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EL TRIUNFO DE ROMA

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En 210 murió el emperador de China, Qin Shi Huang Di, en el transcurso de uno de sus viajes. Según su voluntad, fue enterrado bajo un enorme túmulo de 48 metros de altura, y en su tumba fueron emparedados algunas de sus mujeres y los obreros que habían transportado los tesoros. En 197 se encontró una fosa anexa al túmulo que contenía un ejército de estatuas de terracota compuesto por 6.400 soldados de infantería, dispuestos a lo largo de 11 corredores de 200 metros de largo por 3 de ancho. Tienen un tamaño ligeramente superior al natural, y estan seguidos de caballos y carros de combate. El ejército estaba formado según una táctica militar común en la época. En otra fosa se encontró otro ejército, esta vez de bronce, con figuras de talla ligeramente menor.

Los últimos años de su reinado fueron especialmente cruentos. Unos 460 letrados fueron enterrados vivos. Hubo deportaciones masivas hacia los territorios de la gran muralla. El hijo mayor del emperador se enemistó con su padre y se vio obligado a suicidarse. Por ello el trono fue ocupado por el segundo hijo, que gobernó más despóticamente, si cabe, que su padre.

En Roma destacaba el primer autor teatral de importancia: Tito Maccio Plauto.  Escribió comedias basadas en los argumentos de las comedias griegas. Desde que Roma había conquistado las ciudades griegas del sur de Italia, la cultura griega fue difundiéndose cada vez más entre los romanos de buena familia, que contrataban maestros griegos para sus hijos, aprendían sus mitos y los adaptaban a su propia religión. Por esta época surgió la idea de que Alba, la ciudad latina de donde eran originarios Rómulo y Remo, había sido fundada por Eneas, tras escapar de la destrucción de Troya.

Continuaba la guerra entre Roma y Macedonia. La liga aquea, que contaba con el apoyo de Filipo V de Macedonia, se puso bajo el mando de Filopemén de Megalópolis. Había luchado en Selasia y luego había marchado a Creta en busca de aventuras. Ahora había regresado a Grecia y reformó el ejército aqueo, con el que se enfrentó a Esparta, la cual recibió, por su parte, el apoyo de Roma.

Egipto decaía bajo el torpe gobierno de Ptolomeo IV. Años atrás, el rey cometió el error de formar un ejército nativo, y desde entonces los griegos tuvieron que sofocar una rebelión tras otra.

Ese año murió el rey parto Tirídates, lo cual fue inmediatamente aprovechado por Antíoco III, que en 209 logró pactar con los partos la anexión de su territorio al Imperio Seléucida. Éstos conservaron, no obstante, una gran autonomía. De este modo, el Imperio volvía a tener casi su extensión original.

Volviendo a China, eran muchos los sectores descontentos con el régimen imperial. Por una parte, el pueblo llano se sentía oprimido por el duro código penal, los antiguos nobles y señores feudales estaban resentidos por haber perdido sus privilegios, y los intelectuales estaban perseguidos y censurados. Aún no había pasado un año del cambio de emperador cuando estalló un levantamiento popular en lo que había sido el estado de Chu. Estaba encabezado por Chen She, y fue la primera de las muchas rebeliones a las que el nuevo monarca tuvo que hacer frente.

Entre tanto Escipión ocupaba Cartago Nova. Tomó la decisión de liberar a los rehenes que habían capturado los cartagineses, con lo que se ganó las simpatías de los nativos. Incluso Indíbil se puso del lado de Roma. Luego Escupión derrotó a Asdrúbal en Baecula (Bailén).

Pese a sus victorias fuera de Italia, Roma no se atrevía a atacar a Aníbal, cuyo ejército se iba desgastando lentamente. Pidió ayuda a Cartago, pero Cartago nunca se la dio. Los gobernantes cartagineses recelaban de que un Aníbal victorioso y carismático pudiera adueñarse de Cartago tras la guerra, así que trataban de ganar la guerra fuera de Italia. Aníbal apeló a Asdrúbal, quien en 208 decidió repetir la hazaña de su hermano y, evitando a los romanos, se dirigió a Italia a través de los Alpes.

Al sur de China se formó el reino de Nam-Viet, fundado por Trie Da, que implantó un régimen señorial muy jerarquizado. El pueblo vietnamita había surgido por la fusión de diversas culturas: muongs, thais y chinos.

