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CARLOS EL GORDO

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El Papa Juan VIII no pudo demorar más la elección del nuevo emperador. Luis el Joven no parecía interesado en el título, mientras que Carlos el Gordo estaba en Italia y, por consiguiente, más cerca de la voluntad divina. En 881 se convirtió en el emperador Carlos III. Hacía un tiempo que los sarracenos se habían instalado en Campania, y Juan VIII había estado buscando un emperador vigoroso que le ayudara a combatirlos. Ciertamente Carlos el Gordo no se ajustaba al perfil: era un monarca enfermo y débil y, cuando Juan VIII comprendió que no podía contar con él para nada, se vio obligado a recurrir al emperador bizantino, Basilio I, quien expulsó a los sarracenos. Mientras tanto, en Neustria, el rey Luis III logró una victoria contra una expedición vikinga.

Los ataques vikingos estaban arreciando. Entre los vikingos más temibles estaba Rollón el Caminante, llamado así porque, según se decía, era tan corpulento que ningún caballo aguantaba su peso, y tenía que caminar. (Aquí hay que aclarar que los caballos de los nórdicos eran pequeños.) Al parecer fue uno de los muchos que abandonaron Noruega expulsados por Harald I. Se dedicó a la piratería y acosó primeramente a Inglaterra, pero luego se volvió hacia las costas del continente, donde obtuvo victorias frente a varios nobles francos.

En  882 murió Juan VIII. Hay quien dice que le partieron la cabeza con un martillo en una conspiración palaciega, aunque según otras fuentes fue envenenado. Fue sucedido por Marino I, que había sido el legado papal en el concilio de Constantinopla que había condenado a Focio trece años atrás. Por ello Focio convenció a Basilio I para que no reconociera la legitimidad de Marino I.

Ese mismo año murió Luis el Joven, y su reino fue heredado por su hermano Carlos el Gordo, que gobernaba ahora toda Francia Oriental.  Por su parte, Carlomán se convirtió en rey de toda Francia Occidental a la muerte de su hermano Luis III. También murió Hincmaro, el influyente obispo de Reims.

El emir cordobés Muhammad I envió a Hasim ibn Abd al-Aziz con un ejército contra Ismaíl y Fortún, los banú Qasí que dominaban el valle del Ebro. Después de enfrentarse a ellos marchó hasta León, donde le esperaba Alfonso III. Al ver la situación, Hasim optó por no combatir, y canjeó algunos parientes suyos que estaban retenidos en Asturias por algunos banú Qasí retenidos en Córdoba. También fue liberado Fortún Garcés, el rey de Pamplona que finalmente pudo ocupar su trono. (Alfonso III se había casado con Jimena, de la familia real navarra.)

El príncipe ruso Oleg conquistó la ciudad de Smoliensk y luego Kíev, a la que convirtió en la capital de un nuevo Estado, conocido precisamente como el Estado de Kíev. Progresivamente fue sometiendo a las tribus eslavas y finesas que poblaban "el camino de los varegos a los griegos", es decir, la ruta que conectaba el mar Báltico (por donde los varegos llegaban desde la península escandinava) con el Imperio Bizantino.

En 883 Hasim ibn Abd al-Aziz condujo el mismo ejército que el año anterior en una campaña similar, y nuevamente León no fue atacada. Los banú Qasí Ismaíl y Fortún fueron derrotados por su sobrino Muhammad ibn Lope ibn Musá, quien llegó a encarcelarlos y por un breve periodo aceptó la autoridad cordobesa. Tras la muerte de Fortún, Ismaíl y Muhammad volvieron a independizarse del emir.

En China, los campesinos rebeldes dirigidos por Huang Chao tomaron la capital, Changan, y la corte Tang tuvo que retirarse a Chengdu.

En 884 murió en un accidente de caza Carlomán, el rey de Francia Occidental. Su hermanastro Carlos apenas contaba con cinco años de edad, y la nobleza franca no juzgó oportuno ponerlo en el trono. En su lugar, ofrecieron el reino al emperador Carlos el Gordo. Así, sin hacer nada para lograrlo más que esperar una muerte tras otra, Carlos el Gordo se encontró con todo el Imperio unificado bajo su autoridad.

