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EL FIN DE LOS CAROLINGIOS

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El emperador bizantino Basilio II estaba tratando de llevar adelante una reforma agraria en Asia Menor para fragmentar los latifundios que daban poder a los grandes señores que habían apoyado las rebeliones de Bardas Focas y Bardas Escleros. En 985 éstos entraron en negociaciones con Basilio Lecapeno, pero el emperador descubrió la conspiración y recluyó al chambelán en un monasterio. A partir de este momento gobernó en solitario, sin ninguna clase de tutela. En los últimos años la personalidad de Basilio II se distanció enormemente de la de su hermano menor, Constantino VIII: mientras éste pasaba su vida entre placeres y lujos, Basilio II renunció a los banquetes, al vino y a las mujeres y se consagró a las labores de gobierno. Se decía que su único placer era la guerra. De momento continuó en su empeño de someter Asia Menor.

En una de sus campañas más exitosas, Almanzor destruyó la ciudad de Barcelona, donde mató a la mayor parte de sus habitantes, y luego asoló las tierras fronterizas cristianas.

Mientras tanto Erik el Rojo había regresado a Islandia de su expedición y estaba reclutando colonos para poblar la tierra que había descubierto. Para ello la describió como un paraíso, e incluso tuvo el descaro de llamarla Groenlandia (tierra verde) y con este absurdo nombre se la conoce hoy en día. Hay evidencias de que Groenlandia estuvo habitada en dos ocasiones anteriores por cazadores árticos provenientes de América del Norte. La primera vez fue alrededor del 2000 a. C., y la segunda a principios de la era cristiana. En ambos casos los colonos resistieron durante varios siglos, pero terminaron extinguiéndose. Cuando llegó Erik el Rojo Groenlandia estaba deshabitada. En 986 partió nuevamente con veinticinco barcos y fundó una colonia vikinga en el sur que resistió durante varias generaciones. Poco después, la parte norte de la isla recibió nuevos pobladores, esta vez lapones provenientes de Escandinavia, que se han mantenido en la isla de forma continuada hasta la actualidad.

Ese mismo año murió el rey de Dinamarca Harald Blatand, y fue sucedido por su hijo Svend I Tveskaeg (Barba Bifurcada), bajo cuyo reinado el cristianismo siguió expandiéndose por Dinamarca.

El duque Carlos de Lorena, pese a que era hermano del rey Lotario de Francia, se había sometido al rey alemán. Lotario trató de conquistar Lorena, para lo cual tuvo que enfrentarse a Carlos, a Hugo Capeto y a Adalberón, el arzobispo de Reims, aliado de Hugo Capeto. Lotario murió en combate y fue sucedido por su hijo Luis IV.

El rey Vermudo II de León, una vez se sintió afianzado en el trono, expulsó de su territorio a las fuerzas musulmanas que había aceptado en su acuerdo con Almanzor. Su respuesta no se hizo esperar: en 987 saqueó Coimbra.

Los terratenientes de Asia Menor volvieron a rebelarse contra Constantinopla, y llamaron en su apoyo a Bardas Escleros, que volvió de su exilio para conducirlos. Basilio II recurrió a Bardas Focas, pero esta vez el general decidió unirse a su enemigo y sus soldados lo proclamaron emperador por segunda vez. Constantinopla se vio asediada por tierra y por mar entre ambos generales.

En mayo Luis IV de Francia cayó de su caballo en el transcurso de una cacería y murió a los pocos días. Dado que no tuvo ocasión de hacer nada en su escaso año de reinado, es recordado en la historia como Luis el Holgazán. Su tío Carlos de Lorena reclamó el trono de Francia, pues era, en efecto, el único carolingio vivo (al menos si admitimos únicamente la ascendencia masculina). Sin embargo, el arzobispo de Reims, Adalberón, se negó a realizar la ceremonia de coronación, y sin tal ceremonia Carlos no podía considerarse rey legítimo. Naturalmente, Carlos de Lorena sólo tenía que reunir las fuerzas suficientes para que el arzobispo recapacitara, pero mientras se puso a ello, Adalberón declaró que los señores de Francia tenían la potestad de elegir a quien quisieran como rey, carolingio o no, y luego pasó a defender la conveniencia de elegir a Hugo Capeto. El secretario del arzobispo, Gerberto, preparó los argumentos eruditos necesarios para demostrar que Hugo Capeto tenía que ser elegido rey. La nobleza francesa se reunió a mediados del verano y eligió unánimemente a Hugo Capeto. Naturalmente, Carlos de Lorena no acató la decisión y se convirtió en el mayor enemigo del nuevo rey.

