HISTORIA











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LOS REINOS MEDIEVALES

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En  930 el rey Raúl de Francia obtuvo una victoria significativa sobre los normandos, lo que consolidó su título real.

Cuando Abd al-Rahmán III se proclamó califa, entró necesariamente en conflicto con su vecino fatimí del sur Ubayd Allah al-Mahdí, que reclamaba para sí el mismo título y había absorbido los reinos de los rustemíes y los idrisíes. En 931 el omeya inició una ofensiva y conquistó Ceuta, Melilla y Tánger. En los años siguientes fue avanzando hacia el interior apoyándose en ciertas tribus indígenas que reconocieron su autoridad.

Ese año murió el papa Esteban VII, y Marozia puso en su lugar al hijo que había tenido veinticinco años antes con el papa Sergio III, y que ahora se convertía en Juan XI. El nuevo papa (o su madre) concedió a Odón, el abad de Cluny, el permiso para incluir bajo su jurisdicción las abadías que fueran reformadas según la Orden de Cluny. Este permiso fue usado hasta el máximo: numerosas abadías fueron unidas, de buen grado o por la fuerza, y casi todas perdieron su personalidad hasta convertirse en meras dependencias de la gran abadía.

También murió el duque de Normandía, Rollón (o Roberto) el Caminante. Fue sucedido por su hijo Guillermo I Larga Espada, quien prestó su apoyo al rey Raúl de Francia a cambio de extender su territorio.

Tras la muerte de Gausberto I, el conde de Ampurias y Rosellón, los condados pasaron a su hijo Gausfredo I.

Tras la muerte de su esposa, el rey Alfonso IV de León decidió abdicar. Cedió la corona a su hermano Ramiro II y se retiró a un monasterio. Desde entonces es más conocido como Alfonso IV el Monje. Sin embargo, en 932 cambió de opinión y, aprovechando que Ramiro II había partido en ayuda de Toledo, sitiada por Abd al-Rahmán III, se proclamó rey nuevamente, pero Ramiro II regresó precipitadamente, apresó a su hermano y lo hizo cegar junto con sus primos, los hijos de Fruela, con lo que eliminó a todos los posibles aspirantes al trono. Alfonso IV murió ese mismo año. Ramiro II se erigió en cabeza de los reinos cristianos contra el islam. En una primera campaña tomó la fortaleza de Madrid.

Hugo de Arles, en vista de que su autoridad como rey de Italia era muy limitada, decidió casarse con Marozia, pero esto disgustó a Alberico, un hijo que Marozia había tenido con su primer esposo, el cual expulsó de Roma a su padrastro y encarceló a su madre. Roma se convirtió así en un ducado independiente gobernado por Alberico.

Tres hermanos se sublevaron contra el califa al-Qahir de Bagdad. Eran hijos de un persa llamado Buwayhi, que afirmaba descender de los antiguos reyes sasánidas, por lo que son conocidos como buwayhíes. El califa murió y fue sucedido por al-Muqtadir, que en 933 fue sucedido a su vez por su hijo al-Radi. La revuelta buwaiyhí continuó.

Ese mismo año murió el rey Harald I de Noruega. Los últimos años de su reinado se habían visto perturbados por las querellas entre sus numerosos hijos. Uno de ellos, conocido como Erik Blodyks (Hacha Sangrienta), tras matar a unos cuantos de sus hermanos y derrotar a otros tantos, consiguió que todos lo reconocieran como el sucesor idóneo. Todos menos uno, llamado Haakon, que había sido educado en Inglaterra y huyó a la corte de Athelstan.

El rey chola Rajaraja conquistó Ceilán. La monarquía cingalesa se refugió en las regiones montañosas del sur.

Enrique el Pajarero estaba convirtiendo a Alemania en un reino poderoso. Después de haber derrotado a los eslavos obtuvo una victoria frente a los húngaros y en 934 venció a los daneses.

Después de algunas victorias, el rey leonés Ramiro II fue derrotado por los musulmanes. Burgos y Cardeña fueron devastadas. Ese mismo año murió el califa fatimí Ubayd Allah al-Mahdí, mientras luchaba contra los magrawa, aliados de Abd al-Rahmán III. Fue sucedido por su hijo al-Kaím.

