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EL CISMA DE ORIENTE

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En 1050 un teólogo francés llamado Berengario de Tours se convirtió en uno de los primeros blancos del movimiento reformista del papa León IX. Berengario había sido discípulo de Fulberto de Chartres, y afirmaba que la eucaristía era sólo un símbolo, y que en ella el pan y el vino no se convertían en el cuerpo y la sangre de Jesucristo. El papa lo declaró hereje. En 1051 fue condenado por un concilio en Vercelli, una ciudad italiana gobernada por obispos.

En Italia fue asesinado el conde Dreu de Apulia y fue sucedido por su hermano Unfrido. También murió el conde Amadeo I de Saboya, y el condado permaneció en manos de su hermano Odón I.

El selyúcida Tugril Beg decidió aliarse con Kaiem, el califa abasí de Bagdad (aunque, probablemente, el califa no decidió nada) y en su nombre arrebató un extenso territorio a los buwayhíes. El Califato Fatimí perdió todo control sobre los territorios al oeste de Egipto.

El rey de Inglaterra Eduardo III el Confesor no era muy popular entre la nobleza sajona. Eduardo tenía motivos para estar resentido contra Godwin de Wessex, que había participado en la ejecución de su hermano Alfredo, pero al que tenía que aceptar en la corte porque era, de hecho, el hombre más poderoso de Inglaterra. Tampoco sentía ningún aprecio por su madre, Emma, que había favorecido a Hardeknud sin mostrar aparentemente ningún interés por los exiliados Eduardo y Alfredo. Por ello Eduardo se había apropiado de las posesiones de su madre y la había internado en un convento. En general, los nobles sajones eran indisciplinados. Si Godwin gobernaba Wessex a su antojo, Siward hacía lo propio en Northumbria, y otro señor llamado Leofric gobernaba los territorios intermedios que antaño fueron el reino de Mercia. Como contrapartida a esta situación, Eduardo III se apoyaba en los nobles normandos que habían llegado al país desde que Emma de Normandía se convirtió en reina, y otros tantos que fueron invitados por el propio rey. Eduardo III había sido educado en Normandía, y por ello prefería las costumbres normandas, más refinadas que las de los sajones. Hablaba y vestía como un normando, introdujo el cargo de canciller, o secretario del rey, copiado de la administración normanda. Algunos cortesanos trataron de complacer al rey imitando estas costumbres, lo cual generó una reacción nacionalista en la nobleza sajona, cada vez más irritada por estos hechos. Naturalmente, a la cabeza de este movimiento se puso Godwin de Wessex. Eduardo no podía quitar tierras a los nobles sajones para dárselas a los normandos, pero sí podía disponer libremente de los cargos religiosos, y pronto los más importantes estuvieron ocupados por normandos. La gota que colmó el vaso fue cuando nombró obispo de Canterbury a un normando llamado Roberto de Jumiège. Entonces Godwin de Wessex se alzó abiertamente en rebeldía y reunió un ejército contra el rey. Sin embargo, los nobles recelaban entre sí tanto o más que del rey y, para evitar que Godwin pudiera convertirse en rey si derrotaba a Eduardo III, tanto Siward como Leofric se pusieron de parte de éste. Godwin fue derrotado y enviado al exilio, la reina Edith (hija de Godwin) fue recluida en un monasterio.

La política pronormanda del rey Eduardo III se vio consolidada, hasta el punto de que ese mismo año invitó a visitarle nada menos que al propio duque de Normandía, Guillermo I el Bastardo, que a sus veinticuatro años ya era conocido en Europa por su férrea autoridad.

Tras esta visita, corrió el rumor de que Eduardo III había prometido en secreto a Guillermo I que lo nombraría heredero al trono de Inglaterra. Existía entre ambos un cierto parentesco, pues Emma, la madre de Eduardo III era hija de Ricardo I, el bisabuelo de Guillermo I. No obstante esto no permitía que Guillermo I pudiera considerarse miembro de la casa real de Alfredo el Grande, la cual había gobernado Inglaterra hasta entonces salvo durante la dominación danesa. Esto bastaba para poner no sólo a la nobleza, sino también al pueblo sajón en contra de su rey. No está claro si realmente Eduardo III hizo dicha promesa o si fue un invento de Godwin, pero lo cierto es que tuvo su efecto y en 1052 Godwin regresó a Inglaterra y recuperó todo su antiguo poder sin que Eduardo III pudiera hacer nada para impedirlo. Godwin hizo que Eduardo III depusiera al arzobispo de Canterbury y en su lugar nombrara a Stigand, un sajón partidario de Godwin que había sido capellán de Canuto y consejero de Emma. Sin embargo, esta medida tuvo una consecuencia que Godwin no podía haber previsto. Hasta entonces, los reyes, o incluso nobles poderosos de rango inferior, nombraban obispos a su antojo en sus territorios, pero Hildebrando estaba convenciendo al papa León IX para que reclamara su derecho exclusivo a nombrar y deponer obispos. Hasta entonces el papa no había propuesto a ningún candidato a ningún obispado (al menos no en ningún caso que chocara contra la voluntad de algún noble poderoso), pero Hildebrando consideró que León IX no podía aceptar la deposición del arzobispo de Canterbury, pues no se le había consultado, y Stigand no fue reconocido por Roma.

