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TOMÁS BECKET

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En la China de los Jin, la población nativa empezó a rebelarse contra los yurset, lo cual fue aprovechado por los Song en 1161 para reanudar las hostilidades entre ambos imperios.

En Noruega murió el rey Ingón, asesinado por los partidarios del que pasó a ser Magnus V, sobrino de Magnus IV el Ciego.

Ibn Mardanis, el rey de Murcia y Valencia, logró conquistar Granada a los almohades.

El emperador bizantino Manuel I se casó con María de Antioquía, hija del difundo príncipe Raimundo I de Antioquía.

El conde de Provenza Ramón Berenguer III se casó con Riquilda de Polonia, la viuda del rey Alfonso VII de Castilla.

En Inglaterra murió Teobaldo, arzobispo de Canterbury y principal obstáculo para la política religiosa de Enrique II. El rey tuvo entonces una idea brillante, la misma, de hecho, que Teobaldo había tenido unos años antes. Igual que Teobaldo había propuesto a Tomás Becket para el cargo de canciller, con el objeto de tener a alguien leal en el cargo político más importante después del rey, ahora Enrique II propuso al Papa que nombrara arzobispo de Canterbury a Tomás Becket, para tener a alguien leal en el cargo eclesiástico más importante en Inglaterra después del Papa. Becket no recibió la noticia con agrado, pero aceptó la voluntad real, ratificada por Alejandro III, y en 1162 fue investido arzobispo. Inmediatamente renunció a la cancillería, pues consideró que no podía desempeñar debidamente ambos cargos, y al mismo tiempo cambió radicalmente su modo de vida: de llevar la vida alegre de un cortesano pasó a ser un perfecto asceta. Además, para espanto e indignación del rey, continuó, e incluso llevó a un grado más radical, la política de Teobaldo a la que él mismo se había opuesto mientras había sido canciller. Cuando el sorprendido Enrique II le señaló esta contradicción su respuesta fue "Ésa era mi opinión como canciller, pero mi opinión como arzobispo es diferente".

Tomás Becket tenía una personalidad muy peculiar. Al parecer pensaba que cualquier cosa que se le encargara tenía que hacerla bien y ponía todo su empeño en ello: mientras fue ayudante de Teobaldo le sirvió con lealtad y eficiencia; cuando fue nombrado canciller pasó a desempeñar el cargo tan bien como supo, entendiendo que ello le exigía ponerse de parte del rey y en contra del arzobispo; finalmente, ahora que era arzobispo entendía que su misión era servir a los intereses de la Iglesia y oponerse a los del rey. Pero Enrique II no entendía esta filosofía y lo único que veía era que Becket era un traidor. La gran amistad que los había unido en los últimos años se convirtió en una enemistad irreconciliable.

Las ciudades del norte de Italia, aunque teóricamente pertenecían desde hacía siglos al Sacro Imperio Romano, habían gozado en la práctica de una autonomía casi completa, y muchas de ellas no estaban dispuestas a aceptar el control que ahora pretendía imponerles el emperador Federico I Barbarroja. Éste marchó sobre ellas y, tras un asedio de nueve meses, arrasó Milán.

Mientras tanto moría Ramón Berenguer IV, el príncipe de Aragón y Cataluña. El año anterior había llegado a un acuerdo con Federico I en virtud del cual éste reconocía a Ramón Berenguer como marqués de Provenza a cambio de su vasallaje (lo que suponía que Provenza pasaba a formar parte del Sacro Imperio Romano). Sin embargo, la muerte le sobrevino mientras se dirigía a Turín, para firmar el tratado.

Provenza pasó a manos del conde Ramón Berenguer III, sobrino de Ramón Berenguer IV, que también rindió vasallaje al emperador. Por su parte, Ramón Berenguer IV dejó tres hijos menores de edad. El mayor, Alfonso II, recibió a sus cinco años el título de rey de Aragón (que su padre nunca llegó a adoptar); su hermano Pedro recibió los condados de Cerdaña, Carcasona y Narbona como vasallo de Alfonso II y Sancho recibió Cerdaña, compartida con Pedro. Los tres quedaron bajo la tutela de Enrique II Plantagenet. El gobierno efectivo quedó en manos del senescal Guillem Ramón de Montcada y del obispo de Barcelona, Guillem de Torroja. Oficialmente, la reina legítima de Aragón era Petronila, la viuda de Ramón Berenguer IV, pero cedió la soberanía a sus hijos según las disposiciones de su marido.

