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TEODOSIO

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En 380 Teodosio trasladó la corte a Constantinopla. En este momento el Imperio Romano se hallaba en una situación novedosa: los dos emperadores eran católicos. En realidad Justina, la madre de Valentiniano (el tercer emperador) era arriana, pero su influencia era mínima. Los católicos supieron aprovechar eficientemente esta ventaja. En 381 Teodosio convocó el primer concilio de Constantinopla, donde el arrianismo fue condenado. Teodosio endureció las penas contra los herejes, incluyendo las prácticas paganas: prohibió los oráculos, los sacrificios y las visitas a los templos.

Por su parte, Ambrosio, el obispo de Milán, se ganó la confianza de Graciano y lo convenció para que abandonara su política de tolerancia. El emperador no tardó en ordenar el destierro contra Prisciliano, pero éste marchó a Roma y allí se entrevistó con el obispo Dámaso y con el propio Graciano. Luego fue a Milán y habló con Ambrosio, hasta lograr que el destierro fuera revocado.

En 382 Graciano renunció al título de pontífice máximo, asociado al cargo imperial, prohibió tener propiedades a las vírgenes vestales, y apagó la "llama eterna", que habían mantenido encendida en Roma durante siglos. Ambrosio logró también que Graciano quitara del Senado romano el altar pagano de la Victoria. Para ello tuvo que enfrentarse al que es considerado como el último intelectual pagano en Roma: Quinto Aurelio Símaco. Representó a los escasos senadores paganos que aún quedaban y no dudó en oponer su retórica al avance del cristianismo. Cuando Graciano quitó el altar de la Victoria, Símaco escribió una carta a Valentiniano pidiendo una rectificación, pero sólo consiguió ser desterrado. Más tarde se le permitió volver a Roma, donde siguió desempeñando altos cargos hasta su muerte.

Bajo Graciano y Teodosio los ciudadanos romanos se convirtieron en masa al cristianismo. Muchos tal vez sólo para evitar perjuicios, pero los hijos de estos conversos por conveniencia recibieron una educación cristiana, por lo que se convirtieron en católicos sinceros. El arrianismo decayó rápidamente. Algunos arrianos se hicieron católicos, otros adoptaron otras religiones menos perseguidas, especialmente el maniqueísmo, y otros decidieron abandonar el Imperio y predicar el arrianismo entre los germanos. A medida que los bárbaros germanos entraban en contacto con la civilización fueron aceptando también el cristianismo, pero lo hicieron en la versión arriana, en parte porque eso les daba una excusa para seguir considerando a los romanos como enemigos, y en parte porque para su mentalidad era más fácil concebir a Jesucristo como un líder tribal humano en vez de como un dios, justo al contrario que los romanos, que estaban acostumbrados a adorar a un dios de carne y hueso en la figura del emperador.

Jerónimo, que había sido ordenado sacerdote y había participado en los conflictos teológicos defendiendo el catolicismo en Antioquía, volvió a Italia, y no tardó en convertirse en el secretario del obispo Dámaso. Éste se dio cuenta de lo extraordinario de contar con un colaborador que sabía griego y hebreo, y le encargó una edición de la Biblia. Los cristianos de Oriente hablaban griego, que era la lengua del Nuevo Testamento, y para el Antiguo Testamento disponían de la versión de los Setenta. Sin embargo, eran pocos los cristianos de Occidente que conocían el griego, y sólo podían leer los textos bíblicos a través de escasas y malas traducciones disponibles. Jerónimo recurrió a las fuentes hebreas y griegas de los textos bíblicos y realizó su propia traducción al latín literario. Su Biblia junto con sus comentarios y los de otros teólogos fue difundida más adelante con el distintivo de Vetus et Vulgata Editio (Edición antigua y traducida para el vulgo), por lo que terminó siendo conocida como "la Vulgata", y es la versión oficial de la Biblia Católica.

Teodosio pactó finalmente con los godos y los dejó asentarse al sur del Danubio como un reino independiente a condición de que custodiasen la frontera. Además favoreció el alistamiento de godos y otros bárbaros en las legiones romanas. Más aún convirtió en generales a un buen número de ellos (al fin y al cabo, los bárbaros obedecerían mejor a oficiales bárbaros que a oficiales romanos). Los germanos introdujeron una novedad en el Imperio Romano: los pantalones. Los romanos usaban distintas prendas de vestir, pero todas ellas cubrían ambas piernas con una misma pieza de tela que podía levantarse dejando las piernas desnudas cuando el ropaje dificultaba alguna tarea. Los germanos, en cambio, rodeaban cada pierna por separado, lo que permitía, por ejemplo, que los jinetes pudieran llevar las piernas cubiertas. Estas nuevas prendas se difundieron entre los hombres, para los que los ropajes romanos podían ser más engorrosos en sus actividades, mientras que las mujeres siguieron usando trajes largos a modo de faldas.