Los disturbios ocasionados con la sucesión permitieron que un noble se hiciera con los condados de Pallars y Ribagorza, en la Marca Hispánica, y los independizara del Imperio Franco. Es conocido como Ramón I, quien tuvo que enfrentarse a los banú Qasí. No tardó en perder la ciudad de Roda, que era la sede eclesiástica de ambos condados, por lo que éstos pasaron a depender de la sede de Urgel. Los banú Qasí atacaron también al conde Wifredo el Velloso, que estaba tratando de fortificar la ciudad de Barcelona.

El papa Marino I murió y de su sucesor se sabe muy poco. Murió en 885, y muy bien lo debió de hacer, pues se le recuerda como san Adriano III. Fue sucedido por Esteban V.

Tras la muerte de san Metodio, el evangelizador de los eslavos, los obispos francos no tardaron en expulsar de Moravia a los sacerdotes que seguían el ritual creado por él y su hermano san Cirilo. Fueron acogidos por el rey búlgaro Boris I, quien hasta entonces no había podido más que esperar con resignación que las dos Iglesias discutieran entre ellas por el derecho de enviar misioneros a su territorio.

En Armenia varios príncipes crearon pequeños Estados relativamente independientes del Califato Abasí. El más importante de ellos fue el reino de los bagratíes, con capital en Ani.

La capital china fue tomada de nuevo por los ejércitos imperiales, pero el emperador Tang no tenía ya ningún poder efectivo en el país. Los gobernadores provinciales actuaban de forma prácticamente independiente.

En la India murió el rey Prathiara Mihirbhoj, que fue sucedido por su hijo Mahendrapala I. Éste supo mantener con éxito los territorios heredados de su padre, e incluso los extendió con partes de Bengala y otros reinos vecinos.

Tras la muerte del duque de Aquitania, Bernardo Plantevelue, Carlos el Gordo asignó el ducado al conde Ranulfo II de Poitiers. El hijo de Bernardo, Guillermo II, heredó el condado de Tolosa y la marca de Gotia.

Una partida de vikingos remontó el Sena y asedió París. La defensa de la ciudad fue organizada por el conde Eudes, hijo de Roberto el Fuerte, que había muerto precisamente luchando contra los vikingos. Después de varios meses de resistencia que convirtieron a Eudes en un héroe para la población, ya en 886, llegó Carlos el Gordo, pero no para combatir a los bárbaros, sino para comprar su retirada. Pero era invierno y los vikingos no estaban dispuestos a desplazarse en esa estación, así que el emperador les ofreció una región para que invernaran como parte del acuerdo, es decir, les consintió que la saquearan.

Mientras tanto Alfredo el Grande de Inglaterra decidió que necesitaba la ciudad de Londres para repeler los ataques que sufría su reino por parte de grupos de daneses no sometidos al dominio de Guthrum. La tomó e inmediatamente se dispuso a tranquilizar a Guthrum, con quien puso por escrito el tratado de paz que contenía la última modificación de la frontera. Se le conoce como el Tratado de Wedmere.

Ese mismo año murió el emperador bizantino Basilio I y le sucedió su hijo León VI. Por esta época se estaba imponiendo en Constantinopla la idea de la legítima sucesión dinástica, según la cual el emperador no tenía que ser elegido por la ciudadanía, el clero, la nobleza o el ejército, sino que el cargo debía pasar hereditariamente al hijo mayor o, en su defecto, al familiar más cercano según un criterio preestablecido. La justificación de esto era que así la elección del nuevo emperador recaía sobre Dios, pues sólo él concedía los hijos a quien estimaba oportuno. León VI había sido educado por el patriarca Focio, pero no debió de congeniar con su maestro, ya que al poco de ocupar el trono lo destituyó.

También murió el emir de Al-Ándalus Muhammad I, y fue sucedido por su hijo al-Mundir.