El rey Athelstan se hacía llamar Rey de toda Gran Bretaña, donde con esta expresión hacía referencia a toda la isla de la que formaba parte Inglaterra. En efecto, Athelstan no se conformaba con ser rey de Inglaterra, sino que ambicionaba todo este territorio. Por ello envió sus ejércitos al norte, contra Escocia, al mismo tiempo que sus barcos recorrían la costa escocesa hasta su extremo septentrional. Durante los años anteriores, el rey Constantino II de Escocia había sufrido las incursiones sajonas desde el sur, pero esta última acción colmó su paciencia. Buscó aliados. Entre Escocia e Inglaterra, al oeste de Northumbria, quedaba un reino celta independiente, el reino de Strathclyde, que se alió inmediatamente con Constantino II, al igual que lo hicieron varios príncipes galeses. Recibieron refuerzos de Irlanda, desde donde llegó una horda de guerreros irlandeses y noruegos acaudillados por Olaf Guthfrithson, que gobernaba Dublín y cuyos familiares habían dominado Kent hasta que Athelstan los expulsó.

Mientras los celtas se organizaban, Haakon pudo volver a Noruega y obtener allí los apoyos suficientes para derrocar a su hermano Erik. En 935 se convirtió en Haakon I el Bueno. Erik se convirtió en pirata y sus hijos trataron en vano de arrebatar el trono a Haakon I, mientras éste, a su vez, trataba en vano de imponer el cristianismo a los noruegos.

También murió san Venceslao, el duque y luego patrón de Bohemia, asesinado por su hermano, que se convirtió en el nuevo duque, Boleslav I.

Egipto y Siria volvieron a independizarse de Bagdad, esta vez bajo Muhammad ibn Tugy, que inauguró la dinastía de los Ijsidíes.

En la península de Corea se hundió la dinastía que gobernaba el reino de Silla, y un jefe nómada llamado Wanggeun se proclamó rey de Corea y fundó la dinastía llamada Koryo. Llevó a cabo una serie de reformas administrativas y agrarias con las que logró fortalecer el país.

En la India murió el rey de Bengala Rajyapala, que fue sucedido por Gopala II.

En Japón los letrados preferían escribir en chino, y fueron las mujeres quienes impulsaban ahora la poesía escrita en japonés. Cultivaban el género llamado uta-monogatari (cuentos poéticos), cuyo primer ejemplo conocido es un texto anónimo de finales del siglo precedente, el Cuento del cortador de bambúes. El poeta Ki no Tsurayuki usó un pseudónimo femenino para publicar en japonés su Tosa-nikki (Diario de Tosa), con el que abrió un nuevo género que sería cultivado mayoritariamente por mujeres: el diario íntimo.

En México los toltecas fundaron un imperio. Su primer gobernante fue identificado con Mixcóatl (Serpiente de las Nubes), un dios de los chichimecas (al parecer relacionado con la Vía Láctea) que los toltecas incorporaron a su panteón. Antaño había tenido dos templos en Teotihuacán.

Ese mismo año murió el papa Juan XI, y en 936 Alberico nombró como sucesor a León VII, quien no tuvo inconveniente en ser su títere en las cuestiones civiles. En lo religioso dejó hacer a Odón, el abad de Cluny, cuyo poder crecía por momentos.

El duque Ebles de Aquitania fue derrocado por segunda vez, ahora por el rey Raúl de Francia. El conde Raimundo III Poncio de Tolosa (que había rendido homenaje a Raúl cuatro años antes) logró que el rey le concediera el gobierno efectivo del ducado, si bien el título ducal pasó nominalmente a Guillermo III Cabeza de Estopa, hijo del duque Guillermo II, con lo que Aquitania volvió a la casa de Auvernia.