El rey Fernando II de León, aprovechando la guerra civil en Castilla, ocupó Segovia y Toledo, tras lo cual comenzó a titularse rey de los españoles, que era una forma tímida de recuperar el título imperial que había asumido su padre.

Yúsuf, el hijo del Califa almohade Abd al-Mumin, arrebató Granada a Ibn Mardanis.

Ese año murió el sultán gaznawí Bahram Sha. En los últimos años de su vida había logrado recuperar el dominio de Gazni, pero sus descendientes no tuvieron ninguna autoridad más allá de la capital. Los dominios gaznawíes estaban ahora bajo el gobierno de los guríes, con excepción de algunos territorios en el norte de la India.

En Borgoña murió el duque Eudes II, que fue sucedido por su hijo Hugo III.

También murió el rey Geza II de Hungría, que fue sucedido por su hermano Ladislao II. Geza II había fortalecido la independencia de Hungría frente a los bizantinos al derrotar siete años atrás al emperador Manuel I. Sin embargo, ahora su hijo Esteban le reclamó la corona a Ladislao II, y éste se vio obligado a buscar el apoyo de Bizancio. Tal apoyo no impidió a Esteban derrocar a su tío en 1163 y convertirse en Esteban III de Hungría. Entonces Manuel I trató de imponer como rey a Esteban IV,  hermano de Geza II, pero antes de que acabara el año Esteban III tenía todo el país bajo su autoridad.

Más suerte tuvo en Antioquía, donde acababa de cumplir dieciocho años el hijo del difunto príncipe Raimundo. Su padrastro, Reinaldo de Châtillon, seguía prisionero del atabeg de Alepo Nur al-Din, así que fue reconocido como nuevo príncipe, con el nombre de Bohemundo III. Sus dotes de gobernante fueron escasas, y aceptó la soberanía de Manuel I. Fue conocido como Bohemundo III el Tartamudo.

Nur al-Din, dominaba prácticamente toda la frontera oriental de los Reinos Latinos de Oriente, y parecía una mera cuestión de tiempo que acabara conquistándolos. Sin embargo, el principal inconveniente era que andaba escaso de dinero. Su principal arma para reunir a los musulmanes contra los cristianos (la religión, la jihad) no era tan efectiva si no había además dinero. Había una fuente de dinero relativamente a su alcance: Egipto. El país vivía en la miseria, pero sus gobernantes, los fatimíes, eran increíblemente ricos, pues Egipto era una de las principales escalas comerciales entre la India y Occidente. Nur al-Din lo tuvo fácil para reunir un ejército contra Egipto: los fatimíes eran herejes chiitas, y así, si conquistaba Egipto, sus hombres no sólo podrían recibir un magnífico botín, sino que estarían prestando un gran servicio al islam. Nur al-Din envió una primera expedición contra egipto que puso bajo el mando de Sirkuh, uno de sus generales de máxima confianza.

En Jerusalén murió sin descendencia el rey Balduino III, que fue sucedido por su hermano Amaury I.

También murió el Califa almohade Abd al-Mumin. Una intriga política hizo que el Imperio pasara a manos de su hijo Yúsuf I, que despojó de sus derechos al heredero jurado, Muhammad.

Aragón había estado atacando a Navarra desde que Sancho VI subiera al trono, y finalmente ambos estados llegaron a un acuerdo y firmaron la paz.

Tras la muerte de san Raimundo de Fitero, el maestre y fundador de la orden de Calatrava, se produjeron desavenencias entre los monjes y los caballeros que componían la orden. Fue elegido maestre un caballero, García, tras lo cual los monjes se retiraron a la abadía de Fitero y los calatravos (ya exclusivamente caballeros) pasaron a depender de la abadía francesa de Morimond. En 1164 el Papa Alejandro III aprobó la regla de los caballeros.

Ese año murió el conde Gausfredo III de Rosellón, que fue sucedido por su hijo Girardo II.

Nur al-Din emprendió una ofensiva contra los Estados Latinos de Oriente en la que hizo prisionero al conde Raimundo III de Trípoli.

El rey Magnus V de Noruega fue coronado por Eystein, el arzobispo de Nídaros, lo que supuso una alianza entre la Iglesia, cada vez más influyente en el país, y la monarquía, que estaba emergiendo de un largo periodo de guerras civiles y religiosas. En Suecia se creó un primer arzobispado en Uppsala que independizó a la iglesia sueca de la alemana.

