mayor parte de Francia. Los ingleses conservaban únicamente los alrededores de Calais y la Guyena, poco más de lo que poseían antes de iniciarse la guerra. Por otra parte, las pérdidas francesas se habían compensado con creces con la anexión del Delfinado y el ducado de Borgoña. Entonces murió el rey Eduardo III, y fue sucedido por su nieto Ricardo II, de diez años de edad, hijo del difunto príncipe Eduardo. Durante su minoría de edad, fue Juan de Gante quien gobernó Inglaterra. Éste nombró conde de Buckingham a su hermano Tomás de Woodstock y duque de Derby a su hijo de diez años Enrique de Boningbroke.

También murió el rey Federico III de Sicilia. Había logrado reconquistar toda la isla, tras haber estado a punto de perderla frente al rey Luis de Nápoles. Fue sucedido por su hija María, de diez años, hija de su primera esposa, Constanza y nieta del rey Pedro IV de Aragón. Éste anexionó a la Corona de Aragón los ducados de Atenas y Neopatria, que Federico III había cedido a su hermana Leonor, la esposa del rey aragonés. Leonor había fallecido dos años atrás, y ahora Pedro IV se casaba con su amante, Sibila de Fortiá, lo que enturbió sus relaciones con su primogénito, Juan.

En Lituania murió el gran duque Olguerd. Se había casado con una princesa rusa, Uliana de Tver, que consiguió que consintiera en ser bautizado, con el nombre de Alejandro. Dejó siete hijos y fue sucedido por uno de ellos, Kestutis.

El conde Amadeo VI de Saboya casó a su hijo Amadeo con Bona, hija del duque Juan de Berry, hermano del rey Carlos V de Francia.

El ban de Bosnia Tvrtko I se había apoderado de algunos territorios servios y había socorrido a los croatas contra el dominio húngaro. Ahora cambiaba su título por el de rey de Bosnia. Aliado con los servios, se enfrentó a los turcos.

En Valaquia murió el príncipe Ladislao I, que fue sucedido por Radu.

Tiempo atrás se había segregado de la Horda de Oro la llamada Horda Blanca, dominada por mongoles nómadas, los únicos capaces de preocupar a Timur Lang. Por ello Timur ayudó a apoderarse de la Horda Blanca al kan Tuqtamis.

El teólogo ingés John Wycliffe fue citado por el Papa, pero no tuvo que acudir a su presencia porque Gregorio XI murió poco después, el 8 de abril de 1378. Parece ser que, ante las dificultades que estaba encontrando en Italia, el Papa tenía proyectado su regreso a Aviñón. La mayoría de los cardenales permanecía en esta ciudad, y tan sólo dieciséis estaban en Roma cuando murió el sumo pontífice. Sólo éstos participaron en el cónclave que eligió como nuevo Papa, con prisas y entre los gritos amenazadores de los romanos, que exigían un Papa italiano, al arzobispo de Bari, Bartolomeo Prignano, que no era cardenal, y adoptó el nombre de Urbano VI. Al cabo de un tiempo recibió por carta la obediencia de los cardenales de Aviñón.

El 20 de julio estalló una revuelta social en Florencia, protagonizada por los ciompi, los obreros que no pertenecían a ninguna corporación, lo que los excluía de toda función pública y los dejaba particularmente indefensos ante la opresión de sus amos. Se adueñaron de la ciudad e impusieron algunas reformas, como la creación de tres nuevas corporaciones, dos para los pequeños artesanos que poseían una tienda y otra para los obreros. El 31 de agosto se produjo una nueva revuelta, pero fue aplastada por la aristocracia.

El Papa Urbano VI adoptó actitudes radicales muy poco oportunas para la delicada situación política de Italia y del Papado, y desoyó los consejos de prudencia que le daba Catalina de Siena. Finalmente, varios de los cardenales italianos que lo habían elegido empezaron a dudar de su salud mental y huyeron a Agnani. Desde allí lanzaron un manifiesto a los príncipes de la cristiandad en el que denunciaban las coacciones bajo las cuales había sido elegido el nuevo Papa y declararon inválida esta elección.

Entre los cardenales más prestigiosos que apoyaron este manifiesto estaba el aragonés Pedro Martínez de Luna. Su opinión fue decisiva y, poco después, se celebró otro cónclave en Fondi, donde el 20 de septiembre fue elegido Papa el cardenal Roberto de Ginebra, que adoptó el nombre de Clemente VII y regresó a Aviñón. Se inició así el llamado Gran cisma de Occidente. No era, ni mucho menos, la primera vez que la Iglesia Católica tenía dos Papas en los últimos siglos, pero hasta entonces había sido fácil distinguir entre "el Papa bueno" y "el malo". En la mayoría de los casos el "antipapa" había sido elegido por el emperador alemán y apenas había contado con unos pocos adeptos. Sin embargo, ahora la situación era mucho más desconcertante: la mayoría de los cardenales apoyaba a Clemente VII, pero Urbano VI había sido elegido primero y se apresuró a formar su propio colegio cardenalicio. En los años siguientes, los distintos reinos europeos fueron tomando partido por uno u otro Papa y cambiando de opción según conviniera en cada momento (el principio básico era: el Papa de mi enemigo no puede ser el bueno). Así, como cabía esperar, Francia apoyó a Clemente VII, lo que hizo que Inglaterra se decantara por Urbano VI. El rey Pedro IV de Aragón adoptó una política de neutralidad, pero su tío Pedro, el conde de Prades, apoyó también a Urbano VI.