Poco después murió Raúl, al igual que el rey Enrique de Alemania. Raúl había logrado el trono de Francia tras la muerte de Roberto en la batalla que derrocó a Carlos el Simple. Roberto tenía un hijo llamado Hugo, que heredó el título de conde de París. Aunque a la muerte de su padre debía de tener unos veinticinco años, no trató de reclamar el trono, ni lo iba a intentar ahora. Pese a que era muy rico, no quiso hacerse con una corona que había costado la vida a su padre y a su tío Eudes. Sin embargo, se le ocurrió emplear la misma maniobra que ya había empleado Carlos Martel cuando era el auténtico gobernante del reino franco a la sombra de un rey merovingio. Esta vez sería un carolingio el que haría de títere. Se trataba del hijo que Carlos el Simple había tenido con Eduvigis, la hermana del rey Athelstan de Inglaterra. Una embajada francesa enviada por Hugo solicitó el regreso del joven, que ahora tenía quince años. Éste aceptó y se convirtió en Luis IV de Ultramar. Sin embargo, Luis IV no estaba dispuesto a hacer de títere y se inició así el que sería un largo pulso entre el rey y el conde de París.

Por otra parte, el rey Raúl tenía un hermano llamado también Hugo, (conocido como Hugo el Negro, para distinguirlo del conde de París, al que llamaban Hugo el Blanco). Hugo el Negro heredó el ducado de Borgoña, aunque Hugo el Blanco, a través de Luis IV, le obligó a entregarle parte de sus tierras.

En Alemania, Enrique el Pajarero fue sucedido por su hijo Otón I. En 937 el reino sufrió una invasión por parte de los húngaros y algunos duques alemanes aprovecharon la situación para rebelarse contra el rey. Otón I se enfrentó a ellos separadamente y fue derrotándolos y sustituyéndolos por sus propios parientes.

Mientras tanto, Olaf Guthfrithson entró con sus barcos por el Humber y, después de unírsele sus aliados escoceses y galeses, avanzó tierra adentro. El ejército celta se enfrentó a las tropas de Athelstan, el cual, tras una larga batalla, obtuvo una victoria decisiva. Constantino II y Olaf escaparon con vida, pero sufrieron muchas bajas y la hegemonía de Athelstan ya no fue discutida.

Ese año murió el rey Rodolfo II de Borgoña y fue sucedido por su hijo Conrado el Pacífico. También fue el año de la muerte de Marozia.

El califa Abd al-Rahmán III había sometido al gobernador tuyibí de Zaragoza, que a la sazón era Abu Yahyá Muhammad ibn Hasim, nieto de Yahyá al-Ankar, quien había conquistado Zaragoza a los Banú Qasí. Sin embargo, Abu Yahyá se declaró vasallo del rey Ramiro II de León, aunque poco después rompió la alianza por la presión de Abd al-Rahmán III. El califa atacó Navarra y la reina Toda aceptó pagarle tributo.

El conde Hugo de París estableció una alianza con el rey de Alemania Otón I y con el duque de Normandía Guillermo I Larga Espada contra Luis IV de Ultramar, y nuevamente estalló la guerra. En 938 Luis IV de Ultramar logró el apoyo del duque Hugo el Negro de Borgoña.

Mientras tanto Otón I lograba una victoria contra los vendos, tras la cual se anexionó un vasto territorio al este del Elba.

El duque Eberardo de Franconia se sublevó contra Otón I, pero fue derrotado y muerto en 939, y Otón I se nombró a sí mismo duque de Franconia. Ese año murió el duque Gilberto de Lorena y Otón I eligió como nuevo duque a su hermano Enrique. El papa León VII fue sucedido por Esteban VIII, nuevo títere del duque Alberico.

Tras sus victorias contra Zaragoza y Pamplona, Abd al-Rahmán III preparó la "campaña de la omnipotencia" contra los leoneses. Sin embargo, éstos vencieron en Simancas al ejército musulmán, el cual sufrió una nueva derrota en su retirada. Los cronistas cuentan que los musulmanes fueron obligados a replegarse hacia un foso profundo en el que "fueron cayendo los hombres hasta cubrirlo de borde a borde". Parece ser que los navarros también participaron en la batalla de Simancas con su reina al frente, rompiendo así el vasallaje pactado dos años antes. Las fronteras del reino de León avanzaron más allá del cauce del Duero.