El conde Borrell II de Barcelona se negó a asistir a la ceremonia de coronación de Hugo Capeto, y este hecho puede considerarse la primera muestra de independencia de los condados de la Marca Hispánica frente a Francia. Tradicionalmente se ha dicho que el primer conde independiente fue Wifredo el Velloso, pero es más razonable considerar como tal a su nieto Borrell II.

Unos meses después de su coronación, Hugo Capeto hizo que el arzobispo de Reims coronara también como rey de Francia a su hijo Roberto, que a la sazón tenía unos dieciséis años. De este modo, los nobles tuvieron que jurarle fidelidad y ello contribuiría a que la sucesión fuera pacífica y no diera lugar a una guerra civil. Los capetos siguieron esta costumbre de coronar al heredero en vida del padre (como ya hiciera Carlomagno en su día) y ello contribuyó a mantener su dinastía.

Ese mismo año se convirtió en conde de Anjou Foulques III Nerra (el Negro), guerrero que tuvo en jaque a todos los señores del centro de Francia.

En 988 el rey de León Vermudo II se encontró con revueltas de la nobleza gallega y con ataques por parte de Castilla. Todo ello fue aprovechado por Almanzor que dirigió una expedición contra León. Vermudo II huyó a Zamora, de donde Almanzor lo hizo huir hasta Galicia. Almanzor se apoderó de la mayor parte del reino leonés, cuyo gobierno confió al conde de Saldaña Garci Gómez.

Ese año murió el conde Arnulfo II de Flandes, que fue sucedido por su hijo Balduino IV. Su viuda, Susana, hija de Berengario, el que había sido rey de Italia, se casó con Roberto, el hijo de Hugo Capeto.

El emperador Basilio II encontró la ayuda que necesitaba contra sus enemigos. Prometió la mano de su hermana Ana al príncipe Vladimiro de Kíev si éste le proporcionaba un ejército de mercenarios. Pronto llegaron a Constantinopla seis mil rusos con los que Basilio II pudo derrotar a las tropas que asediaban la capital. Los prisioneros fueron tratados con desmesurada crueldad para desmoralizar a sus oponentes. En 989 combatió contra las fuerzas principales de los dos generales en Asia Menor. Se cuenta que Bardas Focas exigió el combate cuerpo a cuerpo contra el emperador, al igual que años antes lo había exigido contra Bardas Escleros. Basilio II hizo como que aceptaba, pero cuando Bardas Focas se dirigía hacia él dio orden a sus arqueros de que lo derribaran. Bardas Escleros combatió durante unos meses más, pero ya estaba viejo y terminó aceptando un indulto y un título nobiliario a cambio de su rendición.

El príncipe Vladimiro de Kíev reclamó la mano de la princesa Ana, según lo acordado. Basilio II trató de echarse atrás, pero Vladimiro cortó el suministro de agua a la ciudad de Quersonea y luego la tomó temporalmente. Basilio II aceptó enviarle a su hermana, pero a condición de que Vladimiro se convirtiera al cristianismo. Así lo hizo y en poco tiempo el Estado de Kíev fue cristiano (según el rito oriental, por supuesto). Las relaciones entre Kíev y Constantinopla se hicieron más intensas y, poco a poco, la corte de Vladimiro se impregnó del lujo y el esplendor bizantino. Con la religión también llegó la escritura cirílica, que era la más adecuada para la lengua rusa, del grupo eslavo.

