HISTORIA











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EL APOGEO DE CARLOMAGNO


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Al inicio del siglo IX Carlomagno estaba en la cúspide de su poder. Su dominio sobre el reino franco estaba bien consolidado, por lo que el emperador se preocupó fundamentalmente de fortalecer las fronteras. Los territorios fronterizos más conflictivos recibieron el nombre de marcas, palabra germánica que significa precisamente "frontera", la misma de la que procede el nombre del reino anglo de Mercia, que fue en su día una "marca" de Northumbria. Al oeste estaba la marca de Bretaña, donde los bretones eran obligados a aceptar más o menos la autoridad franca. Al noreste estaba la marca danesa, que limitaba con el territorio de los daneses. El rey Godofredo había iniciado la construcción de una línea de fortificaciones conocida como Dannewirke para detener el avance de Carlomagno. Con el tiempo, el nombre de "marca danesa", o Dannmark, pasó a aplicarse a la propia península, de donde le viene el nombre actual de Dinamarca. Al sureste estaba la marca del este, la ostmark. Para proteger la parte meridional del Imperio, Carlomagno decidió fortalecer las minúsculas posesiones francas al sur de los Pirineos. Aprovechando la crisis por la que pasaba el emirato de Al-Ándalus, en 801 su hijo Luis, el rey de Aquitania, tomó la ciudad de Barcelona y ocupó una estrecha franja de terreno al sur de los Pirineos desde el Mediterráneo hasta la parte más oriental de los territorios vascos. Esta parte era conocida como Navarra, mientras que el resto se convirtió en la marca hispánica, que fue dividida en pequeños condados: Aragón (con capital en Jaca), Sobrarbe (con capital en Ainsa), Ribagorza, Pallars (con capital en Tremp) Urgel (con capital en La Seo), Cerdaña (con capital en Prada), Rosellón (con capital en Perpiñán), Ampurias, Ausona (con capital en Vic), Gerona y Barcelona. Algunos de ellos estuvieron gobernados por nativos, como el de Aragón, mientras que otros dependían de nobles francos, como Sobrarbe, Ribagorza y Pallars, que dependían del conde Guillermo de Tolosa, o Urgel y Ausona, que dependían del conde Borrell. El primer conde de Ampurias fue Ermenguer, y se le encargó la defensa de las costas. Aunque Gerona ya llevaba un tiempo bajo protección franca, Luis puso como conde a Rostán. Por último, como conde de Barcelona fue elegido Bera, un noble de Septimania.

El Imperio Japonés dominaba la mayor parte de la isla de Japón, pero en la parte norte quedaban todavía pueblos bárbaros que efectuaban las típicas incursiones. El general Sakanue no Tamuramaro fue nombrado shogun, que significa algo así como "jefe militar contra los bárbaros" y procedió a arrinconar a los bárbaros en la región más extrema de la isla.

En México, los mixtecas de las montañas empezaron a enfrentarse a los zapotecas que habitaban en los valles. Su cultura había avanzado notablemente. Eran excelentes orfebres: trabajaban en plata, oro, cobre y algunas aleaciones.

La cultura maya inició un rápido proceso de decadencia del que no se conocen las causas. Se especula con un posible agotamiento de las tierras, o bien la aparición de la malaria, o bien desórdenes sociales en contra de la clase sacerdotal, o tal vez el declive se produjera a causa de influencias externas.

Unos años antes, Offa había impuesto como rey de Wessex a Beorhtric, para lo cual había tenido que expulsar a otro miembro de la casa real llamado Egberto. Éste había buscado refugio entre los francos y había servido a Carlomagno en su corte durante los tres últimos años. Pero Beorhtric murió en 802 y Egberto volvió rápidamente a su patria donde, como único miembro de la casa real, fue proclamado rey. La muerte de Beorhtric también permitió al Papa León III deshacer lo que unos años antes se había visto obligado a hacer: el arzobispado de Lichfield, en Mercia, fue abolido y Canterbury volvió a ser la cabeza de la Iglesia en Inglaterra.

En Asia, Jayavarman II se convirtió en rey del Chen-la de las aguas, se anexionó la otra mitad del reino e instaló su capital en Mahendraparvata. Instauró el culto a Devarajá, el dios-rey, amo y creador del país.