Parece ser que Graciano descuidó las labores de gobierno y dedicó cada vez más tiempo a actividades de ocio, como ir de caza acompañado de jinetes bárbaros. Su popularidad decreció y no tardaron en salir candidatos al trono. En 383 las legiones de Britania eligieron emperador a su general Magno Clemente Máximo, quien se adueñó de la Galia y mató a Graciano. Teodosio estaba ocupado con los godos en el Este. Además, la nobleza persa acababa de derrocar a Ardacher II y lo había sustituido por Sapor III, hijo de Sapor II. Su situación en el trono era delicada, y Teodosio pudo aprovecharlo para firmar una paz ventajosa con Persia, en la que se reconocía la independencia de Armenia.

En estas condiciones Teodosio no podía ocuparse de Máximo, así que lo reconoció como emperador a condición de que éste reconociera a su vez la autoridad de Valentiniano (que todavía era un niño de doce años).

En 384 murió san Dámaso, el obispo de Roma. Máximo volvió a desterrar a Prisciliano y un concilio celebrado en Burdeos lo declaró hereje (maniqueo), brujo y explotador de mujeres. En 385 un tribunal de Treveris (la capital de Máximo) confirmó la sentencia y Prisciliano fue ejecutado junto con algunos de sus discípulos. Ambrosio condenó la sentencia y ejecución. Sus restos fueron solemnemente trasladados a Hispania. Jerónimo regresó a Oriente. Se estableció en Belén, donde se consagró a la erudición, al ascetismo y a la dirección religiosa de grupos de monjes.

En 386 Valentiniano II trató de imponer un obispo arriano en Milán, pero Ambrosio se refugió con numerosos seguidores en la basílica Porciana, que los soldados del emperador no se atrevían a profanar. Se cuenta que, para mantener entretenidos a sus fieles durante el encierro, compuso himnos corales y salmos con estribillo, rituales que se difundieron con rapidez y pronto pasaron a formar parte de la liturgia cristiana.

El arrianismo de Valentiniano II lo ponía en una situación delicada, pues los otros dos emperadores eran católicos. Su madre Justina consiguió que Teodosio aceptara la mano de Gala, hermana de Valentiniano, lo que reforzó los vínculos entre ambos emperadores. Poco después, en 387, Máximo invadió Italia y Valentiniano tuvo que huir junto a Teodosio. Éste aprovechó la ocasión y partió hacia el Oeste. Se encontró con Máximo en la Galia y lo hizo asesinar. Teodosio restableció a Valentiniano en el trono, pero lo puso bajo la tutela de Arbogasto, un general de origen franco que gozaba de su confianza y que se dedicó a limpiar la Galia de partidarios de Máximo.

El rey persa Sapor III murió en un motín provocado por sus soldados y fue sucedido por su hermano Bahram IV, cuya mayor preocupación fue defender el Imperio de los ataques de los hunos.

Ambrosio, el obispo de Milán, bautizó a Agustín. Había nacido en Tagaste, en la diócesis de África. Era hijo de un padre pagano y una madre cristiana. Él, en cambio, se decantó por el maniqueísmo, que durante su juventud había ganado en popularidad, pero tres años atrás se había reunido en Roma con su madre, con quien se trasladó a Milán al año siguiente. Allí se interesó por el neoplatonismo y leyó con interés las obras de Plotino. Finalmente su madre logró conducirlo al cristianismo a través de Ambrosio. Fue bautizado junto con su hijo Adeonato, de dieciséis años. Cuando se disponía a volver a Tagaste su madre murió, lo que retrasó su partida hasta 388. En su ciudad natal vendió todos sus bienes y dio el dinero a los pobres. Después se estableció en Hipona.

En 390 se produjo un incidente en la ciudad de Tesalónica, y el resultado fue que la multitud linchó a los oficiales de la guarnición romana de la ciudad. Teodosio fue presa de un ataque de cólera y envió su ejército contra la indefensa ciudad. Se dijo que murieron unas siete mil personas. Ambrosio, el obispo de Milán, quedó horrorizado e hizo saber al emperador que no sería admitido en los ritos de la Iglesia mientras no hiciera una penitencia pública. Teodosio se resistió durante ocho meses, pero finalmente tuvo que ceder. Se ponía así de manifiesto el poder que la Iglesia Católica estaba adquiriendo, y en particular la gran influencia del obispo de Milán.

