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DIOCLECIANO

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Los logros del emperador Claudio II en pro de la reunificación del Imperio Romano se vieron amenazados con su muerte. En ese mismo año, el 270, un senador del Imperio Romano de las Galias llamado Cayo Pío Esuvio Tétrico fue reconocido en Burdeos como sucesor de Victorino y gobernó sobre la Galia. Se ganó la fama de buen gobernante. En el Este los ejércitos de Zenobia dominaban la mayor parte de Asia Menor. Por su parte, los germanos pensaron que con la muerte de Claudio II el Imperio volvería a ser una presa fácil y aumentaron sus incursiones por el norte. Sin embargo, el ejército romano eligió un digno sucesor de Claudio II. Se trataba del jefe de su caballería, Lucio Domicio Aureliano, natural también de Iliria, como su antecesor. Había participado en la campaña contra los godos del año anterior. Era poco instruido, pero inteligente, y tenía fama de valentía y serenidad. Desde el mismo momento que se puso a la cabeza del Imperio se dedicó a combatir a los germanos trasladándose constantemente de una frontera a otra.

Mientras tanto Zenobia marchaba sobre Egipto, que no opuso ninguna resistencia a su ejército. Ahora dominaba un tercio del Imperio Romano y, desde esta posición, en 271, se proclamó a sí misma Emperatriz con su hijo Vaballath como coemperador. La capital del Imperio estaba, naturalmente, en Palmira, y en la corte de Zenobia fueron acogidos poetas y filósofos. También protegió a los cristianos perseguidos.

Aureliano derrotó en Italia a los jutungos (un pueblo alamán). Mandó construir una muralla alrededor de Roma, que no tenía murallas desde hacía cinco siglos, una muestra clara de cómo habían cambiado los tiempos. La muralla de Aureliano tenía más de dieciocho kilómetros de perímetro, cuatro metros de anchura y una altura variable entre diez y veinte metros. Tras derrotar nuevamente a los alamanes en el Danubio en 272, Aureliano se dirigió a Palmira. Las tropas de Zenobia tuvieron que evacuar Egipto inmediatamente para concentrarse en la capital. Se produjo un enfrentamiento en Emesa en el que murió Vaballath y Zenobia fue hecha prisionera.

Ese mismo año murió el rey persa Sapor I y fue sucedido por su hijo mayor Ormuzd I. (Ormuzd era el nombre que los persas daban en la época al dios Ahura Mazda). Otro de sus hijos, llamado Mihrah, se convirtió en rey de la parte más oriental del Imperio, la actual Georgia.  Sin embargo, Ormuzd I no reinó más de un año. En 273 el Imperio Persa sufrió conmociones con una importante componente religiosa. El trono pasó a manos de Bahram I, hermano de Ormuzd I, quien, en colaboración con el "mago de los magos" Kirdir (es decir, el sumo sacerdote mazdeísta), desencadenó una persecución contra Mani y sus seguidores para preservar el mazdeísmo ortodoxo.

Cuando los ejércitos de Zenobia abandonaron Egipto, un hombre adinerado llamado Firmo se había hecho proclamar emperador en Alejandría. Tras la toma de Palmira, Aureliano se dirigió a Egipto, entró en Alejandría y crucificó a Firmo. Los enfrentamientos que tuvieron lugar destruyeron el museo de Alejandría, pero la biblioteca resultó indemne.

Aureliano había dejado una guarnición en Palmira, pero sus habitantes se rebelaron y mataron a los soldados. El emperador regresó inmediatamente y arrasó completamente la ciudad, la cual nunca volvió a recuperarse. Ahora Aureliano dominaba todo el Imperio Romano a excepción de la Galia. Antes de que acabara el año marchó contra Tétrico, que debió de comprender que una Galia independiente era sólo un blanco fácil para los germanos, así que se dejó derrotar y Aureliano le reconoció su dignidad senatorial.

