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A mediados del siglo I el cristianismo se había extendido por todo el Imperio Romano. Desde que el concilio de Jerusalén sancionara la doctrina de Pablo, según la cual Jesucristo había ordenado a los apóstoles predicar el Evangelio a toda la humanidad, el número de los devotos con vocación evangelizadora creció espectacularmente y la nueva fe no tardó en llegar hasta la misma Roma.

Además de las virtudes que en sí misma tenía la nueva religión, su expansión se vio favorecida por su capacidad de absorber otras creencias. Así, por ejemplo, la fiesta principal del mitraísmo era el día del solsticio de invierno, que con un pequeño error habían fijado en el 25 de diciembre, fecha en la que celebraban el nacimiento del Sol. Los cristianos decidieron que ése era precisamente el día en que había nacido Jesucristo y así los mitraístas que se convertían al cristianismo no tenían que renunciar a su fiesta. Sólo que en lugar de celebrar el nacimiento del Sol celebraban la Natividad del Señor. Muchos adoradores de Isis, la dulce madre del niño Horus, tardaron poco en convertirse en devotos de la Virgen María. Probablemente, muchas de las imágenes podían ser reinterpretadas sin retoque alguno. Fueron los primeros pasos de un proceso que continuaría en los siglos siguientes: cada fiesta pagana fue sustituida por la fiesta en honor de algún santo o de alguna virgen, con lo que, en cierta medida, el politeísmo popular pervivió enmascarado en el santoral cristiano. Los cristianos se agrupaban en iglesias (palabra griega que significa "asamblea") al frente de cada una de las cuales había un obispo o presbítero (más adelante, a medida que se establecía una jerarquía más compleja, estas palabras dejarían de ser sinónimas).

Los cristianos eran mal vistos entre los romanos. Habían heredado de los judíos su aversión a la idolatría, y era comprensible que las gentes sencillas se sintieran ofendidas al tratar con unos desconsiderados que se negaban, no ya a adorar, sino, cuanto menos, a mostrar un mínimo respeto hacia los demás dioses y creencias. Además, unas gentes que tenían por dios a un crucificado, es decir, a un delincuente, debían inspirar desconfianza por necesidad. Más grave era el hecho de que los cristianos, en su obsesión por huir de la idolatría, se negaban a aceptar el culto imperial, lo que en particular significaba que no podían ser soldados (al igual que los judíos), pues se negaban a prestar el juramento debido.

En 50 Claudio promulgó un decreto por el que se expulsaba de Roma a "los judíos que se agitan por instigación de Cristo". Vemos además que los cristianos eran considerados como judíos, lo que automáticamente les transfería la fama de conflictivos que los judíos se habían ganado a pulso. Obviamente los cristianos no fueron expulsados de Roma, sino que a partir de ese momento vivieron en la clandestinidad. Se reunían de noche, adoptaron signos para reconocerse discretamente, etc. Todo esto contribuyó a empeorar su imagen.

En 51 el rey parto Gotarzes fue sucedido por Vonones II, pero tras unos meses de reinado fue derrocado por Vologeso I. El nuevo rey decidió reivindicar los derechos partos sobre Armenia, y puso como rey a su hermano Tirídates, aprovechando una revuelta por la que fueron expulsados los príncipes impuestos por Roma. En esos momentos, Roma estaba volcada en la conquista de Britania. Caractaco fue finalmente capturado y asesinado.

En la corte, Agripina estaba moviendo los hilos necesarios para que su hijo Nerón, que entonces tenía catorce años, pudiera heredar el trono pasando por encima de Británico, el hijo de Claudio. Empezó a deshacerse de los partidarios de Británico y situó a hombres de confianza en los cargos de importancia. Su baza principal fue poner a Sexto Afranio Burro al frente de la guardia pretoriana. Entre los amigos del joven Nerón estaba Marco Anneo Lucano, sobrino de Séneca, de doce años, que cursó brillantemente estudios de retórica y filosofía.

En 52 Claudio nombró procurador de Judea a Marco Antonio Félix, el cual se casó con Drusila, una hija de Herodes Agripa (el difunto rey de Judea, padre del que ahora reinaba en Calcis). Sin duda el matrimonio fue un intento de ganarse la popularidad que Herodes Agripa había tenido entre los judíos, pero no funcionó.