En 391 Agustín fue ordenado sacerdote en Hipona.

Ésta es la fecha en la que al parecer la mayor parte del Japón se unificó bajo la dinastía del Yamato, que extendió su influencia hasta el sur de Corea. Allí se impuso sobre un territorio que recibió el nombre de Mimana, arrebatado a los reinos de Silla y Paikche.

Por esta época se había desarrollado una compleja mitología conocida en japonés como Kami-no-michi (camino de los dioses), aunque es más conocida con el nombre chino de shen-tao, o sintoísmo. De un caos primigenio, que era como un océano de lodo envuelto en la oscuridad, nacieron varios dioses. Dos de ellos, Izanagi (el hombre que invita) e Izanami (la mujer que invita) crearon las islas del Japón. Luego de hacer los campos, las montañas, la niebla, etc., engendraron muchos dioses, el último de los cuales, el dios del fuego, quemó a su madre al nacer. La diosa murió y descendió a los infiernos del mundo subterráneo. Izanagi despedazó al niño y marchó en busca de Izanami, pero ella se quedó en el mundo subterráneo e hizo volver a Izanagi a la tierra. Allí Izanagi creó a Amaterasu, la gran diosa del Sol, a Tsukiyomi, el dios de la Luna, y a Susanoo, el dios de las tormentas. A la diosa Amaterasu se le asignó el dominio del mundo, sólo turbado por las maquinaciones de su hermano Susanoo.

En 392 Valentiniano tenía ya veintiún años y Arbogasto tenía cada vez más dificultades para controlarlo, así que finalmente lo hizo asesinar y lo sustituyó por Flavio Eugenio, un profesor de retórica que probablemente participó en el complot. Teodosio se negó a aceptar los hechos y Eugenio trató de ganarse el apoyo de los restos del paganismo. Permitió al Senado romano restaurar el Altar de la Victoria, pero tuvo que huir a la Galia, donde se hizo fuerte y logró el apoyo de Hispania.

En 393 Teodosio nombró Augusto a su hijo menor Flavio Honorio (que sólo contaba con nueve años de edad) y le otorgó el gobierno del Imperio Romano de Occidente, tras lo cual partió hacia el Oeste para hacer efectiva esta decisión. En 394 derrotó a Arbogasto e hizo decapitar a Eugenio. Poco después Arbogasto se suicidó. Ahora Teodosio gobernaba todo el Imperio Romano. Ese mismo año prohibió los Juegos Olímpicos, que llevaban celebrándose en Grecia desde hacía casi doce siglos.

En 395 Teodosio se encontraba todavía en Milán cuando cayó enfermo y murió poco después. Los historiadores católicos lo recordaron como Teodosio I el Grande, por haber convertido al catolicismo en la religión oficial del Imperio (y haber perseguido todas las demás). Antes de morir Teodosio dispuso que su hijo mayor, Arcadio, gobernara el Imperio Romano de Oriente, mientras que su hijo menor, Honorio, gobernaría el Imperio Romano de Occidente. Los nuevos emperadores tenían dieciocho y once años respectivamente, así que Teodosio les asignó tutores que actuarían como regentes durante su minoría de edad. Como tutor de Arcadio escogió a Flavio Rufino, un político de origen germano que había prosperado gracias al apoyo de Ambrosio (había desempeñado un papel importante en las negociaciones entre Ambrosio y Teodosio). Se había bautizado el año anterior y desde entonces se había dedicado a perseguir arrianos y a enriquecerse confiscando sus bienes.

El tutor de Honorio era Flavio Estilicón. Era un general de origen vándalo. Estaba casado con una sobrina de Teodosio con quien había tenido una hija. Teodosio y Estilicón habían acordado que esta hija se casaría con Honorio. Por su parte, Rufino pretendía casar a su hija con Arcadio, pero su plan fue frustrado por el eunuco Eutropio, de origen armenio, que logró concertar el matrimonio del emperador con Eudoxia, la hija de un general franco llamado Bauto. La boda se celebró apenas tres meses después de que Arcadio se convirtiera en emperador. Rufino se encontró con que tenía tres enemigos poderosos: uno era Eutropio, que le disputaba el control sobre el monarca, otro era Estilicón, pues entre los dos regentes surgió inmediatamente una rivalidad por el dominio de Iliria, y el tercero era Alarico, el rey de los visigodos, que había sucedido a Fritigerno unos años antes y al que Teodosio había convertido en general. Alarico consideraba que había servido fielmente a Teodosio y que, por lo tanto, debía haber sido él y no Rufino el tutor de Arcadio. Por ello condujo a sus hombres contra Constantinopla, pero pronto descubrió que la ciudad era prácticamente inexpugnable. Rufino murió asesinado antes de que acabara el año. Parece ser que su muerte la organizó Estilicón. El nuevo regente pasó a ser Eutropio, que aparentemente era el hombre más poderoso de Constantinopla. Sin embargo, Eudoxia no tardó en comprender que su marido era un estúpido y ella era hermosa. Y esta combinación bastaba y sobraba para convertirla en la mujer más poderosa de Constantinopla. Se inició así una rivalidad entre Eutropio y la emperatriz en la que ésta tenía todas las de ganar.