También murió el rey Athelstan de Inglaterra. El país había sido gobernado por tres reyes poderosos en los últimos sesenta y ocho años, los cuales lo dotaron de una administración eficiente. Estaba dividido en secciones administrativas llamadas scires (actualmente shires, equiparables a los condados). Al frente de cada shire estaba un ealdorman (hombre viejo), con funciones judiciales. La autoridad central estaba representada por un representante del rey llamado reeve (oficial), aunque la expresión scire-reeve pronto se convirtió en sheriff, y con el tiempo el sheriff se convirtió en el auténtico gobernador del shire, mientras la figura del ealdorman perdía relevancia. Por ello el título de sheriff puede equipararse al de conde. Por otra parte, el rey tomaba sus decisiones aconsejado por la Witenagemot, (asamblea de consejeros) integrada por sheriffs, obispos y terratenientes. Esta asamblea ayudaba a elegir el nuevo rey, asesoraba en la elaboración de las leyes, fijaba los impuestos, juzgaba a los nobles acusados de algún delito, etc.

Athelstan fue sucedido por su hermanastro Edmundo I el Magnífico, donde el sobrenombre muestra que la corte inglesa estaba empezando a conocer el lujo. El noruego Olaf Guthfrithson, que aún gobernaba en Dublín, pensó que el cambio de rey podría cambiar la suerte de los sajones y desembarcó nuevamente en Northumbria junto con su pariente Olaf Sitricson. Se inició así una guerra que se prolongó durante varios años.

Un caudillo vietnamita llamado Ngo Quyén derrotó a las fuerzas chinas que ocupaban el país y se convirtió en el primer monarca histórico de Vietnam. Bajo su reinado, el territorio conservó el nombre chino de Annam.

En 940 la intervención del papa puso fin a la guerra en Francia. El rey Luis IV de Ultramar se casó con Gerberga, hermana del rey alemán Otón I, lo que debilitó la posición del conde Hugo de París, que tuvo que someterse.

En Japón, un señor del clan de los Taira se rebeló en el este y trató de proclamarse emperador. Los fujiwara enviaron contra él tropas reclutadas en otro clan guerrero: los Minamoto, pero ambos clanes terminaron uniéndose contra los fujiwara, iniciaron una serie de guerras y organizaron sus territorios como Estados.

En Bagdad murió el califa al-Radi, después de haber renunciado a todas sus prerrogativas, excepto las religiosas. Los buwayhíes estaban conquistando Persia.

En Dinamarca murió el rey Gorm el Viejo y fue sucedido por su hijo Harald Blatand (Diente Azul). Hasta Gorm el Viejo, la autoridad de los reyes daneses no era mucha, pero Gorm había empezado a unificar el país bajo su autoridad, y Harald continuó esta tarea.

En los últimos años, los rusos habían venido presionando sobre Constantinopla para mejorar sus acuerdos comerciales, hasta que finalmente en 941 el príncipe Ígor dirigió una gran flota a través del mar Negro contra Constantinopla. Sin embargo, los bizantinos disponían todavía del fuego griego con el que se habían enfrentado a los musulmanes. Las naves rusas fueron destruidas con relativa facilidad.

En 942 murió el papa Esteban VIII y fue sucedido por un tal Marino II, del que apenas se sabe nada. También murió san Odón, el segundo abad de Cluny, que fue sucedido por Aymard. El rey Hugo de Italia estableció una alianza con el emperador bizantino Romano Lecapeno contra los musulmanes, si bien no obtuvieron resultados de provecho.

El duque de Normandía Guillermo I Larga Espada murió a manos del donde Arnulfo I de Flandes, y fue sucedido por su hijo Ricardo I Sin Miedo. El conde Hugo de París estableció una alianza con él y nuevamente se produjeron disturbios en Normandía. El rey Luis IV de Ultramar fue hecho prisionero por los normandos, Hugo reclamó al rey y le fue devuelto, pero a partir de ese momento el rey fue su prisionero.

También murió el Conde Foulques I de Anjou, y fue sucedido por su hijo Foulques II el Bueno.