En 53 Herodes Agripa logró de Roma unos cambios en su jurisdicción, que le llevaron a gobernar un territorio algo mayor que el que había gobernado Herodes Filipo. Se granjeó la hostilidad de los judíos, en parte porque fue tolerante con los cristianos, en parte porque se le acusó de mantener relaciones incestuosas con su hermana Berenice.

Nerón se casó con Octavia, la hija de Claudio. Finalmente, en 54, Agripina decidió que ya no necesitaba a su marido, lo hizo envenenar y la guardia pretoriana proclamó emperador a Nerón. El senado no pudo negarse.

Con el nuevo monarca, Séneca se convirtió en uno de los hombres más influyentes de Roma. Además de participar en el gobierno, siguió siendo el tutor del joven Nerón. Se vengó de Claudio escribiendo la Apocolocyntosis, una sátira que circuló clandestinamente, en la que se cuenta que Claudio, rechazado por los dioses por su crueldad, desciende al infierno, donde acaba convertido en calabaza. También escribió en esta época obras morales destinadas a la educación de Nerón. En ellas Séneca desarrolla su propia versión del estoicismo, si bien sólo en teoría, pues sus actitudes ante la vida fueron todo menos estoicas.

Aconsejado por Séneca y por Burro, Nerón siguió una política similar a la de Augusto. Se limitó a dirigir el ejército y la política exterior, y delegó el resto de la administración en el Senado. Redujo los impuestos y controló más firmemente a los recaudadores. Respecto a la política exterior, Nerón no estaba dispuesto a consentir el dominio parto sobre Armenia, por lo que envió a uno de sus generales más capaces: Cneo Domicio Corbulo, quien pasó varios años reorganizando el ejército oriental antes de enfrentarse a los armenios y los partos.

Séneca y Burro impulsaban a Nerón a librarse de la tutela de su madre, que poco a poco fue perdiendo su influencia. En 55 amenazó a Nerón con ayudar a Británico a hacerse con el trono, por lo que Nerón lo mandó matar. A partir de este momento Nerón se fue mostrando cada vez más despiadado. Séneca se dio cuenta de que se les escapaba de las manos y escribió Sobre la clemencia, tratando en vano de encauzarlo de nuevo. También escribió por esta época Sobre la vida feliz, una de sus obras más clásicamente estoicas.

Durante los últimos años, Pablo había estado en Éfeso, y luego había recorrido las comunidades cristianas que él mismo había establecido en sus viajes anteriores. Al parecer, en el concilio de Jerusalén Pablo se había comprometido a recaudar donativos que Pedro y los otros apóstoles distribuirían entre los pobres de Jerusalén (al menos en teoría). Así que en 57 llegó a Jerusalén con la recaudación (o con parte de ella, pues parece ser que alguna acusación hubo de malversación). De estos años son varias de las cartas recogidas en la Biblia. En ellas, además de explicar su doctrina, resolver pequeñas querellas y desautorizar a los "falsos apóstoles" que pretendían que los cristianos se circuncidaran y aceptaran la ley judía, Pablo emplea magistralmente todo género de argucias para excitar el amor propio y la competitividad entre las distintas comunidades y conseguir así las donaciones más generosas.

Sin embargo, cuando Pablo entró en el Templo se encontró con la indignación de los judíos, que consideraban sus enseñanzas contrarias a la Ley y llegaron a la conclusión de que con su presencia estaba profanando el Templo. Más aún, corrió el rumor de que había introducido incircuncisos en el Templo. Al parecer Pablo estuvo a punto de ser linchado, y se salvó por la protección que le ofreció un destacamento romano. No tardó en ser llevado ante el procurador Félix acusado de haber profanado el Templo. Pablo se defendió presentándose como un fariseo que creía en la resurrección de Jesús, pero cuando empezó a hablar del fin del mundo Félix llegó a la conclusión de que estaba loco y lo metió en la cárcel más por acallar a los judíos que por otra cosa.