Frustrado ante los muros de Constantinopla, Alarico dio marcha atrás y se dedicó a saquear Tracia. En 396 sus hombres entraron en Eleusis. Los visigodos ya eran cristianos en su mayoría (aunque arrianos), así que destruyeron el templo de Ceres y con ello dieron fin a los misterios eleusinos, que todavía venían celebrándose desde tiempos inmemoriales, ante la mirada hostil de los cristianos.

Ese mismo año Agustín fue elegido obispo de Hipona. Se había convertido en el principal teólogo cristiano de Occidente. Sus cartas fueron enviadas a todo el Imperio, sus sermones fueron recogidos en libros, escribió numerosas obras sobre teología. Agustín creía en la depravación de la humanidad. El hombre nace manchado con el pecado original que cometieron Adán y Eva cuando desobedecieron a Dios. Este pecado sólo se limpia con el bautismo. Los niños que mueren antes de ser bautizados están condenados para toda la eternidad. En sus primeros años como obispo, Agustín escribió sus famosas Confesiones, una autobiografía en la que no duda en descubrir sus propios pecados de juventud. Mientras fue obispo se encargó de que los donatistas no dieran problemas en África.

En 397 Estilicón avanzó sobre Grecia con el pretexto de librar al Imperio oriental de la amenaza visigoda. Alarico y sus hombres estaban ocupando el Peloponeso. No tardó en acorralarlos, pero Alarico logró escapar. Entonces Eutropio realizó una maniobra. Pactó con Alarico y, junto con otros títulos vacíos pero altisonantes, lo nombró gobernador de Iliria, el territorio que se disputaban las dos mitades del Imperio. Estilicón tuvo que retirarse y el Imperio oriental mató dos pájaros de un tiro: se libró de los visigodos y mantuvo a raya a Estilicón.

En 397 murió san Ambrosio, el obispo de Milán. En 398 fue nombrado patriarca de Constantinopla un hombre llamado Juan, aunque tras su muerte fue recordado como san Juan Crisóstomo (Juan Boca de Oro) a causa de su prodigiosa retórica. Había sido ermitaño en las regiones desérticas cercanas a Antioquía, y sólo una enfermedad le obligó a retornar al mundo. Entonces se hizo sacerdote y pronto se hizo popular entre los auditorios que se reunían para escuchar sus emocionantes sermones. Su fama no se debió sólo a su retórica, sino también a su vida ejemplar. Usó su riqueza y su influencia para construir hospitales y aumentar la caridad hacia los pobres. Tras ser elegido patriarca, sus sermones subieron de tono. Denunció el lujo y la inmoralidad, defendía el celibato de los sacerdotes, incluso propugnó la abolición de la esclavitud, cosa que, al parecer, hasta entonces no se le había ocurrido a nadie. Fue uno de los pocos padres de la Iglesia que actuó como los profetas del Antiguo Testamento. Naturalmente, los pobres estaban encantados con él, pero se enemistó con los ricos y poderosos. Entre sus enemigos más peligrosos estaban la emperatriz Eudoxia y Teófilo, el patriarca de Alejandría, a los que denunciaba públicamente por su vida disoluta.

En 399 Eudoxia logró que Eutropio fuera acusado de traición. Juan Crisóstomo pronunció una homilía en su defensa, pero finalmente fue decapitado.

Ese mismo año murió el rey persa Bahram IV, y fue sucedido por su sobrino Yazdgard I, hijo de Sapor III. Al igual que sus predecesores, fue acosado por los nobles y los sacerdotes. Para zafarse de ellos se le ocurrió apoyar a los cristianos, por lo que suspendió las persecuciones y les permitió reconstruir sus iglesias.

Los hunos
Índice Las invasiones bárbaras