La mosca con ojos humanos












La mosca con ojos humanos


Uno de los baluartes argumentativos de los creacionistas o los que apoyan la idea del diseño inteligente acostumbra a ser la complejidad y sutileza de un ojo, un órgano que según ellos no pudo haber evolucionado azarosamente tal y como postula la teoría darwiniana. Contra esta idea errónea que se ha tratado de difundir como un punto débil en la teoría de la evolución, ya existen explicaciones; en Escalando el monte improbable, de Richard Dawkins, pueden leerse un buen puñado de ellas. Pero sirva este humilde post para añadir una más a la montaña.


         

La cuestión es que existen muchos tipos distintos de ojos. Se calcula, pues, que el ojo ha evolucionado de forma independiente más de 40 veces en diferentes contextos del reino animal. Aunque descienden probablemente de una especie de ojo germinal (quizá sólo fuera un órgano que tenía cierta sensibilidad a la luz), según su óptica el ojo ha evolucionado en dos ramas separadas: el ojo de los vertebrados y el ojo compuesto de los crustáceos. En la mosca del vinagre, Drosophila, muy empleada en experimentos genéticos, se halla un gen que literalmente fabrica sus ojos. Los genetistas lo llaman, curiosamente, eyeless (sin ojos), porque se suelen bautizar en relación a lo que sucede cuando el gen no funciona correctamente o muta. El gen equivalente en los mamíferos se llama Pax6, aunque en los ratones también se conoce como ojo pequeño, y en los seres humanos, aniridia (que significa “sin iris”, claro).

Al parecer, la secuencia de ADN del gen aniridia es más similar al del gen eyeless que otros genes humanos; así, después de todo, esas criaturas de ciencia ficción que son hombres con enormes ojos compuestos no son tan imposibles de concebir en la realidad. Lo que ya se ha llevado a cabo es algo a la inversa. Moscas con ojos humanos, en cierto modo.


         

Este experimento fue realizado por el suizo Walter Gehring. Introdujeron el gen ojo pequeño de un ratón en embriones de moscas del vinagre. Al poco, los genes insertados en la parte del embrión que se encargaba de fabricar una pata provocaron que la mosca adulta desarrollara un ojo en la pata; técnicamente llamado ojo ectópico. Pero el ojo era de mosca, eso sí, no de ratón ni de humano.

Era un ojo compuesto porque el gen, independientemente de donde provenga, parece transmitir la instrucción de la fabricación de un ojo tal y como se fabrica normalmente en el organismo huésped. Jeff Goldbum en La mosca ya no se nos presenta tan difícil de creer; a diferencia del creacionismo y el diseño inteligente, que para creer en ellos se requiere de una venda opaca en los ojos (nunca mejor dicho). Créditos cc: Sergio Parra