En 58, Nerón recibió en su palacio a Popea, la esposa de su amigo Marco Salvio Otón, sobre la que no había dejado de oír elogios últimamente. Los elogios debían de tener fundamento, porque Otón fue pronto enviado a Lusitania. Mientras tanto Corbulo consideró que estaba en condiciones de enfrentarse a los partos. No obstante, propuso una solución de compromiso: Tirídates podría permanecer en el trono armenio si juraba lealtad a Roma, pero su propuesta no fue aceptada, así que invadió Armenia. En 59 había expulsado a los partos, tras lo cual instaló como rey a Tigranes V, de la familia del rey Herodes. Las tensiones entre Nerón y Agripina terminaron cuando el emperador hizo asesinar a su madre. Burro aprobó la medida, Séneca probablemente no, pero lo disimuló y continuó en el gobierno, a pesar de las acusaciones de haberse enriquecido escandalosamente en los últimos cuatro años. No obstante, paulatinamente fue retirándose de la vida pública para concentrarse en la literatura. Escribió Sobre la tranquilidad del alma y Sobre el ocio, donde incluyó pensamientos tan nobles como "Si el estado se halla tan corrompido que no hay posibilidad de remediarlo, el sabio evitará esfuerzos inútiles."

En 60, la tribu británica de los icenos estaba gobernada por un caudillo leal a Roma, pero murió sin hijos varones. Dejó dos hijas y a su viuda, la reina Budicca (o Boadicea). En su testamento había dejado parte de su fortuna a Nerón, con la esperanza de que así Roma respetaría a su familia, pero el gobernador romano de la región entendió que, ante la falta de herederos, todo su territorio pasaba a ser automáticamente territorio romano. Se adueñó de todas las propiedades y, al parecer, las hijas del difunto rey fueron maltratadas. Cuando Budicca protestó fue azotada. La reina esperó a que parte de las tropas romanas estuvieran alejadas para levantar a sus propias tribus y a las circundantes en una rebelión contra Roma. Los britanos rebeldes quemaron Colchester y destruyeron Londres, matando a todos los romanos que encontraron, e incluso a los britanos prorromanos. Nerón tuvo la fortuna de contar con buenos generales. Mientras en Oriente tenía a Corbulo, el año anterior había llegado a Britania Cayo Suetonio Paulino, que en cosa de un año sofocó la revuelta. La reina terminó suicidándose.

En Judea, el procurador Félix fue reemplazado por Porcio Festo. En 61 se entrevistó con Herodes Agripa, y en esos días se reabrió el proceso de Pablo, que fue llevado ante ellos. Pablo comprendió que la prioridad de Festo era evitar problemas con los judíos, así que lo mantendría en la cárcel. Por consiguiente apeló a su condición de ciudadano romano y pidió ser juzgado en Roma (con lo que le abría a Festo otra forma de librarse de él). Así Pablo zarpó hacia la capital del Imperio en lo que sería considerado su cuarto viaje apostólico.

En 62, tras una falsa acusación de adulterio, Nerón se divorció de su mujer Octavia. Poco después la desterró y luego la obligó a suicidarse. Antes de que acabara el año ya se había casado con Popea. También fue el año en que murió Burro, y Séneca ya estaba prácticamente retirado, enfrascado en la redacción de sus Naturales quaestiones, y luego de sus Epístolas a Lucilio, dos de sus obras mayores. Burro fue sustituido como jefe de la guardia pretoriana por Ofonio Tigelino, que había sido desterrado por Calígula por sus vinculaciones con Agripina. Tigelino y Popea se convirtieron en los más influyentes de Roma, ya que sabían manejar a Nerón y el emperador se desinteresó completamente de la política. Sus preocupaciones se centraron en las artes: escribía poesías, pintaba cuadros, tocaba la lira, cantaba y recitaba tragedias. Ansiaba actuar en público y recibir aplausos. Ciertamente los recibía, y le concedían premios, pero también hay que tener en cuenta que no hacerlo era perjudicial para la salud, luego no podemos hacernos una idea de la calidad de su arte. En la corte se hizo famoso Cayo Petronio,  que había sido gobernador de Bitinia, pero ahora se había entregado a la filosofía epicúrea y se rodeó de placeres y lujos. Escribió el Satiricón, en el que se burla del mal gusto de los que tienen más dinero que cultura y sólo saben gastar dinero. Nerón lo consideraba el arbiter elegantiarum (el árbitro de las cosas elegantes), y apelaba a él para imaginar nuevos juegos y formas placenteras de pasar el tiempo. Por el contrario, Lucano se vio apartado de la corte. Había escrito numerosas obras poéticas, entre ellas un elogio a Nerón, y tenía una buena técnica. Si bien su inspiración era inferior a la de Virgilio, gozó de fama en su tiempo y el emperador, celoso, terminó prohibiéndole dar recitales en público.