Mientras tanto, el emir de Al-Ándalus Al-Hakam I no acababa de dominar su territorio. Después de haber resuelto la rebelión de sus tíos, en Zaragoza se le rebeló Musá ibn Fortún, que pertenecía a una influyente familia de muladíes conocida como los banú Qasí. Este nombre viene de Cassius, un conde visigodo del valle del Ebro que se convirtió al islam tras la conquista musulmana para conservar sus tierras (banú Qasí significa "hijos de Cassius"). Musá ibn Fortún era su nieto y había ayudado a Hisam I en las luchas que se produjeron tras la muerte de Abd al-Rahmán I. Estaba casado con la viuda de Íñigo Jiménez, un caudillo vasco, y su hermano, Mutarrif ibn Musá, había sido gobernador de Pamplona, la ciudad más importante de Navarra, donde murió dos años antes de que la tomaran los francos. El gobernador de Huesca, llamado Amrús ibn Yúsuf, logró, no sin gran trabajo, someter a Musá, que murió ese mismo año.

El rey Alfonso II de Asturias fue derrocado por unos conspiradores y encerrado en un monasterio, pero poco después sus partidarios lograron devolverle la corona.

La emperatriz Irene planeó reconstruir la unidad de Imperio mediante una boda con Carlomagno. Se iniciaron negociaciones con el emperador franco, pero los militares, desde siempre opuestos a Irene, consideraron que la reacción adecuada ante la usurpación del título imperial por parte del monarca franco no era una boda sino una guerra. Por ello las negociaciones se interrumpieron cuando una conspiración de generales bien organizada secuestró a Irene y la recluyó en un convento en la isla de Lesbos (donde murió al año siguiente), al tiempo que era nombrado emperador el que había sido su tesorero, Nicéforo I. Inicialmente tuvo que complacer a los generales que le habían puesto en el trono y declarar la guerra a Carlomagno, pero se las arregló para terminar la guerra cuanto antes. No le fue difícil, pues Carlomagno tampoco estaba interesado en la guerra. En 803 ambas partes firmaron una paz en la que Carlomagno reconocía el dominio bizantino sobre el sur de Italia y la costa de Iliria, así como sobre la ciudad de Venecia, que estaba totalmente rodeada por territorio franco, pero cuyos habitantes habían preferido mantenerse fieles a Constantinopla. Por su parte, Nicéforo I no reconocía el título imperial de Carlomagno. En resumen, Carlomagno aceptó que Constantinopla se quedara con lo que ya era suyo, pero el acuerdo satisfizo a los bizantinos y la guerra terminó. Así Nicéforo pudo dedicarse a restablecer las finanzas del Estado, descuidadas por Irene mientras se ocupaba de cuestiones religiosas. Ello supuso aumentar los impuestos, especialmente a la iglesia, lo que le valió la enemistad de los monjes. Nicéforo I también fortaleció el ejército decretando el alistamiento obligatorio de los campesinos pobres.

Sin embargo, Carlomagno estableció una alianza con el califa Harún al-Rashid. Era natural, pues tenían los mismos enemigos: el Imperio Bizantino por una parte y el Emirato Omeya por la otra. El Imperio Franco y el Califato Abasí estaban demasiado alejados para una cooperación efectiva, pero la mera existencia de esta alianza era motivo suficiente para inquietar a Constantinopla.

Los Barmakíes cayeron en desgracia en la corte de Bagdad. Yafar, el hijo del primer ministro Yahyá y hasta entonces amigo íntimo del califa, fue ejecutado inmediatamente, y otros miembros de la familia fueron llevados a prisión. Pese a ello, la influencia persa se mantuvo presente en el califato Abasí.

En 804 se sometieron a Carlomagno los últimos ávaros rebeldes. A partir de este momento los ávaros desaparecieron de la historia, diluyéndose rápidamente entre la población eslava que antaño habían oprimido. El conde Guillermo de Tolosa se retiró a una abadía benedictina. Ese año murió Alcuino de York.