En 274 Aureliano celebró un magnífico triunfo en Roma, donde fue aclamado como Restitutor Orbis (Restaurador del Mundo), pues había reunificado el Imperio. Zenobia fue presentada en cadenas. Aureliano instauró una versión del mitraísmo como religión estatal: se colocó bajo la protección del Sol Inuictus (el Sol invencible), dios destinado a dominar y conciliar todos los cultos paganos. Se hizo llamar dios, hecho sin más precedentes que algunos casos aberrantes como el de Calígula. Difundió la teoría según la cual el emperador ocupaba en la Tierra el mismo lugar que el Sol en los cielos. Se presentaba en las ceremonias revestido de oro y pedrería, coronado con una diadema (el signo de la monarquía en Oriente). Es probable que esto no fueran delirios de grandeza, sino más bien una estrategia para reafirmar el prestigio y la autoridad del emperador, que a lo largo del siglo se había reducido prácticamente a la nada. Estas medidas psicológicas fueron acompañadas de otras más tangibles: reorganizó administrativamente Italia, equiparándola ya por completo a cualquier otra provincia, nombró gobernadores de confianza pertenecientes a la clase ecuestre, en lugar de a la senatorial. Naturalmente, estas medidas le valieron la hostilidad del Senado. Como compensación, Aureliano trató de ganarse al pueblo de Roma mediante tres distribuciones gratuitas de alimentos. Éstas fueron posibles porque la reconquista de las provincias le permitió sanear la economía romana.

Mientras tanto Mani fue arrestado y poco después ejecutado. Sin embargo, esto no acabó con su doctrina. Sus seguidores la conservaron a pesar de las persecuciones de que fueron objeto, convirtiéndose en el equivalente persa a los cristianos en el Imperio Romano. Arraigó especialmente en Mesopotamia, tal vez como reacción de una parte de la población nativa al yugo persa.

En 275 Aureliano renunció a defender la Dacia. Todos los colonos romanos fueron trasladados y asentados al sur del Danubio, con lo que la provincia fue definitivamente abandonada por Roma siglo y medio después de que Trajano la conquistara.

Para coronar sus éxitos militares, Aureliano se disponía a enfrentarse a Persia, pero fue asesinado en Tracia a consecuencia de las intrigas de uno de sus secretarios, que había sido acusado de prevaricación. Cuando la noticia llegó a Roma los militares no tenían ningún candidato claro al que aclamar como emperador, así que acabaron pidiendo a un anciano y reputado senador que eligiera un sucesor para Aureliano. Se trataba de Marco Claudio Tácito. Cuando el Senado comprendió que contaba con el apoyo de los soldados, decidió nombrarlo a él mismo emperador, aun en contra de su voluntad, en un intento de recuperar el poder.

En 276 los godos invadieron Asia Menor y Tácito tuvo que marchar contra ellos. Allí obtuvo algunas victorias, pero murió tras medio año de reinado. Se dijo que lo mataron sus propios soldados, aunque es probable que muriera de causa natural. Inmediatamente, los soldados eligieron emperador a Marco Aurelio Probo, el general en jefe de las legiones orientales, que continuó venciendo a los godos.

El rey persa Bahram I murió y fue sucedido por su hijo Bahram II. Bajo su reinado desaparecieron los últimos restos de helenismo en Persia.

El emperador Probo afrontó con éxito todas las invasiones bárbaras que amenazaban al Imperio: luchó contra los godos, los vándalos, los francos, y también contra los burgundios, un pueblo de origen escandinavo que había pasado a Germania y ahora realizaba incursiones por la Galia. Sin embargo, pactó con algunos grupos permitiéndoles que se asentaran en territorios fronterizos del Imperio, a cambio de que los defendieran de otros invasores.

En 280 el reino chino de Wei conquistó el reino de Wu, con lo que todo el territorio chino volvía a estar bajo un único gobernante, el emperador Sima Yan. La conquista fue posible gracias a que los numerosos príncipes del clan Sima habían formado sus propios ejércitos. El emperador trató ahora de limitar el poder de los señores y reconvertir sus soldados en campesinos, pero fracasó en su intento, pues los príncipes no cedieron tierras. Los soldados, en vista de que el estado no les proporcionaba las tierras prometidas, decidieron cobrarse sus servicios vendiendo armas a los pueblos fronterizos, muchos de los cuales estaban dispuestos a acoger a los chinos como colonos. Con ello aumentó el poder de los bárbaros del norte.