En 943 el rey Constantino II de Escocia abdicó en Malcom I, hijo de Donald II, y murió poco después. Por esta época Edmundo I había rechazado la incursión de Olaf Guthfithson en Northumbria, pero los daneses que habitaban en la zona iniciaron una rebelión. No obstante, la política sajona iba a dar un giro debido a la aparición de un nuevo personaje: se trataba de Dunstan, un monje educado en la abadía de Glastonbury, una de las más antiguas y prestigiosas de Inglaterra. Era un hombre culto e inteligente, y es posible que se esforzara por hacérselo ver a quienes no se daban cuenta a primera vista, por lo que pronto tuvo numerosos enemigos en la corte que lo acusaron de practicar magia negra y le forzaron a exiliarse. Esto sucedió durante el reinado de Athelstan. Desde su exilio, Dunstan vivió como un ermitaño, pero Edmundo I lo hizo llamar y lo tomó como consejero. Ahora lo nombró abad de Glastonbury y en la práctica fue quien dirigió la política de Inglaterra durante los años siguientes. Junto con Odón, el arzobispo de Canterbury, emprendió una labor de reforma de la vida monástica, siguiendo la regla benedictina.

En Gales, un nieto del rey Rhodri Mawr llamado Hywel Da (el Bueno) logró reunificar nuevamente una gran parte del país. Codificó por escrito las costumbres del país creando un código legal que permaneció en uso durante mucho tiempo tras su muerte.

La parte oriental del reino de León, esto es, el territorio conocido como Castilla, estaba dividido en varios condados que cada vez aceptaban de peor grado la autoridad leonesa. Uno de los mayores roces se había producido dos décadas antes cuando la batalla de Valdejunquera, y desde entonces los castellanos habían elegido unos jueces cuya autoridad mediara entre ellos y el rey. El conde Fernán González canalizó los sentimientos antileoneses y logró el apoyo de otros condes en una actitud de rebeldía que terminó cuando el rey Ramiro II lo encarceló junto a sus seguidores y lo desposeyó de sus títulos. En su lugar puso a Assur Fernández y envió a su hijo Sancho a Castilla.

El matrimonio entre el rey de Navarra García II Sánchez y la condesa de Aragón Angregoto Galíndez fue anulado, y el rey se casó con Teresa, una hija de Ramiro II. Andregoto Galíndez se retiró a sus tierras de Aragón, pero el condado siguió en manos del rey navarro.

En 944 el emperador bizantino Romano Lecapeno tenía unos sesenta y cinco años, y sus hijos, Constantino y Esteban, se cansaron de esperar el momento de sucederle, así que entraron en palacio con algunos hombres armados y llevaron a su padre por la fuerza a una isla cercana donde tuvo que hacerse monje. Sin embargo, Helena, la hija de Romano casada con el otro emperador, Constantino VII, no aprobó estos actos y acusó a sus hermanos de planear el asesinato de su marido. Unas semanas más tarde los usurpadores fueron apresados y llevados a la misma isla que su padre, pero Romano I decidió continuar con la vida monacal. Ahora Constantino VII quedaba como único emperador, pero siguió sin ocuparse apenas de las tareas del gobierno. En la práctica gobernó Helena ayudada por ministros.

En 945 el príncipe ruso Ígor murió luchando contra los pechenegos. Fue sucedido por su hijo Sviatoslav, pero su madre Olga, la hija del príncipe Oleg, ejerció de regente.

El califa de Bagdad reconoció el triunfo de los buwayhíes al reconocerlos como gobernadores. Los tres hermanos tuvieron el gobierno efectivo de los territorios que hasta entonces habían dependido de Bagdad, y que ahora quedaban divididos en tres Estados independientes.

La autoridad de Hugo de Arles en Italia se vio amenazada por Berengario, el nieto y tocayo del último emperador de occidente, que había muerto veinte años atrás sin que nadie se hubiera dignado a heredar su título.

Gerberga, la esposa de Luis IV de Ultramar, logró recabar la ayuda de su hermano, el rey Otón I de Alemania, para liberar a su esposo del cautiverio al que lo había reducido el conde Hugo.

Ante la amenaza de Abd al-Rahmán III, el rey Ramiro II de León decidió liberar y rehabilitar al conde Fernán González. Para reconciliarse con él casó a su primogénito Ordoño con Urraca, hija del conde castellano. (La madre de Urraca, llamada también Urraca, era hija del rey García II Sánchez de Navarra. No hay que confundir a estas dos con la segunda esposa del rey leonés, llamada también Urraca, hermana de García II Sánchez.)