En 805 Nicéforo I obtuvo una victoria importante frente a los eslavos, tras la cual inició una política de colonización que le permitió restaurar el dominio bizantino en los Balcanes. Entonces se consideró preparado para enfrentarse a los musulmanes y envió una carta a Harún al-Rashid notificándole que iba a dejar de pagar el tributo anual. La respuesta del califa es un modelo de diplomacia. El texto completo decía:

En nombre del Dios misericordioso, Harún al-Rashid, jefe de los fieles, a Nicéforo, perro romano. He recibido tu carta, hijo de infiel, y no escucharás mi réplica, sino que la verás.
El califa organizó rápidamente una invasión de Asia Menor, hizo retroceder a los ejércitos bizantinos y Nicéforo I tuvo que firmar una paz humillante que, entre otras cosas, le obligaba a seguir pagando el tributo.

Por esta época volvieron de China dos monjes budistas japoneses, Saicho y Kukai, quienes, además de introducir nuevas doctrinas budistas y nuevas formas artísticas, crearon una escritura silábica para transcribir las desinencias puramente japonesas. Además fomentaron la enseñanza de la escritura a las mujeres, que hasta entonces no tenían acceso a la cultura china. Se crearon academias.

En la india murió el rey Vatsraja, que fue sucedido por Nagabhatta II.

En 806 Carlomagno proyectó para después de su muerte un reparto de su reino entre sus tres hijos, Carlos, Luis y Pipino. La cuestión de quién heredaría el título imperial no pareció preocuparle. Simplemente, no habría emperador.

Los muladíes de Toledo se rebelaron contra el emir Al-Hakam bajo el liderazgo de Ubayd Allah ibn Jámir y el poeta Girbib ibn Abd Allah, que reivindicaban que los muladíes recibieran el mismo trato que los musulmanes puros. Al-Hakam encargó a Amrús ibn Yúsuf que hiciera lo posible para tranquilizarlos. En 807 Amrús decidió invitar a los principales conversos a un "banquete de conciliación" en su palacio. A medida que los invitados iban llegando, eran degollados y arrojados a un foso. Por ello el día fue recordado como la Jornada del foso. Según autores, las víctimas varían entre 700 y 5.000.

En 808 los búlgaros eligieron un jefe poderoso llamado Krum. Nicéforo I llevó dos exitosas campañas contra ellos en las que tomó su capital, pero la capital de un pueblo tribal no es especialmente importante, y los búlgaros siguieron combatiendo.

Una disputa en torno a Venecia hizo que se reabriera la guerra entre los francos y los bizantinos. Carlomagno la dejó en manos de su hijo Pipino, que en 809 se apoderó de Venecia y de las islas que dominaba.

Ese año murió el conde de Aragón y fue sucedido por el primero cuyo nombre conocemos: Aznar Galindo I.

También murió el califa Harún al Rashid y estalló una larga guerra civil entre sus hijos al-Amín y al-Mamún, lo que alivió la presión sobre el Imperio Bizantino, que pudo concentrarse contra los búlgaros.

Nicéforo I exilió nuevamente a Teodoro Estudita. En 810 aceptó un tratado de paz en el que reconocía la soberanía franca sobre lo que había sido el exarcado de Ravena a condición de que los francos le devolvieran Venecia. De todos modos, Venecia pasó a ser a lo sumo un protectorado bizantino cuyos nexos de unión fueron más económicos y culturales que políticos, pues por esta época Venecia era una potencia independiente. Este mismo año fue nombrado dux Agnello Partecipazio, quien construyó las primeras edificaciones en el emplazamiento actual de la ciudad. Era un terreno pantanoso, de modo que las casas (de madera) se construyeron sobre pilares, también de madera, clavados en el barro y la arena. Sin embargo, el Palacio Ducal y las primeras iglesias se construyeron sobre pilares de piedra.

En China el poeta Bo Juyi publicaba su obra más importante, los xin yuefu. Era una reacción contra la poesía erudita, tan sofisticada que no podía entenderse al oírla, sino que era necesario leerla. Bo Juyi era la encarnación del ideal confuciano de funcionario culto cuya obra pretende prestar un servicio. Así, cantó los amores del emperador (Canto del amor eterno) igual que describió escenas cotidianas, como el placer de beber una taza de té.

En la India murió el rey bengalí Dharmapala, que fue sucedido por su hijo Devpala. Un año antes había conseguido derrotar al rey Prathiara Nagabhatta II.