En 281 la parte oriental del Imperio Romano estaba relativamente en calma, así que Probo dispuso que algunos legionarios se encargaran de limpiar los canales de los que dependía la agricultura egipcia. Indudablemente era una tarea necesaria y provechosa, pero los soldados la consideraron indigna y asesinaron al emperador. Fue reemplazado por Marco Aurelio Caro, que, al igual que Probo, era de origen ilirio y había luchado bajo el mando de Aureliano. Fue el primer emperador romano que prescindió del reconocimiento del Senado. Hasta entonces, todos los emperadores habían recibido sus poderes y atribuciones del Senado, por más que se tratara en la mayoría de los casos de un mero protocolo intrascendente. Sin embargo, Caro ya no se molestó en pasar por él. Castigó a los asesinos de Probo, pero no volvió a emplear a los legionarios en labores pacíficas. En su lugar dejó la política interior en manos de sus hijos Marco Aurelio Numeriano y Marco Aurelio Carino (a los que nombró Césares, esto es, herederos) y emprendió una campaña contra Persia. En 282 tomó Armenia y Mesopotamia y avanzó sobre Ctesifonte, pero entonces lo asesinaron sus soldados.

Según lo previsto, el nuevo emperador fue Numeriano, que asumió el cargo en 283, pero su cuñado Aper, que era jefe de la guardia pretoriana, lo asesinó en 284 tratando de hacerse con el poder. Sin embargo, la conjuración no tuvo éxito, ya que los soldados aclamaron emperador al jefe de la Guardia de Corps Imperial, que era un oficial de unos cuarenta años, nacido en Iliria, llamado Diocles. Tras su elección cambió su nombre como si hubiera sido adoptado por Caro, con lo que pasó a ser Cayo Aurelio Valerio Diocleciano.

La primera medida de Diocleciano fue formar un juicio sumarísimo contra Aper y después ejecutar él mismo la condena a muerte. Diocleciano lograría poner fin a la ya tradicional costumbre por la que los soldados asesinaban al emperador a la mínima ocasión, y esta condena ejemplar fue su primer paso en esa dirección. Carino se consideró heredero legítimo del Imperio y se enfrentó a Diocleciano con el apoyo de una parte del ejército. Logró derrotarlo en 285, pero sus propios soldados decidieron que preferían a Diocleciano, así que lo asesinaron.

Por esta época en Egipto surgió una nueva rama del pensamiento cristiano. Un joven Egipcio llamado Antonio había decidido cinco años antes llevar una vida ascética, pero ahora llegó a la conclusión de que la única forma de lograrlo era retirarse al desierto. Tenía veinticinco años y se convirtió en el primer monje (que en griego significa "solitario"). Su fama de santo y piadoso fue tanta que cada año acudían al desierto egipcio varios cristianos que querían seguir su ejemplo, y así, poco a poco se formaron ermitas solitarias en las que los ermitaños llevaban una vida austera.

Diocleciano llevó a cabo importantes reformas políticas y administrativas. Llegó a la conclusión de que la amenaza bárbara era demasiado grave como para que un único emperador tuviera que supervisar la situación en todas las fronteras. Por ello adoptó y nombró César a Marco Aurelio Valerio Maximiano, a quien confió el gobierno de la parte occidental del Imperio, mientras que él se ocuparía de la parte oriental. La línea divisoria entre ambas partes era una recta que corría de norte a sur y pasaba por el estrecho que separa Italia de Grecia. A partir de este momento es costumbre hablar de un Imperio Romano de Occidente y un Imperio Romano de Oriente, si bien se trataba meramente de una división administrativa. El Imperio de Occidente era algo más extenso, contenía a Roma y era de habla latina. El de Occidente, en cambio, era de habla griega.