El conde de Anjou, Godofredo Martel, conquistó el condado de Maine, que estaba situado entre Anjou y Normandía, lo que suponía una amenaza contra el ducado normando así como para el propio rey de Francia, Enrique I, cuyos escasos territorios alrededor de París no quedaban lejos. Por ello Enrique I, con el apoyo del duque Guillermo I el Bastardo, se apoderó de las plazas fuertes de Alençon y Domfront. El rey francés no tenía hijos, así que decidió contraer segundas nupcias, pero para evitar los problemas que su padre, Roberto II, había tenido con la Iglesia al casarse con una prima, se aseguró de que su nueva esposa no tuviera con él ningún vínculo de sangre, y para ello eligió nada menos que a Ana de Kíev, la hija del príncipe Yaroslav, con la que tendría tres hijos.

Mientras tanto moría en Italia uno de los nobles más poderosos, el marqués Bonifacio de Toscana. Había sido leal a los emperadores Enrique II, Conrado II y Enrique III, salvo por un breve periodo en el que había apoyado al papa Benedicto IX frente a Dámaso II, el candidato de Enrique III, pero tras la pronta muerte de Dámaso II se había reconciliado con León IX haciendo solemnes manifestaciones de penitencia. Estaba casado con Beatriz de Lorena, y el duque de la Alta Lorena, Godofredo el Barbudo, se apoderó de Toscana.

El papa León IX reabrió la polémica sobre si la primacía de la Iglesia correspondía al papa o al patriarca de Constantinopla. Como respuesta, Miguel Cerulario cerró todas las iglesias de las posesiones bizantinas del sur de Italia que celebraban la misa según los ritos occidentales.

El conde de Barcelona Ramón Berenguer I se casó en terceras nupcias con Almodis tras repudiar a su segunda esposa, Blanca, con la que se había casado un año antes (su primera esposa, Isabel, había muerto a su vez un año antes). Almodis influyó sobre su marido y ello suscitó un nuevo conflicto con Ermessenda, la abuela del conde, que apeló a un recurso que ya había empleado en tres ocasiones anteriores: se quejó a Roma de que su nieto la maltrataba y logró que éste fuera excomulgado (por cuarta vez). Mientras tanto Mir Geribert fue llevado ante un tribunal y obligado a reconocer la autoridad del conde de Barcelona, pero no hizo caso de la sentencia.

El rey de Sevilla al-Mutadid ambicionaba reunificar Al-Ándalus, y había logrado someter algunos señores bereberes vecinos. Mediante una trampa, asesinó ahora a los que le ofrecieron resistencia. Sin embargo, su mayor obstáculo seguía siendo el rey Badis de Granada.

Tras la muerte del conde Guillermo I de Besalú, el condado pasó a sus hijos Guillermo II el Trueno y Bernardo II.

El duque de Normandía Guillermo el Bastardo se casó con Matilde de Flandes, hija del conde Balduino V. Con esta alianza Guillermo I fortaleció su posición en el exterior y el conde de Flandes dispuso de apoyo para los sangrientos enfrentamientos que mantenía con el emperador Enrique III. Balduino V no fue el único problema al que tuvo que enfrentarse el emperador. También estaba el duque de la Alta Lorena, Godofredo el Barbudo, que se había apoderado de la Toscana sin su consentimiento, y ahora tenía que ocuparse también del normando Roberto Guiscardo, que había arrebatado Calabria a los bizantinos y había ayudado a su hermano el conde Unfrido a derrotar en Civitate a las tropas del papa León IX, que fue hecho prisionero en Benevento. Para recuperar la libertad tuvo que reconocer las conquistas normandas.