Ese mismo año murió el rey danés Godofredo, y fue sucedido por Hemming. También murió Pipino y en 811 murió Carlos, con lo que, de los tres hijos de Carlomagno, sólo Luis quedaba con vida. Hemming firmó un tratado con Carlomagno en el que se fijaba la frontera entre su reino y el Imperio.

Mientras tanto los búlgaros lograron infligir una gran derrota a los bizantinos. Nicéforo I murió en el combate y su hijo Estauracio resultó herido. Los monjes bizantinos celebraron la noticia. Estauracio se convirtió en el nuevo emperador, pero murió unos meses después a consecuencia de las heridas. El Imperio pasó a manos de Miguel I, el yerno de Nicéforo I, quien llamó de nuevo a Constantinopla a Teodoro Estudita y lo convirtió en su consejero.

En 812 murió el conde san Guillermo de Tolosa. Unos años después de su retiro había fundado su propia abadía.

Ante la amenaza búlgara, Miguel I reconoció la validez del título imperial de Carlomagno, en un intento de acercamiento entre las dos potencias con la esperanza de que los francos atacaran a los búlgaros por la retaguardia. Pero el kan Krum parecía invencible. Obtuvo una victoria en Tracia y en 813 otra más. Los búlgaros marchaban ya hacia Constantinopla cuando un general bizantino hizo que sus hombres lo proclamaran emperador e inmediatamente se encaminó a toda prisa a la capital para llegar antes que los bárbaros. Miguel I no opuso ninguna resistencia, abdicó y vivió en paz casi treinta años más, dejando el Imperio en manos del que pasó a ser León V. Los búlgaros se encontraron, naturalmente, con que las murallas de Constantinopla eran infranqueables, y León V dirigió expediciones con las que causó numerosas bajas entre los enemigos. Finalmente Krum se vio obligado a retirarse.

Tras la muerte del rey Pipino de Italia, sus dominios quedaron bajo el gobierno de funcionarios de la corte (sometidos a Carlomagno, por supuesto) pero finalmente Carlomagno nombró rey a Bernardo, el hijo de Pipino. Puesto que sólo le quedaba un hijo vivo, el emperador tuvo que alterar sus planes de sucesión. Ahora Luis podía heredar el título imperial, que ya había sido reconocido en Constantinopla. Luis fue llamado a Aquisgrán y se coronó a sí mismo como emperador en presencia de su padre, pero no del Papa León III, el cual no se atrevió a poner objeciones. Quedó así establecido que el Papa no era necesario para coronar emperadores.

El conde Ermenguer de Ampurias obtuvo una victoria frente a los musulmanes en aguas de las Baleares. Carlomagno firmó un tratado de paz con el emir Al-Hakam I por el que se comprometía a no extender sus fronteras más allá del río Llobregat.

En un concilio celebrado en Tours se ordenaba a los sacerdotes que pusieran sus sermones "in rusticam romanam linguam aut theotiscam". La lengua "teotisca" es la que los francos llamaban "Teutsch" y que actualmente se llama "Deutsch", o sea, el alemán, pero, junto a la mitad de la población franca que no entendía el latín porque hablaba alemán, estaban los que tampoco lo entendían porque hablaban la "lengua romana rural". Es una de las primeras constataciones de la drástica evolución y fragmentación que estaba sufriendo el latín no sólo en el territorio franco, sino en todo el territorio en donde los antiguos romanos lo habían implantado, incluida Italia. Ciertamente, el latín nunca se habló igual en toda Europa, debido al contacto con las lenguas autóctonas de cada región, pero ahora la evolución se aceleró por causa del analfabetismo imperante en toda la población laica, hasta el punto de que, como se deduce de la decisión del concilio de Tours, los clérigos no podían dirigirse en latín a sus fieles si querían ser entendidos.

A pesar del alto grado de dialectización que sufrían las lenguas románicas, en el reino franco podemos distinguir dos grupos lingüísticos, uno al norte y otro al sur. Así como el alemán y muchas otras lenguas tienen una palabra para decir simplemente "sí", no ocurría lo mismo con el latín, que tenía, por supuesto, adverbios afirmativos, pero ninguno tan simple y de uso universal como nuestro "sí" o el "ja" alemán. Por ello cada región se buscó su propia forma de decir "sí". En el reino franco se adaptó el adverbio latino "hoc" (esto), pero en el norte se convirtió en "oil", mientras que en el sur se quedó en "oc". Esta diferencia en una palabra de uso tan frecuente llamó la atención de los hablantes, que distinguieron ambas variantes llamándolas respectivamente la lengua de oil y la lengua de oc.