Ahora los únicos territorios paganos que quedaban en Europa eran una franja a las orillas del mar báltico que separaba a la Suecia católica de la Rusia ortodoxa. En dicha franja habitaban los vendos (hostigados por los daneses y alemanes), los obodritas (por los alemanes), los pomeranios y los prusianos (por los polacos), los lituanos, los livonios y los estonios (por los rusos de Nóvgorod) y al norte los fineses, cuyas tierras eran un continuo campo de batalla entre suecos y rusos.

El rey Enrique II de Inglaterra aplicaba cada vez técnicas más violentas contra los eclesiásticos en su afán de doblegar a Tomás Becket. Esto infundió prudencia a muchos sacerdotes, pero Becket permanecía inquebrantable en su posición. Pero el Papa Alejandro III necesitaba el apoyo de las monarquías europeas contra Federico I y su papa Víctor IV, así que recomendó moderación a Becket y sólo esto le hizo ceder. En un concilio reunido en Clarendon, Enrique II hizo que Becket y otros obispos aceptaran la Constitución de Clarendon, por la cual se restablecía la relación entre la Iglesia y el Estado que había estado vigente bajo los reyes normandos: se limitaba la jurisdicción de los tribunales eclesiásticos, de manera que los clérigos acusados de delitos graves serían juzgados por los tribunales del rey; la Iglesia no podía excomulgar a los súbditos del rey sin el consentimiento de éste (en particular, no podía excomulgar al rey); los eclesiásticos tenían prohibido abandonar el país o apelar al Papa sin el permiso del rey y, finalmente, el nombramiento de obispos se haría según lo dispuesto por el tratado entre Enrique I y san Anselmo de Canterbury en 1107. Sin embargo, poco después murió el Papa Víctor IV, lo que situó a Alejandro III en una posición mejor, hasta el punto de que se negó a ratificar el acuerdo, e inmediatamente Becket afirmó que eso le eximía de su juramento de respetarlo.

Enrique II ordenó entonces una investigación exhaustiva de los actos de Becket durante el periodo en que ocupó la cancillería y, naturalmente, se encontraron motivos fundados para acusarlo de traición y confiscar todos sus bienes. La situación se puso tan peligrosa que el arzobispo decidió huir a Francia, desde donde excomulgó a Enrique II. Le acompaño Jean de Salisbury, que continuaba en su cargo de secretario del arzobispo.

Por su parte, Federico I Barbarroja había hecho elegir a un nuevo Papa, el cardenal Guido da Crema, que adoptó el nombre de Pascual III. La situación era delicada, pues el emperador no lo tenía fácil para colocarlo en Roma. La República de Venecia no formaba parte del Sacro Imperio Romano, pero, temerosa de que Federico I pudiera decidir lo contrario en cualquier momento, fomentó la creación de la Liga de Verona, una confederación de ciudades italianas (Venecia, Verona, Vicenza y Padua), que paralizaron al ejército imperial impidiéndole descender hasta Roma. Alejandro III aprovechó las circunstancias y en 1165 volvió a Roma, desde donde dirigió la lucha de las ciudades italianas contra Federico I. Por otra parte, el emperador tenía algunos apoyos en Italia, entre los que destacaba Guillermo, el marqués de Monferrato, que se casó con una hija de Federico I.

Para compensar este golpe y fomentar la lealtad de sus súbditos hacia su Papa Pascual III, el emperador le hizo canonizar a Carlomagno.

En Escocia murió el rey Malcom IV a sus veinticuatro años de edad, y fue sucedido por su hermano Guillermo el León. Deseoso de recuperar los territorios que Malcom IV había cedido a Enrique II, entabló una alianza con el rey Luis VII de Francia. El divorcio de Leonor de Aquitania fue el último de los muchos errores políticos que había cometido el rey francés. Desde ese momento, ante la amenaza del Imperio Angevino, adoptó una hábil política consistente en apoyar a todos los enemigos de Enrique II. Sus principales bazas del momento eran Guillermo el León y Tomás Becket. Pero la mejor noticia que recibió ese año fue que Dios había finalmente escuchado sus fervorosas plegarias y le había concedido un heredero, un nuevo capeto que fue conocido como Felipe Don de Dios. (Leonor de Aquitania, que no le había dado ningún hijo a Luis VII, ya le había dado a Enrique II cuatro hijos y tres hijas por aquel entonces.)

También murió Esteban IV de Hungría, que no pudo hacerse con el trono pese al apoyo bizantino.

En China se firmó un tratado de paz entre los Song y los Jin. Las milicias de ciudadanos que el Imperio Song había formado para defenderse de los yurset se convirtieron en un obstáculo en las negociaciones, pues la guerra contra el Imperio Jin se había convertido en su modo de vida.