En China, las rebeliones se extendían por todo el territorio. El emperador no sabía en quién podía confiar. El propio ministro Li Si, artífice de la unificación, fue acusado de traición y murió en el patíbulo. Uno de los principales insurrectos fue Xiang Yu, un guerrero perteneciente a la antigua clase noble. Tomó como lugarteniente a Liu Bang, quien, por el contrario, procedía de familia humilde. Había sido campesino y luego ocupó un puesto de funcionario menor, una especie de "jefe de policía rural". En 207 tomó la capital, Xiang Yang. El emperador abdicó y su hijo, el tercer emperador de la dinastía, no fue más que un títere a las órdenes de Liu Bang.

Ese mismo año Filopemén derrotaba al tirano de Esparta Macánidas, que fue sucedido por Nabis. Éste completó las reformas iniciadas por Agis IV y Cleomenes III. Hasta llegó a poner fin a la esclavitud en Esparta. Por esta época la práctica totalidad de Egipto estaba fuera de control. Ptolomeo IV pidió ayuda a los sacerdotes egipcios, que gozaban de gran autoridad sobre el pueblo. Éstos le concedieron el rango de faraón y lograron mantenerle en el poder, pero despojaron la monarquía en su provecho.

Asdrúbal había llegado al norte de Italia, y su objetivo era reunirse con Aníbal, que estaba en el sur. Dos ejércitos romanos los vigilaban, pero no se atrevían a atacar. El ejército que vigilaba a Aníbal estaba bajo el mando de Cayo Claudio Nerón, que había luchado a las órdenes de Marcelo. Asdrúbal envió mensajeros a su hermano comunicándole un plan de ruta y un punto de reunión, pero estos mensajeros fueron interceptados por Nerón, que decidió abandonar a Aníbal y partir apresuradamente hacia el norte. Los dos ejércitos romanos se unieron y atacaron a Asdrúbal por sorpresa a orillas del rio Metauro. Asdrúbal trató de retirarse cruzando el río, pero perdió mucho tiempo buscando un vado y, cuando lo encontró, ya era demasiado tarde, los romanos cayeron sobre él y tuvo que luchar. Los romanos obtuvieron una victoria completa. Asdrúbal murió en la batalla, su cadáver fue encontrado, le cortaron la cabeza, la llevaron al sur y la arrojaron al campamento de su hermano. Aníbal debió de comprender que la guerra estaba perdida, pero aún no había sido derrotado. Se retiró con su ejército a Bruttium, en la punta de la bota italiana, donde los romanos le acorralaron, pero sin atreverse aún a luchar contra él.

En 206 Xiang Yu se arrepintió de haber dejado la capital china en manos de Liu Bang, volvió, la saqueó y se inició una lucha por el poder entre ambos líderes. El tercer emperador murió sin descendencia, con lo que la dinastía de Qin Shi Huang Di duró apenas tres generaciones, en lugar de las 10.000 que estaban previstas.

Cartago envió refuerzos a España y se reunió un gran ejército para aplastar a Escipión. El encuentro se produjo en Ilipa, unos 100 kilómetros al norte de la actual Sevilla. Durante varios días, los ejércitos estuvieron frente a frente sin combatir. Cada día, a primera hora de la mañana, las tropas eran llevadas a campo abierto dispuestas para la batalla, pero nadie daba el primer paso. Un día, Escipión formó a sus soldados antes de lo habitual y en una disposición distinta de la esperada: puso a los aliados españoles en el centro y a las legiones en las alas. Atacaron mientras los cartagineses estaban desayunando. Éstos formaron precipitadamente según lo habitual, con los aliados en los extremos. Así la legión barrió rápidamente a los españoles enemigos, rodeó a los cartagineses y obtuvo una victoria definitiva, tras la cual no tardó en expulsar completamente a los cartagineses de la península. Magón, el hermano de Aníbal, se retiró a las Baleares, donde fundó una ciudad a la que dio su nombre, la actual Mahón.

Este mismo año terminó la Primera Guerra Macedónica. Sucedió que los aliados griegos ya estaban cansados de la guerra, así que Roma se vio obligada a firmar la paz para no quedarse sola. También Filipo V estaba deseándolo, así que fue una paz de compromiso, por la que Roma perdió parte de su influencia en Iliria.