En 1053 murió Godwin de Wessex, y su hijo Haroldo heredó el título de earl de Wessex. Haroldo fue, como su padre, el hombre más poderoso de Inglaterra, por encima incluso del rey Eduardo III el Confesor.

También murió Abú Amr al-Dani, que escribió varios tratados sobre el modo de recitar el Corán, que aún son de uso corriente. Vivió en el reino de Denia.

El emperador germánico Enrique III intentó asegurar el carácter hereditario de su título imperial instituyendo el título de rey de romanos, que concedió a su hijo Enrique, de tres años, como expresión de su condición de heredero. (El título de rey de romanos se explica si recordamos que lo que llamamos Imperio Germánico era oficialmente el Imperio Romano.) Además lo nombró duque de Baviera, con lo que Conrado I perdió el título, si bien siguió gobernando el ducado durante la minoría de Enrique.

Los almorávides eran ya los dueños del Sahara y ahora Ibn Yasín los dirigió más al norte, y así ocuparon los primeros oasis del actual Marruecos.

León IX convocó un concilio en Roma y dirigió una larga memoria al patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario sobre la primacía pontificia, a la que, naturalmente, el patriarca no hizo ningún caso. En 1054 envió como legados a Constantinopla a Federico y Humberto de Lorena, para dirimir la cuestión de la supremacía entre el papa y el patriarca, pero, como cabía esperar, no se llegó a ningún acuerdo. Los legados excomulgaron a Miguel Cerulario el 16 de julio por orden del papa, pero, al contrario que en otras ocasiones similares, esta ruptura entre las dos ramas de la Iglesia Católica nunca fue reparada. Cerulario organizó un sínodo que condenó al papa y así fue cómo se produjo el Cisma de Oriente que dividió la Iglesia Católica en dos Iglesias independientes y que se consideran mutuamente heréticas: la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa Griega. El pueblo bizantino aprobó la decisión, pues odiaba a los occidentales tanto como a los musulmanes (en gran parte por su contacto con los comerciantes venecianos establecidos en la capital). Cerulario se convirtió entonces en el hombre más poderoso del Imperio. El poder de Roma también se fortaleció. Un concilio celebrado en Tours condenó nuevamente la doctrina de Berengario de Tours, que no tardó mucho en abjurar de ella. El papa, que murió antes de que acabara el año, es recordado como san León IX.

El nuevo papa fue elegido una vez más por el emperador Enrique III. Optó por un pariente suyo llamado Gebhard, conde de Dollsnten-Hirschberg, que adoptó el nombre de Víctor II.

Por su parte, el emperador seguía sin someter a Godofredo el Barbudo, que se casó con Matilde, la viuda del difunto marqués de Toscana para legitimar su ocupación del territorio.

El rey Enrique I de Francia empezó a recelar de su hasta entonces aliado el duque Guillermo I de Normandía. Súbitamente, decidió aliarse con Godofredo Martel, el conde de Anjou (al que poco antes había combatido junto con Guillermo), e invadió Normandía, pero fue derrotado por Guillermo.

Finalmente Siward, el earl de Northumbria, se decidió a atacar al rey escocés Macbeth, con el pretexto de devolver el trono al legítimo rey Malcom, hijo del rey Duncan asesinado por Macbeth (pero con la intención real de apoderarse de Lothians). Siward derrotó a Macbeth, pero la victoria no fue decisiva.

Ese año murió el príncipe de Kíev Yaroslav el Sabio. Entre sus principales legados se encuentran la catedral de Santa Sofía, en Kíev (junto con muchas otras iglesias repartidas por el país), y la redacción de la primera parte de la Russkaia pravda (la Verdad rusa), un código legal basado en el derecho consuetudinario. La muerte del príncipe inició el declive del Estado de Kíev. Su hijo Iziaslav I logró únicamente el dominio de la región de Kíev, pero el resto del territorio quedó en manos de distintos gobernantes locales, que se erigieron en príncipes y se disputaron sangrientamente el dominio de la capital. En la práctica, el resultado fue que el Estado se dividió en numerosos principados. Algunos de ellos llamaron en su apoyo frente a otros a pueblos bárbaros. Por primera vez aparecen referencias a un pueblo nómada que se llamaba a sí mismo Qipcaq, si bien los rusos los llamaron Polovtses y más tarde los griegos los conocerían como Komanoi. De ahí deriva el nombre de cumanos. Formaron rápidamente un imperio nómada que llegaba desde el Dnieper hasta Crimea. Conquistaron los territorios de los búlgaros del Volga y los de los jázaros.