El rey Edmundo I de Inglaterra aplastó definitivamente la rebelión de los daneses en Northumbria. Siguiendo las directrices de Dunstan, Edmundo I hizo una apuesta atrevida: conquistó Strathclyde y se lo ofreció al rey Malcom I de Escocia, a cambio únicamente de una alianza. Dicha alianza se estableció en 946 y dio lugar a una gran estabilidad, pues los daneses quedaron privados de todo apoyo. Por otra parte, se inició una política conciliadora también con ellos, y se les asoció al poder a la par de los sajones. Edmundo I murió ese mismo año. Se cuenta que estaba celebrando la fiesta de san Agustín cuando un conocido proscrito entró en la sala. El rey se abalanzó sobre él para ordenarle que se marchara, pero recibió una puñalada. El proscrito murió allí mismo, pero el rey también. Dejó dos hijos, el mayor de los cuales tenía cinco años, así que Edmundo I fue sucedido por su hermano Eadred, el último nieto vivo de Alfredo el Grande. El cambio de monarca fue aprovechado esta vez por el viejo Erik Blodyks, el derrocado rey de Noruega convertido en pirata. Desembarcó en Northumbria y fue aclamado rey por los daneses, con lo que se inició una nueva y larga rebelión.

Tras la muerte de Marino II fue elegido papa Agapito II. También murió el califa fatimí al-Kaím y fue sucedido por al-Mansur, quien fundó una nueva capital en África, Mansuriyya.

En 947 murió Hugo de Arles, el rey de Italia, y el título pasó a Berengario, quien ya dominaba la región desde hacía tiempo.

También murió el jefe húngaro Zolta, que fue sucedido por Fajsz.

Ese mismo año murió Mixcóatl y fue sucedido al frente del Imperio Tolteca por su hijo Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, que era sumo sacerdote del dios Quetzalcóatl y con el tiempo fue identificado con éste.

El conde Suñer de Barcelona se retiró a un monasterio y dejó los condados de Barcelona y Gerona a sus hijos Borrell II y Miró I. En 948 Borrell II recibió el condado de Urgel al morir sin descendencia el conde Sunifredo.

El rey de Alemania Otón I dedicó grandes esfuerzos a la evangelización de los pueblos conquistados y los vecinos. Así, dos años antes había fundado el obispado de Havelberg, en el territorio de los vendos, y ahora convertía la fortaleza venda de Brennabor en el obispado de Brandeburgo, ambos dependientes del arzobispado de Maguncia.

Al morir el duque de Baviera Arnoldo el Malvado, el ducado pasó en herencia al duque Enrique de Lorena (el hermano del rey Otón I), que estaba casado con Judit, la hija de Arnoldo.

Similarmente, en 949 murió el duque Hermann de Suabia y Otón I otorgó el ducado a su hijo Ludolfo, que estaba casado con Ida, la hija de Hermann.

El conde Hugo de París fue excomulgado por el concilio de Tréveris, con lo que su situación se volvió muy difícil. En 950 se vio obligado a firmar la paz y la autoridad de Luis IV de Ultramar como rey de Francia ya no fue discutida.

El rey de Borgoña Conrado el Pacífico logró erradicar las bandas de húngaros y sarracenos que asolaban el país.

Ese año murió el conde de Tolosa Raimundo III Poncio, que fue sucedido por su hijo Guillermo III Tallaferro. Su muerte permitió que el duque Guillermo III de Aquitania se hiciera con el dominio efectivo del ducado.

El rey de León, Ramiro II, dirigió una expedición contra los musulmanes y derrotó al ejército cordobés en Talavera. El Conde Borrell II de Barcelona envió una embajada a Córdoba y logró firmar un tratado de paz con el califa Abd al-Rahmán III, con quien en el futuro mantuvo buenas relaciones. También estableció relaciones con el papa a través de los monjes de Cluny, que empezaron a asentarse en la Marca Hispánica.

El conde Bernardo de Sobrarbe y Ribagorza murió y fue sucedido por su hijo Ramón II.

El persa Adud al-Dawla unificó todos los dominios buwayhíes bajo su autoridad. El califa abasí no tenía ya ningún poder efectivo.

Abd al-Rahmán III
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