El rey de Dinamarca Valdemar I el Grande había iniciado una política de expansión hacia el mar Báltico. Su consejero, el obispo Absalón, que había dirigido numerosas expediciones contra los vendos, fundó una ciudad alrededor del castillo de Kovenhavn (puerto de los mercaderes), ciudad que actualmente se conoce con el nombre de Copenhague.

Los reyes Fernando II de León y Alfonso I de Portugal llegaron a un acuerdo en Pontevedra sobre los territorios musulmanes que le correspondía conquistar a cada uno. El acuerdo se ratificó con el matrimonio de Fernando II y Urraca, la hija del rey portugués.

El almohade Yúsuf I venció en Murcia al rey Ibn Mardanis y a su suegro y lugarteniente ibn Hamusq, rey de Jaén. En 1166 Ibn Hamusq se pasó al bando almohade e Ibn Mardanis inició un periodo turbulento en el que mandó asesinar a su hermana y a algunos de sus hijos.

En Irlanda, una insurrección derrocó al rey de Leinster Dermot MacMurrough, el cual marchó a Francia y solicitó la ayuda de Enrique II Plantagenet. El rey tenía demasiados asuntos internos de los que ocuparse, así que no pudo ayudarle directamente, pero le dio permiso para que reclutara un ejército entre los señores normandos de las marcas gaélicas (que tenían más o menos dominados a los rebeldes galeses). De este modo algunos caballeros normandos pasaron a combatir en Irlanda.

Ese año murió el rey Guillermo I de Sicilia, conocido como Guillermo I el Malo, que fue sucedido por su hijo Guillermo II el Bueno.

También murió el conde de Provenza Ramón Berenguer III, mientras asediaba Niza. El condado pasó a su primo, el rey Alfonso II de Aragón, pero en 1167 nombró conde a su hermano Pedro, que adoptó el nombre de Ramón Berenguer IV de Provenza.

En Japón el jefe del clan de los Taira, Kiyomori, se convirtió en canciller del Imperio, pero su dureza hizo que el pueblo se volcara hacia sus rivales, los Minamoto.

En Alemania murió el conde Werner II de Habsburgo, que fue sucedido por su hijo Alberto III, y en Suecia murió el rey Carlos VII, asesinado por Canuto Eriksson, hijo de Erik IX, que se convirtió en el nuevo rey.

También murió Matilde, la madre de Enrique II Plantagenet que había intentado en vano hacerse con la corona de Inglaterra.

El emperador bizantino Manuel I había concedido la mano de su hija María a un nieto del rey de Hungría Bela II el Ciego, también llamado Bela, pero ese año María de Antioquía le dio un hijo, Alejo, que se convirtió en el nuevo heredero del Imperio. Entonces Bela decidió que María ya no era tan atractiva como antes de que naciera su hermano y rompió su compromiso. Más adelante María se casó con Raniero de Monferrato, hijo del marqués Guillermo de Monferrato, que había marchado a Tierra Santa junto con sus hermanos Guillermo y Conrado.

Nur al-Din envió de nuevo a Sirkuh a Egipto. Nominalmente, el poder fatimí estaba en manos del Califa al-Zafir, pero quien realmente gobernaba era su visir Shawar. Éste entabló una alianza con el rey Amaury I de Jerusalén. El ejército turco derrotó al ejército conjunto de egipcios y cruzados y llegó hasta Alejandría. Los cruzados y los egipcios se reorganizaron y lograron expulsar a Sirkuh, que tuvo que retroceder hasta Damasco.

El Papa Alejandro III patrocinó la reconstrucción de Milán, destruida unos años antes por el emperador Federico I Barbarroja, a la que puso al frente de la llamada Liga Lombarda, una alianza de ciudades italianas en la que se integró la Liga de Verona, formada por Venecia, Padua, Treviso, Ferrara, Brescia, Bérgamo, Cremona, Lodi, Piacenza, Parma, Módena y Bolonia, además de Milán. Como símbolo de la independencia frente al emperador, fundaron en 1168 la fortaleza de Alessandria. Luego murió el Papa Pascual III y Federico I hizo elegir como sucesor a Juan de Struma, que adoptó el nombre de Calixto III, si bien se vio obligado a retirar su ejército de Italia. Ese año legó el ducado de Suabia a su hijo Federico V.

Ese año murió el conde Dirk de Flandes y Alsacia, y fue sucedido por su hijo Felipe.