También murió el emperador bizantino Constantino IX, y el único representante vivo de la dinastía de Basilio I era Teodora, la hermana de Zoe, que había permanecido hasta entonces en un monasterio (excepto en el breve periodo entre la muerte de Miguel V y la elección de Constantino IX, en que fue obligada a gobernar con su hermana para evitar disturbios). Para permitir una sucesión legítima, Miguel Cerulario la convenció para que nombrara sucesor a un tal Miguel Estratiótico, que era viejo y enfermizo, justo lo que Cerulario necesitaba para seguir dominando el Imperio.

Al morir sin descendencia el príncipe de Viguera Fortún Sánchez, el reino se incorporó finalmente al reino de Navarra. El rey Fernando I de León y Castilla reclamaba ciertas tierras de Santander y La Rioja a su hermano García IV Sánchez de Navarra. El rey navarro se negó a entregárselas y Fernando I penetró en Navarra con un ejército. Aunque García IV Sánchez contaba con el apoyo de tropas gasconas y musulmanas, fue derrotado y muerto en la batalla de Atapuerca. Parte de los territorios reivindicados por Fernando I fueron incorporados a Castilla. En la propia batalla Fernando I hizo proclamar rey de Navarra al hijo del rey fallecido (su sobrino): Sancho IV Garcés, que tan sólo tenía quince años de edad. La historia pinta al nuevo rey como caprichoso e irascible, pero parece ser que sus tíos Fernando I de León y Castilla y Ramiro I, el conde de Aragón, supieron tratarlo en su propio provecho.

En el Tíbet murió Atisa, el reformador budista. Su obra más conocida es el Bodhipatha pradipa (Luz sobre la vía de la iluminación). Su discípulo Bromston fundó la secta Bka-gdams-pa (los que siguen el precepto), que se convirtió un tiempo después en la secta dominante del Tíbet bajo el nombre de Dge-lugs-pa (practicantes de la virtud). Proliferaron los monasterios budistas, cada uno de los cuales estaba gobernado por un lama. Los lamas budistas instituyeron una teocracia que llegó a eclipsar a la antigua aristocracia latifundista. El país cortó toda relación con el exterior y se encerró en sí mismo.

En 1055 el turco Tugril Beg marchó sobre Mesopotamia, que cayó sin oponer resistencia, y entró en Bagdad. Así terminó el dominio de los buwayhíes sobre el Califato Abasí. En lugar de destituir al califa Kaiem y dar excusa a cualquier gobernador para alzar al pueblo contra él apelando a la religión (el califa era el legítimo sucesor de Mahoma), Tugril Beg optó por rendir vasallaje al califa y gobernar en su nombre. Los selyúcidas eran sunníes, así que Kaiem los recibió como liberadores frente a los buwayhíes chiitas. En lugar de instalarse en Bagdad, Tugril Beg tomó como su capital la antigua Ecbatana, cuyo nombre se había transformado en Hamadán. Se aseguró de que el califa tuviera el control de Mesopotamia, si bien ahora eran los selyúcidas quienes dominaban el Califato Abasí.

Mientras tanto moría la emperatriz bizantina Teodora, y Miguel Estratiótico se convirtió en Miguel VI. Fue una marioneta en manos del patriarca Miguel Cerulario, que pasó a llevar botas de púrpura, uno de los símbolos de la autoridad imperial. Se cuenta que en una ocasión en que el emperador trató de hablar por sí mismo el patriarca le dijo: "Te creé, imbécil, y puedo destituirte también".

También murió el duque Bretislav I de Bohemia, que fue sucedido por su hijo Spytihnev II. Sus hermanos heredaron Moravia, pero terminó apropiándosela también.

El emperador Enrique III estaba tratando de aplastar al duque Godofredo el Barbudo, pero se le escapó y sólo pudo capturar a su esposa Beatriz, a la que encarceló.

Un conde de Suabia llamado Werner se construyó una fortaleza a la que llamó Habichtsburg (Castillo de los Azores), y decidió cambiar su título por el de conde de Habichtsburg, si bien el título familiar se terminó deformando, y así, Werner es ahora conocido como el conde Werner I de Habsburgo. Era hijo del conde Radbot y de Ita, una bisnieta de Carlomagno.