Podría parecer extraño que Diocleciano se hubiera reservado la mitad oriental, pero el Imperio oriental era más rico y estaba más amenazado que el Imperio occidental. Fijó su residencia en Nicomedia, en Asia Menor, que se convirtió en la auténtica capital del Imperio. Roma había perdido su importancia hasta tal punto que Maximiano tampoco residió en ella. Por el contrario, fijó su capital en Mediolanum (la actual Milán), lo que también era sensato, pues estaba más cerca del Rin y el Danubio superior. El Senado seguía reuniéndose en Roma, pero ya no tenía ningún poder real.

Diocleciano llevó al máximo grado lo que en sus predecesores había sido una tendencia: adoptó toda la pompa, la magnificencia y el protocolo propio de las monarquías orientales. Los hombres sólo podían acercársele cuando eran invitados a ello, y sólo con grandes reverencias. Se adoptaron diversos rituales para que la figura del emperador despertara reverencia, temor y admiración.

Maximiano era un buen general, pero, al contrario que Diocleciano, no era especialmente brillante. Probablemente Diocleciano esperaba de él que cumpliera sus órdenes con eficiencia pero sin ánimo ni capacidad para intrigar contra él. En su primer año de gobierno mostró su capacidad sometiendo definitivamente a los bagaudas. Diocleciado debió sentirse complacido, pues en 286 le concedió el título de Augusto, lo que lo convertía en coemperador teóricamente igual al propio Diocleciano.

Los francos se habían lanzado al mar y hacían incursiones en Britania. Maximiano construyó una flota y se la confió a Aurelio Valerio Carausio para que combatiera a los piratas francos, pero pronto fue acusado de tolerarlos para enriquecerse y se le condenó a muerte. Carausio se rebeló y logró que las tropas de Britania lo proclamaran emperador. Maximiano construyó otra flota para combatir la de Carausio, pero se perdió en una tormenta, mientras Carausio dominaba las costas atlánticas del Imperio.

Mientras tanto Diocleciano fortalecía el Imperio de Oriente. Reconstruyó las murallas de Bizancio y llegó a un acuerdo de paz con el rey persa Bahram II, en virtud del cual una parte de Mesopotamia quedaba en manos del Imperio de Oriente.

En 287 Armenia fue tomada a los persas por el rey Tirídates II, que contaba con el apoyo de Roma (se había educado precisamente en Roma). Armenia volvía a ser así un protectorado romano.

En 290 murió el emperador chino Sima Yan, lo que desató las fricciones entre los nobles. El nuevo emperador, Hui, era débil y no pudo evitar que las disputas fueran en aumento.

En 293 murió el rey persa Bahram II y fue sucedido por su primo Bahram III, hijo de Ormuzd I, pero sólo reinó unos meses, tras los cuales le arrebató el trono su tío Narsés, hijo de Sapor I.

Ese mismo año Diocleciano decidió que dos coemperadores no eran suficientes para gobernar eficientemente el Imperio, por lo que implantó un sistema más elaborado. Estableció que él y Maximiano, ambos con el título de Augusto, elegirían sendos sucesores, con el título de César. Éstos serían una especie de ayudantes cuya autoridad sólo estaría supeditada a la de los coemperadores y que, con el tiempo, se convertirían en los siguientes coemperadores, momento en el cual deberían elegir dos nuevos césares. El nuevo sistema de gobierno fue conocido como la tetrarquía.

Diocleciano escogió como César a Cayo Galerio Valerio Maximiano, que se casó con la hija del emperador. Maximiano también dio la mano de su hija a su César, que fue Marco Flavio Valerio Constancio, si bien era más conocido como Constancio Cloro (el pálido). Constancio no tardó en derrotar a Carausio en Britania, que terminó asesinado por Alecto, uno de sus lugartenientes.

Las persecuciones contra los cristianos realizadas a lo largo del siglo habían llevado a muchos de ellos a exiliarse en Persia, donde en los últimos años sufrieron también persecuciones, ahora por parte del Mazdeísmo. Una buena parte de estos perseguidos prosperó en Armenia, y una muestra de ello fue que en  294 el rey Tirídates II, se convirtió al cristianismo y pasó a ser el primer gobernante cristiano de la historia.