El emperador bizantino Manuel I arrebató Dalmacia a Hungría.

Los reyes Sancho VI de Navarra y Alfonso II de Aragón firmaron un acuerdo para repartirse las tierras que conquistaran al rey de Murcia y Valencia Ibn Mardanis.

Ese año murió Huémac, el rey tolteca. Su capital, Tollan, entró en decadencia. Durante el reinado de Huémac habían llegado a la ciudad nuevas tribus toltecas que entraron en pugna con sus habitantes, los cuales terminaron abandonando Tollan para conquistar Cholula, habitada por los olmecas históricos. Los toltecas desplazaron a su vez a los olmecas, que se establecieron en la costa oriental de México.

Al parecer hubo muchas migraciones de pueblos por esta época. La tradición remonta a estas fechas la aparición de un pueblo pobre trashumante que llegó del norte sin llamar la atención. Eran los Aztecas. Dicha tradición habla de siete clanes dirigidos por tres caudillos y cuatro sacerdotes que llevaban la imagen del dios tribal, Huitzilopochtli.

El almohade Yúsuf I adoptó el título de Califa que había llevado su padre. Poco antes había nombrado como médico personal a Abentofail, autor de una novela filosófica titulada El filósofo autodidacto, protagonizada por un huérfano abandonado en una isla desierta que es criado por una gacela. Su esfuerzo intelectual le lleva a descubrir los misterios de la naturaleza y llega a unir su mente a Dios en el éxtasis. Ese mismo año Abentofail presentó a Yúsuf I en Marrakech a Abú-l-Walid Muhammad ibn Rusd, más conocido como Averroes, autor de varios comentarios a las obras de Aristóteles sobre medicina y ciencias naturales. Al parecer Yúsuf I le encargó que comentara las obras mayores del estagirita. Como recompensa, en 1169 lo nombró cadí de Sevilla.

El príncipe Andrei Bogoliubski ocupó Kíev y obtuvo el título de gran príncipe, pero en lugar de hacer gala de él, como todos sus antecesores, saqueó la ciudad y la abandonó para establecerse en Vladímir. Esto supuso el fin definitivo de Kíev. A partir de entonces ya nadie codició el título de príncipe de Kíev y fueron los príncipes de Vladímir los que reclamaron la supremacía sobre los demás príncipes rusos.

Ese año murió el rey Thoros II de Armenia, y fue sucedido por Rubén II.

El derrocado rey de Leinster Dermot MacMurrough intentó reconquistar su reino con la reducida tropa de los Fitzgerald y los Fitzetienne, dos familias aristocráticas normandas. La primera estaba formada por los descendientes de Gerald de Windsor, que se había casado con la princesa galesa Nesta. En la expedición iban Maurice Fitzerald, el tercer hijo de Gerald, y su nieto Raymond Fitzwilliam.

Mientras tanto Enrique II Plantagenet quiso asegurar el porvenir de sus hijos. Su primogénito, Guillermo, había muerto a los pocos años de su nacimiento, por lo que el heredero había pasado a ser Enrique el Joven, al que hizo coronar como rey de Inglaterra a sus catorce años de edad. Al siguiente, Ricardo, de doce años, lo nombró duque de Aquitania y conde de Poitiers, a Godofredo, de once, lo nombró duque de Bretaña, y al menor de todos, como sólo tenía dos años, no recibió nada todavía, por lo que se quedó con el apodo de Juan sin Tierra. Además, el año anterior había casado a su hija mayor, Matilde, con el duque de Baviera y de Sajonia Enrique el León.

Los cruzados habían atacado Egipto y el visir Shawar no se vio capaz de resistir un segundo ataque, así que pidió ayuda a Nur al-Din. Éste envió nuevamente a Sirkuh, que unió su ejército al egipcio y derrotó a los cruzados. Sirkuh entró en Egipto aclamado por el pueblo, al tiempo que el visir caía en desgracia, pues años atrás había pactado con los infieles. Al parecer, Sirkuh difundió este argumento hasta conseguir la dimisión de Shawar. El Califa al-Zafir nombró visir al general turco, pero ya tenía más de sesenta años y murió a los tres meses. Entonces al-Zafir nombró visir a Yúsuf, sobrino de Sirkuh.

El rey Alfonso I de Portugal había conquistado la ciudad de Badajoz, y Fernando II de León consideraba que ese territorio le correspondía conquistarlo a él, según los acuerdos establecidos entre ambos reinos. Ello inició una guerra en la que el leonés derrotó a Alfonso I y al caudillo Gerardo Sempavor (Gerardo sin miedo).