La casa de Babenberg seguía gobernando Austria desde que Otón I se la asignó a Leopoldo I. Ese año murió el margrave Adalberto el Victorioso, que fue sucedido por Ernesto el Valeroso.

El papa Víctor II no era del agrado de Hildebrando. Más que como papa, se comportaba como representante del emperador en Roma. Dejó de lado la reforma de la Iglesia que había estado impulsando Hildebrando a través de san León IX y se concentró en la lucha contra los normandos que se estaban adueñando del sur de Italia. El conde Unfrido de Apulia acababa de arrebatar a los bizantinos el sureste de la península. Por ello Hildebrando se hizo nombrar legado en Alemania, a donde marchó en busca de mejores contactos.

En 1056 murió el emperador germánico Enrique III y su hijo de seis años se convirtió en el rey Enrique IV de Alemania. Su madre Inés actuó como regente.

Los almorávides iniciaron la ocupación de un amplio territorio al sur de Marruecos.

Un sínodo celebrado en Tolosa confirmó la excomunión contra el conde de Barcelona Ramón Berenguer I y su esposa Almodis. En 1057 el conde llegó a un acuerdo con su abuela Ermessenda, en virtud del cual le compraba todos los derechos sobre los condados de Barcelona, Gerona y Ausona a cambio de cien onzas de oro. Ermessenda se comprometía así mismo a hacer lo posible para que se anularan las cuatro excomuniones que ella misma había propiciado. Ermessenda se retiró a sus posesiones y murió al año siguiente. Nuevamente, el conde Mir Geribert se sometió a Ramón Berenger I.

El rey Badis de Granada logró conquistar el Califato de Málaga a los hammudíes.

Los militares bizantinos encontraron un nuevo general dispuesto a enfrentarse a la autoridad civil, como lo habían hecho unos años antes Jorge Maniaces y León Tornicios. Se trataba de Isaac Comneno, hijo de un oficial de Basilio II cuya educación había corrido a cargo del mismo emperador. Los generales de Asia Menor lo eligieron como jefe y marchó hacia Constantinopla. La conspiración tenía el apoyo del patriarca Miguel Cerulario, quien hizo estallar un motín en la capital y convenció a Miguel VI para que abdicara. Isaac entró en la ciudad y se convirtió en el emperador Isaac I Comneno.

Siward, el earl de Northumbria volvió a enfrentarse al rey escocés Macbeth y está vez logró darle muerte en la batalla de Lumphanan. El hijo del rey Duncan subió al trono como Malcom III. En los años que había pasado en Inglaterra se había hecho católico, por lo que se dedicó a erradicar el cristianismo celta, que aún pervivía en Escocia.

El rey Enrique I de Francia trató de invadir nuevamente Normandía, y nuevamente fue derrotado por el duque Guillermo I el Bastardo, esta vez en Varaville.

La emperatriz Inés otorgó el ducado de Suabia a Rodolfo, hijo del conde de Rheinfelden.

Ese año murió el conde Renaldo I de Borgoña, que fue sucedido por su hijo Guillermo I.

También murió el conde Unfrido de Apulia y fue sucedido por su hermano Roberto Guiscardo. También murió el papa Víctor II y fue sucedido por Esteban IX, que era hijo del duque Gozlón I de la Baja Lorena y hermano del duque Godofredo el Barbudo de la Alta Lorena y marqués de Toscana. Hasta entonces había sido abad de Montecasino. El nuevo papa continuó la política de reformas que había iniciado san León IX, para lo que reunió varios sínodos en Roma, pero murió en 1058. Los condes de Túsculo trataron entonces de terminar con los papas nombrados desde Alemania y eligieron a Juan Mincius, obispo de Velletri, que se convirtió en Benedicto X.

Los normandos fundaron en Italia el principado de Capua.

El califa abasí Kaiem concedió al selyúcida Tugril Beg lo único que podía concederle: un título. Lo nombró sultán, que significa algo así como dominador, y Rey de Oriente y Occidente. Desde entonces el soberano selyúcida llevó siempre el título de sultán. Teóricamente era el segundo título más alto después del de califa, pero en la práctica era el más alto.

Tras la muerte del duque Guillermo VII de Aquitania le sucedió su hijo Guillermo VIII.

En Polonia murió el duque Casimiro I el Renovador y fue sucedido por su hijo Boleslao II.

El rey de Sevilla al-Mutadid desposeyó a los hammudíes de su último reducto al tomar Algeciras.