El contraste entre las actuaciones del conde Eudes y el emperador Carlos el Gordo frente al ataque vikingo a París hicieron que la nobleza depusiera al emperador en 887. Éste no intentó oponer resistencia. Era evidente que el Imperio era demasiada carga para él. Fue recluido en un monasterio. A la cabeza de los nobles que depusieron a Carlos el Gordo estaba Arnulfo, hijo ilegítimo de Carlomán y nieto de Luis el Germánico. Si se pasaba por alto su ilegitimidad era un carolingio y, a falta de otro mejor, los francos orientales lo aceptaron como rey. Por su parte, los francos occidentales no lo reconocieron y optaron por abandonar el linaje carolingio: eligieron rey al conde Eudes. Poco después el duque Ranulfo II de Aquitania se proclamó rey.

En Italia varios nobles se disputaron el control sobre el papa. Los principales eran dos: el duque Guido de Spoleto, que era nieto por parte de madre del emperador Lotario, y Berengario, hijo del marqués Eberardo de Friul y de Gisela, hija del emperador Ludovico Pío. Ambos eran, pues, carolingios por parte de madre, si bien esto no significaba nada en teoría, a causa de la ley sálica.

Ese mismo año murió el rey Bosón de Borgoña, y su viuda Ermengarda logró que su hijo Luis, de siete años, fuera reconocido como rey, mientras que ella misma ejerció como regente. Sin embargo, pronto surgieron conflictos y en 888 el reino se escindió en dos partes: la parte occidental volvió a ser un ducado bajo Ricardo el Justiciero, hermano de Bosón y respaldado por Eudes, mientras que la parte oriental continuó como reino bajo un noble que se convirtió en Rodolfo I de Borgoña. Ermengarda se retiró a un monasterio y a Luis se le asignó el gobierno de Provenza. Rodolfo I ocupó Lorena y se hizo proclamar también rey de este territorio, pero luego se lo restituyó a Arnulfo a cambio de que éste reconociera su título de rey de Borgoña.

En Japón subió al trono el emperador Uda, quien protegió a un brillante funcionario llamado Sugawara no Michizane. Éste dedicó su carrera a fortalecer al emperador frente a la dominación del clan de los Fujiwara.

En el sur de la India los chola se sublevaron contra el rey Pallava Aparajita, del que eran tributarios, e iniciaron un rápido ascenso hasta obtener la hegemonía en el sur.

Ese mismo año murió el Emir de al-Ándalus al-Mundir, al parecer envenenado por su hermano Abd Allah, que se convirtió en el nuevo Emir. Se casó con Oneca, hija del rey de Pamplona Fortún Garcés.

También murió Carlos el Gordo, lo cual dejaba vacante oficialmente el título de emperador. Guido de Spoleto y Berengario de Friul iniciaron negociaciones para forzar al papa a nombrar emperador a uno de ellos y repartirse el Imperio. Sin embargo, no se llegó a ningún acuerdo. Berengario decidió prestar fidelidad a Arnulfo y Guido lo derrotó en Trebbia en 889, entró en Pavía y allí se hizo proclamar rey de Italia.

El rey búlgaro Boris I decidió abdicar en su hijo Vladimiro y retirarse a pasar los últimos años de su vida en un monasterio. Bajo su reinado, y gracias fundamentalmente a su decisión de adoptar el cristianismo, los búlgaros habían realizado un gigantesco avance cultural: ahora tenían un alfabeto que se convirtió en un potente medio de expresión y una estructura estatal asimilada de la administración eclesiástica.

En Escocia fue elegido rey Donald II, hijo de Constantino I. No se sabe gran cosa de su reinado.

Tras la muerte del rey Indravarman I, el trono de Chen-la pasó a su hijo Yasovarman I. Éste fundó una nueva capital llamada Yasodharapura (que en sánscrito significa "ciudad que lleva y posee la gloria"). Actualmente se conoce como Angkor, por lo que el reino es más conocido como reino de Angkor. En la capital se construyeron templos monumentales conocidos como "templos montaña".

En 890 murió el autoproclamado rey Ranulfo II de Aquitania, y fue sucedido por su hijo Ebles. También murió Ermengarda, la viuda del rey Bosón de Borgoña.

Un campesino de la región de Kufa, Hamdan Qarmat, convertido al ismailismo, fundó una misión-refugio para sus partidarios, que estaban organizados en sociedades secretas, y predicó una doctrina igualitaria con la que suscitó numerosas revueltas contra los abasíes. Sus seguidores fueron conocidos como Qarmatas, y se adueñaron de la parte nororiental de Arabia.