Finalmente, Basilio II logró que triunfara su reforma agraria y la autoridad imperial ya no volvió a ser disputada.

El hijo de Almanzor, Abd Allah, se rebeló contra su padre y huyó a Castilla, pero Almanzor derrotó a los ejércitos del conde García I Fernández y le exigió que le entregara a su hijo. El conde decidió decapitar él mismo a Abd Allah y envió su cabeza al califa Hisam II, como regalo.

Ese año murió el conde Oliba de Besalú y Cerdaña. Dejó cada condado a uno de sus hijos: Besalú fue para Bernardo I Tallaferro y Cerdaña para Wifredo II.

El hijo de Hugo Capeto, Roberto, repudió a su esposa Susana para casarse con Berta, la hija de un señor vecino de Blois. Parece ser que su primer matrimonio fue concertado y el segundo fue por amor.

Hugo Capeto había conseguido la corona de Francia gracias al apoyo de la Iglesia y, naturalmente, la Iglesia esperaba contar con el apoyo de la corona para sus propios intereses. En 990 varias reuniones de obispos en el sur de Francia propugnaron la llamada Tregua de Dios, según la cual las propiedades eclesiásticas debían ser consideradas territorio neutral que no podía ser atacado en las continuas guerras entre señores feudales. Así mismo, los eclesiásticos debían ser respetados. No puede decirse que esto fuera aceptado por todos y en todo momento, pero ciertamente el rey apoyó la propuesta y, aunque algunos señores en principio pudieran desdeñar estas normas, debían tener en cuenta el respeto que la Iglesia inspiraba en sus vasallos y las nefastas consecuencias que podría tener el romper sus esquemas mentales.

Ese mismo año murió el conde Gausfredo I de Ampurias y Rosellón, y dividió sus tierras entre sus dos hijos: Hugo I recibió Ampurias y Guislaberto I recibió el Rosellón. También murió el conde Oliba de Besalú y Cerdaña. El condado de Besalú pasó a su hijo Bernardo y el de Cerdaña a Wifredo. Así mismo murió el conde Arnaldo de Sobrarbe y Ribagorza, al igual que su madre Garsenda. Quedaron como condes su hermano Isarn y su hermana Toda.

Por esta época otra poderosa tribu turca se convirtió al islam: eran los karajaníes, que absorbieron la religión mahometana por contacto con los samaníes. Desde entonces se organizaron y trataron de extender sus territorios, lo que les llevó a continuas luchas contra los samaníes y los gaznawíes.

También de esta época son los primeros datos de un rey de Suecia llamado Erik Segersäll (el Victorioso). Su historia es más bien legendaria, pero cuenta que se convirtió en rey de los suecos tras derrotar a un caudillo llamado Styrbjörn Starke, y que poco después invadió Dinamarca, de donde arrojó al rey Svend I y gobernó sobre ambos reinos. Algo habrá de cierto en esto, porque por estas fechas Svend I empezó a asolar las costas de Inglaterra según la vieja tradición vikinga. A él se le unió un noruego llamado Olav Tryggvesson. Era hijo de uno de los jefes vikingos que murieron en las disputas por el trono noruego que se produjeron tras la muerte de Haakon I. Aún no había nacido cuando murió su padre, y su madre embarazada se unió a un grupo de suecos que marchaban al Estado ruso de Kíev. Tendría unos veinte años cuando decidió abandonar la corte del príncipe Vladimiro para volver a Noruega, y así fue cómo terminó dedicado a la piratería junto al derrocado rey Svend I. Los nórdicos  contaban con el apoyo de la población danesa de Inglaterra, que estaba descontenta con el rey Ethelred II.

En 991 Ethelred II aceptó pagar un tributo a los vikingos para que se marcharan. Para ello tuvo que establecer un impuesto especial, el danegeld, cuya recaudación se puso en manos de los señores locales. Esto les confirió un gran poder, además hizo que los agricultores se endeudaran y tuvieran que entregarse a los señores como siervos. En definitiva, bajo el reinado de Ethelred II, Inglaterra empezó a feudalizarse según los esquemas de Francia y Alemania.