Pero en un primer momento todo era desconcierto. Las cartas de Catalina de Siena a los cardenales disidentes y las reprimendas a su Papa, Urbano VI, fueron desoídas, y los católicos de a pie fueron dividiéndose sin orientación alguna entre urbanitas y clementinos.

En este río revuelto cobraron auge los movimientos heréticos (según unos) o reformistas (según otros), que estaban pasando gradualmente de ser meros movimientos populares de protesta o rebeldía a contar con el apoyo de teólogos reputados. Era el caso de John Wycliffe, que acababa de escribir su tratado De ecclesia y ahora, tras el cisma, se apresuró a publicar su De officio regis, en el que negaba toda supremacía pontificia sobre el poder real, condenaba el uso que daban los Papas a las indulgencias (más o menos: paga e irás al cielo)  y, finalmente, concebía una Iglesia desligada del papado, sometida únicamente a la autoridad de las Escrituras. Wycliffe fue procesado por el arzobispo de Canterbury, pero el apoyo popular impidió que se tomara medida alguna contra él. Su doctrina puso en entredicho a la universidad de Oxford, de la que era profesor, y ello fue uno de los factores que permitió a la universidad de Cambridge ponerse a la par de su rival.

Ese año murió el emperador Carlos IV y, de acuerdo con lo dispuesto, fue sudedido por su hijo, el rey Venceslao IV de Bohemia. Éste cedió entonces a su hermano Segismundo el margraviato de Brandeburgo.

También murió Galeazzo II Visconti, el señor de Milán, que fue sucedido por su hijo Gian Galeazzo I Visconti. Estaba casado con Isabel, hermana del rey Carlos V de Francia.

El infante Juan, heredero del rey Pedro IV de Aragón, enviudó de su primera esposa, Mata de Armagnac, y en 1379 decidió casarse con Violante de Bar, hija del duque Roberto de Bar y de una hermana del rey Carlos V de Francia. El matrimonio se celebró pese a la oposición de Pedro IV, y Violante no tardó en enfrentarse abiertamente a su suegro y a la esposa de éste, Sibila de Fortiá, ahondando las diferencias ya existentes entre ambos y su marido. Los catalanes que ocupaban los ducados de Atenas y Neopatria pidieron a Pedro IV que declarara que estos territorios serían a perpetuidad parte de la Corona de Aragón.

En mayo murió el rey Enrique II de Castilla, y fue sucedido por su hijo Juan I.

También murieron el duque Otón V de Baviera-Landshut y Felipa, la condesa del Ulster, prima del rey Ricardo II de Inglaterra. Su hijo de cinco años, Roger Mortimer, heredó el condado.

Los burgueses de Gante y Brujas se rebelaron contra el conde Luis II de Flandes bajo la dirección de Filips van Artevelde, el hijo Jacob van Artevelde.

Los duques de Austria decidieron repartirse sus posesiones. El mayor, Alberto III, se quedó con Austria, mientras que Leopoldo III se quedó con Estiria, Carintia, Carniola, el Tirol y Alsacia. De este modo, la familia de los Habsburgo se dividió en la línea albertina y la línea leopoldina.

El sultán otomano Murat I restableció en el trono bizantino a Juan V, y su hijo Andrónico IV tuvo que conformarse con la promesa de la sucesión y unos pocos territorios.

En gran príncipe de Moscú, Demetrio Donskói, con la ayuda de Sergio Radonezhski, había logrado mover a los rusos a la rebelión contra el yugo mongol. En 1380 se negó a pagar el tributo a la Horda de Oro, y el kan Mamai marchó a Rusia al frente de un ejército, dispuesto a tomar represalias, pero los rusos lo derrotaron en Kulikovo. Poco después Mamai fue derrotado también por Tuqtamis, el kan de la Horda Blanca, que se adueñó de la Horda de Oro.

Fray Vicente Ferrer, un dominico valenciano de treinta años que estaba estudiando teología y filosofía en Francia, escribió un libro titulado De moderno Ecclesiae schismate, en el que demostraba que el verdadero Papa era Clemente VII y no Urbano VI, y se lo dedicó al rey Pedro IV de Aragón, que seguía sin decantarse por uno u otro Papa.

Ese año murió Margarita de Tarento, la Emperatriz Latina de Oriente. Fue sucedida por su hijo Jacobo, que se encontraba entonces en Morea, donde su madre lo había enviado para asegurar su dominio sobre el principado, dominio que le era disputado por la reina Juana de Nápoles.

En Noruega murió el rey Haakon VI, que fue sucedido por su hijo de diez años, el rey Olaf II de Dinamarca, ahora también Olav IV de Noruega. Su madre, la reina Margarita, pasó a ser regente de ambos estados.

También murió santa Catalina de Siena. Su correspondencia y su libro De la doctrina divina figuran entre los clásicos de la literatura italiana.

En Damasco murió el astrónomo Shams al-Din Abú Abdallah al-Khalili, que había publicado una serie de tablas, como su tabla para calcular la hora a partir de la posición del Sol y de la latitud del lugar o su tabla para determinar la dirección de la Meca a partir de la longitud y la latitud. Para comprender la magnitud de su trabajo hay que tener presente que estas tablas requieren sofisticados cálculos que involucran trigonometría esférica, así como que algunas de ellas tienen unas trece mil entradas. Sus tablas sobre la dirección de la Meca tienen una precisión superior a una décima de grado.

Enrique de Trastámara
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