Los reyes de las dos mitades del Imperio Franco, Eudes y Arnulfo, tenían cada vez más problemas con los vikingos. Rollón el Caminante venció al conde de Bayeux y luego se casó con su hija. Además Eudes se encontraba con que la nobleza que lo había aclamado rey no se sometía a su autoridad. Por el contrario, la posición de Arnulfo era fuerte e incluso algunos de sus nobles lo habían aclamado emperador. Sin embargo, para legitimar el título tenía que ser coronado por el papa y las luchas contra los vikingos y una rebelión de los moravos le impedían marchar a Italia. Quien sí que estaba en Italia era Guido de Spoleto, que finalmente, en 891, logró que Esteban V lo coronara emperador. El papa murió ese mismo año. Con su pontificado se inició un periodo que es conocido como la noche del papado, pues él y sus sucesores fueron papas débiles, manejados por la nobleza italiana, e incluso no italiana. El siguiente fue Formoso, el obispo de Porto que había conjurado años antes contra Juan VIII.

El Emir de Al-Ándalus Abd Allah logró arrebatar Zaragoza a los banú Qasí con el apoyo de otra familia de origen árabe, los tuyibíes, que ya habían ayudado a Mohammad I en esta misma dirección. Zaragoza pasó a estar gobernada por Yahyá al-Ankar, que derrotó hasta los últimos enemigos de Abd Allah en la región, pero luego se volvió tan independiente como lo habían sido éstos, salvo que reconoció formalmente la autoridad del Emir.

En 892 el papa Formoso firmó acuerdos con el emperador bizantino León VI para mejorar su posición. Guido de Spoleto asoció al imperio a su hijo Lamberto.

Rollón el Caminante sitió París y poco después se estableció en Ruan. En los años siguientes los nórdicos se asentaron definitivamente en la región situada al oeste de París, como lo habían hecho en Escocia y en Irlanda (y como los daneses en Inglaterra).

El rey búlgaro Vladimiro no se había llevado bien con su padre, así que apenas ocupó el trono empezó a buscar apoyos entre los sectores de la nobleza más opuestos a Boris I y trató de deshacer lo que su padre había hecho. En particular trató de restaurar el paganismo. Pero Boris I aún vivía y en 893 salió de su retiro monástico, logró el apoyo de la mayoría del país, volvió a asumir la monarquía, cegó a su hijo y castigó a los nobles que le habían apoyado, organizó de nuevo la Iglesia y cambió la capital a otra ciudad menos vinculada con tradiciones paganas. Luego colocó en el trono a su segundo hijo, Simeón, que había sido educado en Constantinopla, y volvió a su retiro. Bajo el reinado de Simeón el cristianismo oriental se asentó definitivamente entre los búlgaros. Simeón resultó tener una ambición desmesurada. Proyectó construir una Gran Bulgaria, y empezó por atacar a los eslavos situados entre los búlgaros y los croatas: eran los servios, que a la sazón estaban organizados en pequeños principados de entre los que ocasionalmente uno se imponía sobre los demás. El más poderoso entonces era el de Raska.

El emperador León VI terminó una revisión del sistema jurídico iniciada por Basilio I. La obra tenía sesenta tomos. Con ella desapareció el último vestigio de la autoridad del Senado.

En sus últimos enfrentamientos con los vikingos, el rey Eudes de Francia Occidental tuvo que emplear el mismo sistema que había empleado Carlos el Gordo: el dinero, y pronto fue víctima de la misma decepción que derrocó a su antecesor. Poco antes, Eudes se había reconocido vasallo del carolingio Arnulfo, con la esperanza de que éste le prestara el apoyo de sus ejércitos, pero la lectura de la nobleza fue que, si hacía falta un carolingio, mejor uno del país. Carlos el Gordo había sido aceptado como rey de Francia Occidental porque el único hijo que quedaba de Luis el Tartamudo tenía entonces cinco años, pero ahora tenía ya catorce, y el arzobispo de Reims lo ungió como rey de Francia. Era Carlos III, aunque es más conocido como Carlos el Simple. Sin embargo, Eudes logró mantenerse en el trono.