Ese año murió el rey Ramiro de Viguera, el pequeño reino que se había desgajado de Navarra. Tras su muerte reinaron conjuntamente sus dos hijos, Sancho Ramírez y García Ramírez.

También murió Adalberón, el arzobispo de Reims, y le sucedió en el cargo su secretario Gerberto.

En Alemania murió Teófano, la madre y regente del rey Otón III, que ahora tenía once años. La regencia pasó a su abuela Adelaida.

Ese mismo año fue elegido dux de Venecia Pietro Orseolo II. Era hijo de san Pedro Orseolo, que también había sido dux y luego se había retirado a un monasterio en el condado del Rosellón.

En Francia, Carlos de Lorena había reunido un ejército y había tomado las ciudades de Laon y Reims, en los límites de los territorios de Hugo Capeto. Su ascendencia carolingia le atraía muchos apoyos entre el pueblo, pero el rey Hugo Capeto persuadió al arzobispo de Laon para que organizase una conspiración contra Carlos. El pretendiente al trono fue cogido en su lecho y entregado a Hugo. Fue encarcelado y murió al año siguiente, en 992. Así terminó el último carolingio. La Baja Lorena pasó al duque Otón.

Ese mismo año el rey de Navarra Sancho II Garcés visitó en Córdoba a su hija Abda, a su yerno Almanzor y a su nieto de ocho años, Abd al-Rahmán Sanchuelo. En verdad que el matrimonio entre Almanzor y la hija del rey navarro fue lo mejor que le pudo ocurrir a Navarra, pues mientras los otros territorios cristianos de la península tuvieron que sufrir impotentes las acometidas de Almanzor, Navarra fue respetada en todo momento.

Precisamente el conde Borrell II de Barcelona estaba tratando de reconstruir la Marca Hispánica de la última incursión musulmana, pero murió y dejó los condados de Barcelona, Gerona y Ausona a su hijo Ramón Borrell. El de Urgel lo legó a su hijo Armengol I, pero era menor de edad y Ramón Borrell fue su tutor.

También murió el príncipe Mieszco I de Polonia. Fue sucedido por su hijo Boleslao I.

El dux veneciano Pietro Orseolo firmó un acuerdo con el emperador bizantino Basilio II por el cual los comerciantes venecianos tendrían que pagar unos aranceles mucho más bajos que los que se imponía a los demás comerciantes. A cambio Orseolo se comprometía a poner su flota a disposición del emperador siempre que la requiriera para transportar soldados. El acuerdo satisfacía a ambas partes: los venecianos eran los marinos más hábiles del mediterráneo y eran un complemento ideal para el ejército bizantino. Por otra parte, el acuerdo convertía a los venecianos en los principales beneficiarios del comercio entre el Imperio y Occidente, y las arcas venecianas no tardaron en notarlo.

En la India murió el rey de Bengala Gopala II, y fue sucedido por Mahipala I, que aprovechó la decadencia de los Prathiara para reconstruir el imperio bengalí de los tiempos de su antecesor Devapala.

En 993 murió el rey de Borgoña Conrado el Pacífico, y fue sucedido por su hijo Rodolfo III.

En 994 murió Adelaida, la abuela y regente del rey de Alemania Otón III, que ahora tenía catorce años. A partir de entonces el gobierno de Alemania estuvo en la práctica en manos de Willigis, el arzobispo de Maguncia.

También murió el duque de Aquitania Guillermo IV Fierebrace. A pesar de ser cuñado de Hugo Capeto, se había negado a rendirle pleitesía. Su hijo y sucesor, conocido como Guillermo V el Grande, se dio a sí mismo el título de "duque de toda la monarquía de Aquitania", lo cual estaba a un paso de una declaración de independencia.

En la Marca del Este murió Leopoldo I, que fue sucedido por Enrique I el fuerte.

El abad de Cluny Aymard fue sucedido por Odilón, con lo que se convirtió en uno de los personajes más influyentes de Europa. Había sido uno de los impulsores de la tregua de Dios.