En Castilla terminaron las guerras civiles cuando el rey Alfonso VIII fue declarado mayor de edad a sus catorce años. Fue conocido como el rey chico, y sorprendió a todos por su madurez. En 1170 contrajo matrimonio con Leonor, la segunda hija de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania. El rey Alfonso II de Aragón se casó a sus dieciséis años con Sancha, tía de Alfonso VIII de Castilla.

El rey de Murcia y Valencia, Ibn Mardanis, tuvo que hacer frente a una rebelión en Alcira, fundada en su poca ortodoxia religiosa, pero que en realidad era un síntoma del declive de su reino, tras las derrotas sufridas ante los almohades, las drásticas medidas internas tomadas contra presuntos traidores y la pérdida de algunas tierras en el norte, ocupadas por Aragón, Navarra y Castilla.

En Armenia murió el rey Rubén II y fue sucedido por Mleh I.

También murieron el duque Federico V de Suabia, que fue sucedido por su hermano Federico VI, y Alberto I el Oso, el margrave de Brandeburgo, que fue sucedido por su hijo Otón I. En los últimos años Alberto I había sostenido numerosas disputas con Enrique el León, el duque de Baviera y de Sajonia, en las que el emperador Federico I había intervenido como mediador. Ahora duque Güelfo pudo fortalecer su posición y fue independizándose paulatinamente de la autoridad imperial.

El poeta normando Robert Wace terminó el Roman de Rou, una historia de Normandía hasta la batalla de Tinchebray, escrita en octosílabos.

Al mismo tiempo, un escritor francés del que se sabe poco más que su nombre: Chrétien de Troyes, escribió una novela en verso titulada Erec y Enide, inspirada en la versión que Wace había dado de la leyenda de Arturo en su Roman de Brut. (Erec es un caballero de la Tabla Redonda y Enide es su amada.) El relato novelesco es lo que el propio Chrétien llama la matière, la materia o intriga de su obra, pero a ella añade lo que llama el sens, un sentido o tesis, que en el caso del Erec es la enseñanza de que el caballero que consigue la fama o el amor o cualquier bien, debe luego seguir ganándoselos día a día para no perderlos. Por otra parte, en su obra destaca el cuidado con que son descritos los caracteres de los personajes, algo ausente en la mayoría de sus coetáneos.

El rey de Leinster, Dermot MacMurrough, intentó de nuevo recuperar su reino, esta vez aliado con Richard Strongbow (arco fuerte), el conde de Pembroke, al cual le prometió la mano de su hija y la sucesión en el trono. Esta expedición sí que fue exitosa, y Strongbow llegó incluso a conquistar Dublín. En ella también participaron los Fitzgerald y los Fitzetienne. Richard Strongbow otorgó a Maurice Fitzgerald el territorio de Naas, con el título de barón y el encargo de conquistarlo.

El rey Enrique II de Inglaterra casó a su hija Leonor con Alfonso VIII de Castilla.

Tomás Becket continuaba atacando a Enrique II desde Francia. Había excomulgado a todos sus súbditos y ahora amenazaba con el interdicto, es decir, con una huelga indefinida de sacerdotes. El Papa Alejandro III no quería llegar tan lejos y forzó una reconciliación entre el rey y el arzobispo, reconciliación que ambas partes aceptaron de mal grado. Becket regresó a Canterbury junto con su secretario Jean de Salisbury. Cuando el año anterior Enrique el Joven fue coronado como rey de Inglaterra, era al arzobispo de Canterbury, o sea, a Becket, a quien le correspondía oficiar la ceremonia, pero como estaba exiliado se ocupó de ello el arzobispo de York. Becket consideró que esto había sido una violación intolerable de sus prerrogativas y el 25 de diciembre excomulgó a todos los obispos que habían asistido a la ceremonia. Enrique II recibió la noticia en sus dominios continentales y se puso furioso. En un acceso de ira dijo "¡Y ni uno solo de los cobardes que alimento en mi mesa, ni uno solo de ellos, es capaz de librarme de este sacerdote turbulento!" Cuatro caballeros, para ganarse la gratitud del rey, le tomaron la palabra y, sin consultárselo, partieron para Inglaterra. El 29 de diciembre hallaron a Becket en la catedral de Canterbury y lo asesinaron en el mismo altar, en presencia de su secretario, Jean de Salisbury.

El Imperio Angevino
Índice El Papa y el Emperador