Ese mismo año murió el conde de Aragón Aznar Galindo II y fue sucedido por su hijo Galindo II Aznárez.

Los chiitas zaydíes fundaron un Estado en el Yemen que pronto se extendió por Arabia hasta más allá de la Meca.

En 894 murió Guido de Spoleto y su hijo Lamberto se convirtió en el nuevo emperador. Sin embargo, Arnulfo se encontraba ahora más libre que cuando Guido se hizo con el título imperial: había derrotado a los vikingos y pactó una paz con los moravos, luego se alió con los húngaros, con lo que los moravos quedaron en una situación delicada. Así, Arnulfo pudo emprender una campaña contra Lamberto en Italia.

Mientras tanto estalló un conflicto entre los búlgaros y el Imperio Bizantino. Al parecer la causa fue una disputa comercial, pero el kan Simeón la tomó como excusa para iniciar una guerra. Al parecer aspiraba a convertirse en emperador bizantino.

Tras la muerte de Svatopluk, Mojmir II se convirtió en rey de Moravia. La región meridional del país era conocida como Bohemia. El nombre procede de los boios, un pueblo celta del I milenio a. C., pero actualmente estaba habitada por los checos, un pueblo eslavo cuyo caudillo Borivoj I dominó a otros pueblos eslavos de la zona y se convirtió en duque de Bohemia. Entre los checos había aún un poderoso sector pagano, si bien Borivoj I había sido evangelizado veinte años antes por san Metodio junto con su esposa Ludmila y fomentó la expansión del cristianismo. En principio adoptaron el rito bizantino, pero pronto fue sustituido por el latino.

El emperador japonés Uda nombró ministro a Sugawara no Michizane, lo que le permitió enfrentarse mejor a los Fujiwara. Se rompieron las relaciones oficiales con China.

En 895 murió Focio, el depuesto patriarca de Constantinopla. Dejó una obra interesante, el Myriobiblion, en el que comenta numerosas obras de la Grecia clásica de las que no tenemos otra referencia. También escribió numerosas obras teológicas: Anfiloquia, Contra los maniqueos, Tratado del Espíritu Santo, Contra los latinos, etc.

Por esta época una de las tribus húngaras eligió como jefe a Árpád, que es el primer caudillo húngaro cuyo nombre conocemos.

En 896 murió Miró, el conde de Rosellón y el condado pasó a manos de Suñer II, el conde de Ampurias. El rey Arnulfo, en una segunda campaña sobre Italia, logró tomar Roma, expulsó a Lamberto, capturó a otro hijo de Guido de Spoleto, llamado también Guido, y el papa Formoso lo nombró emperador. Pero Lamberto tenía muchos partidarios en Roma, así que Formoso se encontró en un aprieto. Murió en abril de ese mismo año y su sucesor, Bonifacio VI, murió también a los quince días. El nuevo papa fue Esteban VI.

Los búlgaros infligieron una grave derrota a los bizantinos, así que el emperador León VI decidió aliarse con los húngaros, con lo que los búlgaros se vieron atacados por la retaguardia. Como respuesta, los búlgaros se aliaron a su vez con los pechenegos. La guerra se complicó.

El emperador germánico Arnulfo tuvo que abandonar Italia por problemas en su reino, Francia Oriental. Inmediatamente Lamberto retomó el control de Roma y el papa Esteban VI quiso dejar claro que, en realidad, siempre había sido partidario del "legítimo" emperador, por lo que en 897 acusó de usurpador a Formoso, ordenó exhumar su cadáver y lo arrojó al Tíber, pero poco después fue cogido por el populacho y asesinado. Su sucesor, Romano, proyectó la rehabilitación de Formoso, pero murió a los tres meses de pontificado. Dicha rehabilitación fue establecida por Teodoro II, el cual murió a finales de año.

Mientras se sucedían los papas, Carlos el Simple logró los apoyos suficientes para que el rey Eudes lo reconociera como sucesor en el trono de Francia Occidental.

Los pechenegos empujaron a los húngaros, pero los húngaros, en su huida, ocuparon territorios a los búlgaros que éstos nunca pudieron recuperar. Fue un golpe duro para Simeón, que se vio obligado a firmar una paz con el Imperio Bizantino. No obstante, logró que el emperador León VI conviniera en pagarle un tributo anual.