Svend I y Olav Tryggvesson remontaron el Támesis y pusieron sitio a Londres. La ciudad resistió, así que los vikingos la dejaron y saquearon las regiones del sur. Hubo que pagarles dieciséis mil libras de plata para que se marcharan. Poco después les llegó la noticia de la muerte del rey de Suecia Erik Segersäll, que fue sucedido por su hijo Olof Skötkonung. Entonces Svend I se apresuró a volver a Dinamarca, donde pudo hacerse de nuevo con el trono que Erik Segersäll le había arrebatado.

En Navarra murió el rey Sancho II Garcés y fue sucedido por su hijo García III Sánchez.

El hijo del conde García I Fernández de Castilla se rebeló contra su padre, al parecer, apoyado por su madre y por los principales nobles castellanos. Aprovechando los disturbios, Almanzor se apoderó de Gormaz, pero el conde no se dio por vencido y en 995  hizo varias correrías por los alrededores de Medinaceli. En una de ellas fue herido y capturado por los moros. No tardó en morir. Le sucedió su hijo Sancho I García, quien rápidamente negoció una tregua con Almanzor, el cual le entregó el cadáver de su padre.

Almanzor hacía que los tiempos fueran difíciles para los cristianos, los gobernantes tenían que ocuparse constantemente de la repoblación de tierras devastadas, para lo cual tenían que conceder toda clase de privilegios a los colonos. Sancho I García fue conocido por sus medidas a este respecto como Sancho el de los Buenos Fueros.

En 995 Olav Tryggvesson decidió seguir el ejemplo de su camarada Svend I y navegó hasta Noruega, donde encabezó una rebelión que terminó convirtiéndolo en el rey Olav I. Luego se dedicó a implantar nuevamente el cristianismo en su país, para lo que se valió de clérigos de Inglaterra y Alemania. Olav había conocido el cristianismo en Kíev y también en su amigo Svend I.

El califa fatimí al-Aziz asedió la ciudad de Alepo, en Asia Menor, pero el emperador bizantino Basilio II atravesó Asia Menor en pleno invierno en tan sólo dieciséis días y logró que los egipcios se retirasen.

Ese mismo año murió el rey Kenneth II de Escocia y fue sucedido por Constantino III.

También murió el duque de Baviera Enrique el Pendenciero, y el ducado pasó a su hijo, conocido como Enrique el Cojo.

En 996 murió Hugo Capeto y, tal y como estaba previsto, fue sucedido por su hijo Roberto II, conocido también como Roberto el Piadoso.

El poder de los reyes capetos era muy limitado. El hecho de que Hugo Capeto hubiera sido elegido por la nobleza y no pudiera apelar a ninguna legitimidad de sangre ponía a los monarcas en una situación muy delicada. Durante los reinados de los últimos carolingios la nobleza gozó de un gran margen de libertad y muchas familias fueron haciéndose poderosas. El poder del rey se medía por los recursos de los que disponía en realidad. Así, Roberto, como conde de París, gobernaba realmente las tierras que rodeaban a la ciudad. Más poderoso en la práctica era el conde Eudes II, que ese mismo año acababa de heredar el condado de Blois, que limitaba al oeste con los territorios de Roberto, y también el condado de Champaña, que limitaba al este con el de París. Naturalmente, Roberto tenía aliados. El principal era la Iglesia. Roberto apoyó la tregua de Dios tan decididamente como lo había hecho su padre. En el terreno militar, el principal aliado de Hugo Capeto había sido el duque de Normandía Ricardo I Sin Miedo, que también había muerto ese mismo año y fue sucedido por su hijo Ricardo II el Bueno. El condado de Blois había mantenido varios altercados recientemente con el ducado Normandía, así que la tradicional alianza entre Hugo Capeto y Ricardo I se prolongó entre Roberto y Ricardo II. Ese mismo año se produjo una querella entre Ricardo II y el rey Ethelred II de Inglaterra. No se conocen las causas, pero Ethelred II llegó a preparar una flota con la que invadir Normandía. Sin embargo, Ricardo II no tuvo dificultades para rechazar el ataque.