Escipión llegó a un acuerdo secreto con el númida Masinisa. Éste se había aliado con Cartago con la esperanza de recuperar el trono que Sífax le había arrebatado a su padre, pero ahora Sífax se había aliado con Cartago y se había casado con su prometida Sofonisbe, así que Masinisa se volvió prorromano.

En 205 Escipión volvió a Italia. Tras sus victorias en España, los romanos pensaban que si alguien podía derrotar a Aníbal, ése era Escipión. Tenía sólo treinta y un años y no había desempeñado todos los cargos previos que se requerían para poder ser elegido cónsul, pero fue elegido de todos modos. Cuando se le propuso enfrentarse a Aníbal en Bruttium, el ofreció una propuesta mejor: Atacar a la propia Cartago, como habían hecho Agatocles y Régulo. A ello se opusieron los generales más viejos, sobre todo Fabio, en parte porque era peligroso (de hecho, ni Agatocles ni Régulo habían tenido éxito), pero también en parte por envidia hacia Escipión. El Senado se negó a asignarle un ejército, pero Escipión pidió voluntarios y los tuvo a miles. En 204 zarpó hacia África, donde se le unió Masinisa, seguido por un ejército de jinetes númidas leales.

Entre tanto llegaba a Roma Quinto Ennio. Había nacido en Rudia, una antigua colonia griega en el sur de Italia. Había luchado en Cerdeña y fue un gran difusor de la cultura griega entre los romanos. Escribió tragedias y poemas épicos inspirados en modelos griegos, pero de corte patriótico romano.

Una muestra de la inseguridad que Aníbal causó en Roma es que los romanos llegaron a plantearse si sus dioses no serían suficientemente poderosos para protegerles, y empezaron a buscar el apoyo adicional de dioses extranjeros. En Asia Menor estaba muy extendido el culto a Cibeles, una diosa muy antigua llamada también Gran Madre, o Madre de los Dioses. Su culto se había extendido por Grecia y Roma, pero este año fue sancionado oficialmente. Una adecuada interpretación de los Libros Sibilinos prometía la victoria si se trasladaba a Roma una roca sagrada dedicada a Cibeles que había caído del cielo (o sea, que era un meteorito) y se guardaba en un templo de Pesinonte (en Galacia), famoso por sus oráculos. Se suponía que Cibeles protegía a los hombres, contra la tentación y contra el mal.

La roca fue trasladada a Roma con toda la pompa, acompañada por una corte de sacerdotes que implantaron en la ciudad los extraños ritos asociados a la diosa. Los sacerdotes eran eunucos galos que se engalanaban como mujeres, y los ritos eran orgiásticos. Se celebraban al son de flautas, címbalos y tímpanos, y terminaban en delirios y automutilaciones de los iniciados. Pocos años después, el gobierno prohibió a los ciudadanos el culto a Cibeles, por lo que éste se volvió minoritario.

Ese mismo año Antíoco III regresó a Mesopotamia como había regresado en su día Alejandro Magno: con un Oriente totalmente conquistado. Ello le llevó a hacerse llamar Antíoco el Grande (a imitación de Alejandro). Entre tanto, Ptolomeo IV se había enamorado de Agatoclea, una cortesana de Alejandría, a la vez que de su hermano Agatocles. Ambos consiguieron ejercer una gran influencia sobre el rey, hasta el punto de que Agatoclea logró que mandara asesinar a su madre Berenice y a su hermana y esposa Arsinoe. Ptolomeo IV murió al año siguiente, en 203, y fue sucedido por su único hijo, Ptolomeo V, que sólo tenía ocho años. Se produjo una lucha por la regencia. Agatocles trató de hacerse con el poder, pero el pueblo se rebeló y fue asesinado junto con su hermana. Antíoco III vio una gran oportunidad en las revueltas aguas egipcias y se apresuró a aliarse con Filipo V de Macedonia. Este año murió Magón, el hermano de Aníbal, cuando se dirigía a Cartago por mar. Escipión venció a Asdrúbal Giscón, que fue apartado del mando por el senado cartaginés.