El ministro japonés Sugawara no Michizane interrumpió las embajadas con la China de los Tang. Fue uno de los primeros japoneses que promovió el retorno a una cultura propiamente japonesa, libre de la influencia china. Sin embargo, el emperador Uda abdicó ese mismo año para hacerse monje budista, con lo que fue nombrado emperador su hijo Daigo I. Esto debilitó sensiblemente a Sugawara no Michizane frente a los Fujiwara.

Ese mismo año murió el conde Wifredo el Velloso, que repartió sus posesiones entre sus hijos: Wifredo II Borrell y Suñer I recibieron los condados de Barcelona, Gerona y Osona, Sunifredo II recibió Urgel y Miró II recibió Cerdaña. Wifredo el Velloso murió derrotado por el banú Qasí Lope ibn Muhammad, hijo de Muhammad ibn Lope. Los banú Qasí expulsados de Zaragoza por los Tuyibíes se apoderaron de Toledo. En 898 los banú Qasí trataron de recuperar Zaragoza, pero fracasaron en su intento. Muhammad ibn Lope murió, y la familia centró sus esfuerzos en la lucha contra Navarra.

Ese mismo año murió Eudes, y así Francia Occidental quedó de nuevo bajo la dinastía carolingia, pues los nobles aceptaron a Carlos el Simple como rey. No obstante, este apoyo no era muy entusiasta y Carlos sabía que si quería conservar el trono no podía irritar demasiado a la nobleza. El rey Ebles de Aquitania fue depuesto y Carlos nombró duque al conde Guillermo II de Tolosa (ahora duque Guillermo I de Aquitania). El condado de Tolosa pasó a Eudes, hijo del conde Raimundo I de Tolosa.

El sucesor del papa Teodoro II fue Juan IX, que defendió también la legitimidad de Formoso, pero estableció que la consagración de los papas debía hacerse en presencia de delegados imperiales. El conflicto entre Lamberto y Arnulfo terminó con la muerte de ambos en 899. También murió el rey de Inglaterra, Alfredo el Grande. En los últimos años de su reinado tuvo ocasión de estudiar las leyes bíblicas del Antiguo Testamento y las comparó con otros códigos publicados por Ethelberto de Kent, Offa de Mercia e Ine de Wessex. Luego publicó un código que, a su entender, recogía lo mejor de todos ellos. Reunió a sabios de sus dominios e invitó a otros sabios francos. Como el latín era desconocido para la mayoría de los ingleses, promovió la traducción de numerosos libros al inglés antiguo. Parte de las traducciones las hizo él mismo. Creó escuelas para que la gente aprendiera a leer y a escribir. A su muerte, Inglaterra era de nuevo un país fuerte y culto.

La muerte de Alfredo originó un conflicto por la sucesión. Alfredo había sucedido a su hermano Ethelred, que en el momento de su muerte había dejado dos hijos pequeños, que fueron descartados en favor de Alfredo porque los tiempos eran críticos y no convenía un rey menor de edad. Sin embargo, ahora uno de ellos, Ethelwald, era ya adulto y reclamaba su derecho al trono frente a Eduardo, el hijo de Alfredo. Sin embargo, la grandeza de Alfredo prevaleció y la nobleza eligió a Eduardo. Entonces Ethelwald huyó al Danelaw y se dedicó a persuadir a los caudillos daneses para que le ayudaran a recuperar el trono, probablemente prometiéndoles vasallaje.

Tras algunas vacilaciones, en 900 los nobles de Francia Oriental aceptaron como rey al hijo de seis años del difunto Arnulfo, que fue conocido como Luis el Niño. Arnulfo había designado como tutor de Luis a Hatton, el arzobispo de Maguncia, que se convirtió en regente. El título imperial quedó en el aire, porque tenía que ser el papa quien lo otorgara, y precisamente ese año murió Juan IX, que fue sucedido por Benedicto IV. Por otra parte, Luis, el hijo de Bosón de Borgoña (y nieto por parte de madre del emperador Luis II) logró coronarse rey de Italia.

Tras la muerte del rey de Escocia Donald II fue elegido rey su primo Constantino II.

Alfredo el Grande
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