Ese año murió un joven poeta de veintiocho años llamado Aulo Persio Flaco. Había llegado a Roma a los doce años proveniente de Etruria. Allí completó su formación en gramática, retórica y se familiarizó con la filosofía estoica. Escribió seis sátiras en las que criticaba la decadencia moral de la época. Su estilo es un tanto oscuro y rebuscado, pero es posible que hubiera llegado a ser un buen poeta si hubiera vivido más tiempo. En el campo de la ciencia, dos figuras destacaron por esta época. Una era un médico griego llamado Dioscórides que sirvió en los ejércitos de Nerón, y escribió cinco libros sobre farmacopea en los que describía numerosas drogas extraídas de plantas. La otra era Herón de Alejandría, tal vez el más famoso inventor e ingeniero de la antigüedad. Su invento más famoso fue una máquina de vapor rudimentaria: una esfera con dos mangos curvos dentro de la cual se podía hervir agua. El vapor salía por los mangos y hacía girar la esfera. También estudió la mecánica y observó la conducta del aire, temas sobre los que escribió obras muy avanzadas para su época.

Nerón recelaba de los generales demasiado capaces, así que reemplazó a Corbulo en Armenia. Su sustituto sufrió una derrota y Tirídates recuperó el trono armenio. Corbulo tuvo que volver a su puesto y en 63 logró que Tiridates fuera a Roma a recibir su corona de Nerón. En definitiva, todo quedó como Corbulo había propuesto en un principio. Ese mismo año un terremoto daño la ciudad de Nápoles y sus alrededores.

En 64 se produjo un gran incendio en Roma que duró seis días y destruyó casi totalmente la ciudad. No es difícil imaginar causas posibles. En los barrios más pobres de la ciudad se apiñaban casas de madera en las que se producían incendios con frecuencia. Los sistemas de extinción eran rudimentarios y con cierta frecuencia las llamas se propagaban. En esta ocasión se superaron todos los precedentes. Nerón estaba en Antium, a unos cincuenta kilómetros al sur de Roma. Al recibir noticias del incendio volvió apresuradamente a Roma e hizo lo que pudo. Sin embargo, parece ser que en un momento dado le pudo su vena artística: el dramático escenario de la ciudad en llamas le recordó el incendio de Troya, cogió su lira y se puso a cantar algo que juzgó apropiado.

El emperador no tardó en ser acusado de haber provocado él mismo el incendio de Roma de forma intencionada, pero se adelantó a los acontecimientos y, antes de que el rumor se hubiera extendido demasiado, encontró un chivo expiatorio: los causantes del incendio habían sido los cristianos. Toda Roma consideró satisfactoria la explicación, muestra de la mala imagen que entonces tenía el cristianismo. Nerón decretó la primera persecución organizada contra los cristianos. No hay datos fiables sobre lo que fue de Pablo tras su llegada a Roma. Se sabe que permaneció un tiempo en prisión, desde donde escribió algunas de las cartas que se incluyen en la Biblia, pero es probable que terminara en libertad. Una de las (varias) tradiciones al respecto afirma que murió mártir, ya en esta primera persecución, ya en alguna de las que se produjeron en los años siguientes.

Con la reconstrucción de Roma, el ya desaforado gasto público se multiplicó. Nerón mandó erigir una colosal estatua suya, y también inició la construcción de un nuevo y lujoso palacio, la Domus aurea, hecho de hormigón y ladrillo, materiales resistentes al fuego que se pusieron de moda entre los que se lo podían permitir. Para hacer frente a los gastos tuvo que alterar el peso del denario y poner de nuevo en vigor la ley que permitía confiscar las fortunas de los traidores. Evidentemente, pronto surgieron traidores a los que confiscar las fortunas, y los falsos traidores pronto dieron paso a los auténticos conspiradores. En 65 fue neutralizada una conjuración organizada por el senador Cayo Calpurnio Pisón, que planeaba asesinar al emperador y ocupar su lugar. Cuando supo que su plan había sido descubierto, Pisón decidió suicidarse, pero Nerón se encargó de ejecutar a sus colaboradores. Entre los acusados estaban Séneca, Lucano y Petronio, que se quitaron ellos mismos la vida por mandato de Nerón. A partir de ese momento Nerón vio conspiradores en todas partes. Popea estaba embarazada y fue víctima de un ataque de histeria de su marido: Nerón le dio un puntapié en el vientre que le provocó la muerte. Eso sí, en su funeral recibió honores divinos.