El general persa Tahir ibn Husayn, que había servido a Harún al-Rashid, tomó Bagdad para su hijo al-Mamún, con lo que su victoria definitiva frente a al-Amín no tardó en llegar.

Carlomagno murió en 814 a la edad de setenta y dos años. Dejó un imperio de aproximadamente 1.800.000 kilómetros cuadrados de superficie.

En Italia llegaba desde Lombardía hasta el ducado de Spoleto (dejando en medio los Estados Pontificios), pero el ducado de Benevento era tributario de Carlomagno. Sólo la parte más meridional de la península (Apulia y Calabria) era bizantina, junto con las islas Sicilia, Córcega y Cerdeña. Bohemia y los territorios situados más al norte (poblados por eslavos) también rendían tributo al Imperio.

Las hazañas de Carlomagno pasaron de boca en boca durante los siglos siguientes y, naturalmente, al final distaban bastante de ser fieles crónicas históricas. Carlomagno se convirtió en un héroe, un jefe de blancos cabellos rodeado por doce grandes caballeros: los paladines. Originariamente, los paladines eran funcionarios de palacio, pero al aplicarse a los guerreros de Carlomagno la palabra pasó a nombrar a todo caballero heroico. El más famoso paladín era Roldán, también conocido como Orlando. Era un sobrino de Carlomagno (que terminó siendo su hijo) y que murió heroicamente en la retirada de Roncesvalles. Junto a Orlando estaba su fiel amigo Oliveros, cuya amistad nació después de un duelo de cinco horas en el que ninguno de los contrincantes pudo imponerse sobre el otro. También era famoso Ogier el Danés, príncipe de Dinamarca, que participó en las luchas contra los sajones. El conde san Guillermo de Tolosa también dio lugar a su propia leyenda, en la que es conocido como Guillermo de Orange, en la que lucha contra los piratas moros.

Un inciso sobre la palabra Orange: Los persas llamaban narang a la fruta que los árabes llamaron naranch y que difundieron por su Imperio. En castellano pasó a ser naranja, y en francés antiguo norange, pero sucede que en francés une norange se pronuncia exactamente igual que une orange, por lo que los francos analfabetos convirtieron las noranges en oranges. El cultivo de la naranja se hizo popular en Al-Ándalus y en el sur del reino franco, por lo que no es extraño que apareciera en la Provenza un señorío de Orange, del que siglos después surgiría una casa nobiliaria.

El Imperio pasó sin discusión alguna a manos de Luis I, el único hijo con vida de Carlomagno, que tenía entonces ya treinta y seis años (una edad avanzada, para la época).

Ese mismo año murió el kan búlgaro Krum, con lo que el emperador León V lo tuvo más fácil para infligir una nueva derrota a los bárbaros. El sucesor de Krum fue su hijo Omurtag. Una vez conjurada la amenaza búlgara, León V se dispuso a dejar las cuestiones religiosas a gusto del ejército. En 815 convocó un concilio en el que se confirmaron las tesis iconoclastas. Teodoro Estudita fue desterrado por tercera vez, al igual que Nicéforo, el Patriarca de Constantinopla. Fue autor de tratados acerca del culto a las imágenes, así como de una valiosa historia del Imperio Bizantino llamada Compendio de Nicéforo, que comprende el periodo 602-769.

Bera, el conde de Barcelona, promulgó una ley que otorgaba ciertos privilegios a los "hispanos" (cristianos emigrados de Al-Ándalus a tierras cristianas) y se encontró con la oposición de los "godos" (los naturales de estas tierras y de Septimania), los cuales optaron por aliarse con los moros. Bera acudió a la corte de Aquisgrán para justificar su política, pero fue acusado de traición y, según la costumbre se acordó hacer justicia mediante un duelo. Bera perdió y tuvo que retractarse.

El Imperio Franco
Índice Ludovico Pío