En 202 Liu Bang derrotó definitivamente a Xiang Yu y pudo proclamarse emperador de China, el primer emperador de la dinastía Han. Adoptó el nombre de Han Gaodi, donde "di" es el distintivo imperial que ya había adoptado Qin Shi Huang Di. Sin embargo Gaodi no pretendió presentarse como un dios. Para evitar que esto mermara su autoridad, estableció un complejo y magnificente protocolo que rodeaba todo lo relacionado con el emperador. El sistema feudal anterior fue parcialmente recuperado. Los antiguos príncipes feudales recuperaron sus derechos, que fueron extendidos además a los antiguos compañeros de armas del emperador, todos de origen humilde. Por otra parte se suavizó el código penal, con lo que todos los sectores se sintieron satisfechos y se acabaron las revueltas. No obstante, esto no significa que los logros de la dinastía precedente se perdieran por completo. Al contrario, en lo fundamental, el sistema instaurado por Qin Shi Huang Di siguió influyendo durante los siguientes dos mil años. El único sector que no recibió la atención debida fue el de los intelectuales. Gaodi no valoraba en absoluto la cultura, se sentía incómodo entre intelectuales y por ello evitaba su trato. Si no levantó la polémica prohibición sobre la tenencia de libros subversivos fue simplemente porque no le pareció una cuestión relevante.

Escipión y Masinisa habían llegado a las murallas de Cartago. Los desesperados cartagineses no tuvieron más opción que pedir a Aníbal que regresara de Italia. Mientras entablaron negociaciones con Escipión que trataron de prolongar todo lo posible hasta que llegara Aníbal. Cuando éste apareció, los cartagineses rechazaron los acuerdos que habían aceptado y confiaron en que Aníbal les libraría de los romanos. Los dos ejércitos se encontraron junto a la ciudad de Zama.

El ejército de Aníbal estaba compuesto de unos 24.000 hombres, la mayor parte italianos, pues el ejército original con el que había cruzado los Alpes había desaparecido hacía tiempo. El resto lo formaban los mercenarios que había reclutado Aníbal Giscón (al cual Aníbal repuso en el mando precisamente para poder contar con ellos), más un pequeño contingente enviado por Filipo V de Macedonia. Además disponía de 80 elefantes.

Aníbal empezó la batalla con una carga de elefantes, pero los romanos hicieron sonar trompetas con las que los asustaron y los hicieron retroceder, lo que desorganizó a la caballería de Aníbal, que fue destruida por los jinetes de Masinisa, que atacaron de inmediato. Los pocos elefantes que no retrocedieron pasaron por los huecos que oportunamente dejaron las legiones, que hicieron gala una vez más de su agilidad en las maniobras. A continuación Escipión dirigió meticulosamente el avance de cada una de sus líneas de soldados, que hicieron huir a todas las líneas cartaginesas excepto a la última, formada por los soldados mas veteranos. Como éstos resistían, Escipión hizo retroceder a sus tropas para que Masinisa atacara por la retaguardia, lo que destrozó finalmente el ejército cartaginés. Escipión fue conocido desde entonces como Escipión el Africano, en recuerdo de su victoria en África.

En 201 se firmó el tratado de paz que puso fin a la Segunda Guerra Púnica. Cartago perdió todas sus colonias, y vio limitado su territorio a sus posesiones en África. También tuvo que entregar su flota y sus elefantes y se comprometió a pagar una pesada indemnización durante un periodo de cincuenta años. Cartago no podía hacer la guerra, ni siquiera en África, sin el consentimiento romano. Además Masinisa recibió el trono de Numidia, se casó con Sofonisbe y, como aliado de Roma, tuvo la libertad para perjudicar a la inerme Cartago a su antojo. Muchos romanos eran partidarios de imponer además que Aníbal fuera entregado, pero Escipión insistió en que se respetara a un militar que siempre había combatido honestamente. Ahora Roma dominaba el sur y el este de España, aunque iba a necesitar unos pocos años para consolidar su autoridad en la zona.

Filipo V de Macedonia, viendo frustrados sus intentos de intervenir en occidente al lado de Cartago, decidió intervenir en Egipto al lado de Antíoco III, y así dio comienzo la Quinta Guerra Siria, con la que Antíoco III y Filipo V se enfrentaron a un Egipto sumido en el caos. Terminó en 200, y para entonces Antíoco III dominaba toda la media luna fértil. Egipto había perdido todas sus posesiones en Asia.

Aníbal
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