En 295 un general llamado Aquileo se proclamó emperador en Egipto. Diocleciano partió inmediatamente hacia Egipto, asedió Alejandría durante ocho meses, la tomó y ejecutó al rebelde.

En 296 Constancio Cloro derrotó a Alecto y se hizo con el control de Britania. Mientras tanto Narsés ocupó una porción de Armenia y Diocleciano envió a Galerio, que se puso al frente del ejército romano de Mesopotamia y en 297 se enfrentó a los persas en Carras, la ciudad donde Craso fue derrotado por los partos. Galerio sufrió un revés y tuvo que retirarse, pero Diocleciano confiaba en él y lo envió a una nueva campaña en Armenia. Dicha confianza resultó justificada, pues no sólo derrotó a Narsés y lo expulsó de Armenia, sino que casi destroza por completo el ejército persa. Entre los prisioneros se encontró a la mujer y los hijos del propio Narsés, lo que permitió a Galerio negociar una paz muy ventajosa. Aparte del aprecio que Narsés pudiera sentir por su familia, lo cierto es que el deshonor que le hubiera supuesto perderla ante el enemigo le habría costado el trono sin lugar a dudas. Así pues, a cambio de su devolución, Narsés renunció a toda pretensión persa sobre Armenia, donde el rey Tirídates II fue reafirmado en su trono, y además cedió extensos territorios de Mesopotamia. Se firmó así una paz entre Persia y Roma que duró más de cuarenta años.

Las persecuciones contra los seguidores de Mani en Persia hicieron que algunos de ellos pasaran al Imperio Romano, hasta formar una minoría suficientemente notoria como para preocupar a Diocleciano. Fueron llamados maniqueos, y ante el temor de que se convirtieran en una quinta columna persa, el emperador prohibió y persiguió el maniqueísmo, que no obstante sobrevivió precariamente como lo había hecho el cristianismo tras las numerosas persecuciones que había sufrido hasta entonces.

Tras los primeros años de funcionamiento de la tetrarquía, los cuatro gobernantes acabaron repartiéndose los territorios. El Imperio quedó dividido en cuatro prefecturas. Constancio Cloro quedó al mando de la formada por los territorios al noroeste de Italia, esencialmente la Galia y Britania; Maximiano retuvo Italia, Hispania y África; Diocleciano se ocupó de Asia y Egipto, mientras que Galerio gobernó las provincias europeas al este de Italia. Cada prefectura estaba dividida en varias diócesis, gobernadas por vicarios, palabra que significa "suplente" (del prefecto, el emperador o el César correspondiente). A su vez, cada diócesis se dividía en pequeñas provincias, suficientemente pequeñas como para que un gobernador las administrase cómodamente. Se estableció un complejo servicio secreto por el que los prefectos controlaban a todos los funcionarios. Esto en cuanto a la administración civil. La administración militar era paralela: cada provincia contaba con una guarnición a las órdenes de oficiales llamados duces (líderes). Además estaban los ejércitos sedentarios que custodiaban las fronteras y otras fuerzas móviles de apoyo o de reserva, dirigidas por comites (acompañantes). Diocleciano revisó la legislación, hizo redactar nuevos códigos de leyes de carácter conservador y humanitario. Como la compleja administración requería una buena financiación, organizó un sistema racional de impuestos directos y puso en circulación nuevas monedas.

Por esta época en Arabia se habían formado varios reinos: Gasan, Hira, Hiyaz, Kinda ... , pero se tiene muy poca información sobre ellos.

En América se inicia el periodo clásico de la cultura maya. El territorio maya estaba formado por ciudades-estado independientes con costumbres variadas entre las que fueron difundiéndose lentamente conocimientos, técnicas artísticas, creencias y costumbres. Al parecer también guerrearon entre sí con relativa frecuencia. En la zona de Veracruz se empezó a formar una confederación de ciudades totonacas, entre las que destaca El Tajín.

La anarquía
Índice Constantino