El papa Benedicto X había sido elegido como reacción contra sus predecesores alemanes, por lo que su política fue opuesta a la de éstos y, en particular, se opuso a las reformas de Hildebrando. Este cambio de política obligó a huir de Roma a un grupo de cardenales partidarios de las reformas. En principio, el término cardenal designaba vagamente a algunos eclesiásticos destacados por uno u otro motivo, pero en los últimos años se reservaba el término para los asesores o auxiliares del papa. Entre los cardenales que huyeron de Roma estaba Pedro Damián, que había sido nombrado cardenal por Esteban IX el año anterior y se había dedicado a la reforma del clero desde el pontificado de Gregorio VI. En 1059, estos cardenales se reunieron en Siena y eligieron papa al arzobispo de Florencia Gérard de Bourgogne, que adoptó el nombre de Nicolás II. Hildebrando, que para entonces se había ganado la confianza del marqués de Toscana, Godofredo el Barbudo, y de Inés, la madre del rey Enrique IV de Alemania, logró que ambos apoyaran a Nicolás II frente a Benedicto X. Gracias a la condesa Matilde de Toscana (la hija del marqués Bonifacio y de Beatriz de Lorena), Nicolás II pudo entrar en Roma y Benedicto X fue depuesto. Ese mismo año Hildebrando instó a Nicolás II a reunir un concilio que decretó que en lo sucesivo sólo los cardenales podrían elegir al nuevo papa, si bien la elección debía ser confirmada por el emperador.

Aunque Nicolás II logró el papado gracias en gran parte al apoyo alemán, decidió que el papa no podía estar sometido al emperador, así que, para fortalecer su posición frente a Alemania, logró un tratado con el conde Roberto Guiscardo por el cual éste se declaraba vasallo del papa a cambio de un tributo anual y de ser reconocido como duque de Apulia y Calabria y futuro duque de Sicilia (es decir, supuesto que cumpliera el trámite de conquistarla).

La emperatriz alemana Inés concedió la mano de su hija Matilde al duque Rodolfo de Suabia, aunque la prometida no vivió más de un año tras la boda.

Ese año murió el duque Bernardo II de Sajonia, que fue sucedido por Ordulfo. También murió el conde Gilberto de Ardennes, que fue sucedido por su hijo Conrado I.

El emperador bizantino Isaac I Comneno había vuelto triunfador de una ardua campaña en el norte contra los pechenegos. Ahora estaba emprendiendo una serie de reformas militares y financieras, para las cuales necesitaba dinero. La Iglesia tenía dinero, pero Miguel Cerulario no estaba dispuesto a cedérselo al Estado. Isaac I logró destituirlo y encarcelarlo a la espera de un juicio. Probablemente el patriarca habría acabado exiliado o cegado, pero murió antes de que pudiera celebrarse el juicio. El emperador no pudo resistir la presión del clero, irritado por estos sucesos, así que terminó abdicando en favor de un funcionario de la tesorería, que se convirtió en Constantino X.

El rey al-Muqtadir de Zaragoza conquistó el reino de Tortosa.

Los almorávides de Ibn Yasín ya eran los dueños del sur de Marruecos. Su base principal estaba en la ciudad de Agmat.

El conde Mir Geribert se trasladó a la corte del conde de Barcelona. Murió en 1060 junto a su hijo luchando contra los moros. En Tolosa murió el conde Poncio, el hijo de Guillermo III Tallaferro, y fue sucedido por su hijo Guillermo IV.

El rey Andrés I de Hungría murió derrotado por su hermano, que se convirtió en Bela I. El nuevo rey había contado con el apoyo de su tío, el duque Boleslao II de Polonia. Hizo fracasar una conspiración que pretendía restaurar el paganismo.

En Suecia murió el rey Edmundo el Viejo y varias familias de nobles se disputaron la corona. Se impuso el rey Stenkil. Por esta época cesaron las expediciones vikingas.

También murió el conde Odón I de Saboya y su esposa Adelaida de Susa actuó como regente de su hijo Pedro I, que añadió al título de conde de Saboya el de marqués de Turín.

La ruptura entre las Iglesias romana y bizantina había sacudido especialmente al reino croata, donde ambas estaban representadas y se disputaban la soberanía. Finalmente, en un concilio celebrado en Split, el rey Petar Kresimir IV impuso el rito latino. Continuó habiendo luchas entre los partidarios de una y otra Iglesia, pero terminó imponiéndose la Romana.

Guillermo el Bastardo
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