El zar Samuel había logrado reorganizar Bulgaria, de suerte que ahora era tan poderosa como en sus mejores tiempos. Los búlgaros invadieron Grecia, pero los ejércitos del emperador bizantino Basilio II estaban bien preparados para resistir el ataque. La lucha duró varios años, pero fueron los búlgaros los que llevaron la peor parte.

En Roma murió el papa Juan XV y en su lugar fue elegido Bruno de Carintia, que adoptó el nombre de Gregorio V. Era primo de Otón III y pasó a ser el primer papa alemán. El 21 de mayo coronó emperador a su primo.

Por primera vez aparece el nombre de Ostarrichi (en alemán moderno Osterreich, dominio del este) para nombrar lo que hasta ahora era la Ostmark (la Marca del Este). De aquí proviene el nombre moderno de Austria.

Ese mismo año murió el califa fatimí al-Aziz y fue sucedido por al-Hakim.

En 997 murió el príncipe húngaro Géza y fue sucedido por su hijo Esteban, que redobló los esfuerzos de su padre por evangelizar el país. Estaba casado con Gisela, hermana del duque Enrique de Baviera y nieta por parte de madre del rey de Borgoña Conrado el Pacífico.

El trono de Escocia pasó a Kenneth III, hijo de Kenneth II.

Cuatro años atrás, el rey Vermudo de León había tratado de llegar a un acuerdo con Almanzor entregándole a su hija Teresa, pero no le funcionó tan bien como al rey navarro, pues poco después Almanzor asedió Astorga, luego se apoderó de gran parte del territorio al sur de Galicia y ahora destruía completamente Santiago de Compostela. Respetó el sepulcro del apóstol, pero se llevó (a hombros de cautivos cristianos) las puertas y las campanas del santuario. Instaló las puertas en la mezquita de Córdoba y fundió las campanas para hacer lámparas, también para la mezquita.

Crescencio hizo huir de Roma a Gregorio V, fue elegido patricio y cónsul de Roma y nombró papa a Juan XVI. Al enterarse, Otón III volvió rápidamente a Roma, donde en 998 cegó a Juan XVI y decapitó a Crescencio.

Ese año murió el conde Sigfrido de Ardennes, y fue sucedido por su hijo Enrique I.

Los khitán iniciaron una serie de ataques contra el reino de Corea.

En 999 murió el príncipe Boleslav II de Bohemia y fue sucedido por su hijo Boleslav III el Rojo.

También murió el rey de León Vermudo II el Gotoso (aquejado de gota) y fue sucedido por su hijo Alfonso V. Era menor de edad, así que empezó su reinado bajo la tutela de su madre Elvira (hija del conde de Castilla García I Fernández) y del conde gallego Menendo González.

También murió el rey tolteca Topiltzin. Los mayas lo recordaron como un héroe que les trajo la civilización y terminaron confundiéndolo con el dios Quetzalcoatl (parece ser que los mayas habían olvidado sus siglos de grandeza anteriores a la decadencia que precedió a la llegada de los toltecas). Quedó la leyenda de que un día volvería a gobernarlos. Fue sucedido por Matlacxóchitl.

El turco Mahmud de Gazni se convirtió en el nuevo soberano gaznawí. Su padre, Sebuk Tigin, había muerto tres años antes, y ahora Mahmud se hizo proclamar rey. Tuvo que combarir a Ilek Kan, el caudillo de los turcos Karajaníes, que se acababa de anexionar el amplio territorio de la Transoxiana. La dinastía de los Samaníes entró en una rápida decadencia.

En Roma murió el papa Gregorio V y en su lugar fue elegido Gerberto, el que era secretario del arzobispo de Reims cuando fue elegido rey Hugo Capeto. Con anterioridad había sido también preceptor del emperador Otón III durante algunos años. Adoptó el nombre de Silvestre II.

Basilio II había logrado expulsar definitivamente de Grecia a los búlgaros, que tuvieron que retirarse con muchas bajas.

Almanzor
Índice El mundo en el año 1000