Por esta época, un discípulo de Pablo llamado Marcos redactó lo que años más tarde se convertiría en el Evangelio según san Marcos, recogido en la Biblia, donde por primera vez se ponían por escrito con fines didácticos las palabras y los hechos de Jesús según las versiones que hasta entonces habían circulado oralmente.

Los historiadores chinos cuentan que el emperador Mingdi tuvo un sueño a raíz del cual mandó traer de la India maestros, libros e imágenes budistas. Obviamente esto no es creíble, pero es el primer reconocimiento oficial del budismo en China. Probablemente el budismo se fue infiltrando lentamente en el país desde principios de siglo. Concretamente, lo hizo la secta del gran vehículo, pues la secta del pequeño vehículo era una religión monacal, y la idea del monacato resultaba extraña a la mentalidad china, en la que la familia representaba un papel central.

En 66 hubo disturbios en Cesarea, la ciudad de Judea donde el procurador tenía su cuartel general, así que los judíos fueron expulsados. La noticia llegó a Jerusalén junto con el rumor de que el procurador pretendía apropiarse de parte del tesoro del Templo, con lo que Jerusalén también se amotinó. En Jerusalén se encontraban Herodes Agripa y su hermana Berenice, quienes trataron de calmar a la población haciéndoles ver lo que significarían las represalias romanas si la rebelión seguía adelante, pero los zelotes dominaban la situación y eran fanáticos. Se apoderaron del Templo y luego de toda la ciudad. La guarnición romana fue expulsada. Una legión romana entró en Jerusalén, pero fue obligada a retirarse y, durante su retirada, un improvisado ejército judío logró forzarla a presentar batalla y la derrotó. Esto convenció a los judíos de que habían vuelto los tiempos de los Macabeos, y todo el país se alzó en armas. Se estableció en Jerusalén un gobierno rebelde y el país fue dividido en distritos militares. En Galilea quedó al mando un sacerdote llamado Josefo, que dos años antes había visitado Roma para pedir un mejor trato hacia los judíos, al tiempo que en Judea había tratado de aplacar a los sectores más radicales del judaísmo.

Mientras sucedía todo esto, Nerón estaba de viaje por Grecia. Los griegos organizaron competiciones especiales en su honor, en las que el emperador pudo medirse con los más destacados poetas, cantantes, músicos, atletas y aurigas griegos. Para su regocijo, logró vencerlos a todos. Sólo hubo una cosa que los griegos no le consintieron: pidió permiso para iniciarse en los misterios eleusinos, pero le fue denegado porque había matado a su madre. Nerón no tomó ninguna represalia, lo que muestra el vigor que todavía tenían las religiones mistéricas griegas.

Nerón podía haber enviado a Corbulo a Judea, pero lo consideró un traidor potencial y en 67 le ordenó suicidarse. Corbulo se clavó su cuchillo y dicen que murmuró "me está bien empleado", refiriéndose a que debería haber traicionado realmente al emperador mientras había estado al frente de su ejército. Ésta fue tal vez la decisión más desafortunada de Nerón, pues a los generales romanos no les importaba mucho que se mataran senadores, pero se inquietaban bastante cuando la víctima era otro general.

No obstante, el ejército romano tenía muchos otros hombres capaces, y Nerón envió a Judea a Tito Flavio Vespasiano. En tiempos de Claudio había estado al frente de una legión en Germania y luego se había distinguido en la invasión de Britania. En tiempos de Nerón había sido procónsul de África hasta este momento en que el emperador lo puso al frente de tres legiones, con las que se dirigió a Antioquía. Desde allí avanzó hacia el sur y tomó Galilea sin dificultad. Josefo se refugió en la ciudad de Jotapata, que cayó a las siete semanas de asedio, pero Josefo logró ganarse la confianza de Vespasiano y se unió a Herodes Agripa en su apoyo a los romanos. Luego Vespasiano fue recorriendo la costa de Judea sin encontrar mucha resistencia, pues los judíos peleaban en el interior... unos contra otros. Terminó venciendo el sector más extremista.

Según la tradición, Pedro murió mártir en Roma este año. Se le considera (sin mucho fundamento) el primer obispo de Roma. Si bien es posible que viajara a Roma, es seguro que no fundó la iglesia de Roma, sino que más bien fue a visitarla, pero suponerlo primer obispo de Roma iba a tener una gran trascendencia política siglos después. Según la misma tradición, el segundo obispo de Roma fue un italiano originario de Etruria llamado Lino, al que supuestamente había convertido el mismo Pedro.

En 68 Nerón seguía en Grecia dedicado al espectáculo para vergüenza de los romanos. La ejecución de Corbulo no tardó en mostrar sus efectos y en varios puntos del Imperio las legiones se rebelaron. En la Galia fue proclamado emperador Cayo Julio Víndex, secundado por Servio Sulpicio Galba, gobernador de la Hispania Tarraconense, así como por las legiones de África. No obstante, Víndex fue derrotado y ejecutado por Publio Virginio Rufo, que permanecía leal a Nerón y tenía bajo su mando las legiones de la Germania Superior. Entonces Galba fue elegido emperador por sus soldados y Virginio Rufo se dispuso a combatirlo como había hecho con Víndex.

Nerón volvió a Roma apresuradamente, pero Tigelino comprendió que el emperador estaba perdido y le retiró su apoyo. Acorralado por la guardia pretoriana, se cuenta que Nerón no tuvo el valor de suicidarse, y tuvo que pedir a su secretario, Epafrodito, que le clavara una daga. Dicen que sus últimas palabras fueron: "¡qué gran artista muere conmigo!"

Tras la muerte de Nerón, Galba recibió el apoyo como emperador de Salvio Otón, que seguía siendo gobernador de Lusitania desde que Nerón lo apartara de Roma para arrebatarle a Popea. Por otra parte, Virginio Rufo fue aclamado emperador por sus soldados, pero éste declinó y dejó la decisión al Senado. Viendo que Rufo estaba controlado y Galba no, el Senado nombró emperador a Galba, pero la decisión no fue muy afortunada, pues era un viejo de más de setenta años que no podía caminar y tenía que ser llevado en litera. Además sus primeras medidas como emperador se encaminaron a economizar y reponer al estado de los dispendios de Nerón, lo cual era sensato en teoría, pero en la práctica era un suicidio, pues eran los soldados los que elegían los emperadores y no lo hacían por altruismo, sino por dinero. El 1 de enero de 69 las legiones de Germania nombraron emperador a Aulo Vitelio, un general que se había ganado el favor de Calígula, Claudio y Nerón a base de adularlos.

Galba era consciente de su debilidad y trató de paliarla nombrando un heredero joven. Eligió a Calpurnio Liciniano Pisón (10 de enero), pero ello lo enemistó con Otón, que esperaba ser el sucesor. Otón no tuvo dificultad en ganarse a la guardia pretoriana, que no había recibido la esperada gratificación, y el 15 de enero Galba y Pisón fueron degollados en el Foro.

Por segunda vez, algunas legiones proclamaron emperador a Virginio Rufo, pero él nuevamente dejó la decisión al Senado, y el Senado eligió al más peligroso, que era Otón, que también contaba con el favor del pueblo. Entre sus primeras medidas estuvo la de obligar a Tigelino a suicidarse, pues podía hacer con él lo que él había hecho con Galba. El 14 de abril, Otón se enfrentó a Vitelio en la batalla de Bedriac, perdió y se suicidó. Vitelio entró en Roma y fue reconocido emperador por el Senado.

Vitelio castigó a los asesinos de Galba, reorganizó la guardia pretoriana y remodeló el gobierno confiando los altos cargos a la clase ecuestre en detrimento de la senatorial. El nuevo emperador tampoco satisfizo a las legiones y pronto se produjeron revueltas en Mauritania y en el Danubio, a la vez que las legiones de Judea y Egipto proclamaban emperador a Vespasiano. Por aquel entonces Vespasiano había aislado a los zelotes en espacios cada vez más reducidos al oeste del mar Muerto y estaba preparado para asediar Jerusalén, pero decidió aplazar el ataque. Junto a él tenía a su hijo Tito Flavio Vespasiano, con quien ocupó Egipto. Luego lo dejó en Alejandría y él se puso al frente de las legiones del Danubio. En octubre derrotó a las tropas de Vitelio, en diciembre el emperador fue asesinado por el pueblo y, antes de que acabara el mes, Vespasiano se había convertido en el cuarto emperador del año.

En algún momento de este agitado año volvió a Roma Cayo Musonio Rufo. Había estado implicado en la conspiración contra Nerón que costó la vida a Séneca, pero su castigo fue sólo el destierro. A su regreso fundó una escuela estoica en la que predicaba a los hombres de poder (emperadores incluidos). Según él, todos los hombres eran enfermos, y sólo la filosofía podía curarlos.

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